Veracruz, pródiga naturaleza de cara al mar

Veracruz

Pródiga naturaleza de cara al mar

Monografía estatal

Edición experimental

Autores
Francisco Alfonso Avilés (coord.), Rogelio Álvarez, Ramón Arellanos, Manuel Bautista, María del Carmen Iñiguez, Mario Navarrete, Marianela Páez, María de Lourdes Ramírez.

Textos auxiliares
Enrique Rivas (coord.), Patricio Frausto, Teresa López, María Márquez, Héctor Muñoz, Ricardo Reynoso, Daniel Toledo.

Primera edición

Revisión
Consejo Nacional Técnico de la Educación

Coordinación y adaptación
Dirección General de Evaluación Educativa

Colaboración especial
Unidad de Servicios Educativos a Descentralizar en el estado de Veracruz, Delegación Federal de Turismo en Veracruz. Arturo Jiménez, José Luis Melgarejo, Carlos Vázquez

Diseño gráfico
Unidad Diseño, S.C. José Francisco Sánchez Morfín, Mario Lazo, Beatriz Ballina

Ilustración
Rosario Aragón, Alberto Beltrán, Eduardo Contreras, Bruno González, Izumi Inoue; Patricia Niño, Javier Ortiz, Mariano Rechy, Octavio Romero

Fotografía
José Francisco Sánchez Morfín, Enrique Rivas Paniagua, Berta Lila Bucio

Formación
Ricardo Ruíz, Sergio Bautista

Primera edición

Coordinación y adaptación

Dirección de Contenidos y Métodos Educativos de la Dirección General de Evaluación y de Incorporación y Revalidación

Coordinación editorial
Ricardo Váldes

Adaptación
Carlos Fragoso, Patricia Medina, Olivia Norman, Lourdes Romero

Diagramación
Julio Klempay, Jorge Cervantes

Segunda edición

Adaptación a la primera edición
Carlos Fragoso, Patricia Medina, Olivia Norman, Lourdes Romero

Tercera edición

Coordinación
Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno del Estado de Veracruz

Coordinación editorial
Luis Ignacio Silva García

Diseño editorial
Milena Gómez Castro, Víctor Hugo Sánchez González, Gemma Trujillo Contreras

Información estadística
Artemio Calín Mapel, Iris Guzmán Márquez

Fotografía
Leticia Arriaga Stransky

Diseño de portada
Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos

Fotografía de portada
Adalberto Ríos

Revisión
Subsecretaría de Educación Básica y Normal de la Secretaría de Educación Pública

Edición experimental, 1983

Segunda edición, 1990

Tercera edición, 1995

D.R. Fotografía de portada: Adalberto Ríos, 1995

Secretaría de Educación Pública, 1983

Argentina N° 28

Col. Centro, C.P. 06029

México, D.F.

ISBN 968-29-6126-2
Impreso en México

DISTRIBUCIÓN GRATUITA-PROHIBIDA SU VENTA

Presentación

El libro que tienes en tus manos habla de Veracruz, de sus paisajes y su gente, de sus pueblos y ciudades, de sus riquezas y carencias.

Fue escrito pensando en ti y en tus maestros, para que lo puedan aprovechar intensamente en la escuela. También podrá serle útil a tus padres, familiares y vecinos, que seguramente querrán recordar o conocer más sobre esta tierra.

A veces tus maestros te pedirán que leas algunas partes; otras, podrás buscar entre sus páginas los campos, pueblos y personas que ya conoces. Pero también te llevará, si tú quieres, a conocer otros paisajes y otra gente que están muy lejos o que ya no existen. Leerás en este libro la historia de tu tierra, desde que llegaron aquí los primeros hombres, mujeres y niños. Sabrás cómo ellos y otros que vivieron después fueron transformando poco a poco estos lugares. Conocerás sus planes, trabajos y batallas para aprovechar los recursos de la tierra y para organizar la sociedad. Conocerás también los juegos y fiestas y todas las cosas que caracterizan a los veracruzanos y los hacen distintos y a la vez semejantes a otros pueblos.

Las palabras, imágenes y números que contiene este libro te llevarán a descubrir el hilo que enlaza lo que hicieron los veracruzanos de antes con lo que están haciendo los de ahora y con lo que harán los que hoy son niños como tú.

Este libro aún no está terminado. Le faltan muchas páginas que irán escribiendo los veracruzanos con sus ideas y su trabajo, para lograr que este pedazo de México y de la humanidad llamada Veracruz tenga un futuro más justo y próspero para todos. Esperamos que lo aproveches y disfrutes mucho.

Nota a la tercera edición

La edición experimental de esta monografía se realizó en 1983 y la segunda en 1990. Como comprenderás, desde entonces han ocurrido cambios en la población, la economía, la política, la educación, la cultura, los recursos naturales y los ecosistemas de México. Por eso, en 1994 la Secretaría de Educación Pública decidió poner al día los datos de la monografía con información del XI Censo de Población y Vivienda de 1990 y de otros materiales estadísticos elaborados por el gobierno federal y por el gobierno estatal.

Índice

1 De la Huasteca al Istmo

Punto de partida……………………………………10
El todo y sus partes……………………………… 14
La Huasteca: verdes llanuras

y grandes lagunas…………………………………20

Sierra de Huayacocotla: niebla en

las alturas ………………………………………….. 26

Totonacapan: entre la tradición y la

modernidad ………………………………………… 30

Las Grandes Montañas: del trópico

a las nieves eternas …………………………….. 34

Llanuras de Sotavento: La tierra

jarocha ………………………………………………. 40

Los Tuxtlas: isla volcánica ……………………. 46

El Istmo: la llanura por excelencia …………. 50

2 Los veracruzanos de ayer

Nuestras primeras raíces …………………….. 56
El misterio del tiempo: los olmecas………… 59
Arquitectos y alfareros:

los totonacas ……………………………………… 62

Los pobladores de Huastecapan …………… 69

Otras huellas en el mismo lugar ……………. 72

3 Conquista y Colonia

Los hombres de hierro …………………………. 78
El territorio se reorganiza ……………………. 83

Nuevos modos en tierras antiguas…………. 86

Sociedad: villas, pueblos y castas …………. 90

Por caminos marítimos y terrestres………… 98

Rebeliones y piratería ………………………….102

Conquista espiritual y tareas

educativas ……………………………………….. 106

Un mestizaje profundo: arte,

fiesta y modo de ser ………………………….. 110

4 La nación fragua su soberanía

Vientos de independencia ………………….. 114
Veracruz se incorpora a las filas …………. 118

Morelos, Bravo y Victoria en pie

de lucha …………………………………………… 121

De los tratados de Córdoba a la

Constitución de 1824 …………………………. 124

Cambios en la enseñanza y la

política …………………………………………….. 127

Invasiones extranjeras ……………………….. 128

Veracruz en la Guerra de

Reforma …………………………………………… 132

El imperio de los extranjeros ………………. 138

El advenimiento del porfiriato ……………… 144

5 Porfiriato y Revolución

Veracruz en los inicios del gobierno
de Díaz ……………………………………………. 150

Tiempos de “orden y progreso” …………… 153

Reforma en la educación ……………………. 160

Primeros brotes de rebelión ……………….. 162

La huelga de Río Blanco ……………………. 165

La Revolución llega a Veracruz …………… 168

La etapa constitucionalista …………………. 172

6 El presente veracruzano

Cómo nos gobernamos ……………………… 182
Nuestra gente …………………………………… 186

Educación de hoy, desarrollo

de mañana ……………………………………….. 190

La salud, un compromiso social ………….. 194

Producción y trabajo en la tierra ………….. 198

La fauna que nos beneficia ………………… 204

El agua y los bosques como

fuentes de vida …………………………………. 208

La industria al servicio del hombre……….. 214

Por aire, mar y carreteras …………………… 222

A través del hermoso Veracruz …………… 230

7 Paisaje cultural

Nuestra cultura: arte, ciencia

y costumbres ……………………………………. 240

El oficio de la literatura ………………………. 242

Las disciplinas humanísticas ………………. 246

Pintura y escultura …………………………….. 250

La difusión de las ideas ……………………… 254

Musical veracruzano ………………………….. 258

Las artesanías ………………………………….. 270

Fiestas y ferias …………………………………. 274

Voces y palabras ………………………………. 278

Sugerencias bibliográficas ………………….. 283

1 De la Huasteca al Istmo

Punto de Partida

Decir Veracruz es abrir un largo capítulo de referencias. No se puede mencionar su nombre sin dejar de pensar, simultáneamente, en tierra verde, mar azul, caudalosos ríos, viento fresco, cálida temperatura y abundantes lluvias.

Veracruz es un paisaje donde se funden, en un estrecho y sostenido abrazo, el pasado ancestral y el presente vitalizador. Es también un concepto asociado a tiempos remotos de México: una puerta de entrada para la colonización europea en el continente americano; el lugar desde donde Hernán Cortés marchó tierra adentro, con sus aventuras españolas y sus aliados indígenas, a conquistar el México azteca. Fue el sitio del primer ayuntamiento, camino y paso obligado de viajeros e ideas que iban de la costa al centro y viceversa. Ha sido también tierra de refugio en días aciagos.

Lo veracruzano es, al mismo tiempo, sinónimo de actividad, práctica agrícola, pastizal ganadero, pesca suculenta, venero de petróleo y gas, grandes asentamientos humanos, destino turístico.

La geografía, la historia y el presente le han dado siempre un carácter peculiar a nuestro estado. A lo largo y ancho expresa su diversidad. De la Huasteca al Istmo y por toda la planicie costera, el paisaje natural y humano varía en forma perceptible.

De la costa a la sierra el terreno asciende abruptamente, a través de diversos medios ecológicos, hasta el nevado Pico de Orizaba o Citlaltépetl, a 5 747 metros sobre el nivel del mar; el campeón el altitud de México y la tercera montaña más alta de América del Norte. Unos cuantos kilómetros separan la costa de clima tropical de las nieves eternas alojadas en las cumbres del Pico de Orizaba.

Su paisaje es también histórico. Abarca desde el río Pánuco hasta el Tonalá, es decir, de lo huasteco a lo olmeca; del Citlaltépetl a la Villa Rica de la Vera Cruz; de lo mexicano a lo español.

Su modernidad es herencia geográfica e histórica: desde Chicontepec hasta Pajaritos o desde el subsuelo petrolero hasta el complejo petroquímico, parte de la riqueza compartida por todos los mexicanos.

Veracruz es auge industrial. Hoy se ha fortalecido con la creciente producción de petróleo y gas natural, potencial aumentado con los recientes descubrimientos de las inmensas reservas veracruzanas.

A lo largo del estado, a partir de los campos del sur, ha sido colocado un gasoducto más grande que el de Alaska, que eventualmente transporta gas natural a clientes del norte. Pero no es sólo petróleo: Veracruz es también agricultura extensiva y generosa; a todo México, proporciona frutas tropicales, azúcar, maíz, frijol, chile, plátano, café, vainilla, cítricos y carne.

La naturaleza ha sido generosa con nuestro estado y el veracruzano ha sabido aprovechar los recursos que ella le brinda. Las huellas de la acción transformadora del hombre están por todas partes: en los campos cultivados, las ciudades, los puertos y los campos petroleros. De día nos asombran con sus modernas estructuras; de noche nos alumbran con la llama perpetua por la quema del gas.

Está también en las costas y lagunas, donde los pescadores, desde sus barcos y lanchas, lanzan las redes en las cambiantes mareas para extraer las variadas especies que ahí se dan.

Hay que reconocer que nuestro estado es uno y múltiple, como lo es nuestra gran patria mexicana. La variedad y el contraste no sólo se dan en el relieve, la vegetación o el clima, sino también, como es lógico, en el tipo de vida. La manera de pensar y trabajar del habitante de la montaña es diferente a la del residente citadino o del empleado de un moderno complejo petrolero. En la montaña parece que no pasa el tiempo; los valores y costumbres indígenas tienden a prevalecer: En la ciudad y las zonas industriales la gente vive inmersa en una agitada vida llena de avances y modernidad. A pesar de estas grandes diferencias, hay muchas cosas que nos unen y comprometen.

Pocos lugares expresan mejor esa “alegría de tierra tropical” que Veracruz. Basta desgranar la primera nota del arpa, guitarra o jarana, insinuar el primer paso de un jarabe, son o huapango para que se despliegue ese entusiasmo contagioso del espíritu “jarocho” con el cual nos reconocen en el resto del país.

Nuestro estado tiene muchas cosas que lo enorgullecen, pero también enfrenta problemas y carencias. Es importante divulgar que en 1992 aportamos el 76 % de la producción petroquímica nacional y generamos casi el 40% del azúcar nacional. Pero también es necesario estar conscientes de que, por ejemplo, en los alrededores de Xalapa se pierden cada año miles de toneladas de tierra fértil a causa de la erosión; que muchos campos petroleros producen una peligrosa contaminación y que gran cantidad de nuestros habitantes se encuentran, todavía, poco comunicados y no han sido totalmente incorporados a los beneficios del progreso material y cultural.

El sentirnos veracruzanos y, por lo tanto mexicanos, nos obliga a tener una visión realista de nuestra entidad. El sentirnos orgullosos de lo bueno y motivados a resolver lo malo es el compromiso que debemos asumir.

Principio y meta: así es Veracruz, el estado en que vivimos. Si queremos vivirlo bien, es necesario conocerlo. Esta monografía fue escrita para guiarnos en ese conocimiento. A través de sus siete capítulos tendremos posibilidad de saber lo que somos, lo que fuimos, lo que tenemos y lo que nos falta. Todo consiste en leer, preguntar, platicar con otros paisanos e ir a comprar lo que se dice.

Si estamos de acuerdo con ello, podemos empezar por aprender nuestra geografía.

El todo y sus partes

Empecemos por el nombre. Nació con la conquista española, cuando Hernán Cortés desembarcó en los arenales de Chalchihuecan, el 22 de abril de 1519, viernes santo, día de la verdadera cruz, de la Vera Cruz, de lo que después derivó el nombre del estado. Así apareció, por primera vez, en la Constitución de 1917. Pero su nombre oficial es: Estado Libre y Soberano de Veracruz-Llave, en memoria del liberal orizabeño Ignacio de la Llave, como lo registra la Constitución estatal.

Continuemos con la ubicación y la forma. Si queremos ser exactos, tendremos que decir que el estado de Veracruz se encuentra al este de la República Mexicana, entre los paralelos 17°08’ y 22°28’ de latitud norte y los meridianos 93°35’ y 98°38’ de longitud oeste, posición que nos permite tener varios vecinos interesantes. Por el norte, el estado de Tamaulipas; por el oeste, los de San Luis Potosí, Hidalgo y Puebla; por el sur y el sureste, los de Oaxaca, Chiapas y Tabasco. Por la parte oriental nos bañan las aguas del Golfo de México, a lo largo de unos 704 kilómetros.

Nuestro estado es una larga faja de tierra con anchura variable que oscila de 36 a 212 km, ligeramente curvada. Se orienta de noroeste a sureste, a través de unos 780 km de largo, y bordea parte del Golfo de México.

Con 71 699 km cuadrados, que representan el 3.7% de la superficie total del país, Veracruz ocupa por su tamaño el undécimo lugar entre las 32 entidades federativas que constituyen a los Estados Unidos Mexicanos.

En sus 207 municipios se asientan 17 390 localidades, de las cuales 240 son urbanas y 17 150 rurales, de acuerdo con el XI Censo General de Población y Vivienda, de 1990. Con 86 habitantes por kilómetro cuadrado, Veracruz ocupa el noveno lugar en la República en densidad de la población.

Si pudiéramos contemplar todo el estado desde un globo aerostático o un avión, o si revisáramos algunas de esas fotografías tomadas a gran altura por satélites artificiales, veríamos que tres grandes sistemas o provincias fisiográficas dominan el relieve veracruzano. Ellas son: a Sierra Madre Oriental, la Sierra Volcánica Transversal o Cordillera Neovolcánica y la Llanura Costera del Golfo de México. Además, es interesante destacar que nuestro estado también se sitúa en una parte de la Altiplanicie Mexicana, esa otra gran provincia fisiográfica que va por todo el centro de nuestro país hasta Coahuila y Chihuahua. Esta parte, aunque pequeña, es el Llano de Perote, ubicado en la vertiente interior de la Sierra Madre Oriental.

Esta situación nos emparenta geográficamente con el resto de la República y genera condiciones muy importantes para la naturaleza y la vida humana, no sólo en Veracruz sino también en los estados por donde cruzan los sistemas mencionados.

La Sierra Madre Oriental, originada hace unos 80 millones de años, es un sistema montañoso comprendido entre la Altiplanicie Mexicana y la Llanura Costera del Golfo de México. Parte de los límites de los estados de Puebla y Veracruz y sigue por la parte noroeste del estado, donde recibe el nombre local de Sierra de Huayacocotla; después continúa su camino hacia Coahuila y Nuevo León.

La Cordillera o Eje Neovolcánico, como su nombre lo indica, es una cadena montañosa de origen volcánico. Parte de nuestro estado y atraviesa al territorio nacional, desde el Golfo de México hasta el Océano Pacífico, por el centro-sur de la República, entre los 19° y 21° de latitud norte. Establece así una clara línea de separación en los tiempos de climas, flora, fauna y actividades humanas. Por lo tanto, divide lo que queda al norte y al sur del país.

El Eje Volcánico Transversal incluye las más elevadas cumbres de México, desde el Pico de Orizaba hasta los volcanes de Colima y Nayarit. Pasa por la Malinche; por el imponente conjunto de la llamada Sierra Nevada, esto es, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, y por el Nevado de Toluca.

Hasta la fecha, la actividad volcánica continúa en numerosos lugares de Michoacán y otras partes del centro del país. Por esta razón se puede decir que la formación de estas montañas aún no ha concluido.

La otra gran provincia fisiográfica de nuestro estado es la Llanura Costera o Planicie Costera del Golfo de México. Es una superficie casi plana, de escasa altitud y con una pendiente muy suave, ligeramente inclinada hacia el mar.

Esta planicie se localiza entre la Sierra Madre Oriental y el Golfo de México. Se inicia más allá de la frontera con Estados Unidos de América, se amplía en el estado de Tamaulipas, se angosta al centro del estado y se ensancha nuevamente hacia la Región del Istmo. Incluye casi todo Tabasco para, finalmente, unirse con las regiones de la Península de Yucatán. Esta planicie tiene una enorme importancia económica, pues en ella se vierten el agua y los sedimentos de los ríos que descienden de la vertiente exterior de la Sierra Madre Oriental y de otras sierras situadas más al sur. La planicie es, geológicamente, más joven que los dos sistemas montañosos que la limitan por el oeste.

La forma actual del relieve veracruzano es resultado de largas y constantes transformaciones, ocasionadas por fuerzas internas de la corteza terrestre que plegaron la Sierra Madre Oriental. El vulcanismo originó el sistema montañoso del Eje Neovolcánico. Los lentos, casi imperceptibles, levantamientos de una parte del fondo del Golfo de México, dieron por resultado la gran planicie costera. Ésta, además, es rellenada por la acción reciente de los numerosos ríos que la cruzan.

Hay que destacar el papel del sistema hidrográfico veracruzano en la conformación del relieve definitivo de la Planicie Costera. En su mayoría, los ríos veracruzanos son de poca longitud: descienden de las sierras rumbo al mar y desembocan formando barras, que son un rasgo característico de casi todos los sistemas fluviales de la entidad. Aunque caudalosos, sólo son navegables en las partes bajas, cuando no lo impide la acumulación de sedimentos, sobre todo en las mencionadas barras. En la parte sur, con el ensanchamiento de la Llanura Costera, los ríos tienen cauces más amplios.

Estos son rasgos dominantes de todo, de nuestra patria chica, Veracruz. La propia naturaleza, y luego el trabajo de los hombres, se han combinado para producir algunas diferencias entre unos lugares y otros, a los cuales llamaremos regiones de Veracruz. Así, distinguiremos siete regiones en nuestro estado. De norte a sur con las siguientes: la Huasteca Veracruzana, la Sierra de Huayacocotla, la Región del Totonacapan, las Grandes Montañas, las Llanuras de Sotavento, Los Tuxtlas y la Región del Istmo. Y como bien dicen por ahí, una de las mejores formas de conocer el todo es empezar por las partes que lo componen. ¡Vámonos, pues, a recorrer nuestro estado, a lo largo y a lo ancho! ¡De la Huasteca al Istmo y de la montaña al mar!

La Huasteca: verdes llanuras y grandes lagunas

Por la Huasteca podemos viajar fácilmente pues es una tierra muy accesible, como su gente. Movilizarnos por tierra, mar o aire depende del tiempo que dispongamos y de lo que queramos ver. Podemos usar el autobús o el ferrocarril; el barco o la lancha, si es que pensamos remontar algunos de sus ríos navegables; o el caballo, por si se nos ocurre visitar algunos de los muchos ranchos ganaderos.

Si nos gusta el paisaje más natural, podemos partir del río Tamesí o del Pánuco, en el límite norte de la Huasteca Veracruzana, y también de nuestra entidad, y cruzar llanuras, lomas, ríos, lagunas, y planicies, hasta llegar al río Cazones, que de alguna manera marca el límite sur de la región. Si preferimos lo urbano, iríamos de Panuco o Pueblo Viejo con rumbo a Ozuluama, Tempoal, Tantoyuca, Naranjos, Cerro Azul, Tamiahua, Alamo y Tuxpan, que son los poblados más importantes. O también atravesar las aguas del Pánuco y el Tuxpan en sus partes navegables. De cualquier manera y por cualquier medio podemos viajar por la Huasteca, de tierra llana y gente amable. Lo difícil es salir de allí, como dice el huapango de Nicandro Castillo:

Esas Huastecas

quién sabe lo que tendrán

el que una vez las conoce

regresa y se queda allá

Conocer la Huasteca Veracruzana significa adentrarse en un mundo aparte; en un océano verde que se ve salir y ponerse el sol sin ninguna montaña importante que lo interrumpa, excepto la Sierra de Tantima, elevación que adorna la llanura, sucesión de las más bajas y pequeñas mesetas. Hace unos cincuenta millones de años constituían fondos marinos, que engrosaron gracias a los sedimentos de los numerosos ríos que la cruzan. La Huasteca es hoy una suma de llanuras cubiertas de pastizales, de arbustos y alguno que otro árbol de buena sombra como el framboyán.

Si Veracruz fuera sólo la Huasteca no habría por que preocuparse, pues tiene todo lo que el hombre necesita para vivir. Sus suelos negros y arcillosos, ricos en materia orgánica, permiten y retienen buena humedad, aprovechada para la ganadería y la agricultura. Esas son actividades económicas que mantienen ocupada a una gran parte de los habitantes de la Huasteca.

La ganadería destaca sobre todo por la explotación de ganado vacuno, llamado cebú, y algunas otras especies criollas productoras de carne; ambos se han adaptado muy bien al clima cálido de la región. La agricultura es básicamente de temporal; lo mismo se produce maíz y frijol que caña de azúcar y tabaco. También encontramos huertos frutales donde se da naranja, toronja, limón, plátano y piña, entre otros productos.

Su clima es cálido húmedo y subhúmedo, con abundantes lluvias en verano; las temperaturas medias fluctúan entre 22 y 26 grados centígrados en verano. Las precipitaciones van de 800 a 1200 milímetros, entre los meses de julio y octubre. Este caer de las aguas es uno de los factores que contribuyen a facilitar la vida natural, y también a organizar la actividad humana en la Huasteca.

La época de lluvias, muy marcada, es señal para poner en movimiento labores agrícolas fundamentales como la siembra. En cambio, en los meses de escasez de lluvias el suelo se agrieta y hay que arreglárselas para conseguir el preciado líquido. En algunos lugares es necesario que los habitantes recojan el agua de la lluvia en aljibes y jagüeyes, para el uso doméstico. Pero ni las lluvias ni las sequías con demasiado preocupantes.

En la época de lluvias algún ciclón llega a alarmar a la gente, especialmente a la que vive en la costa. Sin embargo, los ciclones también tienen su lado bueno: traen agua en abundancia. Esta se canaliza hacía los ríos o se queda en el suelo, donde siempre está a la mano.

Dos caudalosos ríos, con numerosos afluentes, riegan las llanuras de la Huasteca: el Pánuco y el Tuxpan.

El río Pánuco sirve de límite natural con el estado de San Luis Potosí, donde recibe el nombre de Moctezuma; junto con el Tamesí, marca la línea limítrofe natural con Tamaulipas. Es uno de los ríos más importantes de la República. Nace fuera de Veracruz, en el estado de México, y mide hasta su desembocadura aproximadamente 600 km de largo. Sus afluentes más importantes en la entidad son el Tamesí y el Tempoal.

Al entrar a la Llanura Costera del Golfo de México, la corriente del río Pánuco se hace lenta, lo que facilita la navegación en unos 242 km antes de llegar al mar. En sus márgenes hallamos importantes ciudades, como Pánuco; en su desembocadura Ciudad Madero, en el vecino estado de Tamaulipas, y el antiguo Pueblo Viejo, hoy Villa Cuauhtémoc, en nuestro estado.

El río Tuxpan, cuyos afluentes principales son el Vinazco y Pantepec, es navegable solamente en 65 km cerca de su desembocadura está situado el importante puerto del mismo nombre.

Las lagunas han dado forma a la región y constituyen otros de los signos distintivos de la Huasteca. La mayoría, como las de Pueblo Viejo, Cairel, Tamós, Topila, Tortugas y Cerro del Pez, se ubican al norte. Otras, como las de Tamiahua y Tampamachoco, están cerca de los litorales. En ellas abundan el camarón y el ostión, importantes recursos naturales.

Mención especial merece la albufera de Tamiahua, laguna conectada con el mar. Por su extensión (874 km cuadrados) es una de las más grandes del país. En ella se localizan las islas El Ídolo, Juana Ramírez, El Toro, Burros, Pájaros, El Hospital, Mata Caballos y Frijoles. Se comunica con el mar a través de una abertura artificial en el lugar denominado Barra de Galindo, cerca del puerto de Tamiahua. Tienen poca profundidad; sin embargo, es navegable con el canal de Chijol, construido para unir los puertos de Tuxpan y Tamiahua con Tampico.

Las lagunas costeras no sólo embellecen el paisaje, sino que son también una importante fuente de riqueza para la región. De ellas los pescadores extraen camarón, ostión, mojarra, róbalo, chucumite, jaiba, lisa, lenguado, cangrejo, pargo y jurel, entre otros. La pesca de completa con el tiburón, camarón, tonina, guachinango, sardina, sierra, etc., especies que se encuentran en las aguas del golfo, frente a las costas de la Huasteca.

Pero eso no es todo. En la parte continental, junto a las lagunas y más allá de ellas, aún domina la selva baja y media: ceiba, chaca, ébano, palo fierro, manglar y algunos bosques de encino que aún quedaban en la Sierra de Tántima. La fauna es todavía más generosa: hay conejo, coyote, mapache, tlacuache, perico, loro, pato buzo, garza, chachalaca, cuervo, zopilote, pelicano, gaviota, iguana, lagartija, cuatro narices. En fin, todo un mundo de aves, mamíferos y reptiles que dan vida a las llanuras, ríos, lagunas y costas de la Huasteca.

La región de la Huasteca también tiene petróleo. Es más: aquí empezó la fiebre del petróleo mexicano, como nos lo recuerda, desde hace tiempo, el famoso corrido de Samuel M. Lozano dedicado a Tampico.

Todo el tesoro petrolero del país

está situado en tierra de Veracruz

Pues desde Tuxpan hasta Pánuco también

miles de antorchas aceiteras dan su luz

Todos debemos recordar el Cerrito del Pez, Potrero del Llano, Cerro Azul, Amatlán y Zacamixtle como los primeros campos de ese riquísimo manto llamado la Faja de Oro. Aquí se inició la historia de la explotación del petróleo en manos de compañías extranjeras. Dicha riqueza, aunada a otros veneros que todavía guarda el subsuelo de la Huasteca, es ahora de todos los mexicanos: el presidente Lázaro Cárdenas decretó, el 18 de marzo de 1938, la expropiación petrolera.

¿Verdad que no parece tan exagerado afirmar que la Huasteca lo tiene todo? Afortunadamente no es sólo veracruzana. La generosidad de su tierra, las particularidades de su paisaje y el espíritu de los huastecos, profundamente arraigados al terruño, la comparten también, con muy pocas diferencias, Tamaulipas, San Luis Potosí, Hidalgo, Puebla y Querétaro, quienes le dan el apellido correspondiente.

Ya hemos viajado bastante por tierras bajas y cálidas. ¿Qué les parece si nos vamos hacia las alturas, donde el paisaje de la Huasteca empieza a desaparecer? Caminemos en dirección de Chicontepec y Zontecomatlán, últimos reductos huastecos. ¡Y de allí para arriba, a la Sierra de Huayacocotla!

Sierra de Huayacocotla: niebla en las alturas

Vamos por altas montañas y profundas barrancas, contemplamos las nubes por debajo de nuestros pies, caminamos por cerros cubiertos de bosques y selvas. Todo esto es realidad si viajamos por la Sierra de Huayacocotla, una de nuestras hermosas regiones, la más pequeña del estado.

Casi todo el suelo es alto y quebrado. Lo cruzan profundas barranzas y cañadas, que se orientan de suroeste a norte. Nos encontramos con parte de la Sierra Madre Oriental, una de las grandes cadenas montañosas que atraviesan nuestro país. Aquí les han puesto nombres locales a esas montañas: a una la llaman Sierra de Huayacocotla; a otra, Sierra de Chicontepec; a una más, Sierra de Ilamatán. Pero la que domina es la primera; por eso llamaremos así a esta región.

Vivir en las montañas no es fácil. A muchos pueblos sólo se puede llegar caminando o a través de la selva. Los caminos carreteros no pueden atravesar las barrancas y subir las escarpadas cumbres. Sólo uno de ellos nos comunica con Chicontepec. No siempre es fácil comunicarse entre Huayacocotla, Ilamatlán, Zontecomatlán, Tlachichilco, Zacualpan o Texcatepec, algunas de las poblaciones más importantes del lugar.

Es ésta una región pintoresca, de clima cálido húmedo en la parte baja. La cubren selvas de ceiba, chaca, caoba, sombrerete, ramón, palo de agua, amate, flor de corazón, ébano y palo fierro. Durante el día puede oírse el griterío de loros y perico y el corretear de algún tigrillo o jabalí; por las noches, el aullar de los coyotes.

