TRIBUNA

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Esteban ZAMORA

Que la elección se decida con votos

Entre el momento de darle forma a estas líneas y el de la fecha de su publicación habrán podido suceder una multitud de acontecimientos que transformen el cambiante panorama de la campaña electoral que en condiciones nunca antes vistas en la historia de México se está desarrollando en estos momentos. Sin embargo, estamos en aptitud de advertir que un tema que permanecerá hasta el día de las elecciones y –lo más grave –tal vez trascienda la fecha de los comicios, es el intento de descalificar el proceso y anular sus resultados ya puesto en marcha por los candidatos del PRD y el PRI, Andrés Manuel López Obrador y Roberto Madrazo.

La tentación de apelar a la nulidad de las elecciones se inició, de parte del PRD, en el momento en que los sondeos de opinión empezaron a mostrar que las preferencias por López Obrador, que se habían mantenido en el primer lugar desde el inicio de la campaña, comenzaron a tener merma como consecuencia del “efecto chachalaca”, según la interpretación de los directores de las encuestas, y como consecuencia de la negativa del candidato perredista a participar en el primer debate de los aspirantes a la presidencia de la República.

Además, la campaña “de contraste” desplegada en los medios y principalmente en la televisión por el equipo de Felipe Calderón para hacer notar a los electores las diferencias entre los candidatos en cuanto a congruencia, limpieza de antecedentes, aptitudes y capacidades, consolidó las preferencias electorales a favor del panista.

Como reacción ante su desplome mostrado por los sondeos de opinión, López Obrador se apresuró a descalificar la validez de las encuestas, tacharlas de “truqueadas” y afirmar que fueron confeccionadas desde las oficinas de la Presidencia de la República. Al mismo tiempo, el PRD insistió en las acusaciones de parcialidad que ya antes había lanzado en contra del Instituto Federal Electoral. Fue esta vez el presidente de dicho partido, Leonel Cota Montaño, quien declaró ante la prensa en Culiacán que el IFE está sometido al PAN y comparó el escenario político actual con el de 1988, cuando “se cayó el sistema” y se le dio el triunfo a Carlos Salinas. Habría que preguntarle a Leonel Cota dónde se encontraba él mismo en la fecha de la “caída del sistema”.

Ya es un lugar común el desprecio del PRD y de su candidato hacia las leyes y las instituciones, larga es su historia de desacatos a las normas jurídicas y a las decisiones legítimas de la autoridad. Habrá que agregar que mientras se producían en Culiacán las acusaciones de Cota Montaño en contra del IFE, el Consejo General de ese organismo aprobó una multa por 1 millón 675 mil 399 pesos al partido del sol azteca por irregularidades en los gastos de su proceso interno para elegir a su candidato a la Presidencia de la República.

Según el dictamen, aprobado en pleno por los consejeros, no fueron reportados por el PRD 134 promocionales de televisión ni 63 inserciones en la prensa. Además, en dos ocasiones la dirigencia perredista se negó a presentar un informe detallado sobre ingresos y gastos de su proceso interno argumentando que no era su obligación hacerlo porque no hubo competencia pues nada más se inscribió Andrés Manuel López Obrador. Como dato adicional, el PRD no comprobó a satisfacción del IFE el 55.57 por ciento del presupuesto que utilizó para contratar spots de radio. La sanción del Instituto Federal Electoral fue como echar sal en la herida causada por la frustración ante las encuestas que mostraban la caída del candidato que no hacía muchos días se consideraba “indestructible”. Ese resentimiento fue terreno abonado para que cayera la semilla del rencor sembrada por el candidato del PRI Roberto Madrazo quien se encuentra empeñado en una campaña de desprestigio de las instituciones como reacción a la falta de respuesta popular en que ha caído su campaña que lo mantiene atado, y sin posibilidades visibles de desatarse, al tercer lugar en la lista de las preferencias electorales.

