ARTÍCULOS DEL PROFESOR GUILLERMO ZÚÑIGA MARTÍNEZ
EL APRENDIZAJE HETERÓNOMO
Guillermo H. Zúñiga Martínez
Hace algunos años -cuando el notable Gobernador de Veracruz, don Fernando Gutiérrez Barrios, tuvo a bien nombrarme Secretario de Educación y Cultura-, empecé a reflexionar sobre la forma en que se debería suplir la carencia de talleres en las escuelas preparatorias.
Después de estar imaginando diversos procedimientos para concretar una idea que ofreciera resultados, pedí a los técnicos adscritos a la Dirección General de Enseñanza Media, que elaboraran un programa cuyo eje central era muy sencillo pero demasiado importante para la educación veracruzana: cada alumno de bachillerato tendría que preocuparse por realizar una actividad tecnológica buscando en su entorno ubicarse como practicante del oficio escogido. Esto significaba poner en práctica lo que hoy denomino aprendizaje heterónomo.
Para explicar la idea, ejemplifico: piense usted en que es estudiante de preparatoria y le gusta la sastrería. En ese caso simplemente se trataba de ir con un experimentado en la confección de trajes y decirle: “-Mire usted, esta es mi constancia de que soy alumno del colegio de bachilleres de aquí de la ciudad de Xalapa y necesito acreditar una asignatura que se conoce con el nombre de tecnologías; para lograrlo me han encargado que ejerza como aprendiz junto a usted”.
En el caso de que el sastre cortador lo autorizara, tendría el estudiante un horario determinado aparte de sus labores escolares y también la obligación de permanecer en ese establecimiento durante un año, asistiendo una vez a la semana como máximo. El propósito era que cada empresa de esta naturaleza tuviera entre quince y veinte alumnos a la semana.
Al final del año lectivo, el diseñador extendería una constancia en la que se hiciera notar que cada uno de los alumnos que tuvo como meritorios recibió una orientación tecnológica en la ocupación, lo cual serviría para acreditar la asignatura.
Con esta misma idea, los educandos pudieran escoger ser principiantes en talleres mecánicos, automotrices, eléctricos, tornos; panaderías, elaboración de velas, jabones, fábricas de zapatos, etc., lo que sería en Veracruz un filón extraordinariamente valioso y positivo, porque como se recordará los neófitos desaparecieron hace muchos años en razón de que el Seguro Social, por cada colaborador que se tenía en algún establecimiento, exigía el registro y pago de cuotas; así murieron las aspiraciones de muchísimos jóvenes que deseaban aprender alguna actividad práctica, por lo que el aprendizaje heterónomo era una auténtica solución a esta necesidad socioeconómica que aún está latente en la sociedad nacional.
No dudo que muchos aprendientes, una vez que hubiesen asimilado algún quehacer para el que tuvieran vocación y destreza y que por diversas circunstancias no prosiguieren estudiando, ya tendrían la capacidad y fundamentalmente el conocimiento para emprender tareas productivas que les permitieran obtener un ingreso con el cual lograran continuar sus estudios dentro de modalidades como las que hoy ofrece el IVE, que son semi presenciales pero con énfasis en la autorresponsabilidad.
Como toda propuesta, ésta puede ser combatida argumentando que existen municipios donde no tienen presencia el número suficiente de talleres o pequeñas industrias para albergar a modo de coadyuvantes a alumnos de enseñanza media superior pero, puesto que todo tiene solución, habría que buscarlas hasta lograr que se fundaran, con ayuda gubernamental y de la sociedad, empresas familiares para prolongar la vocación rentable de cada una de las poblaciones veracruzanas.
Es el aprendizaje heterónomo una de las actividades más valiosas que puedan existir, es ni más ni menos que el verdadero fundamento del crecimiento y progreso de los pueblos que están llamados a despuntar ante las exigencias del mercado mundial.
Estar, caminar o aprender junto al que sabe, es algo maravilloso, porque cantidad de estudiantes se quejan de que no tienen una orientación hacia alguna ocupación pragmática que les permita estar condicionados para enfrentar cualquier reto que la sociedad les depare.
Tenemos que reconocerlo: a miles de jóvenes les duele profundamente el que cuando les preguntan: ¿En qué quieres trabajar? contestan: “En lo que sea”. Esa expresión es vacua, inútil e insustancial pero refleja la inmensa impreparación que existe entre las distintas sociedades de México; por ello, el aprendizaje heterónomo debería establecerse, ejercerse, practicarse para terminar con esta mácula que todavía soportamos como ciudadanos y generación responsables de conducir nuestro país hacia nuevos estadios de desarrollo y superación.
Mientras el aprendizaje heterónomo siga ignorado en los anaqueles de la pedagogía mexicana, pocas posibilidades tenemos de entregar buenas cuentas a la sociedad.
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