Mientras más subimos, el clima se va haciendo más templado húmedo, con lluvias todo el año, y la temperatura empieza a fluctuar entre 12 y 18 grados centígrados.

La fauna también va cambiando: aparecen gorrines, calandrias, ardillas, tlacuaches, conejos, mapaches, armadillos, venados cola blanca y alguno que otro puma que se va quedando solo. En la sierra propiamente dicha se alcanzan alturas superiores a los dos mil metros. El paisaje se va transformando a medida que subimos: Pronto las selvas son sustituidas por los bosques de niebla, que contienen distintas especies: encinos, táscates, enebros, cedros y liquidámbares que forman los bosques mixtos; más arriba, generosos bosques de pino y, bajo ellos, los suelos rojos con sus colchones de agua. El frío empieza a “calar los huesos”. Probablemente lleguemos a la orilla de alguna barranca, en cuyo fondo, muy abajo, corre un río, que puede ser el Vinazco o el Chiflón.

A medida que ascendemos hacia las cumbres, el viento frío golpea los rostros y es probable que nos sorprenda la lluvia, sobre todo si es verano. En esta época del año los ríos crecen y es imposible pasar; muchos pueblos quedan incomunicados durante meses. Esto ocurre porque las nubes cargadas de humedad, provenientes del golfo, chocan con la sierra, se enfrían por la altura y dejan caer su carga en forma de lluvias, que a veces son torrenciales. El promedio anual de precipitaciones que se registra en esta región fluctúa entre 1 400 y 2 800 milímetros en las partes altas.

La gente de la sierra se enfrenta a un medio difícil. Vive de la agricultura y, ocasionalmente, de la caza; no tiene luz eléctrica ni agua potable y, mucho menos, teléfono o televisión. En algunos lugares tampoco existe el dinero. Cuando necesitan comprar o vender, recurren al trueque: cambian un animal por maíz, frijol o carne que, por cierto, es escasa.

En algunos poblados se conservan costumbres de los primeros habitantes de la región, aquellos que se establecieron antes de la llegada de los españoles. Todavía es común oír hablar náhuatl, otomí y tepehua.

La vida cotidiana transcurre en forma sencilla. Por las mañanas, los hombres se disponen a ir al campo; las mujeres preparan café aguado, frijoles y tortillas de maíz: No puede faltar la tradicional salsa de chile. En ocasiones muy especiales, cuando hay suficiente dinero o una celebración importante, comen carne, lo que constituye en algunos lugares un verdadero rito.

Visten con la clásica indumentaria campesina: calzón y camisa de manta; andan descalzos o usan los tradicionales huaraches. Arropados con sarapes y ropa gruesa, cuando viven en los lugares más altos, se inician en el trabajo del campo; se auxilian con la estaca, el hacha y el machete. Sólo en las poblaciones más comunicadas y más bajas se ha introducido el uso del arado y la yunta de bueyes y es todavía raro que se utilice el tractor. A medida que las laderas se hacen más inclinadas y se cubren más de vegetación, los suelos son poco profundos, más arcillosos y, por añadidura, escasos. La roca aflora por todas partes y hace aún más difícil el cultivo.

Para sembrar el importante maíz, desmontan el terreno. Cuando hay maleza y arbustos usan el machete; el hacha, cuando es necesario cortar troncos gruesos. Después de desramar y picar lo cortado, le prenden fuego; el cual no siempre es controlado, por lo que se originan a veces incendios devastadores. A toda esta labor se le conoce con el nombre de roza.

Una vez desmontado el terreno, viene el barbecho, la siembra, la limpia, la doble y, finalmente, la cosecha. No es raro que la siembra se pierda por las lluvias torrenciales o las frecuentes heladas. Para compensar estas dificultades, muchos se dedican a la explotación de los bosques y aprovechan las diferentes especies de madera que aquí se dan, aunque a veces tampoco los beneficia directamente.

La agricultura, en menor escala, puede llegar a ser suficiente, en especial cuando se cultivan las pequeñas hondonadas o aquellos rincones protegidos por los bosques, donde el suelo es profundo y fértil. Allí se dan muy bien el frijol, la papa y la calabaza, buenos ingredientes en la dieta de los lugareños. Además, disfrutan de manzana, pera, ciruela, durazno, tejocote, capulín y membrillo, favorecidos por los aires templados de la sierra.

Cuando de animales se trata, crían ovinos y caprinos en las partes altas y frías; caballos, asnos, mulas y puercos en toda la región. Por cierto, en la sierra no falta la gallina criolla, importante para la economía familiar. Y, por último, hay indicios de existencias de minerales –entre ellos el caolín y el fierro- e hidrocarburos, que pueden aumentar el potencial económico de la región, lo que redundaría en beneficio de los habitantes de estas empinadas laderas.

A pesar de que no es fácil vivir en esta región, sus habitantes son esforzados y trabajadores. Además, contemplan hermosos paisajes que difícilmente se dan en otros lugares de nuestro país, como cascadas y barrancas. También observan las laderas “parchadas”, donde se alternan las pequeñas áreas cultivadas con los frondosos bosques. Y los que habitan en las cumbres tienen las nubes bajo sus pies.

Bajamos ahora de esta pequeña región veracruzana, única que no tiene mar. Esta vez iremos de lo templado a lo cálido.

Al descender percibimos el olor a café. Estamos en la parte baja de las laderas, al inicio de la selva tropical, donde están los cafetos, no muy numerosos pero sí importantes en la economía de la zona. Una vez abajo, de nuevo en la planicie costera, otro olor nos invade: es el olor a vainilla. ¡Estamos en la región llamada Totonacapan!

Totonacapan: entre la tradición y la modernidad

Estamos de nuevo en la Llanura Costera, donde nuestra presencia no puede pasar desapercibida. Aquí viven los papanes, pájaros bullangueros y delatores que, al ver pasar algo, sea una culebra, venado o persona, siempre gritan; hacen mucha boruca. Ellos le han dado nombre a una parte de esta región, tierra de papanes. Nos recibe también el olor a vainilla, cultivo agrícola característico de la región, reconocida mundialmente por su calidad.

A esta parte de Veracruz le llamamos la Región de Totonacapan, a pesar de que muchos prefieren hablar de dos regiones: Papantla y Misantla. Es mucho mejor hablar de una sola, porque es más lo que las iguala que lo que las diferencia: el relieve dominante, el clima, la vegetación, la fauna y las actividades humanas.

Totonacapan alude a una de la raíces prehispánicas más importantes que habitaron por estos rumbos: los totonacas. Su huella creativa, plasmada en los viejos monumentos de El Tajín, trasciende los tiempos. Nos traslada diariamente a ese pasado brillante del que nos sentimos orgullosos todos los veracruzanos y, con más razón, algunos de los grupos indígenas que habitan hoy en nuestro estado y tienen ese origen.

Aquí tenemos dos extremos de nuestra historia, que nos recuerdan lo que hemos sido y lo que somos: el pasado prehispánico y el complejo petrolero, signo de modernidad en estos tiempos. De ahí el título de esta lección: Totonacapan, entre lo tradicional y lo moderno.

Al igual que la Huasteca, esta región es parte de la gran planicie costera del golfo. A medida que dejamos el río Cazones, el llano se angosta y cede su paso a lomeríos, los cuales se hacen más numerosos y un poco más quebrados. El relieve se repite constantemente de norte a sur: pequeños valles, pequeñas lomas y, entre ellos, algunos ríos. Así es de Poza Rica a Misantla. Pero en su límite sur, el llano casi desaparece al encontrarse con la Sierra de Chiconquiaco, como llaman aquí a la Región de las Grandes Montañas, cuyos pies llegan hasta la costa. Por el oeste hallamos la Sierra Madre Oriental, que ya conocemos; por el este, el golfo. Montañas y playas tropicales, diferentes tonalidades de verde entre maleza, arbustos, arboledas y selva. ¡Esa hermosa combinación también la encontramos aquí, en la Región del Totonacapan!

Los climatólogos nos hablan del predomino de un clima cálido húmedo, con abundantes lluvias en verano. Las temperaturas medias fluctúan entre 22 y 26 grados centígrados; la precipitación media anual va de 1 000 a 1 500 milímetros. Los ciclones tienen mucha influencia: traen más lluvia, pero provocan menos daños que en otras regiones como la Huasteca.

Todo esto hace que la selva alta, siempre verde, sea más abundante y copiosa que en la Huasteca. Hay lianas, cansan o sombrerete, amate, zapote de agua, guayabo volador, ceiba, jinicuil, caoba y ramón. Selva alta y baja, algunos manglares en la costa, pastizales y bosques de encinos conforman ese manto vegetal, siempre verde, que cubre la región del Totonacapan.

Debajo prolifera una fauna muy diversa. Lo mismo hay ardilla, liebre, rana, colarillo, lagartija y cascabel, que zopilote, garza, colibrí, cuervo, gavilán, gaviota y paloma; Además de nuestros conocidos papanes y pericos a cual más bullicioso.

No podemos dejar de mencionar los ríos de corto recorrido que, como siempre, bajan de la sierra al mar. Son briosos en su curso superior, es decir, en la vecina Región de las Grandes Montañas; lo que, en ocasiones, se aprovecha para la instalación de plantas hidroeléctricas.

Los ríos son lentos en la llanura, cual los hace navegables en algunos trechos, como sucede en el Tecolutla. Sobresalen, de norte a sur, precisamente el Tecolutla, cuyos afluentes principales son el Necaxa y el Apulco. En el Tecolutla se encuentra el puerto del mismo nombre, que es de cabotaje; también una playa muy visitada. Luego tenemos el Nautla, que corre por el centro de la región; más arriba le nombran Martínez de la Torre. Tiene como afluentes a los ríos Alseseca y Bobos, llamado así por la abundancia del pez bobo. El Nautla es navegable en unos 37 km. Más al sur corre el río Misantla.

Estos ríos no sólo son importantes por su curso y lo que representan para la agricultura y la navegación; lo son también por lo que hay en sus aguas: acamaya o langostino, pez bobo y bagre, especies deliciosas de la cocina veracruzana.

En cuanto a su litoral, sobresalen las barras de Tecolutla y Nautla. La costa es, en general, pareja; las playas, largas, y no hay albuferas de importancia.

Los suelos predominantes son de dos tipos: negros de origen aluvial en los llanos, aprovechados para el cultivo no sólo de la caña de azúcar, sino también del maíz, frijol, chile y tabaco. Del maíz se pueden levantar hasta dos cosechas al año. Los suelos pardos y amarillentos de las lomas, a su vez, se utilizan para el cultivo de frutales como la naranja, el mango y el plátano, en las partes más bajas. Debemos destacar que el cultivo más importante es el de la caña de azúcar.

La caña es procesada en los ingenio. Uno de los mayores es el Independencia, donde se transforma la mayor parte de la caña cultivada en la región, ayudado por el ingenio Libertad. Aunque la mayor parte se emplea para producir azúcar, también se elabora panela y aguardiente.

Otras actividades agropecuarias son la ganadería –en menor grado que en la Huasteca- y la cría de las abejas.

En la región del Totonacapan se hace presente la industria petrolera. Comparte una pequeña porción de la famosa Faja de Oro en Poza Rica, que con su nombre lo dice todo. Aquí encontramos campos petroleros y refinerías, que le dan el toque moderno al paisaje.

Tomemos como punto de partida el puerto de Tecolutla. Si deseamos ir al norte, hacia la Huasteca, para recorrer la región, es buena la carretera que pasa por Gutiérrez Zamora, Papantla, El Tajín y Poza Rica. Si preferimos el sur, tenemos la posibilidad de viajar por la orilla del mar hasta Nautla, seguir por el río hasta Martínez de la Torre, subir Tlapacoyan, regresar a Misantla y Yecuatla o volver a la costa por Vega de Alatorre, para seguir hasta las Llanuras del Sotavento.

Combinación de montaña y playa; sierra que empieza a ser abrupta y litoral bajo y arenoso, si es que nos ubicamos en los linderos de Misantla. O paisaje mágico lleno de tradición, con evocaciones que nos trasladan diariamente al viejo Totonacapan, al sonido de las flautas y a la danza de los voladores si estamos en Papantla.

Así, con el encanto de tiempos pasados y presentes, nos vamos de nuevo a la sierra.

Las Grandes Montañas: del trópico a las nieves eternas

La Región de las Grandes Montañas es una de las más variadas de nuestra entidad. Abarca, en una subida impresionante y bastante corta, casi desde el nivel del mar hasta los 5 747 m de altura. Va de lo cálido a lo gélido, de la selva tropical a los zacatonales de alta montaña, del plátano al trigo.

Corazón montañoso, originado por el encuentro de la Sierra Madre Oriental y el Eje Neovolcánico, este gran mirados veracruzano, testimonio de antigua y reciente actividad volcánica, se presenta como la culminación de una serie de serranías cuyo cuyos nombres locales son: Zongolica, Huatusto, Chiconquiaco y Zomelahuacan. Incluye las alturas del Pico de Orizaba y del Cofre de Perote y las cumbres de Acultzingo y Maltrata en la parte de la sierra volcánica, así como la Sierra de Teziutlán en la porción de la Sierra Madre Oriental.

Este nudo montañoso constituye una verdadera cortina climática, vegetal y humana, entre la parte que da hacia el golfo y la que nos conecta con la Altiplanicie Central Mexicana.

Los vientos húmedos, procedentes del golfo, chocan contra esta barrera montañosa y dejan caer su generosa carga de agua hacia la vertiente exterior, originando ríos briosos y numerosas cascadas. Al pasar hacia el interior están ya convertidos en vientos secos, con escasa humedad.

Esto explica, por ejemplo, que las laderas interiores del Pico de Orizaba y del Cofre de Perote sean de clima menos húmedo y con temperaturas extremosas, es decir, altas durante el día y considerablemente bajas en la noche, con lluvias que no alcanzan 600 milímetros, como ocurre en el Llano de Perote, el lugar más seco del estado.

En cambio, en las partes intermedias de la vertiente exterior la temperatura fluctúa entre 18 y 22 grados centígrados y la precipitación entre 1 200 y 2 000 milímetros durante el año. La Sierra de Zongolica es el lugar más lluvioso, con más de 3 200 mm anuales. Hay, pues, dos vertientes, dos caras o dos realidades geográficas muy marcadas por una misma región.

Si recordamos los suelos de la Huasteca y la Región del Totonacapan, advertiremos que aquí hay un cambio radical, no sólo por el relieve sino por la actividad volcánica. Por todos lados encontramos rocas negras porosas, columnas de basalto y suelos cuyos colores van del gris pardo al rojo oxidado. Esto se debe al resultado de cientos de erupciones volcánicas, ocurridas desde hace millones de años, y también a una activa descomposición causada por los factores climáticos.

La presencia de los ya conocidos Pico de Orizaba y Cofre de Perote, las dos grandes atalayas de la región, junto a otros volcanes menores como el Macuiltépetl, el Volcancillo, el Coatepec, el San Miguel, el Xico y la Magdalena, constituyen una prueba indiscutible de ese pasado volcánico.

Con tal relieve, suelos y climas, no es nada raro que la vegetación sea también variada. Si subimos la sierra en dirección este-oeste, en sus partes bajas encontramos bosques de encinos, que crecen muy bien en terrenos volcánicos. Más arriba empiezan los bosques mixtos (llamados también bosques de niebla, a causa de la humedad reinante) de cedros, liquidámbares y pinos. Hacia las laderas empinadas están los bosques de coníferas, como pinos y oyameles. Y arriba, muy cerca de las cimas, sobre los 2 300 metros, predomina el pastizal duro que aquí llaman zacatonal.

En la ladera baja occidental del Cofre de Perote, donde la precipitación es muy escasa, existe un área de matorral desértico con palma o izote, sotol, maguey, guapilla y espadín, vegetación que poco tiene que ver con la del resto del estado.

Debido a lo variado del paisaje, la actividad humana es también muy diversa. En las partes altas podemos encontrar sembradíos de trigo, habas y alfalfa; frutales como el nogal, el manzano y el durazno. En los lugares bajos, maíz, frijol, caña de azúcar y frutales de naranja, mango y plátano. A medio camino, en Coatepec, Huatusco y Córdoba, tenemos los cafetales; su producto, sabroso y aromático, es uno de los que dan forma a la región.

Entre sus animales domésticos hay ganado vacuno, ovino, caprino, porcino, caballar y mular; en cuanto a la fauna silvestre, abunda la liebre, la ardilla, el venado y el cacomixtle.

Estamos en las alturas, en la región techo de nuestro estado y ¿por qué no? De México. Desde aquí y con cielos despejados, podemos dominar la amplitud y diversidad tanto de nuestro estado como de las vertientes de que hemos hablado. Esta vista es posible ya que el Pico de Orizaba tiene una altura de 5 747 metros y el Cofre de Perote o Nauhcampatépetl, 4282. Si estamos aquí, imposible dejar de visitar algunos de los hermosos lugares y ciudades de estos rumbos. Podríamos empezar por cualquier lugar, al fin que la región está bien comunicada, pese a lo quebrado de su relieve. ¿Qué les parece empezar por Perote y sus llanos, una de las puertas que nos comunican con la Altiplanicie Central?

Perote, paisaje semiárido, con vientos fríos y temperaturas extremas, que a veces están debajo de los cero grados centígrados, el lugar más alejado del mar y la costa. Por eso quizás nos parezca el menos veracruzano de todos. Por él salen o entran la carretera y el Ferrocarril Interoceánico, que unen al puerto de Veracruz con la ciudad de México.

Del Cofre de Perote nacen dos ríos importantes: el Nautla, que ya conocemos, y el Actopan, uno de cuyos afluentes, el Naolinco, tiene una monumental cascada de 200 m de altura.

De la ciudad de Perote podemos ir a Altotonga y Jalacingo, en el extremo noroeste, en el límite con el estado de Puebla. Pero también a Xalapa, el camino obligado si queremos usar la carretera o el ferrocarril.

Para muchos, Xalapa es la que expresa mejor el paisaje dominante en las Grandes Montañas: suelo rojo, bosque verde obscuro, cielo gris a causa de la neblina y el constante chipi-chipi, una lluvia que no se atreve a ser tal. Lugar pintoresco por lo quebrado de su suelo, situado en las faldas del Macuiltépetl, sus hermosos jardines y araucarias proporcionan deleite al visitante. Además, es la capital de nuestro estado; por su importancia.

Si no queremos bajar todavía del centro de nuestro estado, de Xalapa podemos ir a Coatepec. Después podemos seguir a Xico, la cascada de Texolo y Teocelo; regresar a Coatepec y tomar el camino a Jalcomulco. Aquí hemos de cruzar la barranca del río de La Antigua para llegar a Huatusco, coscomatepec y Fortín.

Orizaba es la otra puerta de salida, o entrada, a nuestro estado por la parte oeste. La cruzan, al igual que a Córdoba, una carretera y el Ferrocarril Mexicano, que comunica al puerto de Veracruz con el Distrito Federal. Situada en las faldas de los cerros de El Borrego y Escamela y regada por las aguas del río Blanco, es otro de los centros urbanos importantes de la región.

Orizaba es una ciudad comercial e industrial, en la cual se localizan industrias de hilados y tejidos, cerveza, pastas alimenticias, cemento y papel. No podemos dejar este lugar sin nombrar a su monumento natural: el Pico de Orizaba. De pronto, entre las nubes, a parece a la vista con sus nieves eternas. De los deshielos y las lluvias que se juntan en las faldas nace el río Jamapa, uno de los más importantes de la región.

Ahora sí: de Orizaba a Córdoba, al buen café.

Nadie que guste del buen café puede ignorar a Córdoba, centro de una comarca agrícola donde uno de los cultivos más importantes es precisamente el café, que se ve favorecido por el clima extraordinariamente agradable. También se dan muy bien la caña de azúcar y algunos frutales como el naranjo.

Y ahora, de nuevo a la llanura. Otro subir y bajar en este largo y enriquecedor viaje por nuestro estado. Esta vez nos vamos a la Llanura de Sotavento, corazón del espíritu jarocho.

Llanuras de Sotavento: la tierra jarocha

Otra vez de bajada; otra vez de lo templado a lo cálido, de la montaña al mar. Estamos en la planicie costera, que cobra nuevas fuerzas después de haber sido interrumpida, casi cortada, por la Cordillera Neovolcánica en su límite norte. Esta planicie toma aquí el nombre local de Llanuras de Sotavento. Seguramente la llamaron así los antiguos marinos que anclaban en el puerto de Veracruz a causa de algún temporal. Al frente tenían el mar, el lado donde los vientos pegaban duro, a barlovento, porque venían del golfo; atrás estaban las llanuras, que se encontraban al abrigo y protección, a sotavento, hacia el interior de la costa.

El clima de las Llanuras de Sotavento es cálido húmedo y subhúmedo, con abundantes lluvias en verano. La precipitación media anual fluctúa entre 1 600 y 1 800 milímetros.

Podemos recorrer la región desde y hacia el lugar que queramos, pues es una de las mejor comunicadas del estado y del país. Igual nos sirve el barco, la lancha o la panga, que el autobús, el tren o el avión; del norte al sur o del oeste al este. Seguimos bajando -¿en qué?-: dejémoslo a nuestra imaginación. Quedan a nuestras espaldas las Grandes Montañas y aparece al frente el Golfo de México, su límite por el este.

Al bajar rumbo a la costa notamos un suave declive, una sucesión de pequeñas lomas y cañadas que casi siempre siguen la misma dirección que los arroyos y los ríos. Son muy numerosos, pues constituyen el desagüe natural de las barreras montañosas que hemos dejado atrás.

Aquí ya descubrimos uno de los rasgos típicos de la región: sus numerosos e importantes ríos, entre los cuales podemos nombrar al Actopan y sus afluentes Topiltepec, Naolinco y Paso de la Milpa; al río de La Antigua, cuyos afluentes son el Paso de Ovejas y San Juan; al río Jamapa que, como sabemos, nace allá en las faldas del Pico de Orizaba y desemboca en el Golfo de México, en Boca del Río, después de recibir las aguas de las afluentes Atoyac, Chavaxtla, Dos Puentes y Cotaxtla.

Otro río característico es el Blanco, que también nace en la Región de las Grandes Montañas y desemboca en la albufera de Alvarado, otra de las lagunas importantes del estado. Sin duda, el río Papaloapan es el mas notable: nace en la Sierra Juárez, en Oaxaca, y desemboca igualmente en la Laguna de Alvarado, después de recibir las aguas de los ríos Tonto, Tesechoacán y San Juan Evangelista en tierras veracruzanas.

Aunque desciende rápido desde las sierras oaxaqueñas, una vez en la llanura costera se desliza suavemente; lo que, aunado a su profundidad y volumen de aguas, permite la navegación en un tramo de 110 km, desde la población de Chacaltianguis hasta su desembocadura. En su recorrido pasa por Cosamaloapan, Carlos A. Carrillo, Tlacotalpan y el puerto fluvial de Alvarado. Toda esa familia de ríos, que conforman la gran Cuenca del Papaloapan, traen a las Llanuras del Sotavento abundantes aguas de las sierras húmedas de más allá de nuestro estado, sobre todo a fines del verano. Tanto es así que, con mucha frecuencia, crecen y se desbordan, provocando inundaciones que sólo en estos últimos tiempos han comenzado a ser controladas. También traen riqueza en forma de limo, que es depositado en nuestras llanuras.

Pero el recorrido del Papaloapan no es sólo belleza del paisaje natural; por algo lo llaman el “Río de las Mariposas”. Es también un hermoso y alegre paisaje humano con su centro en Tlacotalpan, pueblo pesquero de indudable belleza. Su clima cálido hace a su gente alegre y espontánea en el hablar; si hay fiesta o paseo se baila y se canta con la jarana y el arpa. Es una tierra de artistas, uno de los rincones jarochos que son orgullo nuestro como veracruzanos.

Sin duda que los numerosos ríos de la región son un valioso recurso. Algunos son importantes para la pesca y el transporte. Aquí podemos encontrar las deliciosas acamayas y exquisitas mojarras. Otros son importantes para el riego de diversos cultivos y pastizales para el ganado.

Por eso no debe extrañarnos que, al bajar de Córdoba a Veracruz, comencemos a ver suelos negros, propicios para el cultivo del maíz, la caña de azúcar, el frijol, el tabaco y el arroz; así como buena ganadería, especialmente vacuna, que aprovecha los pastizales. También nos encontramos con huertos familiares y plantaciones de mango, tanto de Manila como criollos; de limón real y naranja, hasta llegar al plátano, la piña y el coco.

Estamos cerca de la costa. Aquí hay otra característica, que se acentúa en la región: las lagunas y el mar. Por tanto, la pesca y muchas palmeras, aquellas “borrachas de sol” que menciona el músico Agustín Lara.

Veamos primero las lagunas, las muchas lagunas, producto del desague de los ríos en la costa, como si fueran apéndices de mar. Entre las más importantes están las de La Mancha, Mandinga, Camaronera, Alvarado (la mayor de todas) y las que se encuentran entre los ríos Limón y Papaloapan. Son territorio propicios para garzas blancas y garrapateras, martín pescador, gaviotas, pelícanos, rabihorcados, agachonas y muchos otros. En sus aguas encontramos ostión, camarón, cangrejo y jaiba, entre otros. Alrededor de las lagunas, en las partes arenosas cerca de la costa, donde los suelos tienen la sal que el agua de mar ha dejado cuando baja su nivel, hay manglares.

Tierra adentro, donde los ríos se ensanchan y forman lagunas de agua dulce y pantanos, crece el popal, vegetación acuática característica de la región, que abunda como en ningún otro lugar del país.

El golfo es otra cosa. Quizá está más presente aquí que en ninguna otra región veracruzana, tanto por su riqueza en especies marinas como por ser vía de comunicación y factor climático. Aunque no hay mucho camarón, se compensa con otras especies como guachinango, robalo, cazón y pámpano, sumamente apreciados.

En los arrecifes de coral, que hay a lo largo de la costa, se refugian el pargo, la cherna, la morena, la lora y el pulpo. También es nido de la feroz picuda o barracuda, por sólo mencionar algunas de las múltiples especies marinas que viven en estos escondites. En mar abierto, en cambio, encontramos el dorado, el robalo y el guachinango, que no sólo son altamente cotizados por la cocina veracruzana, sino por todo el país.

El golfo también rico en especies peligrosas como la cornuda o pez martillo, y tiburones de diferentes especies como el marrajo y los jaquetones, que asustan tanto a bañistas como a pescadores, a pesar de que estos últimos los pescan en cantidades importantes. Para suavizar el ambiente marino, existe el simpático e inteligente bufero, delfín que casi siempre acompaña a los barcos en su navegar.

La ciudad de Veracruz es el principal puerto de altura de la República Mexicana. Tiene gran movimiento comercial de carga y descarga, tanto con el interior del país como con el exterior. Además, es un centro turístico por su participación en sobresalientes hechos históricos.

El golfo también es veleidoso e inestable. De pronto se torna gris azulado lo cual depende de los nortes, masas de aire polar que frecuentan la costa en otoño e invierno, o de algún huracán que anda en busca de arraigo.

Cuando el norte azota, el cielo se nubla, soplan fuertes vientos y llueve en forma persistente, de la mañana a la noche, durante varios días. Sin embargo, los veracruzanos nos las arreglamos para compensar el mal tiempo. Inclusive nos satisface saber que contribuirá a que haya más humedad y, en consecuencia, mayores posibilidades de lluvia en algunos de los estados vecinos que disponen de poco agua, sobre todo en los meses de sequía.

No hay duda que la región está bien comunicada. La atraviesan muchas vías, algunas de ellas cargadas de tráfico, signo de la intensa actividad comercial, agropecuaria, industrial y turística que aquí se concentra. El Ferrocarril Mexicano y el Interoceánico, como ya vimos, nos unen con el centro del país. El Ferrocarril del Istmo nos lleva de Veracruz a Tierra Blanca, Tres Valles, Rodríguez Clara y Jesús Carranza, mucho más allá de la región.

Con las carreteras ocurre lo mismo: nos comunican con la ciudad de México o, si queremos ir al sur, podemos tomar la Carretera Costera del Golfo, la cual nos lleva del puerto de Veracruz al Istmo, pasando por Alvarado. Si nuestro deseo es recorrer el interior, está la carretera que pasa por Tinajas, Tierra Blanca y Ciudad Alemán. De aquí se puede continuar a Loma Bonita e Isla, o bien dirigirse a Cosamaloapan y Tlacotalpan. Todavía más, las Llanuras de Sotavento cuentan también con vías fluviales y lacustres, como el río Papaloapan y la Laguna de Alvarado.

Imposible terminar nuestro paseo sin mencionar dos atractivos del paisaje marino aledaño al puerto jarocho. Por un lado, la silueta siempre grata y familiar de la Isla de Sacrificios; por otro lado, la gran belleza de los arrecifes, especialmente el de Isla Blanquilla, un paraíso de corales y peces de colores que bien podría considerarse parque natural submarino.

Tanta actividad hay en estas llanuras sotaventinas que conviene buscar la placidez de una naturaleza diferente. Nada mejor, entonces, que la Región de Los Tuxtlas.

Los Tuxtlas: isla volcánica

Muchos dicen que para recorrer la región de Los Tuxtlas basta una excursión, ya que junto con la Sierra de Huayacocotla es una de las más pequeñas del estado; pero esto es sin duda porque no la conocen. Una vez que entramos en ella, de inmediato corremos el riesgo de quedarnos aprisionados por la belleza y magia del lugar. Y las ganas de quedarse aquí se justifican completamente.

Un verdadero lugar volcánico es ese conjunto montañoso, llamado Sierra de los Tuxtlas. Si nos subimos al volcán San Martín, la máxima altura de la región con sus 1 765 m, podemos contemplar que un océano verde de selvas y pastizales de las Llanuras de Sotavento. Nos rodean por el norte, oeste y sur, y la planicie del Istmo por el sureste. En efecto, hay un lugar, un bello accidente incrustado en esa gran planicie costera del Golfo de México.

Pero volamos a nuestro mirador preferido, la cumbre de San Martín. Desde allí podemos observar el relieve quebrado; sus montañas no tienen la altura de las que se han visitado en otras regiones del estado. Así, por ejemplo, el cerro de Santa Martha tiene 1 700 metros y el cerro de San Martín 1 250. Como ya dijimos, toda esta sierra es producto de la actividad volcánica, seguramente de mediados y fines de la Era Terciaria, al igual que la Cordillera o Eje Neovolcánico que ya conocemos; es decir, se formó hace muchos millones de años.