Para justificar la adversidad sobre su campaña, ganada a pulso con el trato arrogante y despiadado hacia sus propios compañeros de partido, la utilización de la ventaja que le daba ser al mismo tiempo presidente del PRI y aspirante a la candidatura a la Presidencia, la eliminación dura y brutal de los otros aspirantes priistas y de los dirigentes que pudieran oponerse a sus pretensiones, además de su historial político que no ha sido, según la fama pública, precisamente muy limpio, Madrazo ha cocinado la maniobra para buscar la nulidad de la elección que ya sabe de antemano que no le favorecerá. Escudado tras el frágil testimonio de Jorge Emilio González, miembro de la familia que es propietaria del Partido Verde Ecologista, Madrazo ha puesto en marcha la campaña de resistencia contra una supuesta “elección de Estado”. Jorge Emilio González afirma, sin presentar pruebas que lo respalden, que en tres ocasiones el presidente Vicente Fox lo presionó para que partido se aliara a la campaña de Felipe Calderón. Objetivamente, el testimonio de Jorge Emilio González no puede ser aceptado como digno se crédito si se toman en cuenta los antecedentes del joven que empezó a muy temprana edad a hacer sus primeras –e innobles– armas en la empresa familiar montada para la explotación inescrupulosa de la actividad política. Sin embargo, con todo y la nula fiabilidad del testigo presentado, Madrazo se empeña en descarrilar la elección y atraer a su causa a López Obrador quien por su parte, ha ido dando tumbos y bandazos al instrumentar la alianza con su tradicional enemigo irreconciliable.

El argumento de la “elección de Estado”, práctica común en los tiempos del México viejo cuando el erario solventaba íntegramente, con largueza, liberalidad y desprendimiento de quien regala lo que no es suyo, los gastos del PRI y se esforzaba por matar de hambre a la oposición, resulta ridículo e insostenible en estos días en que todos los partidos, hasta los ínfimos, reciben abundantes recursos que en buena parte se emplean para denostar al gobierno que se los entrega. Madrazo y López Obrador juegan, pues, a una alianza inestable plagada de desconfianzas y de resquemores. Ya se han enfrentado en ocasiones anteriores en una cerrada lucha cuerpo a cuerpo, los dos provienen de la misma matriz política y han recibido la misma formación –o deformación–, se conocen mutuamente sus mañas, saben cada uno de ellos hasta dónde puede llegar el otro y se trenzan los dos, sin embargo, en un contubernio dictado por el miedo y la desesperación.

En la trinchera de enfrente, mientras tanto, Felipe Calderón mantiene una campaña que ha ido en ascenso desde el momento en que se decidió a corregir la estrategia inicial. Nada garantiza su triunfo pero en los momentos actuales, según lo indica la totalidad de los sondeos de opinión, es el candidato que va a la cabeza y por lo tanto el adversario a vencer por los que se van quedando rezagados. Calderón se inició con una sorprendente campaña en el interior de Acción Nacional para conquistar la candidatura. No era el precandidato que hubiera estado más tiempo bajo la luz de los reflectores y, por lo tanto, era el menos conocido fuera de su partido. La apreciación –errónea o cierta, habrá que investigarlo– de que no gozaba de las preferencias de las altas esferas del poder público, vino a picar la cresta de la “levantada intransigencia” tradicional entre los panistas de siempre y se impuso la gallardía y el coraje que han impreso en el carácter de los militantes de Acción Nacional los largos años de lucha cuesta arriba. La elección de Calderón como candidato vino a demostrar que todavía queda mucho del espíritu inicial que dio cuerpo y forma a su partido.

Estamos llegando, pues, al final de una justa electoral en la que habrá de decidirse el rumbo que tome nuestra democracia incipiente. A los mexicanos nos costó muchos años de esfuerzo y de sacrificios darnos instituciones que garanticen, dentro de lo humamente posible, la limpieza de las elecciones. Nacido en 1990, como frupo de un largo proceso de maduración cívica, el IFE se ha convertido en una isntitución seria y confiable que ahora pretenden desacreditar los que ven en peligro el triunfo el próximo dos de julio. Por otra parte, la acusación de que el gobierno federal está instrumentando, al modo viejo, una elelcción en la que todo el peso delpoder se ponga al servicio de un partido, como lo hacía con el PRI en tiempos de “la dictadura perfecta” es insostenible en estos tiempo de poderes acotados en los que ya el gobierno no es, como lo era antes, juez parte y verdugo y los medios de comunicación gozan de una libertad ir restricta para informar sin cortapisas sobre lo que está sucediendo en el país.

En estos momentos será decisiva la acción de los partidos para lograr que los mexicanos venzan los ancestrales recelos y prevenciones contra la actividad política, que salgan a votar para que se manifieste la voluntad ciudadana y que sea en el recuento limpio de los sufragios y no en las maniobras y maquinaciones de los expertos en darle tortura a la intención del voto en donde se decidan los resultados de las próximas elecciones que deben ganarse con votos, no con artilugios de leguleyos y de picapleitos.

zamora.esteban@gmail.com