LOS EXTREMOS DE LO HUMANO
Sobre las vacaciones y la lectura
Parece mentira, pero cuando más tiempo tengo, menos leo. Aunque supongo que la relatividad podría explicar el fenómeno, también hay que matizar. De los cuatro libros que llevé a Minatitlán (a saber: La muerte de Virgilio, de Hermann Broch; La ruina de Kasch, de Roberto Calasso; Desesperación, de Nabokov, y Aforismos de Zürau, de Kafka), no terminé ninguno, cero, nada, nothing.
Es que verán, la lectura en la casa familiar no es tarea fácil. Hay más respeto para otras actividades que para la lectura. Si digo por ejemplo ‘no me molesten que estoy viendo la tele’, el porcentaje de llamados por hora disminuye notablemente. Si digo ‘no me molesten porque estoy viendo una película’, dicho porcentaje es aún menor, pero nunca, nunca, se ha de pasar impune por más de una hora.
Y es que mi mamá (quien, a diferencia de la mamá de Paco, no lee el blog de su vástago –bless her–) me llama a cada rato con los pedidos más inauditos. Por ejemplo, para ver la rara posición en que Toto (el perro) está acostado, o para pedirme que apague la luz, a pesar de que yo estaba en la recámara de arriba y ella a unos metros del apagador, en fin.
Con Aforismos de Zürau voy a la mitad, pero ni toqué el libro durante mi estancia en Mina. Lo mismo con La muerte de Virgilio. Empecé a leer La ruina de Kasch y Desesperación, pero no pasé de las primeras 50 páginas. Eso sí, vi la trilogía de El Padrino, Duel in the sun, Pride and prejudice y Gosford Park.
Lo relativo está, creo, en la distribución del tiempo. En viajes anteriores he leído, aunque de madrugada, libros enteros en pocos días, como The two Towers y The return of the king, sí, de John Ronald Reuel Tolkien.
En otra ocasión, pasé tres semanas en la casa de un amigo (el komrade Phillip) en Puebla, no pude llevar libros pues todo fue apresurado, en cambio leí un cerro y medio de cómics y novelas gráficas, cortesía de Phillip, también de madrugada y en las mañanas.
Lo chistoso es que cuando más trabajo u ocupaciones tengo, es cuando más busco los espacios para leer, por ejemplo, en los camiones, en las noches y en las mañanas, aunque sean sesiones de cinco minutos. Y cuando más tiempo tengo, me dedico a hacer otras cosas, como ver películas, la tele, el blog.
Bueno, acabo de darme cuenta que este post sólo dice que no ha habido lecturas, o que éstas han sido insuficientes para mover a la reflexión y el chacoteo. Para compensar la falta de profundidad de este primer post del año, incluyo poema inédito y un link que da cuenta de los esfuerzos y andanzas de este caballero andante, Armandís de Mina. El poema forma parte de un poemario, pero he decidido separarlo, el título original no lo recuerdo. La imagen que acompaña al poema es un cuadro que hice con mis propias manitas. Tenía nombre, pero ya no recuerdo cuál era, se aceptan sugerencias.
Me fui contigo
cuando te fuiste,
pisé tus pasos
cual si fuesen míos.
El otro soy,
no el que escribo.
No te seguí,
lejos de mí, camino.
Soy el que de mí huye,
soy grito helado en la parcela,
la taza derramada de café,
soy el que vengo y viene.
Mi ausencia es presencia de mí,
me escapo pues me conozco,
me tengo miedo, me doy risa
me arranco los pelos con los dientes.
Me alejo del otro,
el que persigue,
pero me acerco
al yo que espera.
No huyo;
corro a mi encuentro.