Según cuentan algunos de los lugareños, la actividad volcánica en la región aún no ha terminado. Primero, porque saben que las dos últimas erupciones de que se tiene memoria fueron las del volcán San Andrés Tuxtla en 1664 y 1773; segundo, porque hay manantiales de aguas termales que brotan a la superficie y escurren a la laguna de Soteapan. Por último, porque de vez en cuando ocurre por aquí algún sismo o temblor, que se asocia al pasado volcánico.

Como sea, los volcanes que hoy tenemos a la vida, aunque amplios y profusos, están ya muy erosionados. Los suelos que por aquí encontramos son de color pardo, derivados de basaltos y ceniza volcánica. Se prestan a la maravilla para el cultivo de maíz, frijol, caña de azúcar, arroz y tabaco de alta calidad. También se cosechan muy buenas frutas.

El clima es cálido y húmedo. Las temperaturas oscilan entre los 18 y 22°C; hay lluvias casi todo el año, que sobrepasan los 2 000 mm y contribuyen notoriamente a mantener una flora y fauna como pocas en Veracruz. Por sus pastizales, las montañas parecen alfombradas; sus lomas redondeadas están llenas de cultivos y flores por todas partes; la selva, alta y mediana, tiene sombrerete, palo de agua, zapote de agua, ramón platanillo, caoba y ocozote. También hallamos bosques de encinos en laderas de la sierra.

La fauna que prolifera bajo este ambiente es selvática, con una gran variedad de aves: tucán, colibrí, zanate, calandria, garza, etc. Encontramos mamíferos como jabalí, mono araña y mono aullador, venado cola blanca, ocelote y tigrillo; o reptiles como la boa constrictora, la víbora de cascabel y la nauyaca.

Vale la pena destacar el estudio conjunto que realizan, desde hace muchos años, nuestra Universidad Veracruzana y la Universidad Nacional Autónoma de México sobre la conducta social de un grupo de macacos, los cuales habitan la llamada Isla de los Changos en Laguna de Catemaco. Esta especie de primates no es originaria del país, sino del sureste asiático. Fueron traídos aquí a propósito, con fines de investigación científica. Y no cabe duda que le gustó el lugar porque, en menos de una década, los 13 primeros ejemplares se han producido hasta formar una colonia de más de 100 macacos.

Como esta región es pequeña, no existen ríos importantes. Sólo se pueden señalar los ríos Tuxtla, Grande de Catemaco –donde se encuentra la cascada de Eyipantla-, Hueyapan y Huazuntlán. Antes de abandonar nuestro estratégico mirador, demos una última mirada a las principales poblaciones. No son muchas y a veces cuesta verlas porque están medidas en pequeñas laderas, como escondiéndose del visitante entre la generosidad de su vegetación. Esto ocurre con Santiago Tuxtla, más al noroeste; San Andrés Tuxtla y Catemaco, al lado de la laguna, misma que merece un párrafo aparte.

Vista desde las alturas, la Laguna de Catemaco semeja un gran espejo, donde a diario se miran la vegetación y los animales. Está rodeada de volcanes y, por su quietud y belleza, es el lugar ideal para el descanso de los viajeros en busca de tranquilidad y salud. Esto último gracias a la presencia de algunos manantiales en sus orillas, ricos en minerales, como el de Coyame.

Si bajamos con la vista puesta en el golfo, podemos observar, todavía allá a lo lejos, una costa un tanto dispareja, con entradas y salidas, donde se alternan pequeñas playas y lagunas. Seguramente se trata de Puntilla de Piedra y Roca Partida o de la albufera de Sontecomapan.

Cuesta abandonar este ambiente floral, risueño, de gente alegre y espontánea, donde parece que la naturaleza hubiese escogido sus mejores dones para ponerlos allí. Pero debemos recorrer todo nuestro estado y todavía nos falta la Región del Istmo, que también tiene lo suyo.

El Istmo: la llanura por excelencia

Volvemos a la llanura, pero ahora sí a la llanura por excelencia.

Ninguna serranía o altura importante o mediana nos mantiene. Al cruzar el río de la Lana, uno de los afluentes del Papaloapan –los Tuxtlas hacia el norte- y entrar a la cuenca del río Coatzacoalcos, llamado también el Río del Istmo, el paisaje empieza a cambiar, aunque no tan radicalmente, pues no dejamos de estar siempre en la Planicie Costera del Golfo.

Topamos aquí con una llanura aluvial típica, de formación más reciente y constantemente anegada por la amplia red hidrográfica que existe en la región. Predominan, por tanto, los suelos negros, pero también los grises, debido a las constantes y periódicas inundaciones provocadas por los esteros y los ríos; en particular, el ya mencionado Coatzacoalcos y el Tonalá, límite natural de la región y de Veracruz por el sureste.

La llanura continúa más allá, por el vecino Tabasco. No es extraño que nos encontremos con terrenos pantanosos, laguna, pastizales y nada o casi nada de selva, si es que andamos por el centro y norte de la región. Lo que sí podemos hallar, ya casi en los límites del estado de Tabasco y en otras pequeñas zonas aisladas, es la vegetación de sabana con nanche, tachichón, coatecomate, jícaro y cacaito. Hacia el litoral, donde la marea invade los suelos más bajos, hay mangle rojo, prieto, botoncillo y blanco. Donde se retiene el agua dulce se desarrolla el popal.

El clima predominante es cálido húmedo, con lluvias casi todo el año, que superan los 2 500 mm anuales, y temperaturas que fluctúan entre los 22 y 26°C. A veces se torna un poco desagradable vivir en estos rumbos, a causa de la humedad reinante.

Imposible recorrer la región sin encontrarse con el río Coatzacoalcos o alguno de sus afluentes. Es el tercero en importancia en el estado. Nace en la Sierra Atravesada, en Oaxaca, límite sur de la región junto a Chiapas; allí recibe las aguas de los ríos Jaltepec y Solosúchil; ingresa a la Región del Istmo, donde se junta con los ríos Coachapa, Uxpanapa, Jaltepec y Nanchital. Finalmente desemboca en el Golfo de México, junto al puerto de Coatzacoalcos.

Es navegable en unos 70 km. Si no internamos por él o alguno de sus afluentes, encontraremos cosas interesantes. Corriente arriba, a ambos lados del río, topamos con ranchos, ejidos y poblaciones dedicados a la agricultura y la ganadería. Pero si nos desviamos por el Uxpanapa, el paisaje se vuelve expectante: aquí está una de las selvas únicas de nuestro país. Es sin duda una agrupación vegetal exuberante e importante, no sólo como potencial forestal, sino también para el estudio de variedades de plantas y animales. Esto nos hace pensar que no deberíamos dejar perder estos tesoros naturales.

Si caminamos por el rumbo del Uxpanapa, hallaremos un clima cálido húmedo, con lluvias abundantes durante casi todo el año. No hay época de sequía; la vegetación es maravillosa.

Existe tal cantidad de vegetales que la luz del sol, a veces, no puede penetrar hasta el suelo. Hay desde plantas pequeñísimas (casi microscópicas) hasta otras gigantes y todas luchan por ser las más altas, porque buscan la luz del sol. Por lo mismo, algunas tienen tallos largos y delgados y otras son árboles robustos hasta de 60 m de altura. Abundan los bejucos y las ceibas, especialmente junto a los ríos, las enredaderas y las plantas trepadoras parásitas.

Caminar por la selva es difícil por lo espeso de la vegetación. El suelo es frecuentemente pantanoso y la variedad de animales obliga a moverse con cuidado, pues abundan desde infinidad de insectos hasta boas, lagartos, caimanes, iguanas, nauyacas, coralillos, jaguares, tigrillos y tapires. También hay monos, jabalíes y gran variedad de hermosas aves como guacamayas, loros, pericos y garzas, entre otras.

La Región del Istmo no sólo tiene esta cara natural. También refleja la modernidad: el petróleo. Su paisaje natural ha incorporado todos los elementos propios de un complejo petrolero: campos y pozos de extracción, refinerías, petroquímicas que se localizan por aquí o por allá, por Pajaritos, La Cangrejera, Cosoleacaque y Minatitlán. Barcos petroleros penetran por el río Coatzacoalcos hasta Minatitlán, lo que es posible gracias al puente levadizo que lo atraviesa.

Pero no sólo en tierra. Si nos acercamos un poco hacia la costa, podemos ver las plataformas marinas que extraen el oro negro del golfo. Esta actividad, tan importante para la economía del estado y del país, ha venido a darle vida y más trabajo a la gente del lugar. Sería bueno preguntarse si todo va bien por allí en relación con la vida de las personas, la flora y la fauna.

Ya recorrimos todo nuestro estado. Viajamos de la Huasteca al Istmo y de las sierras a la costa. Nos internamos por ríos, lagunas y pantanos; también fuimos al mar. Cruzamos pastizales, selvas y campos cultivados para llegar a las ciudades. Conocimos cómo vive y trabaja nuestra gente, desde las pequeñas milpas enclavadas en las faldas de la sierra hasta el moderno complejo petrolero. En fin, conocimos una parte de lo que es nuestra entidad.

Ahora conozcamos nuestro pasado, nuestra historia, nuestro presente, con sus logros y problemas. Sigamos adelante.

2 Los veracruzanos de ayer

Nuestras primeras raíces

¿De dónde vinieron?, ¿cuándo llegaron? No se sabe con precisión. Existen varias teorías al respecto. La mas aceptada sugiere que los primeros pobladores de América vinieron de Asia, caminaron penosamente sobre las aguas congeladas del estrecho de Bering, en lo que hoy es Alaska, y se diseminaron después por todo el continente. Recolectaban frutos silvestres o cazaban animales salvajes para comer. De esto hace ya unos cuarenta mil años.

¿Cuánto tardaron sus descendientes en llegar a tierras que ahora son mexicanas? Tal vez 20 mil años. Aquí, en varios lugares del centro del actual estado de Veracruz, como Boca Escondida, Rancho Nuevo y Santa Luisa (La Conchita), se han encontrado hachas, lanzas, cuchillos y otros utensilios de piedra, que nos dan idea de la forma como vivían nuestros antepasados. La antigüedad de dichos objetos puede calcularse en unos 20 mil años. También se han encontrado restos fósiles de grandes animales extinguidos siglos más tarde, como el mamut.

Cuando aquellos primeros habitantes arribaron a nuestro territorio, vieron paisajes diferentes a los de ahora: extensos valles sin cultivar, regados por anchos ríos, protegidos por altas montañas y con abundante vegetación. No habitan todavía en aldeas o comunidades permanentes, puesto que tenían necesidad de buscar alimento en distintos rumbos. Llevaban una vida errante, por tal motivo se les considera cazadores-recolectores nómadas.

Entre los siglos X y V antes de nuestra era (aNE), esos hombres conocieron la agricultura como medio para producir alimentos. De esa manera surgió la necesidad de tener asentamientos fijos: cambiaron su vida nómada por la sedentaria. Construyeron aldeas para refugiarse y, en el tiempo que les dejaban libre las faenas agrícolas, domesticaron algunos animales. Cultivaron principalmente maíz, calabaza, chile y frijol.

El arqueólogo Richard McNeish estudió el proceso de sedentarización de los pueblos nómadas y cómo éstos lograron controlar el cultivo y mejoramiento del maíz, en el valle poblano de Tehuacan. En un principio el maíz producía una mazorca muy pequeña; luego mejoraron las técnicas y las mazorcas fueron de mayor tamaño. Así el maíz se convirtió en el producto agrícola más importante de aquellas comunidades.

Al mismo tiempo que resolvieron sus problemas de alimentación y refugio, las comunidades sedentarias desarrollaron varias tareas. Produjeron herramientas de trabajo de adorno en materiales como obsidiana, arcilla o hueso; posteriormente utilizaron jade, cuarzo, turquesa y serpentina. Sin embargo, en esta actividad no debemos ver una simple producción de utensilios, sino también una verdadera expresión de la creatividad humana.

La vida de estos grupos agrícolas evolucionó lentamente y dio lugar a la división de trabajo. Dentro de la comunidad había quienes se dedicaban a la agricultura, la caza o la pesca; algunos más a la recolección y, desde luego, a los trabajos artesanales. Las mujeres participaban en algunas de dichas labores y, además, preparaban los alimentos.

El desarrollo de la agricultura influyó tanto en el proceso de integración cultural de la época prehispánica, que algunos estudiosos lo toman como base para proponer una distinción entre pueblos agrícolas y pueblos cazadores recolectores. Este punto de vista también nos lleva a considerar una división en dos grandes áreas culturales: a la ocupada por pueblos agricultores se da el nombre de Mesoamérica; abarca desde América Central por el sur, hasta los ríos Santiago, Lerma, Moctezuma y Pánuco por el norte. En cambio a las tierras que quedan al norte de aquella línea divisoria se les denomina Aridoamérica. Allí hay escasa vegetación, tienen pocos ríos y sus habitantes practicaban poco –o no practicaban- la agricultura. Nuestro estado queda comprendido totalmente en el área Mesoamericana.

Tres fueron las principales culturas que ocuparon, en distintos momentos, el territorio veracruzano antes de la llegada de los españoles: los olmecas en el sur, los totonacas en el centro y los huastecos en el norte. Veamos ahora en detalle cada uno de estos grupos.

El misterio del tiempo: los olmecas

Uno de los grupos Mesoamericanos que llegó a establecerse en lo que ahora es nuestro estado fue el de los olmecas. Aquí poblaron las extensas planicies de la región costera del Golfo de México, actualmente el sur de Veracruz y una parte del estado de Tabasco.

Los olmecas son considerados los iniciadores del esplendor cultural mesoamericano, porque llegaron a tener una organización social, política y religiosa muy avanzada. La dirigían los sacerdotes y los jefes militares.

Al igual que en la mayoría de los pueblos de Mesoamérica, la agricultura fue el pilar de su economía. Sus principales cultivos fueron el maíz, el frijol, el chile, la calabaza y, probablemente para ese entonces, el cacao y la vainilla.

Grandes y caudalosos ríos riegan esta región. En ocasiones la abundancia de agua les creaba problemas; con cierta frecuencia se inundaban sus fértiles tierras y eran destruidas sus cosechas.

Como una muestra de su desarrollo cultural, podemos admirar su impresionante producción escultórica. Lo más conocido son sus cabezas colosales, con las cuales posiblemente representaron a gobernantes o guerreros destacados. Actualmente se conocen 16 de estas cabezas enormes. 12 de ellas fueron encontradas en nuestro estado: dos en Tres Zapotes, nueve en San Lorenzo y una en el Vigía, en Los Tuxtlas. Las otras cuatro fueron halladas en La Venta, Tabasco.

Para esculpir esas cabezas monumentales debieron transportar la piedra desde lugares muy distantes, ya que en la región no existen rocas de ese tipo. Este detalle hace suponer que tenían una organización social muy desarrollada.

Los olmecas trabajaron hábilmente la piedra. La transformaron no sólo en cabezas gigantes, sino también en altares, estelas, lápidas y máscaras, lo cual nos da una muestra más de su notable desarrollo artístico.

También elaboraron diversos objetos ornamentales. Utilizaron principalmente materiales como el jade, la serpentina y el cinabrio, que procedían de lugares muy lejanos. Eso indica un desarrollo importante de las actividades comerciales.

Durante mucho tiempo se pensó que los olmecas no habían conocido un sistema de escritura ni el calendario. Sin embargo, el revelador hallazgo de una inscripción de Tres Zapotes prueba que conocieron el sistema de conteo calendárico llamado de la cuenta larga, atribuido a los mayas por algunos estudiosos de los grupos mesoamericanos. Se descubrieron, además, otras inscripciones con glifos que indican un tipo de escritura.

Es más, en San Lorenzo y La Venta fueron hallados jeroglíficos que revelan la existencia de una calendario. Con ellos se demuestra que conocieron el movimiento de los astros y fueron capaces de determinar la duración del año trópico y del mes lunar.

Su calendario estaba asociado con la religión: eran los sacerdotes quienes señalaban el ciclo agrícola y las fechas religiosas por conmemorar.

No se conoce con precisión cuáles eran sus actividades. Sin embargo, encontramos una abundante representación del jaguar. El culto a este animal fue practicado después por otros grupos mesoamericanos como los zapotecas, mayas, teotihuacanos y mexicas.

El desarrollo de la cultura olmeca se puede considerar en etapas que abarcan un total aproximado de mil quinientos años, entre los milenios II y I antes de nuestra era. No tenemos noticias precisas de las causas que provocaron su extinción. Algunos investigadores creen que fue el descontento de los habitantes contra los sacerdotes, quienes ejercían el poder; otros piensan que se debió a la presión ejercida por otros grupos. Lo cierto es que el esplendor de los olmecas y su dispersión por diversas regiones de México, ayudó a extender su influencia cultural por gran parte del territorio mesoamericano.

Actualmente podemos admirar una cabeza colozal olmeca que se encuentra en el parque municipal de Santiago Tuxtla y otra en el museo de la misma población. También hay en el Museo de Antropología de la Universidad Veracruzana, en Xalapa. Allí mismo podemos apreciar una exposición permanente dedicada a esa cultura.

Arquitectos y alfareros: los totonacas

En nuestro estado también se desarrolló la cultura totonaca. Ocupó parte de Veracruz y algunos puntos de la Sierra de Puebla, es decir, la región que desde entonces conocemos como Totonacapan. Los arqueólogos han encontrado testimonio de este grupo prehispánico en Zapotal, Isla de Sacrificios, La Antigua, Zempoala, Quiahuiztlan, Las Higueras y El Tajín.

No es fácil establecer el origen de la cultura totonaca. Algunos investigadores suponen que se inició con la integración de dos corrientes: una formada por grupos procedentes de Teotihuacan, que llegaron a establecerse en la región durante el siglo III de nuestra era (dNE) y se fusionaron con otros grupos que ya se encontraban en ella. Esa unión produjo una nueva cultura con características propias.

Los totonacas dependieron principalmente del cultivo del maíz, la calabaza y el frijol. Desarrollaron relaciones comerciales sobre todo con los huastecos, los cholultecas y otros pueblos del centro de México, con quienes intercambiaron además algunas técnicas productivas.

Un gobierno de sacerdotes ejercía el control total sobre los demás miembros de la sociedad. El poder también dependía de una casta de comerciantes. La mayor parte de la población, integrada por agricultores, cazadores, constructores y artesanos, pertenecía a los grupos inferiores.

¿Qué huellas de esta cultura se conservan hasta nuestros días? Los totonacas eran excelentes constructores: sus edificios, como los de El Tajín y Zempoala, pueden admirarse en la actualidad. Además, fueron artesanos notables: se han encontrado infinidad de objetos ornamentales elaborados con piedras preciosas y metales.

La ciudad de El Tajín se compone de más de 200 edificios. Los principales están dispuestos en dos grupos: El Tajín, construido entre los siglos III y VIII dNE, y El Tajín Chico, entre los siglos IX y X. Fueron distribuidos de acuerdo con el relieve: unos dentro de la cañada y otros fuera de ella. En esta ciudad se aprecia cierta relación con los grupos del centro de México: se observa la influencia arquitectónica de la ciudad sagrada de Teotihuacan. Las construcciones de El Tajín Grande se caracterizan por la decoración de nichos; las de El Tajín Chico, por sus grecas.

La construcción principal de El Tajín es de siete cuerpos, los cuales disminuyen de tamaño a medida que se van superponiendo. Tienen al frente una amplia escalera limitada por gruesas alfardas adornadas con grecas. En todos sus cuerpos hay un total de 364 nichos; sin embargo, algunos arqueólogos piensan que tal vez fueron 365 nichos, los cuales corresponderían a los días del año solar. De cualquier manera, ellos nos muestran que conocieron y desarrollaron un calendario y manejaron una concepción propia del universo.

Mostraron gran sensibilidad en el trabajo escultórico, sobre todo al utilizar la serpentina, el jade y la jadeíta, o piedras duras como la diorita y el basalto, con el fin de tallar bajorrelieves en las lápidas usadas para cubrir algunos edificios. Sus trabajos de escultura más conocidos son los yugos, las hachas y las palmas bellamente decoradas, empleados con propósitos rituales y funerarios.

Fueron también grandes alfareros. En Isla de Sacrificios, Zapotal, Los Otates, Zempoala y El Tajín se han rescatado vasijas, sahumerios y otros trabajos de alfarería con decoración polícroma. Las caritas sonrientes, hechas en barro cocido, muestran toda la gama de la alegría humana, a través de la risa que las ha hecho famosas.

Rendían culto especialmente al Sol (llamado Chichiní en lengua totonaca); a Quetzalcóatl, quien adoptaba varias formas vinculadas a la lluvia, el maíz o el planeta Venus; a Xochipilli, dios de la flores y la vegetación, así como a Mictlantecuhtli, señor de la muerte.

Zempoal puede considerarse como la capital de los totonacas del sur. Es una muestra más de las habilidades arquitectónicas de aquellos hombres. La zona arqueológica comprende diversas construcciones hechas de piedras de río. El Templo de las Chimeneas, de planta rectangular, está formado por seis cuerpos sobrepuestos, que disminuyen de tamaño a medida que se asciende. Al frente tiene una ancha escalinata, limitada por alfardas, y unas columnas de planta semicircular en forma de chimeneas, detalle que le da nombre al edificio.

El Templo de las Caritas, denominado así por la considerable cantidad de cráneos en cerámica que adornaban los tableros, el Templo del Dios del Aire son edificios que se levantan sobre una planta rectangular, cada uno integrado por cinco cuerpos sobrepuestos.

De cómo Staku-Luhua creó el arco iris

Luhua, la serpiente totonaca, era querida y respetada por todas las generaciones de los indígenas de El Tajín, porque siempre había demostrado su amor al reino como ningún otro animal, realizando actos heroicos y peligrosos. Esta vez los sabios astrónomos necesitaban sus servicios, al recordar que en una ocasión la serpiente había realizado un largo y arriesgado viaje hasta el Sol, llevándole un mensaje de eterno agradecimiento por sus favores de luz y calor al Totonacapan.

Esta vez, Luhua debía volar nuevamente, encargada de una importante tarea científica: averiguar las novedades del cielo, en los lugares que el ojo humano no lograba ver. Por eso, los hombres estudiosos de los astros decidieron emplumar otra vez a la serpiente con las más bellas y resistentes plumas de las aves del reino. Y así, como en el primer día en que Luhua estuvo preparada con sus deslumbrantes alas para penetrar en las alturas, la serpiente quedó lista para visitar el cielo. Cuando estuvo toda emplumada, bellamente alada, el consejo astrónomo del emperador le dijo: Staku-Luhua, serpiente emplumada del Totonacapan, confiamos en ti, como siempre lo hicimos. Vuela y regresa con las novedades que hay en esa oscuridad para nuestros ojos. Staku-Luhua agradeció la confianza del viejo astrónomo, estiró sus alas ocupando grandes espacios y comenzó a volar armoniosamente, todavía abanicando a los ritos aéreos del imperio: a los voladores del palo y a los guaguas, dejando en la tierra una estela de colores majestuosos y perfumado laberinto de puntos luminosos. Staku-Luhua viajaba a ese cielo oscuro y temible para los hombres con su eterna gracia y envidiable vuelo. Los totonacas, desde abajo, la observaban orgullosos e incrédulos de tanta belleza. Allí la esperarían, con los ojos en alto.

Y así estaban los totonacas, cuando de pronto en el aire de la noche, en la inmensidad celeste de arriba, cruzó una ancha franja violenta, azul turquesa, verde, amarilla, naranja y roja, dibujando un perfecto arco que nunca antes había asomado sobre el cielo.

Al principio, el pueblo entero quedó inmóvil del miedo y del asombro. Pero, después, todos recordaron que arriba estaba Staku-Luhua y pensaron que ese extraño arco de colores tenía que ver con los colores de su plumaja. Alguién señaló con su lanza hacia arriba, y todos vieron cómo las curiosas estrellas desprendían su máxima lux sobre la serpiente, para saber quién llegaba tan imponente a su morada.

Esta vez, Staku-Luhua debía volar nuevamente, encargada de una importante tarea…

Los pobladores de Huastecapan

Los integrantes de la cultura huasteca se asentaron en el territorio que abarca el norte de Veracruz, el sur de Tamaulipas, la parte este de San Luis Potosí, el noroeste de Hidalgo y porciones de los estados de Puebla y Querétaro.

Poco se sabe del origen de los haustecos; sin embargo, hay una teoría que sostiene la relación entre huastecos y mayas. Algunos investigadores señalan que, en épocas remotas, grupos mayas ocuparon la costa del Golfo de México, desde Pánuco hasta el actual estado de Tabasco. Más tarde, unos se quedaron en la parte noroeste: son los que se convirtieron en huastecos; y otros, los mayas, se encaminaron hacia el sureste.

Aunque los huastecos existieron a la par que otros grupos mesoamericanos, su desarrollo cultural fue posterior al de los olmecas y totonacas. En un principio, la caza, la pesca y recolección fueron sus principales actividades; luego desarrollaron y diversificaron la agricultura. También curtían pieles, hacían tejidos de algodón y fabricaban utensilios diversos; los más comunes eran los metates de formas simples, los morteros y molcajetes, que aprovecharon para moler semillas y granos. Tenían una amplia variedad de ollas, jarros y comales. También se han encontrado malacates, que servían para hacer los hilos.

Los huastecos formaron comunidades. Las casas-habitación se construían sobre plataformas rellenas de lodo y piedras. Las paredes eran de troncos; los techos, de palma en forma cónica. Se han encontrado construcciones huastecas en Tabuco (antiguo Tuxpan), La Mata, la Laguna de Tampamachoco, Isla del Lodo, Isla del Toro y Tamiahua la Vieja. En Cacahuatenco destacan los sitios conocidos como El Castillo y La Troje.

Reconocían diversas deidades, casi todas femeninas, como Tlazoltéotl, consagrada a la fecundidad, o la diosa del algodón, la más popular. También rendían tributo al sol, el fuego, la lluvia, el viento y la muerte.

Sus danzas tenían un carácter ceremonial. En algunos de sus actos rituales usaban máscaras y disfraces de animales. Como instrumentos musicales utilizaban el huéhuetl, el teponaztli, flautas de barro y madera, silbatos, trompetas de arcilla y cascabeles. Al igual que otros pueblos mesoamericanos, practicaron el juego de pelota.

Sus esculturas fueron notables. Entre ellas son dignas de mención el Adolescente Huasteco, la diosa Tlazoltéotl, diversos frisos y estelas. Algunos códices y el mural de Tamuín (San Luis Potosí) revelan el arte pictórico de los huastecos. Como objetos de ornato no hay que olvidar los pectorales de jade y las conchas labradas.

En la familia huasteca el hombre tenía sólo una esposa. La mujer se encargaba del hogar, los hilados y tejidos; el hombre, de la siembra, la caza, la pesca y diversas labores artesanales. Los huastecos reconocía la propiedad de la casa-hogar, la huerta y los frutos del trabajo. Las mujeres hacían sus vestidos con hilados de algodón y los adornaban con finos bordados de múltiples colores y trenzas de tela y plumas.

El palo volador de Papantla

En la región de Papantla sobrevive un culto solar que es de mucha antigüedad.

Este culto de adoración al Sol consta de dos partes: corte del árbol y danza de los voladores. En la primera parte, los nativos inician la búsqueda de su árbol sagrado en las montañas cercanas a la población. El árbol, que también se llama palo volador, debe reunir ciertas condiciones necesarias para el cumplimiento del rito: altura, dureza o resistencia y además ser muy recto.

Una vez elegido el árbol que cortarán, los papantlecos rezan y bailan alrededor del palo, mientras el principal grupo invoca al Dios del Monte Quihuícolo, pidiéndole perdón por tener que cortar el palo.

Llegado el cuarto día de esa primera parte, los indígenas realizan el corte del árbol dando 12 hachazos sobre el tronco. Para dar el primer golpe, el hachador ejecuta diversos ceremoniales, hacia el oriente, poniente, norte y sur, invocando la luz del Sol y aludiendo a los cuatro elementos fundamentales de la naturaleza: la tierra, el aire, el agua y el fuego.

Ya caído el árbol, la ceremonia prosigue implorando nuevamente el perdón de los dioses por haberse hecho el corte. Después de esto, el grupo inicia el camino de regreso hasta el lugar donde será plantado, al compás de la música que el caporal jefe toca con una pequeña flauta, acompañada del ritmo de un tamborcito.

Llegados al lugar del levantamiento del palo, los indígenas cavan un hoyo aproximadamente de dos metros, donde depositan un guajolote, cuatros huevos, aguardiente, flores e incienso. Nuevamente el grupo baila alrededor del hoyo, al compás de la música del mayoral, indicando la fe y la devoción exigidas por este rito. Finalmente, entierran el palo asegurando su firmeza y rectitud. Aquí termina la primera parte de la ceremonia.

El segundo paso del ritual consiste en las danzas que se ejecutan después del enterramiento del palo. Antes de subir a éste, los danzantes llaman al dios del viento, pidiéndole protección y ayuda para finalizar exitosamente la ceremonia. Al término de esta danza, cinco hombres voladores, preparados y seleccionados desde muchos días antes, suben a lo alto por un bejuco enredado en el palo y que se encuentra formando una escalera, cuyos tramos distan aproximadamente 40 centímetros.

Después de haber llegado al cuadro que remata el largo tronco, los danzantes se sientan mostrando una enseña representativa del punto cardinal respectivo. El quinto bailarín, el caporal, llega hasta el cuadro o manzana y también se sienta mirando hacia el oriente; solicita la ayuda de los cuatro vientos, para que le sean concedidas sus peticiones. Enseguida se levanta y baila en dirección a cada uno de los cuatro puntos cardinales, para finalizar su danza con la cara levantada hacia el Sol, en señal de adoración absoluta. Al terminar este rito, el mayoral se sienta y deja de tocar su flauta y tamborcillo y da las órdenes de descenso a los cuatro danzantes, que le acompañan en el cuadro, amarrados en cuerdas atadas a cada esquina de la manzana. Los hombres se lanzan al vacío de espaldas al tronco, debiendo girar cada uno 13 vueltas en torno al palo volador, que multiplicadas por cuatro resultan 52 vueltas, cifra mágica que representa el ciclo temporal de entrada al nuevo sol o renovación del fuego.

Cancionero Veracruzano

Otras huellas en el mismo lugar

Hacia el siglo IX, los lugares de gran irradiación cultural, como Teotihuacan, en el centro de México, o Monte Albán, en el actual estado de Oaxaca, ya estaban abandonados. ¿Por qué? Son grandes enigmas de nuestra historia que aún no han podido resolverse. Lo cierto es que, durante muchos años, en Mesoamérica no hubo ya un centro urbano y ceremonial tan importante como aquellos, hasta que hicieron su aparición nuevos grupos venidos de lugares lejanos que, poco a poco, dejaron sentir su influencia en el desarrollo cultural de los pobladores de la costa del Golfo de México.

