VISIÓN ECONÓMICA
Gabriel Yorio
14/enero/2008
¿Subirá el precio de la tortilla?
En estas últimas semanas, el rumor de un posible aumento en el precio
de la tortilla ha ocasionado un debate entre funcionarios del gobierno
y productores nacionales. Se ha argumentado que el gasolinazo y
próximos acontecimientos; como la entrada en vigor del capítulo
referido a la importación libre de aranceles de granos del TLCNA,
tendrán algún efecto en el precio de la tortilla. Ante esto los
mexicanos comenzamos a preguntarnos si es posible esperar que el
precio de la tortilla aumente.
Este año los mexicanos comenzaremos a pagar un nuevo impuesto sobre la
gasolina (el gasolinazo). Los recursos de estos impuestos se van a
distribuir directamente entre los estados y municipios del país. El
impuesto irá subiendo cada mes durante 18 meses, por lo que para 2008
el impacto será menor que el de 2009. La gasolina Magna irá aumentando
2 centavos cada mes, la Premium 2.44 centavos y el Diesel 1.66
centavos. Obviamente estos aumentos tendrán un impacto en los costos
de producción, sin embargo, dado que los aumentos son paulatinos y
mensuales, su efecto debería de ser igual, dando margen de maniobra
suficiente al Banco de México para controlar el crecimiento de los
precios. El aumento mensual es mínimo y no debería de tener un gran
impacto en el precio de la tortilla.
Hay que tomar en cuenta los efectos causados por diversos
acontecimientos económicos para responder. En 2007 el aumento en el
precio de la tortilla fue causado por un aumento en los costos. Esto
es, el precio del maíz aumentó porque algunos países comenzaron a
producir biocombustibles, y uno de sus insumos es el maíz, lo que
provocó un aumento de demanda que presionó el precio debido a la
escasez. La solución del Gobierno Federal fue ampliar las cuotas de
importación para satisfacer esa demanda y el precio pudiera bajar.
Sin embargo, durante 2008 la situación que presentará la oferta y
demanda de maíz es diferente a la que se presentó en 2007. Este año
entra en vigor el capitulo del TLCNA para la importación libre de
aranceles de granos, entre ellos el frijol y el maíz, lo cual abriría
paso a la importación de granos a precios más baratos del mercado
internacional. Esto provocaría que el precio de la tortilla pudiera
hasta caer o mantenerse en el nivel actual. Los productores de
tortillas tendrían acceso a maíz más barato lo cual disminuiría sus
costos de producción. Sin embargo, el efecto final sobre el precio del
maíz lo determinarán las fuerzas del mercado y la vigilancia del
Gobierno Federal sobre prácticas de acaparamiento.
Con la entrada del TLCAN no todos los mexicanos salimos afectados, ya
que como en toda decisión económica, hay beneficiados y perjudicados.
Los perjudicados son los campesinos de nuestro país, quienes tendrán
que enfrentar una competencia internacional que produce más a precios
más baratos. Peor aún, el costo del diesel, que es el combustible
principal para actividades agrícolas aumentará, con su debido impacto
en los costos.
Por otra parte, los consumidores mexicanos podríamos ser beneficiados
al acceder a productos más baratos. Es la misma situación que
aconteció hace años con los pantalones importados, a los cuales sólo
podía acceder la población de altos ingresos. Con la entrada del TLCAN
los precios de estos productos importados cayeron y fueron más
accesibles para el resto de la población. Los consumidores salieron
beneficiados no obstante que los productores nacionales de pantalones
fueron sacados del mercado.
No debemos perder de vista que los altos precios del petróleo han
provocado una creciente tendencia a la sustitución de los combustibles
tradicionales y hacia un mayor uso de biocombustibles, lo cual podría
mantener una presión en los costos internacionales de granos como el
maíz; además, se prevé que el precio del petróleo se mantenga alto
durante un buen tiempo.
En general, dependiendo de las fuerzas del mercado, es posible que el
precio de la tortilla no suba, sin embargo esto no debe mandar al
olvido un problema serio que enfrenta México y que tiene que ver con
la falta de apoyo al campo. Los campesinos mexicanos no podrán
competir contra los “farmers” norteamericanos quienes, con ayuda y
subsidios de su gobierno, son productivos. Ante esta situación es
prioridad que los diputados y el gobierno federal revisen la figura
legal del ejido para liberar el uso de la tierra y hacerla más
productiva, pero también deben enfocarse y analizar esquemas para
dotar de infraestructura y competitividad al campo. De no ser así el
Gobierno Federal en breve tendría que echar mano de políticas
populistas enfocadas a reducir el impacto negativo del sector agrícola
productivo del país.

