PROSA APRISA
Prosa aprisa
El quinto Informe
Arturo Reyes Isidoro
El 30 de noviembre de 1979 en Xalapa fue un día nublado, frío y, después del medio día, cubierto por la neblina y el típico (en aquella época) chipi-chipi. Ese día la vida diaria de la capital y prácticamente de todo el estado se paralizó por varias razones: porque rendía su quinto informe el gobernador Rafael Hernández Ochoa, porque se suspendían las clases (entonces ese Día del Gobernador se incluía como feriado dentro del calendario cívico de Veracruz) y porque ¡se contrataron todos los camiones de pasajeros disponibles de todo el estado! (urbanos, rurales vecinales, de empresas particulares, de servicios turísticos, de primera clase; en fin, tantos que no alcanzaron y se tuvieron que traer, los más que se pudo, del Estado de México y de Puebla), de tal modo que no hubo en qué moverse en ciudades y pueblos de Veracruz, gasto sin límites para acarrear a miles y miles de veracruzanos de todos los puntos de la geografía estatal para que vinieran a aclamar al político de Santa Gertrudis, aquel que bautizó al actual gobernador como Tío Fide.
Xalapa, muy chiquita, ya no tenía dónde colocar tanto camión y el Estadio Xalapeño, declarado recinto oficial, estaba a reventar de masa humana y ya ni se digan los alrededores. Uno de los artífices de esa faraónica fiesta cívica fue el entonces presidente del Comité Directivo Estatal del PRI Gonzalo Morgado Huesca cuando era fama que él y el entonces secretario general del CDE Juan Herrera Marín viajaban con maletas enteras llenas de dinero sin fiscalización alguna (no había oposición, no había contraloría), una de las cuales, alguna vez, con varios miles y miles de pesos de aquellos, por quedarse dormido, perdió éste último en la terminal del ADO de Coatzacoalcos, entonces en la calle Hidalgo, hecho que se tomó y hasta se celebró como un mero detalle anecdótico. Lo faraónico en esa fecha tenía una poderosa razón, según se la escuché a la sazón a Morgado: que el quinto informe era prácticamente el último (entonces se rendían los días 30 de noviembre salvo el sexto, que se corría para el día 15 para que no se juntara al día siguiente con la ceremonia de toma de protesta del nuevo gobernador) porque el sexto perdía todo el interés debido a que toda la atención, la cargada, estaba centrada ya en el sucesor. De hecho, el gobernador, luego de su quinto informe, empezaba a perder fuerza e iba ya en caída libre, prácticamente llevándosela sólo de muertito. Esas fiestas faraónicas siguieron muchos años más, hasta que ya para concluir su mandato acabó con ellas el entonces gobernador sustituto Dante Delgado Rannauro.
Pero los tiempos han cambiado, cómo han cambiado. Una persona digna de crédito me comentó, allá por septiembre recién pasado, que cierto día, aprovechando una reunión de trabajo, una persona de la Contraloría le comentó al gobernador Fidel Herrera Beltrán que como ya se iban a cumplir cinco años de gobierno era bueno empezar a pensar en el cierre del ejercicio sexenal, y la respuesta seca, contundente, severa fue: “¡No me vuelvas a tocar el tema. Aquí se cerrará hasta el último minuto del 30 de noviembre de 2010!”. Conociendo el estilo, el ritmo de trabajo, del gobernador, no se duda que así será. Que seguramente no existe, ni siquiera ha pasado por su mente, alguna intención de que después del 15 de este mes y un poco más allá, después del 1º de diciembre cuando inicie constitucionalmente el último año de su gestión, va siquiera a aflojar el paso. Fidel es un político político, que sabe muy bien para qué es el poder, hiperactivo, hipertrabajador, que nunca ha dicho que después del 30 de noviembre de 2010 va a dar por terminada su carrera política y que alguna vez comentó públicamente que su intención era dejar huella en la historia de Veracruz como la dejó su paisano el general Juan de la Luz Enríquez, hasta ahora los únicos dos cuenqueños en llegar al Palacio de Gobierno.
El próximo domingo cumplirá con la legalidad de presentar su quinto informe, de ofrecer un recuento de lo hecho en los últimos 12 meses, pero también tendrá la oportunidad de hacer un balance general de los cinco años de su gestión. En realidad, su presencia en el Congreso local se trata de una mera formalidad y su encuentro con los sectores representativos del estado, más tarde en el World Trade Center de Boca del Río, de una mera cortesía con quienes lo han acompañado a lo largo de su gobierno, pues si algún gobernador ha rendido cuentas a diario y comparecido ante la sociedad a través de los medios de información es Fidel Herrera Beltrán. No recuerdo a otro gobernador, a partir de Rafael Murillo Vidal cuando empecé a participar como reportero en la vida púbica de Veracruz, más mediático que el actual con excepción de Fernando Gutiérrez Barrios, con quien también tuve la oportunidad de colaborar.