Uno de esos grupos fue el de los toltecas quienes, al iniciarse el siglo X, llegaron a la Cuenca de México encabezados por Mixcóatl, “serpiente de nubes”. Su hijo, el sacerdote Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl, fundó la ciudad sagrada de Tollan, hoy Tula, en el estado de Hidalgo. Durante su gobierno, esta población alcanzó su máximo florecimiento cultural y se convirtió en centro de poder que extendió su dominio sobre gran parte del centro de México. La influencia de los toltecas de Tula alcanzó también a la Huasteca y el Totonacapan, con cuyos habitantes mantenían relaciones comerciales. La palabra tolteca llegó a significar “artífice”, “hombre culto”, puesto que la cultura de este pueblo gozó de un gran prestigio.

En la segunda mitad del siglo X surgieron dificultades entre los seguidores de Ce Acatl, que tenían como dios principal a Quetzalcóatl y eran herederos de la cultura teotihuacana, y aquellos que rendían culto a dioses como Tezcatlipoca, “señor de la noche”, y Xipe Tótec, “señor desollado”. En esta pugna, Ce Acatl fue expulsado de Tula y, junto con sus seguidores, se marchó hacia la Región del Istmo, por la desembocadura del río Coatzacoalcos. Luego se dirigieron a la Península de Yucatán, a donde llevaron la cultura tolteca.

A la salida de Ce Acatl, Tula dejó de ser gobernada por sacerdotes para quedar en manos de guerreros; con ello se inició la expansión militar tolteca. De esta forma incursionaron hacia la costa del Golfo de México y, en un lugar llamado Teayo, a orillas del río Tuxpan, comenzaron la construcción de un centro ceremonial que ahora denominamos Castillo de Teayo y que después sería ocupado por otros grupos invasores. Los toltecas dejaron allí varias muestras valiosas de su arte escultórico, que hoy podemos admirar en la plaza de la población.

En otra época del desarrollo cultural de Mesoamérica, un grupo de inmigrantes, los mexicas o aztecas, cuyas raíces brotan en Aztlán, fundaron la gran ciudad de Tenochtitlan (1325). Más tarde se hicieron dueños del centro de México.

Estos antiguos visitantes, ya amos y señores de extensos suelos y cielos de Mesoamérica, sometieron a los pueblos que aquí habitaban y los obligaron a pagar tributo, el cual sostenía y enriquecía aún más al señorío mexica.

En una triple alianza –Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba-, de 1450 a 1483 dominaron militar, política, económica y aun culturalmente a las provincias costeñas de los Tuxtlas, Cosamaloapan, el Totonacapan y las provincias más importantes de la Huasteca Veracruzana: Tuxpan, Tzapotitlán y Tzicoac. De estas conquistas quedaron muchos elementos culturales en el idioma, la religión, la cerámica, monumentos escultóricos como la “piedra del maíz”, en Castillo de Teayo, y el templo de Cuauhtochco, ahora conocido con el nombre de El Fortín, en el municipio de Carrillo Puerto, cerca de Córdoba.

Poco antes de la llegada de los españoles, la situación económica de los pueblos mesoamericanos, y en especial la de Veracruz, era la siguiente:

La agricultura constituía su base económica: cultivaban maíz, frijol, calabaza, chile y algunos frutos como guanábana, anona, nanche, vainilla, zapote y otros no comestibles, como el pochote, del cual aprovechan la fibra.

Los recursos acuáticos eran abundantes. Robalos, pargos y jureles fueron las especies marinas más conocidas; las guavinas, mojarras, bobos y acamayas se obtenían de los ríos; los ostiones y las almejas se extraían de las lagunas y esteros. Para la pesca utilizaron diferentes tipos de redes y arpones rudimentarios.

Practicaron la cacería, no sólo como medio de subsistencia sino también para cumplir con el pago del tributo al señorío mexica.

El comercio fue otra actividad que desarrollaron estos grupos prehispánicos. En un principio se utilizó el intercambio de objetos mediante el simple procedimiento del trueque, que aún existe en algunas comunidades indígenas. Después utilizaron, como monedas, los materiales más diversos: mantas de algodón, pieles, escudos de guerra, plumas, granos de cacao, perlas de ámbar, hachas de cobre y canutos de plumas llenos con polvo de oro.

Los caminos fueron la base para su relación. Como carecían de vehículos para transportar sus productos, utilizaron la fuerza de los tamemes o cargadores, quienes trasladaban pesados bultos sobre su espalda. El único instrumento de trabajo de estos tamemes era el mecapale, banda de cuero o ixtle que se sostenía en la frente y cuyos extremos colgaban hacia la espalda, lo cual permitía la libertad de movimiento en las manos. Los tamemes estaban al servicio de los comerciantes o pochtecas, personas consideradas de alto rango.

La base social de los pueblos que habitaron Veracruz fue la familia. De acuerdo con sus ocupaciones, la organización social la constituían gobernantes, guerreros, sacerdotes, constructores, artesanos, agricultores y esclavos.

Las guerras entre las comunidades prehispánicas eran frecuentes. Los recursos de la región huasteca, el Totonacapan y el sur de Veracruz fueron una constante atracción para los grupos establecidos en el centro de México. Los tlaxcaltecas comerciaban con las comunidades del territorio de Veracruz; los mexicas construyeron guarniciones en varios lugares como Nautla, Cuauhtochco, Cotaxtla y Teayo.

Las relaciones entre los grupos indígenas dieron lugar a una integración cultural. En la Mixtequilla, por ejemplo, se fusionaron elementos culturales olmecas y totonacas. En esta zona, que comprende sitios como El Zapotal, El Cocuite, Cerro de las Mesas, Nopiloa y otros, localizados actualmente en los municipios de Ignacio de la Llave y Tlalixcoyan, se encontraron objetos artísticos hechos de barro cocido. Entre las principales esculturas están las de Huehuetéotl, dios viejo del fuego, y Mictlantecuhtli, dios de los muertos, ambos localizados en el Zapotal. Esta última fue elaborada en arcilla y representa a un personaje sentado, con el rostro y los brazos descarnados.

Ante ese mundo simbólico, que compartían la mayor parte de las esculturas mesoamericanas, habrían de enfrentarse los hombres venidos del mar en sus “casas flotantes”.

3 Conquista y Colonia

Los hombres de hierro

La vida en el territorio de Mesoamérica seguía su curso. El poderoso señorío mexica extendía su influencia a un gran espacio y sobre numerosos pueblos, entre ellos los que habitaban las tierras del Veracruz de hoy. Desde allá lejos, en Europa, allende el Atlántico, la gente se lanzaba a investigar las nuevas rutas marítimas, en busca de materiales tan preciados como seda, oro, marfil, porcelana y especias. Buscando un nuevo camino hacia la India, el genovés Cristóbal Colón, al mando de tres carabelas, llegó el 12 de octubre de 1942 hasta un grupo de islas, situadas al este del continente que después se llamaría América.

A partir de esa fecha, comenzaron a ser exploradas las tierras recién descubiertas. En 1517, Francisco Hernández de Córdoba, con un grupo de españoles, salió de Cuba y arribó a Champotón, en las costas del actual estado de Campeche.

Un año después, Diego Velásquez, gobernador de Cuba, envió otra expedición al mando de Juan Grijalva, quien descubrió y exploró un río que actualmente se conoce con su nombre: río Grijalva. Las expediciones bordearon la costa y pasaron por los ríos Tonalá y Coatzacoalcos. Al llegar al río Papaloapan (“río de las mariposas”), Pedro de Alvarado, uno de los capitanes, navegó pos sus aguas y volvió admirado de lo que había visto.

La expedición siguió hasta el río Jamapa, junto al poblado de Boca del Río. Allí los esperaban unos emisarios del tlatoani Moctezuma, quien creía que los españoles eran enviados del dios Quetzalcóatl y venían a ocupar el gobierno de México.

Moctezuma mandó ricos presentes a los españoles; éstos, a cambio, dieron a los indígenas cuentas de vidrio.

La expedición continuó al norte; pasó por la Isla de Sacrificios, denominada por los indígenas Chalchihuitlapazco, hasta desembarcar en un islote al que llamaron San Juan de Úlua. Los nativos le llamaron Tecpan Tlayácac, o templo de la nariz, por la forma puntiaguda del islote. Había allí un santuario a Tezcatlipoca, el señor de la noche, representado por un hombre de color negro.

Pedro de Alvarado regresó a Cuba con los regalos para el rey de España y Juan de Grijalva siguió explorando la costa de Veracruz. Llegó a Nautla, Tuxpan, la Laguna de Tamiahua y río Pánuco, en donde puso fin a su viaje y retornó a Cuba.

Por la expediciones anteriores se supo en Cuba que la tierra recién descubierta era muy grande y rica. En 1518 Diego Velásquez mandó a Hernán Cortés; pero al saber de su posible rebeldía, Velázquez le retiró su aprobación. Aún así Cortés salió en 1519, con la expedición que realizaría la conquista de lo que más tarde se llamó la Nueva España.

Hernán Cortés y sus hombres llegaron a la isla de Cozumel; de allí fueron a la costa de Yucatán. Encontraron a Jerónimo de Aguilar, un soldado español que, junto con un reducido grupo de españoles marineros, había naufragado en 1511. Ocho años después hablaba maya, por lo que les sirvió de intérprete.

Siguieron costeando la Península de Yucatán. Al llegar al río Grijalva pelearon con los indígenas de la región. Cortés ganó la pelea y luego recibió regalos y esclavos, entre ellos a la Malinche, mujer nacida en Oluta (cerca de Coatzacoalcos). Ella hablaba náhuatl, popoloca y maya; vivía en Tabasco.

El cronista Bernal Díaz nos cuenta así la llegada de Cortés a las costas veracruzanas:

“En Jueves Santo de la Cena de mil quinientos diez y nueve llegamos con toda la armada al Puerto de San Juan de Úlua”. Y los cronistas indígenas dicen: “En el año uno Ácatl los españoles atracaron en Tecpan Tlayácac”.

De allí los españoles se dirigieron hacia la costa del actual ciudad de Veracruz. Acamparon en la playa, en un sitio cercano a lo que hoy es el puerto, en los arenales de Chalchicueyecan. En ese lugar Cortés recibió la primera embajada de Moctezuma Xocoyotzin, gobernante del señorío de Tenochtitlan.

Cortés fundó la Villa Rica de la Veracruz. La llamó así “porque llegamos Jueves de la Cena –nos explicó Bernal Díaz- y desembarcamos en Viernes Santo de la Cruz, y rica por aquel caballero (…) que se llegó a Cortés y le dijo que mirase las tierras ricas y que supiese bien gobernar”.

Una vez fundada la Villa Rica, Cortés nombró el ayuntamiento, primer órgano político-administrativo. El mismo se nombró capitán general y justicia mayor; allí escribió la primera de cinco cartas, que mandó al monarca español para justificar su proceder.

Pero las intenciones de los españoles no eran permanecer en ese lugar para siempre: se dieron a la tarea de explorar tierra adentro y se dirigieron a Zempoala, importante centro ceremonial de los totonacas del sur.

Los españoles permanecieron en la ciudad y se entrevistaron con el gobernante, un indígena obeso llamado Chicomácatl. En aquel entonces los mexicas no eran bien recibidos por muchos otros grupos indígenas, debido a que los obligaban a pagarles tributo. Cortés percibió este rechazo y aprovechó la situación para establecer una alianza con los zampoaltecas, la cual sería muy provechosa para los españoles. Además, necesitaba asegurar el dominio de la situación de Veracruz. Con este propósito, y antes de marchar hacia Tenoctitlan, mandó inutilizar las naves ancladas en la Villa Rica, para que sus enemigos no pudieran salir. Nombró a Juan de Escalante como jefe de la villa.

Gran parte de la expedición de Cortés estaba constituida por totonacas: 40 indígenas principales como garantía, 200 tamemes y 1 300 guerreros. En agosto de 1519 salieron los conquistadores con dirección al altiplano; en su trayecto pasaron por Xalapa, Xicochimalco, Ixhuacán y Ayahualulco. Cruzaron la sierra entre el Cofre de Perote y el Citlaltépetl. El resultado fue la caída de la gran Tenochtitlan, capital del poderoso señorío mexica, el 13 de agosto de 1521.

Pronto fue iniciada la colonización española de las tierras recién conquistadas. Después de muchas peripecias, los soldados españoles establecieron cuatro villas en territorio veracruzano: Santiesteban del Puerto, hoy Pánuco, en la Huasteca; la Villa Rica, en la Región de las Grandes Montañas; Medellín, en las Llanuras de Sotavento, y Espíritu Santo, cerca de Coatzacoalcos, en el Istmo. Así dio comienzo la vida colonial, en lo que hoy constituye nuestro territorio estatal.

Tres millas antes de llegar a Zempoala, salieron de aquella ciudad al encuentro de Cortés veinte sujetos de distinción, le presentaron un refresco de piñas y lo excusaron de no haber venido en persona, por impedírselo sus dolencias. Entraron en la ciudad en orden de batalla, temiendo alguna traición de los habitantes. Un soldado de caballería que se adelantó hasta la plaza mayor, habiendo visto un bastión del palacio, que por estar blanqueado y bruñido resplandecía a los rayos del sol, creyó que aquel edificio era de plata, y volvió a toda prisa a dar buena noticia al general. Semejantes engaños son demasiado frecuentes en aquellos que tienen la mente ofuscada por la pasión. Marcharon los españoles por las calles no menos alegres que maravillados al ver aquella ciudad, la mayor que hasta entonces habían visto en el Nuevo Mundo, con tanto número de gente y tan hermosos huertos y jardines. Algunos, por su tamaño, la llamaron Sevilla, y otros, por su amenidad, Villaviciosa.

Francisco Javier Clavijero

El territorio se reorganiza

A la conquista de nuestra tierra –que comprendió no sólo México sino también gran parte de otros territorios de América-, siguió un periodo de dominación económica, social, política, religiosa y cultural, conocida como Colonia. Duró 300 años aproximadamente: desde la conquista de Tenochtitlan en 1521 hasta principios del siglo XIX.

Para gobernar las nuevas tierras conquistadas, los españoles intentaron varios tipos de organización, hasta que en 1527 fue fundado el Virreinato de la Nueva España. Entonces el territorio hoy veracruzano permaneció al Reino de México, integrado por cinco provincias: Michoacán, Tlaxcala, México, Puebla de los Angeles y Antequera de Oaxaca.

Lo que hoy es Veracruz quedó repartido de la siguiente manera: a la Provincia de México correspondió la Región de la Huasteca y la Sierra de Huayacocotla, las Grandes Montañas y las Llanuras de Sotavento; a la de Antequera de Oaxaca, la Región de Los Tuxtlas y el Istmo.

En las colonias, el rey estaba representado por los virreyes y el primero fue Antonio de Mendoza, quien desembarcó en el puerto de Veracruz en abril de 1535.

Los conquistadores se creían con derecho a dominar las nuevas tierras y sus pobladores. Prácticamente fueron sus dueños: les ocupaban sus tierras y los obligaban a trabajar como esclavos. Para gobierno de España, que buscaba extender su poder hasta las colonias, la independencia de los primeros conquistadores representó graves problemas.

En el siglo XVI los reyes de España, alarmados por las noticias acerca de la situación de los indígenas, enviaron visitadores a Nueva España; es decir, personas que le darían información y acabarían con las arbitrariedades observadas en las nuevas tierras. En el territorio de Veracruz estos funcionarios visitaron numerosos pueblos pertenecientes a la Corona y que pagaban un tributo, como Pánuco, Tamiahua, Tempoal y Alcececa, en la Región de la Huasteca.

Otros pueblos que también pertenecieron a la Corona fueron Jalacingo, Xalapa, Zongolica, Tequila, Zempoala, Chicontepec, Huatusco, Misantla, Xicochimalco, Tuxtla y Alvarado, así como la región del bajo Papaloapan.

Durante la primera mitad de aquel siglo existió en la Nueva España la encomienda: el derecho de los españoles a recibir tributos y servicios de los indígenas, a los que, a cambio, debían enseñar la doctrina cristiana.

Los abusos de este sistema eran tales que los visitadores hallaron en las nuevas tierras muchos pueblos indígenas abandonados. Por eso, en 1542 la encomienda fue limitada a una vida, es decir, la del encomendero, quien no la podía heredar. En 1548 una Real Cédula dispuso que los indios esclavos fueran liberados y puestos a servir como trabajadores libres. Se les prometió el pago por su trabajo y una ración de maíz. No por eso mejoró mucho la situación para los nativos, pero con estas disposiciones los indígenas pasaron a ser súbditos de la Corona y sólo a ella tendrían que pagar tributo.

Las primeras villas en el territorio veracruzano, Santiesteban del Puerto, la Villa del Espíritu Santo y la Villa Rica de la Vera Cruz, habían sido fundadas con miras a construir caminos para facilitar el tránsito al centro de México, ya que hasta entonces se haría un recorrido con grandes dificultades. Primero se viajaba en barco de Cuba a Santo Domingo; después de costear Yucatán y, para no navegar en aguas profundas, se podía llegar hasta San Juan de Ulúa o la desembocadura del río Coatzacoalcos. Por cierto, Coatzacoalcos fue uno de los primeros lugares que poblaron los españoles, atraídos por la fertilidad de sus tierras.

Nuevos modos en tierras antiguas

Al iniciarse la fundación de las villas en la Nueva España, Cortés decidió, sin la autorización del monarca español, repartir las tierras descubiertas a los soldados que habían participado en la conquista, como una forma de pagarles sus servicios. Así surgió lo que se conoce como mercedes, es decir, concesiones otorgadas en nombre de la Corona.

En 1546 el rey de España, Carlos I, a través del Consejo de Indias, ordenó las reducciones o congregaciones de pueblos de indios; en otras palabras, prohibió a los naturales vivir dispersos. A partir de entonces, los indígenas tuvieron que habitar sólo donde las autoridades les ordenaban.

Despojada de su tierra, obligada a vivir en reducciones, alejada de las vías de comunicación y forzada a trabajar para el señor, la población indígena disminuyó considerablemente. Además, la menguaron las enfermedades traídas por los conquistadores, contra las cuales lo nativos carecían de defensas orgánicas.

Durante los tres siglos de dominación española, el aumento de la propiedad territorial en beneficio de un número reducido de pobladores se hizo mayor. Por ejemplo, el virrey Antonio de Mendoza llegó a poseer tierras que iban desde Orizaba hasta Acultzingo.

En aquella época surgieron los primeros latifundios o grandes extensiones de tierra laborales, que pertenecían a las haciendas de los conquistadores. El latifundio surgió por apoderamiento de tierras baldías o por el despojo de tierras a los indígenas.

Al igual que las haciendas, las estancias eran terrenos grandes que se dedicaban a la cría de ganado.

Cuando los colonizadores comprobaron que en la región de Veracruz no había centros mineros, como en otros lugares de la Nueva España, dirigieron su interés hacía el aumento de la ganadería, actividad que ocupó el primer lugar como fuente generadora de riqueza.

Algunos poseedores de estancias fueron los virreyes Luis de Velasco, Gastón de Peralta y Martín de Enríquez.

La introducción de la ganadería cambió profundamente la economía de la Nueva España. Se destinaron al pastoreo grandes extensiones de terrenos y establecieron varias rutas de migraciones ganaderas que cruzaban el territorio veracruzano, con destino a las praderas donde pastaban los rebaños. Así nacieron parajes y poblaciones en los sitios de tránsito obligado, como Paso del Macho, Paso de Ovejas y Paso del Toro.

Diversos artículos se mandaban a España, entre ellos el cuero y el sebo; éste sirvió de materia prima para la fabricación de jabón y velas. En 1563 Juan de Sahagún, alcalde mayor de Tlacotalpan y administrador de Tuxtla, ordenó construir en Alvarado una casa para almacenar azúcar y cueros, procedentes de las estancias de ganado cercanas a su alcaldía, para enviarlos a España.

El desarrollo de la ganadería fue una tarea exclusiva de los españoles, pues había leyes que prohibían a los indígenas el uso del caballo y el acceso a los pastizales.

En las grandes extensiones de tierra que quedaron en manos de españoles, éstos empezaron a introducir nuevos cultivos como trigo, cebada, caña de azúcar, café y otros. Se siguieron cultivando, por supuesto, los alimentos tradicionales de América como maíz, frijol, calabaza, chile, camote, aguacate, papa, tomate, cacao, vainilla, yuca, zapote, guanábana, guayaba, piña, etc. Esta variedad de productos, junto con la carne que se producía en las estancias ganaderas, abastecía las demandas de la población novohispana.

Una actividad productiva impulsada pos los españoles en la provincia de Veracruz fue el establecimiento de trapiches para procesar caña de azúcar, como sucedió cerca de Tuxtla. En 1528 Rodrigo de Albornoz poseía una trapiche en Zempoala. En 1544, por orden del virrey Antonio de Mendoza, se instaló uno en Nogales. Al igual que la ganadería, el cultivo de la caña de azúcar se difundió por toda la provincia de Veracruz. Misantla, Colipa y Almolonga fueron los sitios más importantes en la producción azucarera.

La ganadería y el trabajo que se realizaba en los trapiches generaron nuevas y diversas formas de trabajo en el campo y en las industrias, donde se elaboraban harina, pan, velas de cera, sebo, jabones, alquitrán, puros, cigarros, vaquetas, gamuzas, zapatos, tejas, ladrillos, panela, azúcar y aguardiente.

La forma de arar la tierra utilizada por el español no se practicaba entre los indígenas. Estos siguieron utilizando la azada y la coa, debido a que sus tierras comunales no eran extensas; pero, sobre todo, porque carecían de medios para adquirir el arado o los animales de tiro.

Lo novedoso en la construcción de habitantes, que implantaron los conquistadores en la Nueva España, no fue aceptado por las comunidades indígenas. Estas siguieron utilizando sus casas de adobe y bajareque, con techos de palma a cuatro aguas, y sólo los caciques indígenas comenzaron a construir sus casas al estilo español. Con los utensilios sucedió lo mismo: continuó el uso del molcajete, del metate, del comal, de las escobas de raíces y las canastas.

La combinación de las diversas formas productivas generó un nuevo estilo de vida, que no fue asimilado fácilmente por los indígenas.

Sociedad: villas, pueblos y castas

Durante el siglo XVI fue consolidada la estructura colonial. Se inició la colonización de las tierras del norte, la transformación de rancherías en pueblos y el florecimiento del comercio y la minería. Actividades diversas permitieron el desarrollo económico y social de los novohispanos.

A este siglo correspondieron también las epidemias, las rebeliones indígenas, los problemas generados por la posesión de las tierras y la redistribución de los pueblos indígenas. El aumento de la ganadería provocó la emigración de numerosos agricultores, porque sus terrenos fueron convertidos en pastizales.

En varios lugares del territorio veracruzano fueron dictadas medidas con el fin de prohibir a la población blanca la convivencia con indígenas y negros. Sin embargo, el contacto con unos y otros grupos fue inevitable. De la convivencia surgieron los mestizos, descendientes de españoles e indígenas, los mulatos, hijos de españole y negros. Aparecieron innumerables mezclas raciales, que dieron origen a un complejo sistema de castas. Para ilustrar este tema, nada mejor que la siguiente copla escrita por un poeta popular en aquella época, el Negrito Poeta:

Aunque soy de raza conga

yo no he nacido africano;

soy de nación mexicano

y he nacido en Almolonga

La mulata de Córdoba

Hallábase presa hacía muchos años en cárceles del Santo Oficio, según cuenta el vulgo, una famosa hechicera (llamada la mulata de Córdoba) traída a buen recaudo desde la villa de este nombre a México. Seguramente aquel sitio no debió parecer un albergue de delicias a la nueva Medea, pues a poco de estar en él determinó transponerse. Mas como de suyo era personas comedida y atenta (los que conocen de trato a los brujos aseguran que no todos tienen estas buenas partidas) quiso, antes de salir del hospedaje, dar aviso a los señores de casa. Para esto resolvió aprovechar la primera ocasión en que viniese alguno de ellos a su calabozo.

-Señor alcalde, ¿Qué le falta a este navío?- dijo un día la bruja al honorado cancerbero de aquellas cárceles, señalándoles un buquecillo que con carbón había dibujado en la pared.

-Mala mujer- contestó el gravedoso guardián-, si supieras cuidar tu pobre alma como sabes hacer otras cosas, no darías en que entender al Santo Oficio. A ese barco sólo le falta que ande.

-Pues si usted quiere- dijo la encantadora-, él andará.

-Así- dijo la hechicera-; y diciendo y haciendo, de un salto entróse en el navío, el cual, ¡oh portentos de la brujería!, tan presto y fugaz como una visión, desapareció con la pasajera de los ojos del atónito ministril.

Nada volvió a saberse de ella por algún tiempo en México; más al fin hubo noticia de que en su buque lineal había atravesado todo el Pacífico, y pocas horas después de salida de México estaba en Manila; cierto que la mujer caminaba aprisa.

José Bernardo Cuoto.

Las poblaciones de Tlacotalpan, Cosamaloapan y Tesechoacán alojaron una gran cantidad de mulatos, los cuales superaron en número a los españoles e indígenas de la región.

Los negros que llegaron a las colonias novohispanas suplieron, en parte, la falta de mano de obra indígena. Fueron, además, un gran negocio para los comerciantes de esclavos. En los puertos de Veracruz, Tamiahua, Tuxpan, Nautla, Boca del Río, Alvarado y Tlacotalpan se establecieron gran cantidad de negros para trabajar en las estancias de ganado y los trapiches.

¿Cuán era la economía de la nueva sociedad? Respecto a la ganadería y la agricultura se puede decir que, desde el siglo XVII, en Veracruz aumentaron las zonas ganaderas. La mayor parte del ganado vacuno y caballar se había desarrollado en la región de Pánuco. En este siglo la ganadería se amplió a varias comunidades del territorio veracruzano y mejoró así su situación económica.

En la intendencia de Veracruz continuaron los problemas por la tenencia de la tierra. Esta situación fue provocada por muy diversos motivos, como la función y crecimiento de las ciudades, el aumento de la población mestiza, la expansión de las estancias ganaderas y la ocupación de terrenos agrícolas comunales. Tal situación se prolongó por varios años.

Antes de finalizar el siglo XVIII, la mayor parte de las tierras del litoral veracruzano estaban en manos de familias que radicaban en otras ciudades de la Nueva España. Sobre la vertiente del Golfo de México destacó el vasto ingenio de Orizaba y, junto a él, otros menores cerca de Huatusco. Toda la zona próxima a la villa de Córdoba también tuvo numerosos ingenios. Asimismo, se formaron trapiches en los alrededores de Xalapa y Chicontepec; el más importante fue el de la Santísima Trinidad, en Coatepec. Los cultivos de caña se extendieron mucho y perjudicaron a los de maíz y trigo.

El algodón, el plátano y la naranja fueron otros productos cosechados, primero en casi todo Veracruz y después únicamente en Zongolica, Orizaba, Córdoba y Huatusco. En 1764, el gobierno decretó el estanco del tabaco y escogió la zona Orizaba-Córdoba para la siembra exclusiva de dicha planta.

El comercio fue favorecido con el establecimiento de la primera Feria de Xalapa, en 1720, y la de Orizaba en 1724. Para este tiempo, ambas poblaciones tenían ya muchos años de ser puntos de tránsito, muy visitados, entre el puerto de Veracruz y el Altiplano. Por esa razón, muchos vecinos se dedicaron a la arriería. Entre arrieros figuraba una dama española llamada Catalina de Erauso, quien se había fugado del convento. Recorrió España vestida de hombre; después vino a América y se instaló aquí. Pronto ascendió al grado de alférez; por tal motivo, la historia la registra con el sobrenombre de la Monja Alférez.

Con la actividad comercial se mejoraron los caminos reales. Por ellos transitaron una gran cantidad de productos agrícolas, ganaderos y pesqueros. A mediados del siglo XVIII había nuevas rutas, como la de Xalapa a Coscomatepec, pasando Tuzamapan y Huatusco; la de Metlac a Córdoba; la de Xalapa a Misantla, vía Naolinco y, desde luego, la de México a Veracruz a través de Puebla y Orizaba. Para facilitar la comunicación se construyeron algunos puentes, como el del Rey (hoy Puente Nacional); se aumentaron los mesones y se proporcionó mayor vigilancia a los viajeros.

En la primera mitad del siglo XVIII subió al poder de España una nueva dinastía real: la de los Borbones, que introdujo reformas a la administración pública. Una de ellas fue la reorganización del territorio novohispano: las provincias pasaron a ser intendencias a partir de 1786.

La intendencia de Veracruz quedó integrada por 12 partidos: Pánuco, Papantla, Misantla, Jalacingo, Xalapa, Orizaba, Córdoba, Antigua, Veracruz, Cosamaloapan, Tuxtla y Acayucan (la Sierra de Huayacocotla y Tuxpan pertenecían entonces a la intendencia de Puebla). Veracruz se hallaba dividido en dos partes, situación que perduró hasta mucho tiempo después de la Guerra de Independencia. En 1853 Tuxpan pasó a jurisdicción de nuestro estado.

En 1775 se otorgó a Orizaba el derecho de formar su ayuntamiento. Un año más tarde recibió su escudo de armas, en el que se dice: “benigno el clima, fértil el suelo, cómodo el sitio y leal el pueblo”. En 1791 el rey Carlos IV concedió a Xalapa el titulo de villa, con su escudo de armas. La historia de esta población se halla resumida en el siguiente pasaje del Cancionero Veracruzano:

Los Jarochos

Aunque fuera de Veracruz a todas las personas originarias de esta entidad se les llame jarochos, la verdad es que este calificativo únicamente se debe aplicar a un determinado grupo de cierta región veracruzana.

A la llegada de los españoles, el término jarocho se aplicó a los hijos de negros y de indios, o sea, los llamados”mulatos pardos”.

El término, según algunos autores, deriva de la palabra “jara”, con la cual se denominaban unas varas largas que los hombres citados utilizaban como arma en todo momento; de ahí que a los mulatos que utilizaban las jaras se les denominara jarochos.

De una manera u otra, inicialmente el término jarocho tenía un significado despectivo e injurioso hacia quien se dirigía. Al paso del tiempo, y ante las luchas que los mulatos sostuvieron para lograr mejores modos de vida, el sentido despectivo del término desapareció y en el siglo XVII tomó un significado muy diferente: sinónimo de gente alegre, dicharachera, bailadora, al mismo tiempo que trabajadora, noble y leal.

