DESDE ZIMPIZAHUA

MAYO 27 DEL 2008.

DESDE ZIMPIZAHUA

‘Polvo somos…’

Por Joaquín Alcántara Hernández.

Así es efectivamente, sin distinción de raza, sexo, religión, ni posición social o económica, altos o chaparros, gordos o flacos, rubios o negros, periodistas o reporteros, sangrones o simpáticos, prepotentes o humildes… todos “Polvo somos y al polvo volvemos”

Entendemos que a fin de estar y ser mejores, la vida pone frente a nosotros una ‘escalera’ que debemos subirla. Se supone que esa escalera nos permitirá ver y disfrutar mejor el ‘paisaje’ de la vida entre más arriba logremos llegar. Pero entendemos mal cuando creemos que a esa escalera se sube únicamente acumulando recursos materiales. Realmente esa escalera que nos invita a subirla se refiere al aspecto físico, anímico y mental para poder apreciar la vida misma desde otro enfoque más centrado, más armónico, más sencillo, llevando día a día una existencia tranquila sin sobresaltos, ni angustias, ni miedos que nos resten calidad de vida. Nos decía al respecto el Gurú colombiano Gerardo Motoa, que la infelicidad del hombre proviene de los deseos; éstos a la vez provienen de las ilusiones; pero las ilusiones provienen de la ignorancia. ¿Qué le parece?

Bien, cuando en nuestra escala de valores solo vemos lo material, estamos en un craso error que nos llevará inevitablemente a la desdicha, a una existencia hueca, sin sentido. No son pocas las veces que deseamos lo intrascendente, fatuo, superficial; luego, sufrimos la frustración de esos deseos incumplidos sin percatarnos que son banales, innecesarios para alcanzar un estado de felicidad. Pero todo este embrollo de nuestra mente inquieta y desordenada que brinca de una idea a otra sin concretar ninguna, sigue brincando sin poder concentrarse en nada, y toda esta avalancha de problemas más mentales que reales, nos convierten en gente vulnerable, manipulable; en caldo de cultivo idóneo para políticos egocéntricos que avasallan con sus mentiras a un pueblo endeble cuya mentalidad no esta en sincronía con su estado anímico y éste a la vez tampoco armoniza con su cuerpo físico.

Pero si esperamos a que suceda un milagro para que el mundo cambie, estamos en otro craso error, somos nosotros mismos quienes debemos cambiar si queremos que el mundo mejore. Los que criticamos en lugar de criticar debemos trabajar nuestras propias taras para superarlas. Quitarnos vicios que nos están dañando. Cuidar qué entra por la boca, por la nariz, por los ojos y los oídos. Pues de nada sirve contar cuántas personas nos quieren, cuando solo basta con querernos nosotros mismos. Lo importante es realizar acciones que nos lleven a depurar internamente nuestro organismo y a dominar nuestra mente, no que ésta nos domine. Debemos ponerla quieta. Con capacidad de concentración. Limpiarla; somos lo que pensamos.

Vea usted, ¿Qué podemos esperar al paso del tiempo, si no reeducamos nuestro paladar y seguimos metiendo por nuestra boca alimentos desvitalizados de origen cadavérico? “…Dime qué comes y te diré como piensas…” Y si por otro lado tenemos una mucosa nasal atrofiada por la nicotina, estamos haciéndole el juego a lo nocivo para brincar luego a la cocaína, la heroína, etcétera en una búsqueda enfermiza por enervantes que nos reanimen para subir esa escalera de falsos valores.

Así las cosas, si vemos películas de violencia no nos asombremos que seamos violentos. O si vemos todo el noticiero televisivo el cuál poco falta para que salpique sangre, no preguntemos por qué no podemos tener paz interior que permita reponernos con un sueño tranquilo. Y lo pero del asunto es que nos alteramos o deprimimos ante tanta miseria humana y no podemos arreglar nada.

A diferencia de esos noticieros televisivos, en la prensa escrita tenemos la gran ventaja que podemos seleccionar nuestra lectura. O sea, cuidemos también qué entra por nuestros ojos.

Y lo mismo sucede con nuestros oídos si no tenemos cuidado en seleccionar no sólo la clase de música que nos hace bien, que nos nutre y nos relaja; sino las pláticas informales que en ocasiones son destructivas, dolosas, impropias para nuestra salud.

Y para terminar por hoy amable lector, con la certeza que finalmente sin distinción de ninguna especie, ‘Polvo somos y al polvo volvemos’, permítame platicarle aquí, en corto y en confianza, lo extraordinariamente bien que empiezo a sentirme con unas cuantas clases de Yoga pidiéndole a mi padre Dios fuerzas para no volver a cometer el error de alejarme otra vez de esta disciplina que es, por cierto, para todas las edades, incluso, para mujeres embarazadas. Le informo también que no se trata de una nueva religión como algunos mal informados creen, ni tampoco es un agotador deporte de competencia que exprima nuestras facultades. Por el contrario, después de un ligero ejercicio, vienen posturas pasivas de concentración mental para estimular nuestros centros energéticos y canalizar, así, toda nuestra energía hacia un reencuentro con nosotros mismos; orientando de paso, nuestra brújula hacia verdaderos valores que justifiquen un útil y provechoso paso por este mundo.

Cierto es qué, cuando hagamos el ‘viaje sin retorno’, ni la llave de la casa nos habremos de llevar. Tengamos presente que lo que a este mundo pertenece a este mundo se le queda. Cuidado, pues, en saber diferenciar los valores verdaderos del falso brillo del oropel. ¡Viva la familia! ¡Viva México señores! Ajúa.