Hay muchos hechos, detalles destacables del político de Nopaltepec. Creo, a mi juicio, que resaltan, por encima de todos, los siguientes: fue el primero en llegar a la gubernatura cuando el presidente de la república ya no era priista y por lo tanto ya no había el respaldo y apoyo que tuvieron todos sus antecesores. Le costó un verdadero producto de Bachoco triunfar en las elecciones porque se enfrentó a la Presidencia de la República ya en manos de panistas. Gobernó y supo salir adelante en el primer tramo de su administración con un Congreso local en contra, porque estaba dominado también por los blanquiazules, que desde entonces han tratado de bloquear su gestión, por sistema, sin otra razón, y ha tenido siempre en contra al gobierno federal, dominado también por panistas, que le ha puesto mil y una piedras para obstaculizar todos sus programas de trabajo.
Al inicio de este comentario recordaba la época del gobernador Rafael Hernández Ochoa. Era posible despilfarrar tanto recurso, sin límite, sin control, porque todavía el país vivía la secuela de la política económica instaurada por el presidente Gustavo Díaz Ordaz y conocida en la historia como del “desarrollo estabilizador”, que se sustentaba en los siguientes principios: l). Crecer más rápidamente. 2). Detener las presiones inflacionarias. 3). Elevar el ahorro voluntario. 4). Elevar la inversión. 5). Mejorar la productividad. 6). Aumentar los salarios reales. 7). Mejorar la participación de los asalariados, y 8). Mantener el tipo de cambio. Todo eso era posible porque el país vivía en jauja. Esto sirve para comparar y destacar otro logro más de Fidel Herrera Beltrán: que no obstante todo lo que señalo en el párrafo anterior, también, en el penúltimo año de su gobierno, le ha tocado padecer, y la ha enfrentado con éxito, la recesión económica mundial, que dio otro pretexto más al gobierno federal para recortar o retener recursos a Veracruz. Quién sabe si al final Fidel Herrera Beltrán hasta debe dar las gracias públicas a los gobiernos, a los diputados y a los políticos panistas, porque su oposición y bloqueo sistemático hacen que resalten más sus logros (lo que resiste apoya).
¿Qué más se puede esperar de un gobernador que hace mucho que cumplió con lo que ofreció en su Plan sexenal Veracruzano de Desarrollo? Mucho, ya no por compromiso contraído en campaña, sino porque él así decidió que fuera, aceptando retos que no tenía contemplados cuando inició su gestión, lo que a su vez mueve a los veracruzanos a pedirle, a exigirle más y más, sin considerar que todo en la vida, incluso la vida misma, tiene un límite. Sin embargo, creo que todo lo que haga y logre o bien deje de hacer deberá considerarse dentro de muchos factores que determinarán las circunstancias que se vayan presentando.
No debe perderse de vista que por ser año electoral local, el gobierno federal lo apretará hasta donde pueda para tratar de ahogarlo económicamente a fin de que no resalte más el éxito de su administración; que forzosa y necesariamente el candidato del PRI le quitará reflectores y atención y los veracruzanos ya no tendrán el mismo interés en participar en el gobierno que se acaba; que como responsable político del estado perderá algún tiempo en mantener la unidad dentro de su partido porque la disputa por las alcaldías dividirá a los priistas; que tendrá que luchar contra la guerra sucia que desatará en su contra sobre todo la oposición panista; que tendrá que buscar –y eso lo distraerá– salir lo más indemne posible del fuego amigo a nivel nacional que buscará aprovecharse de lo que suceda en el estado por las elecciones para minarlo con miras al 2012; que sufrirá los embates de quienes buscarán desquite porque piensan que no los tomaron en cuenta y no les dieron una oportunidad en el sexenio; que también tendrá que ocupar tiempo amarrando la unidad para asegurar el triunfo del candidato del PRI a la gubernatura; que puede llegar a sufrir una fuerte sacudida si el día menos pensado quien aspire a sucederlo se siente con poder y rompe con él; que recibirá el embate de la prensa que hasta ahora se ha dicho su amiga y aliada; y que, como sucede cada seis años, sufrirá, se enfrentará a la ingratitud de muchos, cientos, miles, de quienes le han jurado fidelidad y que no tardan en empezar a desconocerlo.
Pero le queda un poderoso aliado, fundamental, decisivo: la población, los ciudadanos, los veracruzanos de la llamada sociedad civil, los de a pie, los vecinos de las colonias, de los pueblos rurales, de las comunidades apartadas en las sierras, los indígena de las diferentes etnias, los hombres del campo, los obreros y trabajadores; miles y miles que han visto satisfechas sus peticiones y para quienes cambiaron para siempre, positivamente, sus condiciones de vida gracias a un gobernador que los escuchó y los atendió; que ha gobernado muy cerca de ellos. Fidel es un político muy hábil, con una gran experiencia y con una gran disposición a escuchar y someterse a la voluntad popular mayoritaria si es por el bien de Veracruz y seguramente eso marcará la diferencia y le servirá para, una vez más en su vida política, salir airoso. Es de desearse, por el bien de todos, de Veracruz, que le vaya bien, muy bien en su sexto y último año de gobierno y que, como en su época le deseó el presidente Carlos Salinas al gobernador Dante Delgado, termine a tambor batiente.