Hoy en día, el término jarocho se aplica indistintamente a todas las personas originarias de la entidad, e incluso el puerto de Veracruz es conocido como “puerto jarocho”

Cancionero Veracruzano

Xalapa

En la falda del Macuiltépetl, quinto cerro en el trayecto del altiplano al Golfo de México, se agruparon, distribuidos en los cuatro puntos cardinales, cuatro tribus. Entre ellas predominaron los elementos totonacas y chichimecas, a los que más adelante, entrado el siglo XVI, se les daría el nombre de Xallapan o Xallac, es decir: lugar de agua y arena. En efecto, el subsuelo de Xalapa se caracteriza por los abundantes nacimientos de agua, así como numerosos yacimientos de arena que se encuentran en distintas partes de la ciudad.

La humedad del ambiente determinó la frondosa y variada vegetación. Desde luego, esto influyó en el carácter agrícola de los primeros habitantes xalapeños.

Cuando, en 1519, Hernán Cortés cruzó el lugar yendo hacia Tenochtitlan, la población todavía se encontraba distribuida en cuatro barrios, bajo la dominación mexica. En las mañanas despejadas, la colocación del Macuiltépetl permite distinguir en el horizonte la línea que separa el mar. Y esa circunstancia debe haber sido fundamental para que los dominadores aztecas lo eligieran como punto estratégico de observación.

De poca relevancia arquitectónica y política, el lugar no conserva datos que hagan posible reconstruir detalladamente su historia anterior a la conquista española. A partir de ella, Xalapa reafirmó su importancia como punto intermedio entre Veracruz y México. Xalapa tuvo trascendencia no sólo porque los viajeros hacían un alto en su camino, sino también porque ahí podían obtener y comentar las noticias de casi todas partes. Además, disfrutaban su clima benéfico.

En los primeros años de la Colonia fue fundado un hospital; poco después se estableció, en cada barrio original, una iglesia que unificaría a los pobladores. Así pues, en el norte, Xalitic pasó a ser el Calvario; en el sur, Tecuanapan fue la Concepción; al este, Techacapa era San José de la Laguna y en el suroeste, Tlalmecapan se convirtió en Santiago o Santiaguito.

Al mismo tiempo, una orden de franciscanos se instalaba y construía un convento en lo que ahora es el Parque Juárez. Este convento también sirvió de refugio y descanso hasta muy entrado el siglo XVIII, en que un temblor casi lo destruyó.

La monótona tranquilidad de la ciudad fue alterada profundamente cuando, en 1720, a instancias de los comerciantes veracruzanos que venía a pasar los meses de mayor calor, se comenzaron a celebrar las ferias con motivo de la llegada de los barcos al puerto de Veracruz. Entonces la ciudad cambió su fisonomía. Se construyeron bodegas, tiendas y mesones con tal febril actividad que los cuatro barrios, hasta entonces poblados con chozas, unieron sus calles y dieron unidad a Xalapa y el sobre nombre de la Feria.

Se relegaron las actividades agrícolas y la mayoría de los habitantes se dedicó, en la medida de sus posibilidades, al comercio. Se inició la arriería, cuyo desempeño era motivo de orgullo y contribuía a un marcado pintoresquismo local.

Las calles empinadas, apenas alumbradas por la luz de los candiles de aceite y resina, se llenaban con el ir y venir de la gente de todos los lugares, y los gritos y clamores del regateo y los pregoneros vibraban con animada alegría.

A fines del 1700, ya las ferias habían dejado de celebrarse y Xalapa trastocaba su natural modo de ser. Muchas casas dejaron de prestar sus servicios como bodegas y hubo que adaptarlas para habitaciones. Los pobladores ya no volvieron a ser eminentemente agricultores; sin embargo, había quedado el impulso por superarse y ahora el interés estaba cifrado en adquirir una cultura a imitación de la europea. Fueron promovidos el arte y los conocimientos de todo tipo, que le dieron a Xalapa renombre como ciudad culta. Por otra parte, el establecimiento de los poderes gubernamentales propició su prestigio político.

Con el paso del tiempo, los intereses, las inclinaciones y las actividades de los diferentes tipos de pobladores establecidos en Xalapa, le han proporcionado características diversas, sin que ninguno se haya podido sustraer a la atracción de su belleza natural.

Por caminos marítimos y terrestres

Antes de la llegada de los españoles, las principales vías del comercio mexica, en nuestro estado, se dirigían hacia la Región del Istmo y sus alrededores. Pero al convertirse Veracruz en una población importante, por su enlace comercial con el centro de México, las autoridades novohispanas consideraron conveniente adaptar aquellos caminos a los nuevos medios de transporte. En 1531 llegó a la Nueva España el fraile franciscano Sebastián de Aparicio, experto en la construcción de caminos y encargado de distribuir las mercancías que llegaban a la Antigua. Este fraile inició el trazo del nuevo camino e introdujo el uso de carretas tiradas por bueyes.

Además de las rutas importantes, se hicieron varios ramales que quedaron delimitados a finales del siglo XVI. También fue necesaria la construcción de mesones, para alojar a los viajeros que transitaran por estas rutas. Las ventas más famosas fueron las de Buitrón en San Juan de Ulúa, la de Aguilar y José en Perote, las de las Vigas, Cerro Gordo, Plan del Río y Rinconada, sobre las rutas que se unían con los caminos reales hacia México.

Para atender a los que enfermasen durante el recorrido, el Consejo de Indias dispuso se fundaran hospitales (1541) en los principales pueblos de indios y de españoles.

En nuestro estado se construyeron, entre otros, el de Nuestra Señora de Belén en Perote, el de la Virgen María en Xalapa, el de San Juan Martín en San Juan de Ulúa y el de Coatzacoalcos.

A partir del siglo XVI se podía viajar por los caminos reales que comunicaban a las ciudades, pueblos y villas, como el de México-Puebla-Perote-Xalapa-La Antigua. Los arrieros transitaban por el camino que abarcó a México-Texcoco-Llanos de Apan-Tlaxcala-Perote-Xalapa-La Antigua.

En el mar también había una ruta comercial, que comunicaba los puertos de Campeche y Veracruz con la Laguna de Pueblo Viejo y las pescaderías de la Barra de Pánuco, donde los nativos intercambiaban pescado y cuero por sal, miel, aceite español, vinagre, cacao, lienzos y otros productos.

Para proteger al viajero de los asaltantes, el virrey Luis de Velasco ordenó, en 1559, que en las ciudades y villas dela provincia de Veracruz hubiera personas encargadas de mantener el orden y vigilar los caminos. Se formaron varias brigadas para cumplir con dicha misión. Estas asociaciones fueron denominadas cofradías y estaban integradas por alcaldes, tenientes, oficiales y cuadrilleros, quienes quedaron bajo las órdenes del clero y al amparo de algún santo de la iglesia.

Era largo el recorrido que realizaban los comerciantes europeos para traer mercancía a América y llevar a España una gran cantidad de productos artesanales y especias que se elaboraban o cultivaban en América. Durante los viajes fueron objeto de múltiples asaltos por parte de los piratas. Sin embargo, el tráfico comercial de ultramar se desarrolló hasta construirse en una actividad económica importante en la época colonial.

Semblanza de un puerto

La Antigua no prosperó, según la historia nos cuenta, en mil quinientos setenta, su población no aumentó ni en construcciones creció.

Ulúa daba cobijo a la flota de ultramar era preciso efectuar, aquí, descarga y alijo.

Aquí se hacía compraventa de esclavos en tutiplén, ya había tres veces cien por el quinientos ochenta.

Mota y Escobar nos cuentan de negros en Alvarado, de Cotaxtla y a un costado de Huatusco y Orizaba, donde un español estaba con una negra casado.

Veracruz fue punto fijo de tendero y comerciante, aprovechó el navegante y estableció el contrabando, estaba lejano el mando y escaseaba el vigilante.

Aquí, el descargue se hacía para La Antigua llevar de las flotas de ultramar; jamón, aceitunas, vinos, que por terrestres caminos iban a México a dar.

Por eso al finalizar los años del dieciséis, se ordena de manera justa y buena La Antigua aquí, trasladar.

Veracruz que de ultramar era la puerta de entrada, es legalmente fundada y por cédula del virrey, el conde de Monterrey le deja bien cimentada.

Cancionero Veracruzano

El caminante

Salí de México un día con dirección a Papantla di la vuelta por Misantla y llegué a Santa María.

Y agarré la correría de Martínez y el Pital, de ahí pase al Espinal y al paso de Telaya y agarré toda la playa por las orillas del mar.

Pasé a San José Acateno y a Joloapan con violencia, pero el paso de Valencia no me lo encontré muy bueno.

De ahí agarré otro terreno camino del Naranjal, y derechito al puerto de Tecolutla.

De ahí me fui pa’ Jojutla por las orillas del mar.

Del Jobo al amanecer me encaminé pa’l estero para poder conocer, La Vega y El Cazadero.

Nautla y El Agostadero todo esto quise pasar.

Del cañizo en la mañana me fui a María de la Torre.

Fui como el agua que corre derecho para Ozuluama, y al irme para La Habana todo esto quise pasar.

Temapache, la Huasteca, a andar la Ceca y la Meca, por las orillas del mar.

Del cañizo en la mañana me fui a María de la Lima, crucé por la marina miércoles por la mañana, jueves por ver a mi hermana; sábado llegué a Acatzingo fui a oír misa en Orizaba.

Cancionero Veracruzano

Rebeliones y piratería

La combinación de diversas formas productivas generó un nuevo estilo de vida, que no fue asimilado fácilmente por los indígenas. En algunas de las regiones más alejadas del centro de Veracruz, hubo varias rebeliones durante el siglo XVI.

En 1523 sucedió una gran rebelión en Coatzacoalcos; en 1543 hubo otra en la provincia de Pánuco. Ambas fueron controladas. Los negros, traídos de África para sustituir la mano de obra indígena, casi extinguida por las enfermedades y el mal trato, tuvieron gran influencia en estos levantamientos.

En el siglo XVII las numerosas rebeliones de negros provocaron una grave situación. Las autoridades españolas decidieron enviar refuerzos a la Nueva España; tal fue el caso de las regiones de Sotavento y Orizaba. La rebelión de Yanga y sus seguidores fue destruida; sin embargo, obtuvieron su libertad y fundaron un pueblo con su propio gobierno: San Lorenzo de los Negros, posteriormente llamado San Lorenzo de Cerralvo.

Los esclavos negros eran gente privada de su lengua, su rebelión y el trato con sus semejantes. Habían llegado a lugares cercanos a la costa. Ante la injusticia, los unía un mismo sentimiento de rebeldía. Un esclavo escapó de la Hacienda de la Concepción y junto con otros negros, formó una banda. Otros negros comenzaron a escapar de sus dueños; al sentirse libres, engrosaban la banda vengadora.

El esclavo rebelde se llamaba Yanga. El mismo se dirigió al virrey y consiguió el permiso para fundar un pueblo de negros, integrado por un número considerable de hombres, mujeres y niños que vagaban con él por el monte.

En 1609 les fue otorgado el permiso para establecer su comunidad. El lugar fue llamado San Lorenzo de los Negros. Tiempo después cambió aquel nombre por el de Yanga, en recuero del primer hombre esclavo que logró la libertad para sus compañeros, 200 años antes del inicio de nuestra Guerra de Independencia en Dolores Hidalgo, Guanajuato.

Los negros siguieron asolando la región por los parajes de Totutla, Palmillas, Tumba Carretas y Totolenga. Las autoridades decidieron fundar una nueva ciudad, bien protegida y armada, para poder controlar todos los levantamientos. Surgió así, en 1618, la villa de Córdoba, a la cual se le concedieron derechos reales y privilegios superiores que, generalmente, se daban a los pueblos recién fundados. El 27 de abril de 1618, los peticionarios y las personas elegidas para poblar Córdoba hicieron mansión en las lomas de Huilanguillo.

El puerto de Veracruz jugó un papel importante en el proceso de la colonización española de América. A él llegaba una gran cantidad de mercacía europea, por ser la entrada principal a la Nueva España y un punto obligado en la ruta comercial. Al finalizar el siglo XVI se le dio el título de ciudad y fue llamada la Nueva Veracruz.

Los colonizadores españoles implantaron en México el modelo urbano europeo que conocían, aunque adaptado a la particular topografía de nuestro país. Por lo común, el centro de la población fue señalado por una plaza mayor, rodeada de edificios civiles y religiosos. A partir de estas construcciones se trazaban calles paralelas a la manera de un tablero de ajedrez. La ciudad de Veracruz e inclusive las fortalezas como la de San Juan de Ulúa y los baluartes como el de Santiago, tuvieron que ser amurallados para defenderlos de los ataques piratas.

En 1568 el pirata John Hawkins, a quien los españoles llamaban Juan Aquine o Aquiens, llegó intempestivamente al puerto de Veracruz; portaba banderas españolas.

Dicho acontecimiento coincidió con la llegada del virrey Martín Enríquez de Almanza. Como los piratas se anticiparon un poco, lograron burlar la guardia española y se apoderaron pacíficamente de San Juan de Ulúa. Desde allí vieron llegar a la flota que traía al nuevo virrey y la cañonearon cuando intentaba penetrar al puerto.

Los piratas pidieron tiempo para reparar sus naves y reabastecerse; ofrecieron 12 rehenes para mantener el pacto de no agresión. Sin embargo, los españoles atacaron el 22 de septiembre, desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde.

Los piratas perdieron 4 barcos. Pero Francis Drake, al mando del “Judith”, y John Hawkins, del “Minión”, lograron escapar hacia el norte por el litoral. El 8 de octubre, en un intento por aligerar su huida, Hawkins abandonó, cerca del Pánuco, a 114 de sus marinos, mismos que fueron juzgados por el Santo Oficio en 1577.

La defensa marítima española fue, en general, débil y tardía. Sisal en Yucatán, lo mismo que Campeche, Tampico y Veracruz en el golfo; Acapulco, San Blas y Colima, en el Pacífico requerían de obras defensivas que los protegieran.

En el Golfo de México se creó, en 1635, la Armada de Barlovento, con el fin de patrullar y proteger el litoral este de Nueva España.

Para 1683, sólo los baluartes del norte y sur del puerto de Veracruz estaban a medio construir; la plaza de armas bien pertrechada. Sin embargo, faltaban puestos fortificados y una mejor distribución de pólvora y municiones.

El 16 de mayo del mismo año, el gobernador del puerto, Luis Fernández de Córdoba, al saber que había barcos piratas cerca de Veracruz, previno a la población y organizó la protección.

Durante la noche, 180 piratas desembarcaron a una legua a barlovento de la ciudad. Laurent Graff –“Lorenzo Jácome” o “Lorencillo”- había dado la orden de atacar al amanecer. Mientras, Nicolás Grammont sometería al cuerpo de guardia.

El puerto cayó en poder de los piratas, comandados por Juan Jacque. Los españoles solamente retuvieron el castillo de San Juan de Ulúa.

Los piratas reunieron a los pobladores del puerto en la plaza principal y en la parroquia. Se inició el saqueo y los abusos en contra de la población; los desmanes duraron hasta el 22 de mayo, día en que los piratas embarcaron con 4 o 5 millones de oro y alhajas. A un numeroso grupo de rehenes los mantuvieron en la Isla de Sacrificios para exigir rescate. Éste fue cubierto a finales de mes, cuando los piratas, ante la inminente llegada de la flota mercante española, zarparon del puerto.

Mientras se prestaba ayuda a la población porteña y se organizaba la persecución, los piratas escaparon rumbo a Coatzacoalcos. Allí pidieron el pago de 60 mil escudos por el rescate de un grupo de negros, a quines entregarían en calidad de esclavos. Dichos cautivos eran víctimas de la peste.

El virrey Conde de Paredes movilizó tardíamente a su ejército. El 17 de julio se apersonó en Veracruz, para atender las quejas presentadas por la negligencia y mala defensa del puerto. El corregidor Luis Bartolomé de Córdoba fue condenado a destierro perpetuo; a otros oficiales del ejército y la marina se les aplicaron sanciones diversas.

Por esos días, el pirata Grammont se había separado del grupo principal y fue atacado por la Armada de Barlovento, pero logró huir. Después fueron atrapadas, en las inmediaciones del puerto veracruzano, seis embarcaciones piratas. Los prisioneros informaron a las autoridades españolas de las fechorías de “Lorencillo”.

El 23 de abril de 1684, los piratas atacaron Tampico. La armada española, durante su retirada, el 8 de mayo, aprehendió una fragata, una balandra y tres embarcaciones pequeñas. El 14 de junio del mismo año fueron ahorcados 13 prisioneros.

La piratería dejó amplia huella de su paso por los litorales de la Nueva España. Hoy en día, muchos baluartes son inamovibles testigos de aquel pasado convertido en leyenda literaria y creación musical de nuestra cultura regional.

Yanga

Ebano derribado, juncia de las raíces machacadas, tamboril de los dioses y del viento, transparencia de luz en la palabra, impalpable misterio de la selva que ha perfumado la canción del agua; voz de África Negra, lejanía entre dulce y amarga.

Yanga fue casi una leyenda sin velamen, sin áncora; fue como una sombra que la mar cruzaba. Yanga fue a San Lorenzo Cerralvo y también sembró caña para el suave dulzar de sus trapiches, mientras el huerto familiar gestaba la sonrisa en los labios de los negros y el humo azul de su tabaco en rama.

Señor del trueno, dios de los metales, reclamo del tambor en la fogata; hincha la espiga, lustra los rebaños, y al fin sé justo en la Oración del Yanga.

José Luis Melgarejo

Conquista espiritual y las tareas educativas

A la conquista militar de México siguió inmediatamente la conquista espiritual. En la primera etapa, la imposición de una nueva religión en las tierras recién conquistadas; posteriormente, cuando se formó una nueva sociedad, la religión fue el modo principal de ver y explicar el mundo. La cultura y la educación de la Colonia no pueden comprenderse correctamente sin tomar en cuenta esta circunstancia.

Para comprender el papel que tenía la religión en la conquista durante la Colonia, hemos de recordar cuáles fueron los ideales de los conquistadores españoles. Ellos llegaban a las nuevas tierras con el propósito de convertir al catolicismo a cuantos pueblos encontrasen. Eran guerreros cristianos, rodeados todavía de la reciente fama de la Reconquista de España en poder de los últimos moros: musulmanes que durante siete siglos habían dominado el territorio de su patria. Por eso la religión católica era la bandera de la conquista.

Ninguna expedición se realizaba sin la presencia de uno o varios misioneros, quienes sacaban a los indígenas de sus comunidades y los llevaban a los nuevos centros de población, donde eran convertidos a la religión católica.

Las tres órdenes religiosas más importantes establecidas en la Nueva España durante el siglo XVI fueron: la de los franciscanos, la de los dominicos y la de los agustinos.

Los misioneros constituyeron un factor poderoso en la conquista, la organización del gobierno colonial y la explotación de los indígenas, aunque algunos de ellos defendieron a los naturales de los abusos del conquistador, como Bartolomé de las Casas. Pedro de Gante y Toribio de Benavente, mejor conocido como “Motolinía”.

Se construyeron templos parroquiales en Veracruz, Misantla, Tlacotalpan, la villa de San Andrés Tuxtla, San Francisco de Zongolica, San Antonio Huatusco, Xalapa y Tlacolulan. Los templos católicos más antiguos de nuestra entidad fueron levantados por órdenes del clero a fines del siglo XVI y principios de XVII. Un ejemplo de ellos es el conjunto de la ciudad de Orizaba, entre los cuales destacan los del Carmen, Santa Gertrudis y la Concordia o San Felipe.

Han desaparecido varias de las construcciones religiosas hechas por los misioneros, pero las que se conservan todavía indican la presencia de los evangelizadores. En Xalapa, donde está el Parque Juárez, estaba uno de los primeros monasterios construidos en México, el de San Francisco.

Asimismo, la educación durante los primeros dos siglos de la Colonia estuvo vinculada la religión. Este panorama cambió lentamente en el siglo XVIII cuando, bajo la influencia de las corrientes culturales europeas, se produjo una cierta secularización del ámbito educativo.

A principios del siglo XVI los frailes ejercieron la tarea educativa. Aprendieron el idioma y las costumbres de los indígenas para comunicarse con ellos. Fray Andrés de Olmos y los jesuitas, como Alonso Guillén y Juan Rogel, enseñaron a los indígenas y españoles.

Poco a poco los frailes construyeron conventos. Los había para jóvenes, a quienes denominaban “donados” y que, a cambio de desempeñar trabajos domésticos, los monjes criaban y educaban. También había conventos para mujeres, a quienes se les llamaba educandas. Al cumplir siete u ocho años, las niñas eran internadas en este convento con el fin de recibir una educación más completa. Estas instituciones se encontraban en Veracruz, Xalapa, Orizaba y Córdoba.

Al finalizar el siglo XVI, en la provincia veracruzana existían varios templos parroquiales. Algunos de ellos contaban con escuelas anexas, donde se enseñaba el idioma, el alfabeto, la aritmética. Se hacían artesanías; practicaban el canto, la danza, la música, la pintura y el dibujo. Asimismo, a prendían a cultivar plantas y a cuidar animales.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, la Nueva España recibió el influjo de un movimiento intelectual llamado la Ilustración. En él participaron filósofos, historiadores, artistas y hombres de ciencia como Rosseau, Montesquieu, Voltaire y Diderot, entre otros, abocados a la transformación social, religiosa y política de Europa.

Recibieron el nombre de enciclopedistas, por haberse dado a la tarea de redactar la gran Enciclopedia, obra que refleja el pensamiento racional de esos intelectuales. Decían que el mundo ideal al que aspiraban los hombres debería estar gobernado por la razón y no por las preocupaciones teológicas. Esta nueva forma de pensar introdujo una serie de reformas de carácter político, administrativo, fiscal y educativo. A las influencias de las ideas de los enciclopedistas se debió que el rey de España, Carlos III, ordenara la difusión de la enseñanza elemental y superior en las colonias españolas, así como el estudio de las ciencias naturales y exactas, la filosofía moderna y las bellas artes.

Una de las figuras más representativas de las época de la Ilustración en México fue el veracruzano Francisco Javier Clavijero, investigador incansable de nuestra realidad cultural e histórica.

En la ciudad de México el estudio de la religión fue su principal vocación; sin embargo, en las horas de descanso se entregaba con empeño a “estudios agradables” de autores como Quevedo, Cervantes, Sor Juana Inés de la Cruz y también de cuantas obras de tema histórico podían estar al alcance de sus manos.

Hacia el año 1755 recibió las órdenes sacerdotales. A partir de ese momento se dedicó por entero a la investigación y la docencia. Estuvo en el colegio de Jesuitas en Tepozotlán (hoy en el Estado de México), erigido desde tiempos antiguos para la formación de jóvenes indígenas. Cinco años pasó allí, durante los cuales, además de cumplir con sus obligaciones de maestro, “se dedicó con asiduidad y gran diligencia a devorar libros”, los que leía con increíble gozo.

Su estancia en el Colegio Tepozotlán fue bastante provechosa, pero no estuvo libre de algunos contratiempos, puesto que sus superiores se oponían a que Clavijero se dedicara con tan grande pasión al asunto de los códices y antigüedades indígenas.

En la Angelópolis permaneció cerca de tres años. Se dedicó a la formación de los estudiantes indígenas del Colegio de San Javier, así como a la investigación y estudio de materias.

En 1764 recibió la orden de trasladarse a Valladolid (hoy Morelia, Michoacán), para enseñar allí filosofía. Su intención era llevar las mentes de sus discípulos a nuevas formas de pensamiento en las que, sobre todo, se tomaran en cuenta los más recientes descubrimientos de las ciencias y del saber contemporáneos. Honda huella dejó Clavijero en el Colegio de Valladolid y, años más tarde, otros estudiantes habrían de beneficiarse también con el renovado ambiente intelectual introducido por él.

Clavijero influyó poderosamente en la mentalidad de la gente que preparó y llevó a cabo la Independencia, como Miguel Hidalgo y Costilla. Por tanto, se le considera un precursor de la nueva época que se gestaba en México.

Otros jesuitas destacados fueron los veracruzanos Francisco Javier Alegre y Juan Luis Maneiro, así como Juan Manuel Carpio, Manuel E Rincón y Juan Olivar Rebolledo, establecidos respectivamente en Cosamaloapan, Perote y Coatepec.

Antes de finalizar el siglo XVIII, en la intendencia de Veracruz los centros educativos estaban ubicados en las zonas urbanas, donde se encontraba la mayor concentración española y criolla. Las comunidades rurales estaban descuidadas y sólo se proporcionaba alguna instrucción a los indígenas, negros y mulatos en las escuelas anexas a las parroquias y en algunos hospitales.

Un mestizaje profundo: arte, fiesta y modo de ser

A finales de la Colonia, la integración cultural se hacía presente en bailes, danzas, canciones, música, leyendas, refranes, vestido, festividades pagano-religiosas, cocina, etc. Cada región de la intendencia veracruzana fue conformando su propio modo de ser.

El mestizaje que se dio en la población jarocha fue inevitable, sobre todo en el arte y la música. Los españoles trajeron consigo la vihuela y el arpa, que se combinaron con los instrumentos indígenas: tambor, flauta, teponaxtle y huéhuetl.

La música indígena siguió acompañando las danzas con temas impuestos por la iglesia. Los negros contribuyeron mucho a la formación de la música jarocha, sobre todo en Sotavento. A fines de la Colonia, el mestizaje indígena, negro y español llegó a producir el tan característico son jarocho. Desde luego, el lazo con España no se había roto y seguía existiendo en la música del huapango de la Huasteca, el son del centro y, posteriormente, en la zandunga del Istmo. Además de la música para coplas, la hubo para décimas, romances, alabados, etcétera.

José Vasconcelos, el negrito poeta de Almolonga, según se dice, representó esa época de gestas. A continuación aparece una estrofa atribuida a este peculiar personaje:

Yo ya soy cadáver yerto

y la muerte viene al trote.

Yo soy su caballo muerto

y tú eres mi zopilote

En la intendencia de Veracruz, al igual que en el resto de la Nueva España, la fusión de elementos indígenas y españoles también se expresó por medio del género teatral. Las obras de teatro solían representarse en locales improvisados, viejos graneros o establos a los que se denominaba “corrales de comedias”; o bien en las plazas públicas y, sobre todo, en los atrios de los templos. Un ejemplo de ello son los coloquios y las pastorelas, basadas en temas religiosos, que se escenificaron con motivo de las festividades navideñas. Es probable que de aquellas antiguas pastorelas derive esta tradición tan veracruzana de “la rama”, que todavía se mantiene, principalmente en las regiones de Sotavento y los Tuxtlas.

Se hacía fiestas populares para celebrar diversos acontecimientos. Por ejemplo: el día del santo patrono de una comunidad, la realización de una gran feria anual como la de Xalapa, la llegada de un nuevo virrey a México o la proclamación de algún monarca en la metrópoli. Así, sabemos que hubo grandes festejos en la provincia de Veracruz en 1759, que incluyeron 14 corridas de toros, cuando Carlos III fue designado rey de España; lo mismo ocurrió durante 1790, año en que en rey Carlos IV ocupó el trono español. En Papantla fueron celebradas varias comedias en lengua totonaca, a cargo de los indígenas de la región.

De una forma u otra, la cultura popular sirvió como lazo de identidad a los habitantes de la Nueva España, hecho que repercutió en sus anhelos de independencia.

La danza de los negritos

A mediados del siglo XVI, en la población de Papantla, que pertenecía al español Andrés Tapia, había numerosos totonacas y esclavos negros.

Cierta vez, una negra que había llegado hasta Papantla con su único hijo, salió con él hacia el monte en busca de leña. En el trayecto el niño fue mordido por una víbora.

La madre pidió ayuda a los demás negros y acudieron a levantarlo. De acuerdo con las costumbres de sus antepasados, aprisionaron a la víbora y realizaron un ceremonial alrededor del enfermo, esperando que se aliviara pronto.

Estas ceremonias consistían en bailes, gritos, gestos y cantos, en señal de homenaje al paciente y a la madre, que sostenía la víbora.

Cerca del lugar de los hechos observaban los totonacas, sorprendidos de todos los movimientos que ejecutaban los negros, así como de sus gritos y cantos. Se dice que, por tendencia imitativa y por espíritu burlón característico, los totonacas improvisaron una danza remedando los acontecimientos vistos.

Con el paso del tiempo, el remedo descrito por la danza se perfeccionó gestual y musicalmente, hasta reemplazar los cantos con el violín y la guitarra.

Actualmente el conjunto bailarín está integrado por 12 individuos: un caporal, una maringuilla o novia, un subcaporal, un bufón o Pilatos; el resto son ayudantes o simples danzantes. El vestido consta de tres partes: pantalón negro de pana, con bordados igualmente vistosos atados a la cintura, y otros dos llamados pectorales, cruzados en el pecho y también bordados.

En la cabeza llevan un sombrero forrado de negro, con una parte del ala levantada y pegada a la copa; cubierto, además, con papel de china encarrujado para que se parezca al cabello de los negros.

En la representación de la muerte de la culebra, el caporal usa una máscara negra, en tanto que la maringuilla viste atuendo de novia y lleva un atado con una culebra adentro.

Cancionero Veracruzano

4 La nación fragua su soberanía

Vientos de Independencia

Hubo una época en la que México peleó y ofreció la vida de muchos mexicanos para poder surgir como nación, libre de tutela de España, que había durante 300 largos años.

La organización política y social que había caracterizado a la Colonia se minaba día con día. Carencias, contradicciones e injusticias se hacían cada vez más evidentes. Los españoles tomaban posesión de los cargos administrativos y eclesiásticos más importantes; eran los que dirigían la economía, de acuerdo con sus intereses, y en sus manos estaba el mayor poder de decisión y mando. Los criollos (hijos de españoles nacidos en México) ocupaban los cargos administrativos menores, constituían el clero menor y manejaban el comercio; su poder político era restringido. No obstante, gozaban del privilegio de la cultura pues, junto con los españoles, eran los únicos que podían aspirar a ingresar en las escuelas de altos estudios.

La mayor parte de la población estaba integrada por los mestizos e indígenas. Eran quienes realizaban las labores agrícolas, ganaderas, artesanales y domésticas; siempre fueron peones en las propiedades de españoles o criollos. No sólo no tenían ningún poder político, sino que en la mayoría de los casos se pasaba por encima de sus derechos más elementales.

Durante la época de la Colonia, tanto criollos como indígenas y mestizos se rebelaron continuamente contra este injusto estado de cosas. Sus protestas casi siempre fueron violentamente reprimidas.

Pero en junio de 1808, en España sucedieron algunos hechos, cuyas repercusiones en México fueron favorables: aquel país de la Península Ibérica cayó en poder de Napoleón Bonaparte, emperador de Francia. Carlos IV, rey de España en esa época, cedió el poder a su hijo Fernando VII y éste, a su vez, se lo cedió a Napoleón. Por su parte, el emperador francés entregó el trono español a su hermano José Bonaparte quien ejerció el poder durante varios años.

La situación en España era crítica para los peninsulares. En cambio, los criollos, indígenas y mestizos de la Nueva España supieron aprovechar el momento histórico: el pueblo y gobierno de España estaban ocupados en sus problemas internos y descuidaron a sus colonias.

Cuando se supo que el monarca español Fernando VII había sido desconocido y encarcelado, los criollos decidieron poner en práctica la idea de independizarse de la metrópoli. Los criollos eran los divulgadores de la ilustración y el enciclopedismo europeos.

En Veracruz, al igual que en casi todo el país, hubo hombres que sostuvieron dichas ideas, confiaron en ellas y ofrecieron su vida por defenderlas. Tal fue el caso de Diego Leño quien, en 1808, formaba parte del ayuntamiento de Xalapa. A sugerencia de Leño, esta institución resolvió enviar a dos de sus miembros a la ciudad de México, para entrevistarse con el virrey José de Iturrigaray, quien había convocado a una junta encargada de analizar la situación política y decidir la forma de gobierno que tendría la Nueva España.

El ayuntamiento xalapeño coincidía con la propuesta que, un poco antes, habían hecho Francisco Azcárate y el fraile Melchor de Talamantes, integrantes del cabildo de la capital novohispana: México debería tener un gobierno independiente.

Como ya sabemos, esto perjudicaba los intereses de los españoles, quienes habían obtenido sus privilegios de la Corona. Por tanto, se opusieron a cualquier intento de libertad y actuaron de inmediato. Unas de sus primeras acciones fue destituir al virrey Iturrigaray y sustituirlo por el obispo Pedro Garibay. Este reprendió enérgicamente al ayuntamiento de Xalapa por haber enviado representantes a la junta y mandó aprehender a Primo Verdad, Azcárate, Talamantes y Diego Leño.

A pesar de todo, el espíritu independiente continúo vivo. Así, en noviembre de 1809 llegó a nuestro territorio el capitán Ignacio Allende, quien ya preparaba una conspiración en Querétaro, junto con el cura Miguel Hidalgo y otros personajes. Entre los veracruzanos encontró algunos simpatizantes de la idea libertaria; uno de ellos fue Antonio Merino, el cual mantuvo comunicación con Allende.

La conspiración de Querétaro fue descubierta. Antes de lo previsto, hubo necesidad de tomar las armas en contra del gobierno español. De esta manera, en el pueblo de Dolores, territorio guanajuatense, se inició una gran manifestación popular de oposición. Fue encabezada por Hidalgo y Allende, la madrugada del 16 de septiembre de 1810.

Un mes después llegaron a Xalapa tanto las noticias oficiales de la insurrección, como un manifiesto del virrey Francisco Javier Venegas, quien acababa de tomar posesión. En dicho manifiesto se ofrecía recompensa por la aprehensión de los insurgentes. Entre los denunciados y castigados estuvo Merino.

Antonio Merino no fue el único insurgente. En Veracruz hubo más sucesos y más insurgentes, de los cuales hemos de sentirnos orgullosos. Para conocerlos, sigamos adelante con nuestra lectura.

Veracruz se incorpora a las filas

A principios de 1811, Hidalgo y sus seguidores luchaban en el centro del país. Como no se pudo hacer en forma pacífica, los insurgentes habían tomado las armas; era la única manera de conseguir nuestra Independencia. En reuniones secretas, el canónigo Cárdena, junto con otros combatientes como el médico Ojeda, los señores Lucido, Téllez, Ruiz, el escribano Velad, los presbíteros Cabañas y Ortiz, sesionaban para discutir las nuevas ideas que impulsaban a los movimientos rebeldes en el país. También, seguramente, con la idea de organizarse y apoyar el movimiento.

Las tropas del rey, es decir, los realistas, deseaban impedir ese tipo de reuniones, porque por medio de ellas se propagaban las simpatías hacia los rebeldes y su causa. No obstante, muchos ciudadanos, hasta entonces pacíficos, se sumaban al movimiento insurgente.

Pronto las reuniones de los xalapeños fueron descubiertas; aprehendieron al canónigo Cárdena y a otras cuatro personas más. Los otros pudieron huir hacia Naolinco, en donde Mariano Rincón propició nuevas reuniones a las que llamó Junta Gubernamental Americana.

Se pudo organizar un grupo de insurgentes que fue aumentando en número. Su lucha consistía en interceptar las comunicaciones y bloquear los caminos. Los españoles realistas lograron disgregar dicha Junta Gubernativa Americana; Mariano Rincón se trasladó a Misantla y allí reconstruyó su tropa con nuevos partidarios.

El movimiento rebelde no sólo estaba apoyado por hombres xalapeños, también hubo mujeres que ayudaron en diversas formas. Una de ellas fue Teresa Medina de la Soto Riva, quien nos recuerda a Josefa Ortiz de Domínguez por su valentía y la forma en que ayudó a la causa independiente. Teresa Medina era esposa de un coronel del regimiento de la Corona, es decir, coronel de la tropa que protegía los intereses de los españoles. Ella expuso con valentía y decisión su vida y gastó parte de sus bienes para colaborar con el movimiento, hasta que las autoridades virreynales la obligaron a salir de Xalapa.

En octubre de 1811, cuatro hombres penetraron al pueblo de Teocelo y tomaron el dinero de la Real Hacienda. Después se dirigieron a Xico, donde continuaron la lucha. Este grupo estaba dirigido por los hermanos Bello y tenía su cuartel general en la ranchería de Moutuapan, inmediata a Xico. Lo más importante de esta pequeña tropa fue que propagó la lucha armada de Xalapa y no se limitó a cerrar los caminos y obstaculizar las comunicaciones, sino que su labor fue la de difundir la lucha armada.

Los alrededores de Orizaba también fueron sensibles al espíritu renovador de la Independencia. Francisco Leyva y Simón Bravo, cuyo lugar de reunión era Texmalaca, lograron formar un contingente con algunos indígenas de Ixhuatlán y otros lugares cercanos. Aunque era una tropa mal armada, que no tenía conocimientos sobre tácticas militares, sus acciones inquietaron al gobierno, el cual trató de acabar con los insurrectos. Pero cuando el grupo supo que iba a ser atacado por fuerzas realistas, se refugió en las faldas del Pico de Orizaba. Después aparecieron en otros lugares y continuaron su lucha.

El puerto de Veracruz demostró, como en otras ocasiones, el valor de sus habitantes y contribuyó a esta lucha con la vida de Cayetano Murillo y Bartolomé Flores, entre otros. Juntos fueron fusilados por el delito de conspiración el 22 de julio de 1812, aproximadamente un año después de los fusilamientos de Hidalgo y Allende.

A mediados de 1812, casi todo el pueblo veracruzano se encontraba bajo el dominio de los insurgentes. El gobierno virreynal combatía movimientos guerrilleros en Amatlán, Misantla, Chacaltianguis, Cosamaloapan, Tlacotalpan, Tesechoacán, Córdoba y Orizaba. En la región de la Huasteca los indígenas de Temapache, Tihuatlán y Tantima se lanzaron a la lucha. Tuxpan fue sitiada. En Papantla se rebeló Serafín Olarte, mientras que los montes de Coxquihui fueron refugio de los insurgentes por varios años.

Asimismo, surgieron partidas de rebeldes en Paso de Ovejas, Puente del Rey –hoy Puente Nacional-, Plan del Río, El Lencero y varios lugares entre Veracruz y Xalapa. Estas insurrecciones debilitaban la economía de la Corona, al obstaculizar el comercio. Por esta razón, el gobernador mandó tropas para combatir a los insurgentes y proteger los intereses españoles. Para sostener las cortas expediciones de las tropas realistas, se impusieron pagos a los pueblos donde había estado el foco de la rebelión.

En las cercanías de Orizaba, Juan Moctezuma Cortés, cura de Zongolica, y Mariano de las Fuentes Alarcón, cura de Maltrata, participaron activamente en la insurrección contra el gobierno. Junto con Francisco Leyva y Miguel Moreno, sitiaron la villa de Orizaba, que cayó en su poder el 28 de mayo de 1812. Esto constituyó un gran triunfo insurgente, ya que Orizaba era un centro tabacalero de gran importancia para la economía de la Corona. Los españoles recuperaron dicha villa y lograron vencer a los insurgentes, quienes se retiraron a Coscomatepec, Huatusco y Chocamán.

Morelos, Bravo y Victoria en pie de lucha

Desde 1811, la figura más importante en la lucha de la Independencia del país fue José María Morelos y Pavón, un buen estratega. Hidalgo lo había nombrado coronel en jefe y organizador del ejército rebelde. Morelos logró ordenarlo y disciplinarlo.

Como la lucha armada se extendía día a día, en áreas más grandes, Morelos tuvo que delegar el mando militar en hombres de su entera confianza.

La jefatura militar de Veracruz fue otorgada a Nicolás Bravo, cuya primera consigna fue la de interceptar los convoyes realistas, organizados por la Corona para poder defenderse de las partidas insurgentes que operaban en Paso de Ovejas, Puente del Rey, Plan del Río, etc. Bravo cumplió con éxito la consigna; luego estableció su cuartel general en Medellín.

Por estos días, el padre de Nicolás Bravo, Leonardo Bravo, fue aprehendido y trasladado a la capital del virreinato, donde el gobierno lo condenó a muerte. Cuando Morelos se enteró de la condena, escribió una carta al virrey Venegas: le ofrecía, a cambio de la vida de Leonardo, la libertad de 300 prisioneros realistas que se encontraban en Medellín.

El canje no fue aceptado y el señor Bravo fue fusilado. Morelos autorizó la ejecución de los 300 españoles que estaban en poder de Nicolás Bravo. Con una grandeza de espíritu y una calidad humana propia de los hombres superiores, Bravo perdonó a los rehenes y los dejó en libertad diciéndoles: “Tengo órdenes de fusilarlos, pero desde este momento quedan libres”. Varios de los prisioneros se unieron a las fuerzas insurgentes.

Nicolás Bravo organizó varias acciones ofensivas y defensivas en distintas ciudades importantes de nuestro estado. Junto con Mariano Rincón, atacó la villa de Xalapa el 1° de noviembre de 1812, ataque rechazado por las fuerzas realistas de la villa; en diciembre del mismo año fortificó el Cerro San Fernando, en Puente del Rey, y alejó a las fuerzas realistas. El 30 de abril de 1813, junto con Bárcenas y Machorro, acometió Alvarado, pero no logró tomarlo. En julio del mismo año, fortificado en Coscomatepec, rechazó a las tropas de Conti, que aventajaban en número a las suyas en casi cuatro veces. Después de 69 días de cerco, rompió el sitio y salió rumbo a Ixhuatlán y Huatusco; de allí partió a Valladolid, no sin antes dejar a Rincón como comandante.

Morelos, por su parte, se encontraba en los aledaños de Orizaba. El 28 de octubre de 1812 tomó por sorpresa el ingenio de Nogales, llegó a la garita de Orizaba y pidió la redención de la villa, la cual le fue negada. Después de un violento combate, que duró tres horas, y de la huida de los realistas hacia Córdoba, el caudillo entró en Orizaba, vendió parte del tabaco almacenado, llevó consigo cuanto pudo y quemó el resto; con ello afectaba la economía realista. El 31 de octubre regresó a Tehuacan.

Entre los insurgentes que participaron en la lucha por la Independencia en nuestro suelo veracruzano destaca Guadalupe Victoria, cuyo verdadero nombre era Miguel Fernández Felix. Había llegado a nuestro estado en 1814 y se hizo famoso por las acciones que, como jefe insurgente, tuvo en Tolome, Puente del Rey, Palmillas, Boquilla de Piedras, La Antigua y Monte Blanco, en las cercanías de Córdoba. En un lugar llamado Acazónica, dentro del actual municipio de Paso de Ovejas, se le concedió el grado de coronel insurgente. Por fin los realistas lo cercaron en Misantla, de donde logró escapar para internarse en las montañas que rodean Alto Lucero. Cuando ya no pudo continuar, se ocultó durante dos años en una hacienda de Paso de Ovejas; posteriormente reapareció con más ímpetu.

A pesar de tantos esfuerzos insurgentes, en 1817 la lucha por la Independencia estaba detenida en casi todo el país. Las fuerzas realistas habían intensificado la represión del movimiento a partir de dos tácticas: una armada, que consistía en la concentración de tropas para aniquilar los focos insurgentes más importantes; otra pacífica, mediante el ofrecimiento del indulto.

Los años de lucha no habían repercutido en la situación de los indígenas y mestizos, que seguía siendo la misma. No así para los criollos, quienes habían adquirido poder en la carrera de las armas y cuyas ambiciones cada día aumentaban, desligadas de los reclamos del pueblo.

De los tratados de Córdoba a la Constitución de 1824

En 1820 estalló una revolución liberal en España: el pueblo obligó al rey Fernando VII a jurar la Constitución de Cádiz, según la cual se formaría una junta de gobierno que, una vez elegida, convocaría a Cortés. Estas Cortes emitieron una serie de decretos, sobre todo en contra del poder de la iglesia. En la Nueva España este hecho tuvo gran repercusión, pues los realistas, el alto clero y los españoles vieron amenazados sus privilegios con tales decretos. Esto les hizo desear la Independencia de la Nueva España, con el fin de no obedecer la Constitución de Cádiz porque los perjudicaba.

Estos grupos deseaban proclamar la Independencia con un gobierno autoritario. Como primer paso para llegar a dicho fin, decidieron terminar con el caudillo insurgente Vicente Guerrero, quien se mantenía al frente de sus guerrillas en las montañas del sur novohispano. Cabe aclarar, sin embargo, que no fue este el único caso de actividades guerrilleras. Por ejemplo, Olarte seguía luchando en los montes de Coxquihui, mientras que Guadalupe Victoria retornaba a la lucha en las Llanuras del Sotavento.

Para combatir a Guerrero, se dio el mando de un numeroso ejército a un criollo, Agustín de Iturbide, quien se había distinguido por sus enfrentamientos contra los insurgentes. Pero éste no logró vencerlo; en cambio, prefirió establecer un pacto para unir sus fuerzas. Así, el 24 de febrero de 1821 ambos firmaron un documento que se llamó Plan de Iguala; en él se proponía la libertad de México y la formación del Ejército Trigarante o de las Tres Garantías.

De nueva cuenta los veracruzanos se lanzaron a las armas. El xalapeño José Joaquín de Herrera, ex teniente coronel del ejército realista, se puso al frente de muchos simpatizantes del Plan de Iguala para tomar Orizaba. Por su parte, Antonio López de Santa Anna, también xalapeño y ex combatiente realista, se unió a Herrera en Orizaba y juntos ocuparon Córdoba. Más tarde, Santa Anna se apoderó de su ciudad natal y atacó Veracruz, pero allí fue rechazado.

Mientras tanto, al puerto de Veracruz llegó el último virrey, Juan O’Donojú; quien, junto con Iturbide, firmó los tratados de Córdoba, en la localidad del mismo nombre. Estos documentos son de suma importancia, porque en ellos se reconocía la independencia de nuestro país. Tiempo después, el 27 de septiembre de 1821, el Ejército Trigarante hizo su entrada triunfal a la ciudad de México. Culminaron así tres siglos de denominación española; la nación mexicana era libre por fin.

A pesar de todo, debemos señalar que los términos en que se logró la independencia distaban mucho de lo que Hidalgo y Morelos y otros caudillos populares se habían propuesto al iniciar el movimiento. La situación política, económica y social de los mestizos e indígenas no había cambiado, aunque sí la de los criollos nobles y el alto clero. Ellos tomaron el poder en sus manos y desplazaron a los españoles.

Iturbide, apoyado por el ejército, se hizo proclamar emperador de México a mediados de 1822. Veracruz fue una de las muchas provincias que no aceptaron dicho imperio, pues eran partidarias de ver a nuestro país constituido en una república. Y fue precisamente en el puerto jarocho donde se organizó la primera sublevación contra Iturbide: el 2 de diciembre de 1822 Santa Anna y Victoria firmaron el Plan de Veracruz, que desembocó en el Plan de Casa Mata, del 1° de enero de 1823. A dicho plan se unieron antiguos caudillos insurgentes como Guerrero y Bravo; incluso las tropas que fueron enviadas desde el centro para combatir a los rebeldes, se sumaron a ellos. De esta manera cayó la monarquía iturbidista en 1823 y la nación se volvió republicana.

Con la primera Constitución del México Independiente (1824), Veracruz quedó erigido en estado libre y soberano. Guadalupe Victoria se hizo argo, provisionalmente, del gobierno veracruzano. Más tarde, ya sin caráter definitivo, nuestro primer gobernador fue el general Miguel Barragán y Guadalupe Victoria, el primer presidente mexicano electo.

En noviembre de 1825, Barragán logró la rendición de un grupo de españoles que se habían adueñado de San Juan de Ulúa, con la esperanza de reconquistar al país. Barragán izó por fin el pabellón mexicano en medio del entusiasmo popular.

Cambios en la enseñanza y la política

De acuerdo con la Constitución local de 1825, el gobierno del estado de Veracruz se comprometió a establecer escuelas primarias en cada cabecera de cantón. Entonces Veracruz se dividía en 12 cantones: Veracruz, Misantla, Papantla, Tampico, Xalapa, Jalacingo, Orizaba, Córdoba, Cosamaloapan, Acayucan, Tuxtlas y Huimanguillo. En aquellos tiempos se fundó también la Compañía Lancasteriana, a través de la cual se propagó un sistema educativo peculiar: el maestro preparaba a los alumnos más aventajados para que éstos, a su vez, transmitieran los conocimientos a sus compañeros.
Durante las dos primeras décadas del siglo XIX la educación primaria no tuvo un gran desarrollo en Veracruz, sobre todo porque la economía estatal tuvo serios problemas y no había fondos para sostener la enseñanza pública. En aquel entonces había muy pocas escuelas primarias en el territorio veracruzano. Entre las existentes se podría mencionar a la escuela “Manuel de Boza”, en Xalapa, y a la de primeras letras en Orizaba. La escuela rural, como institución, sólo existía en aquellas comunidades indígenas que disponían de recursos para sostenerla.

Las niñas iniciaban su educación elemental en un escuela particular denominada “Amiga”, atendida por mujeres, quienes impartían nociones de doctrina cristiana, escritura, lectura y algunas labores domésticas. Los niños ingresaban a la escuela primaria regida por clérigos o a las escuelas sostenidas por los ayuntamientos. El plan de estudios para estos planteles consistía en lectura, escritura, gramática, aritmética, dibujo, urbanidad, y doctrina cristiana.

Algunos veracruzanos nacidos en esta época llegaron a sobresalir en la política, la medicina o las artes. Entre ellos podemos citar a José Bernardo Cuoto, Miguel Lerdo de Tejada, Fernando J. Corona, Rafael Lucio y Rafael Roa Bárcenas. Todos ellos hicieron sus estudios primarios en las escuelas de sus lugares de origen, pero completaron su educación profesional en Puebla o a la ciudad de México, porque en esos años no existía universidad en nuestra entidad.

En la época posterior a la Independencia existieron en México dos corrientes políticas importantes: el federalismo y el centralismo. Veracruz luchó y estuvo a favor de consolidar al federalismo en nuestro país, pues éste otorgaba a nuestro estado libertad y soberanía. Desafortunadamente, las ideas de las personas conservadoras estaban a favor de un gobierno centralista; en él los estados dejaban de tener sus propias leyes y gobierno y pasaban a ser departamentos regidos por el gobierno nacional.

Invasiones extranjeras

A lo largo del siglo XIX, y antes de integrarse como una nación reconocida y respetada por el mundo, nuestra patria fue en gran campo de luchas internas y externas. En todas ellas el estado de Veracruz tuvo un papel activo y brillante.

Apenas se había sacudido el yugo de tres siglos de dominación española, México se vio invadido por tropas extranjeras en varias ocasiones. La primera comenzó en 1836 cuando el territorio de Texas se independizó de México y formó una república; la cual, más tarde, fue anexada por el vecino país del norte como un estado más de su federación. Otra ocurrió en 1838, cuando algunos franceses que vivían en nuestro país, donde tenían negocios y propiedades, se quejaron por la pérdida de sus pertenencias durante las luchas efectuadas en territorio mexicano. Esto fue suficiente para Francia, con el pretexto de salvaguardar los intereses de sus compatriotas, nos declarara la guerra.

Al poco tiempo, 10 grandes naves anclaron frente al puerto de Veracruz, para presentar batalla en caso e no llegar a un acuerdo satisfactorio. Las reuniones entre los representantes del gobierno mexicano y los invasores franceses se llevaron a cabo en Xalapa, pero el resultado fue nulo y las hostilidades comenzaron el 21 de marzo. A este episodio bélico se le conoce como la “Guerra de los Pasteles”, ya que entre los quejosos estaba un pastelero que exigía 60 mil pesos de compensación porque, según dijo, las tropas nacionales habían consumido su mercancía y saqueado su establecimiento.

Los españoles se defendieron con valor, a tal grado que Veracruz recibió más tarde el título de Heroica. Sin embargo, los franceses lograron posesionarse finalmente de San Juan de Ulúa. En general Santa Anna, quien para entonces ya era un personaje importante de la política nacional, salió de su hacienda Manga de Clavo (después sería propietario también de El Lencero) para defender al puerto jarocho; en el combate fue herido.

Nuestro país pasaba por una gran crisis económica y no podía seguir sosteniendo una guerra como aquella, así que debió tener arreglos con el enemigo. El 19 de marzo de 1839 se firmó un tratado de paz desventajoso, según el cual México se comprometía a pagar la deuda en un plazo determinado. Esta llegó entonces a la muy alta suma de 600 mil pesos mexicanos.

Los enemigos se multiplicaban tanto en el interior del país como en el extranjero. Además de Francia, también Estados Unidos nos invadió en 1846, fundamentados en su ambición expansionista: querían más tierras para sus colonos.

En esta guerra podemos distinguir tres campañas: una dirigida conquistar Nuevo México y Alta California; otra encaminada a tomar el centro del país desde el norte; la última amenazaría la capital de la República desde territorio veracruzano. Así, en agosto de ese año llegaron tropas norteamericanas al puerto de Veracruz y lo bloquearon; de esa manera impidieron la actividad comercial y México no percibió ingresos. También se intentó cerrar el puerto de Alvarado, pero os habitantes del rumbo lograron defender el sitio y rechazar a los invasores.

Como el ejército que defendía al puerto jarocho era insuficiente, el encargado del mando militar solicitó ayuda al gobierno santanista. Esta nunca llegó y Veracruz tuvo que resistir el ataque con sus propias fuerzas. La situación se volvía cada vez más angustiosa por la falta de alimentos y municiones y no hubo más remedio que capitular. El 29 de marzo de 1847 los norteamericanos izaron su bandera en el castillo de San Juan de Ulúa.

Al conocer esta noticia en México, Santa Anna dejó la presidencia, reprochó la actitud de los defensores del puerto y marchó a Xalapa al frente de un ejército de ocho mil hombres. Personalmente organizó la defensa de Cerro Gordo (lugar cercano a Plan del Río, junto al camino de Veracruz) para impedir el paso a los invasores, pero fue derrotado y regresó a la ciudad de México para defenderla. Los norteamericanos llegaron a Xalapa; allí fusilaron, en la Plaza de San José, a los jóvenes combatientes Ambrosio Alcalde y Antonio García. Continuaron hacia Perote y, finalmente, el 14 de septiembre de 1847 ocuparon la ciudad de México.

Como Santa Anna había renunciado, el gobierno provisional tuvo que trasladarse a Querétaro y desde allá entrar en pláticas de paz con el invasor. Dichas pláticas culminaron con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, en el Distrito Federal, el 2 de febrero de 1848. Por fin, el 30 de julio de ese año, el ejército estadounidense abandonó el país por San Juan de Ulúa. Como el resultado de esta guerra, México perdió más de la mitad de su territorio.

Veracruz en la Guerra de Reforma

La situación de México se había vuelto crítica con las intervenciones extranjeras anteriores. Los gobiernos de Manuel de la Peña y Peña, José Joaquín de Herrera, Mariano Arista, Juan Cevallos y Manuel M. Lombardini no habían logrado la pacificación del país. Los problemas continuaban.

Mientras tanto, los conservadores aprovecharon la situación y lanzaron el Plan del Hospicio, en el cual pedían nuevamente la presencia de Santa Anna y su elección como presidente. A fines de 1852, en Veracruz ocurrían acontecimientos que acabaron por decidir el regreso del general Santa Anna. Los comerciantes y sus partidarios pronto aceptaron el plan conservador de Guadalajara y desconocieron el gobierno de Arista.

El 2 de enero de 1853, la guarnición de Orizaba – la tropa que estaba ahí para la defensa de la ciudad, reunida en el cuartel de El Carmen- estuvo de acuerdo con el mencionado plan y lo publicó en la plaza de Veracruz. El 3 de enero se hizo lo mismo en el puerto de Coatzacoalcos. En la fortaleza de Perote, tanto la guarnición del castillo como las autoridades del pueblo apoyaron también el movimiento.

Así, poco a poco y con el respaldo del partido conservador, se dieron las condiciones para que Santa Anna regresara a ocupar, por undécima vez, la presidencia de la República.

El 1° de abril de 1853, con repiques de campanas y estallidos de cañones, hacía su entrada a Veracruz el general Santa Anna. Muchos conservadores fueron a recibirlo. Pero, ¿sería beneficioso su gobierno? ¿No había servido la pérdida de territorio y su actuación anterior como experiencia dolorosa para el pueblo?

No todos los mexicanos estaban de acuerdo con tal regreso. Precisamente en Veracruz, en donde había hecho su entrada triunfal, surgieron las primeras oposiciones. Pronto fueron nulificados con el fusilamiento los principales dirigentes, entre los cuales destacaban Aparicio González y Carlos Centeno.

Una de las primeras acciones del nuevo gobierno santanista fue la expedición de un decreto, que señalaba que los gobiernos de los estados perdían su autoridad y sólo publicarían, ejecutarían y harían obedecer las leyes, decretos, órdenes y demás disposiciones del supremo gobierno, es decir, de Santa Anna. Se le daba a un solo hombre el poder total del país.

Santa Anna se rodeó de un grupo de personas que formaban su corte y gastó muchísimo dineros en fiestas y comilonas. Para sostener todos estos gastos, cobraba impuestos sobre ventanas, puertas, caballos, perros, coches, etc. Además, no contento con su participación directa en la pérdida de una parte de nuestro territorio, permitió que los norteamericanos se apropiaran de la región de La Mesilla, mediante el pago de $6 839 957.19, depositados a su nombre en un banco norteamericano.

Como ya nos habremos imaginado estas actitudes del dictador, junto con la persecución hecha contra las personas que no estaban de acuerdo con su gobierno, causaron gran descontento entre el pueblo.

Pronto, hombres como Benito Juárez, Melchor Ocampo, José María Mata, Ponciano Arriaga y otros fueron aprehendidos y algunos de ellos encarcelados en fortaleza o embarcador hacia el destierro. Estos hombres escribirían páginas importantes en nuestra historia patria.

En Veracruz continuaban también las persecuciones. A las personas que opinaban públicamente en contra del gobierno se les tenía por revolucionarios, se les encarcelaba o se les sacaba del país.

Entre los veracruzanos encarcelados estaba Ignacio de la Llave, quien logró escapar cerca de Xalapa y combatir en contra de Santa Anna.

Afortunadamente, la dictadura santanista duró poco. Al ver que su imperio se deshacía gracias a los errores cometidos, Santa Anna decidió trasladarse a Veracruz. Según él, desde ahí dirigía las operaciones militares para restablecer el orden público; en realidad trataba de escapar del país antes de que el pueblo pidiera su muerte.

Con el Plan de Ayutla, lanzado el 1° de marzo de 1854, se originó la revolución del mismo nombre; en él se desconocía a Santa Anna. Dicho plan ofrecía, además, convocar a un Congreso Constituyente para la redacción de una nueva constitución. Así acabo el gobierno santanista.

El 15 de agosto de 1855, en la ciudad de Xalapa, fue levantada un acta en la cual la población se unía a los revolucionarios y aceptaba el plan antes señalado. Pronto las plazas de Orizaba, Perote, Coatepec y Córdoba también lo aceptaron y reconocieron como jefe supremo y gobernador del estado al orizabeño Ignacio de la Llave.

Al encargarse del gobierno de Veracruz, De la Llave pronunció un discurso en el cual prometió proteger la educación primaria y secundaria, administrar la justicia y quitar las leyes de contribuciones que afectaban a la clase más pobre.

Su gobierno fue de gran beneficio para el estado, así como su participación militar en las guerras contra Estados Unidos, de la Reforma y contra los franceses. Todos estos acontecimientos hicieron posible que el estado se llamara, en su honor, Veracruz-Llave.

Al tomar en cuenta las faltas que Santa Anna había cometido contra la nación, el gobernador dispuso que las haciendas El Lencero, Paso de Varas y Boca del Monte pasaran a ser propiedad del estado y para beneficio del mismo. Además, al considerar lo dispuesto en el artículo 4° del Plan de Ayutla, con fecha 13 de septiembre el gobernador De la Llave comisionó a Manuel María Pérez, Bernardo Sayago, Angel Lascuráin y Gómez, León Carballo, Francisco Hernández Carrasco, Manuel Díaz Mirón y Francisco Talavera para que se encargaran de elaborar el Estatuto Orgánico del Estado.

Así, el 9 de octubre se dio a conocer el estatuto. De acuerdo con él, el estado pasaba a formar parte de la República Mexicana; era indivisible, libre e independiente, y su territorio se compondría de los departamentos de Veracruz, Orizaba, Xalapa, Córdoba, Jalacingo, Tampico y Tuxpan.

Mientras se llamaba a elecciones, en la capital del país se habían reunido los representantes de los estados para elegir al presidente interino de la República. Entre todos ellos escogieron a Juan Alvarez.

De la Llave solicitó un permiso para separarse del gobierno del estado. Juan Alvarez lo sustituyó con Juan Soto, quien continuó con las disposiciones dadas por De la Llave. Al poco tiempo, el gobernador interino dispuso la renovación de los ayuntamientos, que entrarían en funciones el 1° de enero.

Mientras tanto, en la capital de la República el presidente Alvarez lanzó un decreto por el cual dejó la presidencia del país a Ignacio Comonfort. Al iniciar éste su gobierno, encontró graves problemas. Se pedían reformas sociales y económicas, que no podían llevarse a efecto sin derramamientos de sangre. A los 10 días de haber tomado el mando, hubo de combatir un levantamiento en Puebla y otro en San Juan de Ulúa; los dos fueron controlados.

De acuerdo con uno de los puntos señalados en el Plan de Ayutla, en 1856 el presidente Comonfort convocó a un Congreso Constituyente. Dicho congreso se encargaría de redactar un nuevo documento político para regir la vida del país. Por el estado de Veracruz asistieron José de Emparán, Rafael González Páez; Mariano Vega y José María Mata; este último, uno de los más destacados liberales, fue quien hizo posible la publicación del documento. El 5 de febrero de 1857, México contaba ya con una nueva Constitución, que lo definía como una república representativa, popular y federal.

Por esta época, en Veracruz había sido nombrado gobernador del estado el señor Manuel Gutiérrez Zamora. Sucedía a De la Llave y siguió su política liberal y progresista. Gutiérrez Zamora declaró: “Entre los deberes del gobernante, me parece que es el primero de ser justo. Yo lo seré, pues, y acaso hasta la severidad. Desde este momento no habrá para mí distinción alguna entre los habitantes todos del estado, ni por su rango, ni por sus relaciones, ni por su posición social”.

El 18 de noviembre de 1857 fue expedida en Veracruz la Constitución Política del Estado. En ella se establecían los derechos y deberes de los ciudadanos, así como las leyes para el mejor gobierno. Este era un gran paso en la vida política de nuestra entidad, que seguiría destacando en el plano nacional.

Desde el momento en que el presidente Comonfort juró cumplir y hacer cumplir la Constitución del país, estaba obligado a respetarla. Sin embargo, al poco tiempo, presionado por el clero y los conservadores, cambió su política, desconoció la Constitución y disolvió al Congreso. Para asegurar su éxito en este movimiento, era necesario el apoyo de Veracruz, uno de los estados más importantes del país, tanto por sus recursos como por ser una plaza bien protegida, que contaba con gente decidida a defenderla.

Comonfort encontró seguidores muy pronto. El general Zuloaga, con la ayuda de los conservadores, lanzó el Plan de Tacubaya, mediante el cual desconoció la Constitución y apoyó a Comonfort como presidente.

Y Veracruz, ¿qué hacía al respecto? En un principio, el puerto de Veracruz, San Juan de Ulúa, Perote y Xalapa se unieron a Comonfort. Córdoba, a cuyo frente se encontraba De la Llave, no aceptó el plan y desconoció las autoridades del presidente Comonfort y del gobernador Zamora. Reconocieron como jefe de las fuerzad armadas a De la Llave.

El gobernador Zamora sospechó de un posible golpe de estado y desconoció el Plan de Tacubaya. Para hacerlo, se apoyó en la opinión de otras plazas que estaban en desacuerdo con los conservadores. Promulgó nuevamente la Constitución Política del Estado.

Comonfort, al sentirse abandonado, salió del país. De acuerdo con la Constitución, el cargo de presidente interino de la República correspondía a Juárez, quien era presidente de la Suprema Corte de Justicia.

Los conservadores nombraron presidente a Félix y Zuloaga y Juárez se vio obligado a salir de la capital del país. Los desacuerdos entre liberales y conservadores originaron la sangrienta guerra llamada de Tres Años o Guerra de Reforma.

Juárez, el presidente exiliado de la capital, llevó los poderes constitucionales a diferentes puntos del país. Finalmente llegó al puerto de Veracruz; esta ciudad se convirtió, desde el 4 de mayo de 1858, en la capital de la República Mexicana.

Veracruz supo defender con valentía el gobierno legítimo. El 7 de julio de 1859, en Veracruz, Juárez promulgó un importante manifiesto, precursor de las Leyes de Reforma. Allí mismo, el 12 de julio, expidió la Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos y, poco tiempo después, la mayoría de las Leyes de Reforma. Una de las más importantes fue la que instituyó el Registro Civil.

El presidente conservador Zuloaga fue sustituido por Miguel Miramón, quien se apuró a sitiar y atacar al puerto de Veracruz, donde se encontraba el legítimo gobierno de la nación. Sin embargo, Miramón y sus generales encontraron resistencia en las poblaciones de Perote, Córdoba, Orizaba, Xalapa, Rinconada, Puente Nacional, Paso de Ovejas y Medellín.

El sitio impuesto por Miramón al puerto jarocho no tuvo éxito, a pesar de contar con la ayuda que Tomás Marín le brindó atacando desde el mar. La población, temerosa en un principio se burló de ellos cuando compuso la siguiente cuarteta:

¿Qué haremos, ay, qué haremos?

Nos van a bombardear,

Miramón por tierra

y Papachín (Marín) por mar.

La situación se hizo cada vez más desfavorable para los conservadores; los grupos liberales obtenían señalados triunfos en los campos de batalla. El combate decisivo se libró el 22 de diciembre de 1860, en unos llanos cercanos a San Miguel Calpulalpan, Estado de México, con la derrota total del ejército conservador al mando de Miramón. De esa manera, la ciudad de México quedó en poder de los liberales y Juárez pudo retornar triunfalmente a ella desde Veracruz.

El imperio de los extranjeros

Poco después de que Juárez reinstalara su gobierno en la ciudad de México, surgió un nuevo problema: debido a la falta de dinero, fueron suspendidos temporalmente los pagos de las deudas públicas a las naciones extranjeras.

La citada suspensión disgustó a Francia y a su emperador, Napoleón III. Este deseaba aprovechar la oportunidad para ampliar su poderío en nuestro continente y pretendía, al mismo tiempo, frenar el creciente poder de Estados Unidos de América.

Inglaterra, España y Francia eran nuestros acreedores. Sus representantes se reunieron en Londres para tomar acuerdos en contra de México. Así, el 17 de diciembre de 1861 empezaron a llegar buques españoles a las costas veracruzanas. En enero de 1862 arribaron los ingleses y franceses.

El gobierno mexicano ordenó defender Veracruz. Los representantes de los tres países dieron un último plazo al gobierno de Benito Juárez para pagar la deuda. Juárez no rehusó tal pago y nombró a Manuel Doblado, secretario de Relaciones Exteriores, para tramitar los convenios necesarios.

Fue en un pueblo de Veracruz llamado La Soledad, actualmente Soledad de Doblado, donde se reunieron los representantes de las naciones extranjeras. Llegaron a un acuerdo por medio del cual:

a) Se reconoció al gobierno de Juárez

b) Las negociaciones definitivas deberían realizarse en Orizaba.

c) Las fuerzas invasoras podían establecerse en Córdoba, Orizaba, Tehuacan y Puebla.

d) Los hospitales quedarían bajo protección mexicana, en caso de romperse las negociaciones.

e) En tanto los aliados permanecieran en Orizaba, se volvería a izar la bandera mexicana en Veracruz.

Sin embargo, en marzo de 1862 llegaron nuevos refuerzos para los franceses. Esto hizo pensar a Inglaterra y España que Francia tenía intenciones ocultas; por tal motivo, declararon rota su alianza con dicho país, llegaron a un acuerdo satisfactorio con México y retiraron a sus soldados. Sólo quedaba el ejército francés –considerado en esa época como uno de los mejores del mundo- dispuesto a continuar la marcha tierra adentro.

Durante el mes de abril, las tropas francesas ocuparon más poblaciones veracruzanas, entre ellas Córdoba, El Fortín (hoy Fortín de las Flores), Orizaba y Acultzingo. Sus triunfos no fueron fáciles, debido a la resistencia armada que encontraron en los vecinos de esos lugares y en algunas brigadas de soldados mexicanos.

El conde de Lorencez, comandante general del ejército invasor, ordenó avanzar hacia Puebla y asaltar los fuertes de Loreto y Guadalupe. La orden se cumplió el 5 de mayo de 1862, pero los defensores resistieron el asalto y vencieron al enemigo.

En esta batalla –sin duda una de las más importantes en la historia de nuestro país- el ejército mexicano estuvo al mando del general Ignacio Zaragoza. Contó también con la valiosa ayuda de dos militares veracruzanos. Juan de la Luz Enríquez y Rafael Platón Sánchez. La victoria, por su puesto, llenó de entusiasmo a la nación y la animó a continuar la lucha. Los invasores se replegaron entonces en Orizaba, decididos a recuperar el terreno perdido e iniciaron un nuevo avance hacia el centro de la República, tomando como base el territorio veracruzano.

Aquí, en nuestro estado, la situación tampoco era de tranquilidad, como lo demuestra lo ocurrido en la ranchería de Camarón (hoy Camarón de Tejeda). Allí se hallaba una compañía de soldados de la Legión Extranjera, con la misión de proteger las caravanas de carretas que transportaban municiones, armas y dinero para las tropas invasoras. El 30 de abril de 1863, un grupo de mexicanos procedentes de Xalapa, Córdoba, Veracruz y Coscomatepec, así como de varios pueblos indígenas, todos al mando de Francisco de Paula Milán, atacaron en Camarón a los gionarios y los vencieron.

A pesar de las derrotas sufridas, los franceses ocuparon finalmente la ciudad de México, el 7 de junio de 1863. Antes de que esto ocurriera, el presidente Juárez trasladó el gobierno constitucional de la República a diferentes ciudades del norte del país. De esta forma, la nación mantenía un gobierno legítimo para oponerlo al nuevo sistema impuesto por los extranjeros, el monárquico, según el cual México sería un imperio.

En Veracruz, Juan de la Luz Enríquez combatió en la Región de Sotavento; Ignacio de la Llave, quien controlaba la región central, fue asesinado el 14 de julio de 1863.

Los conservadores ofrecieron la corona imperial a un príncipe europeo, el archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo. Este personaje, con el pretendido título de emperador de México, desembarcó en Veracruz en 28 de mayo de 1864, junto con su esposa Carlota Amalia, hija del rey de Bélgica; su llegada fue acogida fríamente por la población. Más tarde viajaron a la capital del país; pasaron por Córdoba y Orizaba, donde sólo las autoridades y altas clases sociales –que eran partidarias de la monarquía- los recibieron.

Un año después, en junio de 1865, Maximiliano anduvo de paseo por tierras veracruzanas e inauguró un puente sobre el río Jamapa. Para entonces, según la nueva división territorial del país establecida por el imperio, Veracruz había dejado de ser un estado para fragmentarse en dos departamentos: Tuxpan y Veracruz. La Región del Istmo quedaba como parte del departamento de Tehuantepec, con cabecera en esta última población.

Mientras tanto, la lucha del pueblo mexicano contra la intervención seguía constante. Además de los combates que ofrecían las tropas nacionales organizadas, se empleó una guerra de guerrillas. Esta consistía en pequeños grupos de guerrilleros dispersos (llamados popularmente chinacos), que distraían por distintos frentes, hostilizaban sin descanso y ponían en aprietos a los grandes núcleos militares del ejército francés.

Así comenzaron a ser recuperadas, para la causa republicana, muchas poblaciones que habían estado bajo el dominio francés, como Xalapa y Huatusco. Lo mismo sucedió con Tlapacoyan, aunque en el combate se sucumbió el general republicano Manuel A. Ferrer. Mientras en Tlacolulan, Nautla y otras comunidades había rebeliones populares, los liberales de Tantoyuca y Temapache reconquistaban el puerto de Tuxpan.

Al disponer Napoleón III el regreso de su ejército a Francia, el imperio de Maximiliano recibió un duro golpe militar. Carlota salió de la ciudad de México el 8 de julio de 1866 y se embarcó en Veracruz, cinco días después, en el paquebote francés “Imperatrice Eugénie”. Su objetivo era persuadir a Napoleón de continuar la ayuda para el imperio mexicano, pero todo fue inútil.

Maximiliano se trasladó a Orizaba en octubre de 1866, con la intención de llegar a Veracruz, donde pensaba embarcarse de regreso a Europa. Pero cambió de opinión y, en lugar de renunciar, fue a buscar refugio a la ciudad de Querétaro con los pocos soldados que le quedaban. Ahí fue hecho prisionero, juzgado y fusilado en el Cerro de las Campanas, junto con sus dos principales colaboradores mexicanos: Miguel Miramón y Tomás Mejía.

El puerto de Veracruz fue liberado por sus republicanos el 27 de junio. El presidente Juárez regresó a la capital mexicana el 15 de julio de 1867. Con su llegada restauró la República y estableció de nuevo el orden constitucional.

Juárez pedía los esfuerzos de todos los mexicanos para obtener y consolidar los beneficios de la paz: “…que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz…”.

Muchos fueron los problemas a que Juárez se enfrentó: faltaba dinero, vías de comunicación, industrias y mercados. Había una población escasa y mal distribuida en el amplio territorio mexicano, abandono de la agricultura, contrabandos y robos. Durante ese difícil periodo de 1867 a 1911, se prepararon las condiciones para el surgimiento del moderno Estado mexicano. El país fue gobernado en dicha época por Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada, Manuel González y Porfirio Díaz.

La principal preocupación de los presidentes de esa época fue construir y ampliar las vías de comunicación, para lograr una integración real de los estados con la capital. Además, fue reconocido el régimen federal como el único existente en el país; se permitió a las compañías extranjeras la explotación minera y se construyeron edificios y monumentos públicos. En el aspecto político se hizo frecuente la reelección de los gobernantes, tanto federales como estatales y municipales.

¿Qué sucedió en Veracruz al restaurarse la República? Fue nombrado gobernador interino el general Ignacio L. Alatorre, mientras se convocaban nuevas elecciones. Durante su corto gobierno restableció las juntas llamadas de instrucción pública y abrió en el puerto de Veracruz una escuela nocturna de artesanos.

Poco tiempo después se realizó la elección de los poderes del estado; salió triunfador Francisco Hernández Hernández. Un día antes de que tomara posesión del gobierno, la Legislatura local, por decreto del 30 de noviembre, trasladó los poderes a la ciudad de Veracruz, que así se convirtió en capital del estado.

Al inicio de su mandato, el gobernador Hernández realizó una visita a dos lugares que abarca el estado. Pudo darse cuenta de la verdadera situación de los trabajadores de las fincas, llamados jornaleros, quienes eran vendidos y comprados por los dueños de las haciendas como si fueran animales.

Esta situación le molestó muchísimo. Para acabar con ella, expidió una circular en la cual recordaba las garantías que la Constitución daba a los habitantes de todo el país, e indicaba a los jueces de cada cantón hacer cumplir las leyes y juzgar y encarcelar a quienes no las cumplieran.

Además, Hernández aumentó el número de escuelas de primeras letras para niños y adultos, restableció escuelas para artesanos y apoyó la educación secundaria. Creó centros de este tipo en las ciudades de Veracruz y Córdoba. En la misma ciudad de Veracruz abrió una biblioteca pública y en lugares como Acayucan, Coatepec, Cosamaloapan, Chicontepec, Huatusco, Jalacingo, Minatitlán, Misantla, Orizaba, Tampico, Tantoyuca, Tuxpan, los Tuxtlas y Zongolica, aumentó el número de centros educativos.

Una de sus disposiciones sobre el aspecto educativo fue prohibir la enseñanza de doctrinas religiosas en los establecimientos de educación pagados por el estado o los municipios. Él pensaba que se dedicaba más tiempo a la doctrina que a los acontecimientos de tipo general necesarios para los niños. Hizo hincapié en la libertad absoluta de los cultos señalada por la Constitución.

Según sus palabras, “las ideas religiosas deben inculcarlas los padres a los hijos; pero los maestros de la escuela tienen que limitarse a formar hombres instruidos y útiles a la sociedad”.

También, durante su gobierno, se realizó el primer censo de población, es decir, el recuento de los habitantes de la entidad, que en aquel entonces eran 437 507. Xalapa resultó el cantón más poblado.

En 1871, por decreto del 10 de mayo, los poderes del estado fueron instalados en Orizaba. De allí regresaron a Veracruz, finalmente, el 17 de septiembre fueron trasladados a Xalapa, en donde se quedaron definitivamente.

El advenimiento del porfiriato

En el año de 1871 se convocó a elecciones para presidente de la República. Los candidatos eran Benito Juárez, el xalapeño Sebastián Lerdo de Tejada y el general Porfirio Díaz, quien se había hecho popular por su participación en la batalla de Puebla, contra los franceses, y en la lucha contra los conservadores durante el Imperio.

Juárez salió triunfador para un período más. También en Veracruz se habían realizado elecciones y se había reelegido a Hernández, aunque se opusieron diversos ciudadanos.

Mientras tanto, Porfirio Díaz, sin aceptar su derrota, seguía en su rancho La Noria, cerca de Oaxaca. Preparaba un plan para quitar del poder a Juárez y, después de haber elaborado el llamado Plan de Noria, estalló la rebelión. Díaz encabezó el movimiento; en Veracruz lo apoyaron Tantoyuca, Tuxpan, Alvarado, Zongolica y Sotavento.

Sin embargo, la rebelión fracasó. Poco a poco los rebeldes fueron cambiando su actitud, sobre todo al retirarse el general Díaz de la Sierra de Zongolica y huir del país. Benito Juárez había recibido la ayuda del general Sostenes Rocha, quien se encargó de derrotar a los seguidores de Díaz.

Tres meses después de esta rebelión, la muerte de Juárez vino a cambiar la marcha política del país. Sebastián Lerdo de Tejada gobernó la República Mexicana, como le correspondía ser presidente de la Suprema Corte de Justicia. Con este cambió, el gobernador Hernández, que se había declarado juarista, se vio obligado a abandonar su puesto y entregó el gobierno a Manuel Muñoz Guerra.

En un principio, la popularidad de Lerdo de Tejada al frente del gobierno del país fue grande. Se vivió un breve período de paz y la Legislatura de Veracruz pudo volver a abrir sus sesiones para elegir gobernador. Francisco Landero y Cos tomó posesión del gobierno el 18 de noviembre; encontró al estado en malas condiciones económicas.

Por estos días tuvo lugar un hecho de importancia nacional: la inauguración del Ferrocarril Mexicano, vía Orizaba. Esta línea férreas empezó a construirse en 1824, pero los trabajos se vieron constantemente interrumpidos a causa de varios problemas, entre ellos la invasión de Estados Unidos, cuyos soldados quemaron la madera que sería empleada en los durmientes, además de destruir terraplenes para usarlos como trincheras. No fue sino hasta 1850 cuando se puso en servicio un pequeño tramo de 11 km de longitud, entre el puerto jarocho y la hacienda El Molino.

El notable esfuerzo que realizaron los ingenieros y obreros mexicanos, en la construcción de esta gran vía de comunicación, quedó de manifiesto a lo largo de la ruta, pero sobre todo en el trayecto de las Cumbres de Maltrata. Allí hubo que salvar 723 m de desnivel entre la parte más alta (estación Boca del Monte) y la más baja (Maltrata) en sólo 20 km. Para hacerlo, fue necesario abrir 16 túneles y levantar varios puentes.

El 1° de enero de 1873 se estrenó el ferrocarril; el silbato del tren anunció la salida del presidente Lerdo de México. En este viaje sin atajos iban, entre otras personas, Ignacio Manuel Altamirano, Vicente Riva Palacio, José María Lafragua, José María Iglesias, el ministro de España en México y gran número de civiles y militares.

En todos los puntos por donde pasaba el tren, la gente aplaudía al presidente Lerdo y lo recibía con música y flores. Para celebrar este acontecimiento, en Veracruz se hicieron fiestas populares.

El 7 de enero, el tren ocupado por tan ilustres viajeros regresó a la ciudad de México. El recibimiento fue alegre y entusiasta, animado por quienes retornaban y por las personas que, en gran número, se habían reunido para darles la bienvenida.

Todo parecía tranquilo. Sin embargo, algunos días después, en la Huasteca Veracruzana estalló una sublevación que pedía la vuelta de Hernández al poder. Lugares como Tantoyuca, Tuxpan, Chicontepec, Ozuluama y Coscomatepec se vieron envueltos en saqueos, incendios y muertes.

El gobernador Landero y Cos tuvo que pedir la ayuda del ejército federal, o sea, el del gobierno del país, para acabar con los revoltosos. Así, para el mes de abril se había acabado el movimiento, los principales líderes fueron aprehendidos y encarcelados y se estableció la calma en el estado.

Entre los aspectos positivos del gobierno de Landero y Cos destaca una ley conocida como Ley de Landero, la cual establecía la instrucción primaria gratuita y obligatoria para niños y niñas; el respeto a la libertad que tenían los padres de la familia para educar a sus hijos, de acuerdo con su voluntad y creencias; la división de los establecimientos de enseñanza en públicos, o del estado, y privados; la coordinación y uniformidad en la enseñanza, esto es, que tanto los niños que estudiaron en escuelas de gobierno, como los que lo hicieron en escuelas particulares, debían aprender los mismos conocimientos. Asimismo, la ley proponía la división de la instrucción secundaria en estudios preparatorios generales y especiales, de acuerdo con el plan aprobado por el gobierno.

Es importante hacer notar que, el 22 de noviembre de 1874, quedó abierto al servicio público el tramo ferroviario de Veracruz a Puente Nacional; un mes después, la vía del tren llegó a Rinconada; el 17 de junio de 1875 se inauguró el tramo hasta Xalapa. Lo curioso del asunto es que sólo en una cuarta parte del trayecto, o sea, entre el puerto jarocho y Paso de San Juan, se utilizaba una locomotora de vapor como medio de transporte. El resto del viaje hasta Xalapa, aproximadamente 85 km, era cubierto por un tranvía de tracción animal, de los llamados “de mulitas”. Se considera que este recorrido de 10 horas en tranvía, durante los 18 años de operación, fue el más extenso y el que subía a mayor altitud en el mundo.

Mientras, se acercaba la renovación de poderes del Estado. Fue electo gobernador el cordobés José María Mena.

Orizaba en la poesía

Hay un cerro en Orizaba gigante de la llanura. Cantera, piedra y arcilla que da sombra a Pluviosilla.

La niebla besa tu frente con amor de colegiala: Citlaltépetl de leyenda, lucero de la montaña.

Un río te parte en medio fijando dos verdes gemas; una mira al sol poniente camino de la Alameda; otra ve por la Concordia aleros como pestañas de la novia provinciana que siempre sabe esperar: romance de la ventana, milagro de recordar.

La Cruz de Sorcia se moja de chipi chipi y de cal allá por el tren de mayo que la van a saludar, llevando cohetes y flores de la tierra singular.

Y desde la cruz de fierro en el Cerro del Borrego, me detengo a contemplar, fantasma blanco, la torre de su plaza principal; las calles de cien colores –cien colores de cristal- la iglesia de Dolores y en medio la calle Real.

Hesiquio Aguilar Marañón

5 Porfiriato y Revolución

Veracruz en los inicios del gobierno de Díaz

En 1876 terminó el mandato presidencial de Sebastián Lerdo de Tejada. Porfirio Díaz, que desde hacía mucho ambicionaba el poder, hizo lo imposible por impedir la reelección de Lerdo. El 1° de enero de 1876, el general Fidencio Hernández anunció el Plan de Tuxtepec, que desconocía a Lerdo de Tejada. Díaz asumió la jefatura de la rebelión.

Los acontecimiento de ese año llevaron finalmente al poder a Porfirio Díaz. Así se inició la época llamada porfiriato, que duró 34 años. Tal vez el movimiento armado más importante en ese momento fue la batalla librada en la hacienda de Tecoac.

En nuestro estado, las fuerzas del general Díaz encontraron apoyo en las tierras de Acayucan, Coscomatepec y Xalapa. El puerto de Veracruz fue declarado en estado de sitio el 13 de marzo de 1876. El mando militar y político fue asumido por el general Marcos Carrillo, quien posteriormente ocuparía el cargo de gobernador.

Para entonces nuestro estado ya tenía una población de medio millón de habitantes. El general Luis Mier y Terán, cercano colaborador de Díaz, fue designado gobernador y comandante militar en Veracruz. El 1° de junio de 1877, Mier y Terán fue electo gobernador constitucional, en medio de algunos lerdistas que se produjeron en diversas partes de la entidad.

El general Díaz recomendó a Mier y Terán mucha precaución y especial vigilancia sobre el puerto. Los consideraba foco de conspiración de los lerdistas, por la presencia del coronel Lorenzo Fernández, uno de los últimos en rendirse tras abandonar Lerdo de Tejada la presidencia. El gobernador Mier encarceló e incomunicó arbitrariamente a personas leales a Lerdo.

A mediados de junio de 1879 llegaron a la capital del estado noticias de que en Tlacotalpan la tripulación del vapor “Libertad” se había rebelado, apoyada por la guarnición de Alvarado. Alarmado, Mier y Terán pidió instrucciones al general Díaz, cuya respuesta fue tajante: “Aprehendidos in fraganti, mátalos en caliente.” Mier, sin precisar culpabilidad ni juzgarlos conforme a la ley, dio personalmente la orden de pasar por las armas a nueve sospechosos de conspiración. En la madrugada del 25 de junio, en el cuartel del 23 batallón, la orden fue cumplida. Cuando en el puerto se supo lo ocurrido, la reacción fue de indignación. Un compositor anónimo de aquella época, inspirado en ese suceso, escribió el siguiente corrido:

Señores, voy a contarles

lo que pasó en Veracruz,

el veinticinco de junio

del año setenta y nueve.

La ciudad llamada heroica

vio un atento salvaje,

que es causa hasta del rubor

y ha provocado el coraje.

El general Luis Terán,

con inaudita crueldad,

por complacer a un tirano

ejecutó a unos valientes.

Infame gobernador,

dizque del deber cumplido,

con un corazón de fiera

mostrado en esa ocasión,

no tendrá nunca rival.

Iturarte, Rodríguez, Alba,

Ruvalcaba, Albert y Cueto,

Portilla, Caro y Company,

fueron luego ajusticiados,

murieron con gallardía,

con valor y nombradía.

Su delito fue atacar

a un tirano presidente,

que se mantenía en el puesto

odiado de toda la gente

Transmitióse en telegrama

la sentencia maldecida,

que a esos mártires valientes,

los privara de la vida.

Juvencio Robles decía:

-Esto parece inhumano

que se les forme Consejo,

como a todo mexicano.

Contestó don Luis Terán:

-Es inútil objetar,

que al cabo son malhechores,

los hemos de ajusticiar.

Damos pronto cumplimiento

al mandato del gobierno,

y que a estos desventurados,

se los lleve pronto del cuerno.

Ha ordenado quien lo puede

que se les mate en caliente,

y ésta es la consigna real,

de Porfirio el presidente.

Y sin más vacilación,

se ejecutó la sentencia,

que acabara con la vida

de valientes de conciencia.

Sin permitirles testar,

los sacaron de mañana

del Cuartel de Veracruz,

cuando sonaba la diana.

Murieron como valientes,

sin pedir gracia ninguna,

pues sólo ven que se acaba

su desgraciada fortuna.

Ya con esta me despido,

recemos una oración

que Dios reciba en su seno

y les otorgue el perdón

a los que mueren con honra,

con inaudito valor.

Mientras duró el período gubernamental de Mier y Terán, que terminó el 16 de septiembre de 1880, siguieron apareciendo brotes de insurrección en contra del nuevo régimen. Por ejemplo, en 1878 se sublevó Javier Espinosa, en Tlapacoyan; en 1879 el coronel Manuel Carresa, en Perote, y el teniente coronel José del Río en Cosamaloapan.

Durante los años de 1880 a 1884, Manuel González gobernó al país y propició las continuas reelecciones de Díaz. Así, en el país empezó a reinar la “paz porfiriana”, proclamada por sus beneficiarios.

Tiempos de “orden y progreso”

Trataremos de conocer, aunque sea rápidamente, los cambios introducidos por Porfirio Díaz en nuestro país y qué fue lo que pasaba, mientras tanto, en nuestro estado.

En primer lugar, Díaz quiso modernizar a México, es decir, buscó la creación de industrias modernas, vías de comunicación y muchas otras cosas que representaban un indiscutible avance.

Pero, ¿de qué manera se hacía todo esto? Se alentaba la inversión extranjera en el país con el fin de crear fábricas y caminos, así como de extraer petróleo. También era necesario conseguir dinero, créditos bancarios de Europa y Estados Unidos de América, con el fin de cambiar la imagen, toda vía colonial, de México. De ese modo las industrias se crearon, pero casi todas pertenecían a los extranjeros. Mientras tanto, a los indígenas, el núcleo principal de nuestro país, se les veía con desprecio, como un obstáculo para el progreso, y no se representaban para nada sus costumbres y maneras de ser.

La población Mexicana representaba, para las nuevas industrias, una mano de obra barata. Además, Porfirio Díaz, organizó de tal manera su gobierno que el pueblo siempre salía perjudicado; en cambio, dio privilegios al clero y al ejército, para que lo apoyaran. En la agricultura favoreció el latifundio y los campesinos se veían obligados a trabajar de peones en las haciendas grandes.

Los gobernadores veracruzanos, como el general Luis Mier y Terán, Apolinar Castillo, el general Juan de la Luz Enríquez, Leandro M. Alcolea y Teodoro A. Dehesa, apoyaron en general la política del dictador.

A pesar de la rápida modernización y la creación de industrias, el sustento de los veracruzanos siguió dependiendo de la siembra de maíz, frijol y otros productos propios del clima y las regiones de la entidad. Las tierras de cultivo eran casi en su totalidad de temporal; el riego se hacía sólo en algunas localidades, como Zempoala, y con base en uno que otro canal de mampostería.

La labranza se efectuaba con el arado de madera, instrumento cotidiano en las faenas de las haciendas veracruzanas, así como en los ranchos y parcelas de los pequeños propietarios. A pesar de todo, las tierras de Veracruz rendían buenas cosechas, gracias a su alto grado de humedad.

La creación de latifundios aumentó la angustia de muchos veracruzanos del campo. Esta se apoyaba en las leyes de colonización y deslinde. Como muchos campesinos carecían de la documentación exigida y no cumplían con todos los requisitos señalados, les quitaban sus tierras. Por esta razón, de vez en cuando surgían sublevaciones campesinas, como las de Papantla en 1891 y 1896.

Mientras los campesinos mexicanos sufrían la pérdida de sus tierras, el gobierno de Díaz promovía la colonización europea.

En Veracruz, el gobernador Apolinar Castillo expidió, en 1822, un decreto que favorecía a las colonias extranjeras; alentaba así a los hacendados para que las apoyaran. Además, los colonos gozarían durante cinco años de la exención de contribuciones municipales y del pago de derechos por la entrada de instrumentos de trabajo.

El 19 de octubre de 1881 llegaron a Veracruz 430 colonos italianos, originarios de Véneto, Tirol y Lombardía. Poco después, el 24 de febrero de 1882, desembarcaron 300 familias más. De las seis colonias en las que se les distribuyó, la de mayor éxito fue la fundada en el municipio de Zentla, colindante con Huatusco, bautizada con el nombre de Manuel González, en honor del mandatario mexicano. El buen resultado de la colonia Manuel González alentó a otro grupo de familias italianas para poblar, entre 1884 y 1888, el territorio de Cabezas, llamado más tarde Gutiérrez Zamora.

Veracruz, antes fundamentalmente rural, se había transformado. Aparecieron indicios y señales de vida urbana; crecieron sus ciudades, aunque sin llegar a tener población muy numerosa. Aparte de Xalapa y Veracruz, sobresalieron Orizaba, Córdoba, Coatzacoalcos, San Andrés Tuxtla, Cosamaloapan, Gutiérrez Zamora y Tuxpan.

Funcionaban despepitadoras de algodón en Medellín, Tlalixcoyan, Cosamaloapan, Tlacotalpan, Santiago Tuxtla, San Andrés Tuxtla y San Juan Evangelista; fábricas de azúcar en Chicontepec, Tuxpan, Coatepec, Atzacan, Nogales, Orizaba, Zongolica, Córdoba, Boca del Río, Cosamaloapan y San Andrés Tuxtla; aserraderos de madera en Tuxpan, Gutiérrez Zamora, Nogales y Tlacotalpan; fábricas de hilados y tejidos en Santa Rosa, Nogales, Río Blanco, Cerritos, Santa Gertrudis, Cocolapan, Mirafuentes y San Lorenzo, así como las de San Bruno, La Propiedad, La Fama y El Dique en Xalapa; la Purísima en Coatepec y la Claudina en Perote. Había un molino de harina en Nogales y una fábrica de papel y varias fábricas de aguardiente, puros y cigarros en Orizaba.

Para 1882 existían 192 fábricas de aguardiente, 25 de azúcar, 58 de materiales para construcción, ocho despepitadoras de algodón, cuatro beneficiadoras de café, 10 fábricas de hilados y tejidos, 13 de jabón, 21 de puros y cigarros y siete molinos de harina. En el año de 1896 se fundó en Orizaba una cervecería.

El impulso dado a la industria durante el porfiriato fue indiscutible. La entidad veracruzana cobraba importancia en la joven industria nacional y comenzaba a ocupar un primer lugar en la molienda de la caña de azúcar, para crear la industria azucarera, en vez de los primitivos trapiches. La industria del café, con sus instalaciones de asoleaderos, despulpadoras, lavadoras, secadoras, tostadores y molinos, en los llamados beneficios, era ya de gran importancia tecnológica.

El algodón era la materia prima que, en las fábricas de hilados y tejidos mencionadas, daba gran importancia a la industria textil veracruzana. Asimismo, tenían mucha importancia las industrias menores, como la cervecera, la tabacalera, la del aguardiente y la de materiales de construcción. Ferias y exposiciones, como la de Orizaba en 1881, servían para dar a conocer estos productos veracruzanos.

Se fomentó también la ampliación de los ferrocarriles. En 1878 se inauguró el ferrocarril Xalapa-Coatepec. Con 12 km de longitud y tracción animal; en 1880 se empezó a construir el Ferrocarril Nacional de Tehuantepec, entre Puerto México, hoy Coatzacoalcos, y Salina Cruz, Oaxaca.

La línea del Ferrocarril Mexicano, de San Luis Potosí a Tampico, Tamaulipas, se terminó en 1890. Esta recorría el estado de Veracruz entre las estaciones ferroviarias de Empalme y Tamós, con una longitud de 43 kilómetros.

El 1° de abril de 1891 fue inaugurado el Ferrocarril Interoceánico, que iba de la ciudad de México hasta el puerto de Veracruz, pasando por Puebla, Perote, Xalapa y Paso de San Juan. Tenía 547 kilómetros.

El ferrocarril de Esperanza (Puebla) a Xúchil (Veracruz era principalmente maderero; usaba tracción animal y a vapor. Se terminó de construir en 1895 y dejó de funcionar en 1933. El ferrocarril de San Juan Evangelista a Juile se terminó en 1896; el de Veracruz al Istmo se inició al mismo tiempo que las obras ferroviarias de Córdoba y se concluyó en 1903. Las nuevas líneas ferroviarias iban de Veracruz a Tierra Blanca y Santa Lucrecia (Jesús Carranza), con 330 km, y Córdoba-Tierra Blanca, con 92.

El ferrocarril de Xalapa a las Puentes se terminó en 1897; usaba locomotoras a vapor y la vía tenía una longitud de 21 km. El ferrocarril Xalapa-Teocelo, conocido como “El Piojito”, tenía una longitud de 31 kilómetros; se inauguró el 1° de mayo de 1898. Usaba locomotoras a vapor y las autovías iniciaron un servicio de pasajeros el 4 de julio de 1926.

El ferrocarril de Huatusco, llamado “Huatusquito”, con una extensión aproximada de 50 km, pasaba por el puente de Tomatlán, que tenía 65.58 m de altura.

Debido a la gran capacidad de carga del ferrocarril, se construyeron vías hasta cierto punto particulares. Las antiguas compañías petroleras, por ejemplo, varios ingenios y haciendas tuvieron durante el porfiriato, y tienen aún, vías férreas.

Los inversionistas ingleses y norteamericanos lucharon por la explotación del petróleo en nuestro estado. Edward Doheny explotó los primeros yacimientos descubiertos al sur de Tamaulipas y norte de Veracruz, para provecho exclusivo de la Mexican Petroleum Company (Compañía Petrolera Mexicana), consorcio norteamericano por él representado.

A su vez, empresarios británicos, con la ayuda de algunos parientes cercanos de Díaz, fundaron la Compañía Mexicana El Águila, de la cual fue creador el inglés Weetman Pearson. Estas dos compañías fueron las que localizaron importantes mantos petroleros en la Huasteca Veracruzana. Pronto adquirieron fama los de Cerro Azul, Juan Casiano, Naranjos, Alamo, Zacamixtla, Potrero del Llano, San Sebastián, Tanguijo, Chichoncillo, Juan Felipe y otros, que integraban la llamada Faja de Oro. Esta abarcaba desde Tuxpan hasta la Laguna de Tamiahua por el este; parte de la sierra de Otontepec y de los municipios de Ozuluama al norte, y Chicontepec por el oeste.

Por su puesto, todos estos progresos en las industrias de transformación y la extracción de petróleo, fueron importantes.

Precisamente en la industria petrolera y la de transformación se daban las más grandes injusticias económicas y sociales. Los trabajadores veracruzanos, campesinos en su mayoría, eran explotados mediante jornadas extenuantes y salarios raquíticos. Las autoridades porfirianas nada hacían por evitarlo; al contrario, a menudo los funcionarios se oponían al servicio de los empresarios, sobre todo cuando éstos últimos eran extranjeros. Así, a los centros fabriles y los campos petroleros casi no llegaban las ideas que pregonaban cambios en la sociedad y la política porfirianas.

Reforma en la educación

Durante el porfiriato nuestro estado fue escenario de grandes reformas educativas, que tuvieron importancia para todo el país.

Con el gobierno de Lerdo de Tejada se realizaron en Veracruz significativos cambios en la educación, para hacerla más efectiva y moderna. Por ejemplo, en 1874 la educación primaria se dividió en dos niveles: la primaria elemental y la superior. La última tenía por objeto perfeccionar los estudios de la elemental y permitir el acceso a la enseñanza preparatoria.

En 1873, cuando el educador alemán Enrique Laubscher enseñaba con nuevos métodos en una escuela primaria de Alvarado, Francisco de Landero y Cos, gobernador del estado, convocó al Primer Congreso Pedagógico realizado en Veracruz. Para hacerlo fue asesorado por José María Mena, fundador de la Escuela Preparatoria de Córdoba. Uno de los propósitos fundamentales del citado congreso fue organizar la educación veracruzana.

Los nuevos sistemas de enseñanza llegados desde Europa, fueron conocidos y difundidos por Carlos A. Carrillo, maestro cordobés entregado plenamente a la enseñanza.

En 1883, siendo gobernador del estado Apolinar Castillo, se abrió en Orizaba la Escuela Primaria Modelo, que funcionó hasta 1887 bajo la dirección de Laubscher, quien desde años antes proponía una enseñanza objetiva y aplicada radicalmente. En los puertos de Veracruz y Alvarado estableció métodos de trabajo escolar; su nuevo programa incluía, entre otras materias, el estudio de las ciencias naturales y los idiomas.

La importancia del plantel fue debida, principalmente, a los nuevos procedimientos que se utilizaron y que trascendieron más allá del estado de Veracruz.

El profesor Abraham Castellanos, al referirse al plan de estudios y programa del plantel Modelo nos informa:

“El programa de estudios se desarrolló con las materias siguientes: moral, español, aritmética, geometría, dibujo, geografía, historia, ciencias naturales, física, francés, inglés, música vocal y gimnasia. Todo en cinco años (…) el aprendizaje del idioma español empieza con los ejercicios de la enseñanza objetiva, teniendo por mira el dar a conocer al niño las cosas y acciones del medio más próximo que le rodea; coordinar, corregir y aumentar sus ideas y pensamientos, excitando su atención y procurando cultivar su lenguaje. El material para esta enseñanza nos lo ofrece la misma escuela, la casa paterna, la población y sus alrededores, el jardín, el campo, el bosque, etc.”

En 1889 la Escuela Modelo se convirtió en escuela cantonal, con el nombre de Ignacio de la Llave.

La Escuela Modelo tuvo entre sus profesores a Emilio Bravo, Manuel M. Oropeza, Julio Millán Mendoza y Leandro Bravo. Entre sus alumnos podemos mencionar a Melitón Guzmán Romero, Rafael Labardini y Arnulfo. Rébsamen dejaría profunda huella en la educación normal de México.

El 15 de agosto de 1885 se iniciaron los cursos especiales en la Academia Normal de Orizaba, que funcionó en el edificio de la Escuela Modelo, con un maestro representante de cada cantón que al mismo tiempo aprendía las técnicas de enseñanza. El programa de estudios se dividió en dos partes: una práctica y otras teórica. La primera estuvo a cargo de Laubscher y la segunda de Rébsamen.

Dado el óptimo resultado de la academia normalista, logrado a través de escuelas cantonales, se creó la Escuela Normal Veracruzana, con sede en la ciudad de Xalapa.

En 1886 se inauguraron los cursos en las aulas normalistas ubicadas en el convento de San Ignacio, bajo la dirección de Rébsamen. Este centro educativo adquirió prestigio y se encargó de formar a los maestros.

A pesar del indiscutible éxito de los nuevos métodos en la educación, el nivel de escolaridad en el estado dependía, en gran medida, del nivel socioeconómico de la población y las posibilidades de acceso a la escuela para las clases humildes. De hecho, sólo los hijos de las familias más o menos acomodadas tenían oportunidad de estudiar; por eso, en 1896 sólo sabía leer el 12% de la población y en 1910 el 16.42 por ciento.

Aún así, conviene destacar el papel de nuestro estado como centro que irradiaba, a nivel nacional, los métodos para reformar la educación de aquellos tiempos.

Primeros brotes de rebelión

A pesar de los indudables avances en la modernización del país durante el porfiriato, la situación de los trabajadores, tanto en nuestro estado como en toda la República, seguía siendo difícil.

Gracias a la actuación del gobierno porfirista, el capital extranjero dominaba los sectores más importantes de la economía nacional: transportes, comunicaciones, energéticos, minería, bancos e industria. México pasó a ser no sólo fuente de materias primas y mano de obra barata para los países industrializados, sino también un mercado para sus productos.

Respecto a la libertad política, se castigaba la oposición o divergencia en el régimen de Porfirio Díaz. Todo movimiento encaminado a mejorar las condiciones mencionadas era duramente reprimido.

Los descontentos que se originaban en los campos petroleros y las fábricas, también se dieron en el campo. Ya hemos hablado de los latifundios, creados por el despojo a los campesinos, quienes pasaron a ser peones sin propiedad y duramente explotados.

Fue inevitable que la clase desposeída protestara. Surgieron movimientos políticos que apoyaron las demandas populares. La crítica más severa provino del grupo que organizaron los hermanos Flores Magón, hacia el año 1900, en San Luis Potosí. Sus seguidores aparecieron en varios puntos del país. El magonismo conformó una corriente política, un partido –el Partido Liberal- y un periódico: Regeneración.

Esta corriente fue la más radical en la apreciación de los anhelos inmediatos del pueblo, que desembocarían en la Revolución de 1910. Antes que Francisco I. Madero, fueron los hermanos Flores Magón –Ricardo y Enrique- quienes levantaron la bandera del antirreeleccionismo. A la luz de las ideas magonistas y a través de la Junta Organizadora del Partido Liberal, se prepararon las luchas obreras de Cananea, Río Blanco, Orizaba y Puebla.

Por supuesto, las ideas magonistas llegaron también a nuestro estado. En el puerto de Veracruz, Teodoro Hernández y Santiago de la Hoz fundaron el Club Liberal Sebastián Lerdo de Tejada. Luego hubo muchos otros: Vicente Reyes Torres y José Trinidad Pérez, por ejemplo, crearon el llamado Club de Señoras y Señoritas Discípulas de Benito Juárez. Todos ellos expresaron su sentir en las páginas del periódico La Voz de Lerdo. También en Orizaba, Córdoba, Atoyac y Xalapa nacían grupos orientados por los magonistas, que reclamaban un régimen más justo.

A mediados de 1906, en la zona de Acayucan y Minatitlán el magonismo había encontrado eco entre los indígenas popolacas de la Sierra de Soteapan, quienes habían sido despojados de sus tierras por los herederos de Manuel Romero Rubio, suegro de Porfirio Díaz. Hilario C. Salas y Cándido Donato Padua fueron los encargados de formar el Club Vicente Guerrero, en Chinameca, y el Club Valentín Gómez Farías en Puerto México, hoy Coatzacoalcos.

Acompañados por sus seguidores, recorrieron las poblaciones de Jáltipan, Mizapan, Pajapan, Tatahuicapan y San Pedro Soteapan, para afiliar al Partido Liberal a los descontentos campesinos de la sierra. También trabajaron con artesanos, pequeños comerciantes, empleados y obreros de los talleres del ferrocarril.

Reforzados por estos grupos de la población, los clubes liberales pudieron actuar en la región istmeña y dieron a conocer las consignas de la Junta Organizadora del Partido Liberal. El programa de este partido, proclamado en julio de 1906, invitaba abiertamente a los inconformes a levantarse en armas.

Los magonistas del sureste de Veracruz iniciaron la insurrección a fines de septiembre. Dividieron sus fuerzas en tres grupos: el primero atacaría la ciudad de Acayucan, llevando al frente a Hilario C. Salas; el segundo, bajo el mando de Enrique Novoa, caería sobre Minatitlán; el tercero, a las órdenes de los hermanos Alfonso y Ramón Marín, tomaría Puerto México (Coatzacoalcos)

En la refriega con los porfiristas de Acayucan, Salas resultó herido; sus tropas se desmoralizaron y se retiraron del combate. Enrique Novoa, al descubrir que las autoridades cantonales estaban ya preparadas para rechazar el ataque, dio orden de posponer el asalto; en vista de ello, los de Minatitlán se dispersaron. El tercer grupo no corrió mejor suerte, ya que no logró ponerse de acuerdo con los jefes; por ello hubieron de dispersarse sin lograr su objetivo. Así, todo el movimiento rebelde resultó fallido y sus integrantes sufrieron largo cautiverio en San Juan de Ulúa.

No obstante, la oposición al orden existente continuaría.

Los centros fabriles fueron, por lo regular, núcleos de organización obrera. Sus exigencias eran: mayor jornal, menos horas de trabajo y mejor reglamentación de sus condiciones laborales. La huelga hizo su aparición como arma de lucha; una de las primeras fue realizada por los obreros tabacaleros de la fábrica “El Valle Nacional”, quienes protestaban por los bajos salarios y el reglamento existente. A través de la Gran Liga de Torcedores de Tabaco, recién creada en aquellos días, exigieron un aumento de sueldo del 20% y obtuvieron un triunfo rotundo.

La huelga de Río Blanco

El movimiento obrero se extendió por todo nuestro estado. En 1906 los trabajadores textiles del valle de Orizaba, obreros de las fábricas de Cerritos, Mirafuentes, San Lorenzo, Río Blanco y Cocolapan, crearon sociedades mutualistas de ahorro y círculos de obreros libres. Entre ellos era difundida la propaganda revolucionaria del Partido Liberal, a través del periódico agonista Regeneración. El Gran Círculo de Obreros Libres creó sucursales en toda esta área; una de las primeras fue la de Santa Rosa, formada por los dirigentes Rafael Moreno y Manuel Juárez.

El círculo había establecido relaciones fraternales y de camaradería con los trabajadores de las fábricas de Puebla, Tlaxcala y Tlalpan. A Río Blanco llegó un activista prominente de otros grupos sindicales, el obrero José Neyra Gómez, hábil tejedor y periodista que impulsó la formación del Gran Círculo de Obreros Libres, cuyo objetivo principal fue luchar contra el gobierno de Porfirio Díaz y el capitalismo. Un editorial de la Revolución Social concluía con estas palabras: “Unámonos para que podamos hacer frente al burgués que nos explota y al tirano que nos vende (…) Guerra a muerte a la tiranía; sí, hermanos, para ello estamos saltando a la arena (…)”

Los propietarios de las fábricas, atemorizados, se organizaron en el Centro Industrial Mexicano. Respaldados por los gobiernos federal y estatal decidieron reducir los salarios, con el pretexto de un cambio en el precio de algodón. Además, impusieron un reglamento único que regiría en las fábricas de Puebla y Tlaxcala.

El reglamento atentaba contra los derechos de los trabajadores; por tal motivo, el Gran Círculo de Obreros Libres expresó su descontento. Después de prolongadas y estériles pláticas con los patrones, se planteó la huelga que inició simultáneamente en las fábricas de Orizaba, Puebla y Tlaxcala, el 4 de diciembre de 1906.

Durante semanas, el pueblo de Orizaba mantuvo su solidaridad económica y moral con los huelguistas, pero el conflicto tuvo un desenlace funesto. Porfirio Díaz fue llamado a mediar y con su fallo, emitido el 5 de enero de 1907, dio un golpe a las esperanzas de los obreros: tendrían que volver al trabajo sujetos a los mismos reglamentos y a la misma paga. Además, hubo control sobre sus periódicos, para evitar la propagación de “ideas extraviadas”. El artículo 9 comprometía a los obreros a no promover huelga alguna.

La reacción de los obreros fue la violencia: el lunes 7 de enero, en Río Blanco, los obreros acudieron a las puertas de la fábrica. Un grupo de mujeres, encabezadas por Lucrecia Toriz, margarita Martínez y Filomena Pliego, exhortaron a un pueblo para que, por la fuerza, tomaran las provisiones que se les habían negado en la tienda de raya. El cataclismo se inició: la muchedumbre saqueó la tienda del francés Víctor Garcín y le prendió fuego. En el enfrentamiento con los empleados cayeron víctimas algunos operarios.

La violencia se extendió a Nogales y Santa Rosa. Las tiendas allí establecidas fueron arrasadas por los obreros en busca de justicia, pero la represión no se hizo esperar: el jefe político de Orizaba, Carlos Herrera, trajo a la policía, la cual fue recibida a pedradas por la multitud de Río Blanco. Los empleados de la fábrica, entre ellos un buen número de franceses, se pusieron del lado de los gendarmes y enarbolaron la bandera de Francia. Algunos obreros exhibieron la de México y se hizo más tensa la situación.

Herrera llamó al coronel José María Villarreal, comandante del 130 Batallón de Orizaba, el cual movilizó rápidamente a la tropa, que tendió una línea frente a la masa trabajadora. Dio la orden de fuego; el resultado fue un considerable número de muertos y heridos. Se produjo pánico entre los obreros, quienes buscaron refugio en las calles laterales o huyeron hacia Nogales, perseguidos por la policía y el ejército.

Desde México saldría el general Rosalino Martínez, subsecretario de Guerra, para llegar a Santa Rosa en la madrugada del día siguiente y poner en estado de sitio a la región. Por órdenes de Díaz, mandó fusilar a algunos de los aprehendidos y a 500 de ellos los encarceló en Orizaba; más tarde los envió a Quintana Roo. El presidente del Círculo de Obreros Libres de Santa Rosa, Rafael Moreno, y el secretario, Manuel Juárez, fueron asesinados y varias mujeres fueron detenidas y encarceladas en la casa de corrección, entre ellas Lucrecia Toriz, Margarita Martínez y Filomena Pliego. No hay cifras oficiales, pero se cree que murieron entre 200 y 300 personas.

Los periodistas José Neyra, Justino Fernández, Juan Olivares y Paulino Martínez (una calle de la ciudad de Xalapa lleva su nombre) sufrieron las consecuencias de la huelga. Los dos primeros fueron encarcelados; Olivares fue perseguido durante muchos días, pero logró escapar; Martínez perdió la razón en los cuarteles de la policía.

Las medidas se hicieron mas duras en la región: una fuerza pública de 800 hombres acampó en los terrenos de la compañía y fue nombrado un nuevo jefe político, Miguel Gómez, bien conocido por su crueldad durante la huelga de garroteros y fogoneros del Ferrocarril Mexicano. Gómez quedó con todas las facultades para reprimir cualquier asomo de insurrección.

Con esta represión, el gobierno de Díaz quería poner un escarmiento a toda voz o actitud de rebeldía.

La Revolución llega a Veracruz

Conozcamos ahora como se desarrollaron los acontecimientos revolucionarios en nuestro estado.

Rodríguez Palafox, personaje originario de San Juan Evangelista, hoy Villa Santana Rodríguez, personificó toda una leyenda que lo representa como combatiente contra las injusticias de los hacendados, así como de las fuerzas policíacas y militares del porfiriato.

En 1908 la fama de Santanón, apodado así por su imponente figura y la de su grupo, corrió por toda la costa de Sotavento. Desde la ciudad de México se emprendió una campaña periodística, afirmando que se preparaba otro levantamiento y presionando al gobernador Dehesa para que lo evitara.

La fama de Rodríguez Palafox se acrecentó cuando el poeta veracruzano Salvador Díaz Mirón, amigo del gobernante, se ofreció públicamente para lograr sy captura. Sin embargo, no la logró.

Rodríguez Palafox y su gente se incorporaron a las filas magonistas. Hilario C. Salas, participante del levantamiento de 1906, hizo alianza con los seguidores de Rodríguez Palafox y ofreció a éste el grado de comandante militar y un nombramiento que lo acreditaba como delegado especial de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano. Los rebeldes de Acayucan los acogieron calurosamente.

De este modo, Rodríguez Palafox inició la lucha revolucionaria. Enarboló el programa político de Ricardo Flores Magón, el más avanzado en aquellos años, e intensificó sus operaciones. Buscó fondos para la causa agonista; atacó haciendas, como la de San Carlos, situada cerca del Valle Nacional, Oaxaca, con el propósito de rescatar a los indígenas yaquis ahí confinados. En esas actividades encontraría la muerte en 1910, en las cercanías de Acayucan.

A raíz de la convocatoria para las elecciones de 1910, Díaz declaró en 1908, ante la prensa extranjera, que él ya no representaría su candidatura para una nueva reelección, pues el país había madurado políticamente. Incluso propuso la formación de nuevos partidos políticos.

Así, Francisco I, Madero lanzó, en 1909, su candidatura a la presidencia. Visitó las más importantes ciudades del país para recoger el voto y en 1910 recorrió Veracruz, Córdoba, Fortín, Atoyac, Veracruz y Xalapa.

José Mancisidor, eminente escritor veracruzano, recuerda así la llegada de Madero a Veracruz. El relato se presenta desde el punto de vista de un adolescente.

Madero

Madero llegó a la ciudad, en medio de un júbilo popular desbordante, una cálida noche de verano. El tren en que viajaba entró en la estación y la muchedumbre lo aclamó frenéticamente.

Madero apareció en la plataforma trasera del carro salón, con su rostro morisco iluminado por una plácida sonrisa. La multitud estalló en un alarido sobrehumano. Lo saludaron los directores de los partidos políticos de la ciudad, y enseguida Madero descendió del tren.

La multitud lo rodeó y se puso en marcha. Yo fui arrollado, levantado en vilo e impotente para resistir me dejé arrastrar por aquella enloquecida corriente humana a la que nada, ni nadie, podría detener. Millares y millares de gargantas enronquecidas gritaban a coro: “¡Madero! ¡Madero!” Y Madero se convertía, por la impecable decisión multitudinaria, en una esperanza.

La llegada al hotel fue un tumulto. Yo, sofocado por la muchedumbre, detuve el tranvía eléctrico que pugnaba por pasar. Mi gesto fue secundado por otros muchachos y el tranvía quedó detenido, a media calle, hasta que Madero salió al balcón y, abriendo sus brazos sin decir palabra, nos pidió dejáramos la vía libre.

Madero, afirmaban, era chaparro; pero yo lo vi grande, gigantesco, arriba en el balcón y muy cerca del cielo de la noche. A su lado distinguí a Néstor y otros tipos conocidos que reían y gesticulaban sin cesar. Entonces se hizo un silencio absoluto y Madero habló del sufragio efectivo, de la no reelección, del despertar del pueblo mexicano en el cual él tenía fe y en la necesidad de arrojar del poder al dictador, sin salirse de la ley.

La multitud parecía paralizada oyendo a ese pequeño gran hombre que no decía nada del otro mundo, pero que ofrecía al pueblo encadenado libertad.

Madero continuó su recorrido por otros estados, pero en Monterrey fue aprehendido y enviado a la cárcel de San Luis Potosí; luego escapó para proclamar, desde Estados Unidos, el Plan de San Luis, que el 20 de noviembre abriría una nueva etapa en la historia de México y de nuestro estado. Las poblaciones de Orizaba, Río Blanco, Paso del Macho y Córdoba respondieron al llamado de la Revolución y se solidarizaron con Madero y el Plan de San Luis.

En 1910 y 1911 se dio un intenso movimiento en nuestro estado en pro de la causa maderista; hubo muchos enfrentamientos con el ejército de Díaz. Entre los maderistas de aquella época destacaron: Cándido Aguilar, Camerino Z. Mendoza, Gabriel Gavira, Amador Salazar, Heriberto Jara y otros.

Por el rumbo de Misantla se alzó Marcelino Murrieta, mientras Rafael Tapia se apoderaba de Orizaba. Xalapa fue atacada por los revolucionarios Manuel F. López y Ricardo Hernández del Moral. En el sur veracruzano, Manuel Paredes y Pedro Carvajal amenazaron Acayucan; lo mismo hizo Ricardo López en Tierra Blanca y Santa Cruz en Cosamaloapan. Alberto Hernández incursionó en Chicontepec.

Ante los triunfos maderistas conseguidos por Francisco Villa, Pascual Orozco y Abraham González, en el norte del país, Díaz Tuvo que ceder. De acuerdo con los convenios de Ciudad Juárez, el 25 de mayo de 1911 renunció definitivamente a la presidencia.

Tocó al puerto de Veracruz ser testigo presencial del fin del porfiriato. El ex presidente, escoltado por el general Victoriano Huerta, llegó de la ciudad de México rumbo al exilio. Lo acompañaban familiares y amigos al abordar el vapor Ipiranga, que lo conduciría a Europa.

Las tropas revolucionarias, comandadas por Gabriel Gavira y Cándido Aguilar, entraron en Xalapa a los pocos días de la salida de Díaz. Teodoro A. Dehesa, tras 18 años de gobierno estatal, renunció el 20 de junio de 1911; un día después, el centro de la ciudad se conmovió con el choque entre los maderistas y los federales acuartelados en el palacio de gobierno.

La situación de nuestro estado se complicó. En medio de las luchas políticas, la tierra veracruzana fue víctima de bandoleros que actuaban impunemente, robaban pueblos, asaltaban trenes y cometían toda clase de atropellos.

La situación era incierta; en suelo veracruzano ocurrió la rebelión de Félix Díaz. Este personaje, sobrino del general Díaz, vivía en Veracruz. Los antiguos porfiristas veracruzanos, que repudiaban las reformas maderistas, le manifestaron simpatía y lo animaban a levantarse en armas. En octubre de 1912 lanzó la proclama desde este puerto: ponía plazo al gobierno de Madero y llamaba a la armada y al ejército nacional a seguirlo en sus aspiraciones. Solamente el coronel José Díaz Ordaz, de Orizaba, se dirigió a Veracruz a apoyar la insurrección, que sucumbió por falta de apoyo.

El comodoro Manuel Azueta se mantuvo fiel al gobierno y lo mismo hizo el general José María Hernández, comandante de la plaza. Félix Díaz fue sitiado por las fuerzas del general Joaquín Beltrán, quien lo hizo prisionero; fue internado en el Castillo de San Juan de Ulúa y juzgado por un consejo militar, que lo condenó a la pena capital. Madero le perdonó la vida y lo condujo a la ciudad de México en calidad de prisionero.

El eco que tuvo la fracasada rebelión de Veracruz en contra del gobierno de Madero fue grande. Félix Díaz simbolizaba toda una época que sus beneficiarios se negaban a enterrar.

El gobierno de Madero, como ya sabemos, fue derrocado por Victoriano Huerta, con la participación activa de la embajada norteamericana, en febrero de 1913.

Tras la caída de Madero, en la entidad veracruzana se interrumpió la marcha legal del gobierno encabezado por el xalapeño Antonio Pérez Rivera, quien había tomado posesión en 1912. A causa de su origen maderista, el gobernador Pérez Rivera fue obligado a pedir licencia. Su espíritu innovador le había impulsado a recorrer algunos cantones para conocer sus necesidades y buscarles solución. Había creado también la Dirección General de Instrucción Pública, que encargó al profesor huasteco Graciano Valenzuela, seguidor de Rébsamen.

Durante la dictadura huertista muchos revolucionarios de nuestro estado tuvieron que volver a las montañas y cañadas, para salvarse de la persecución o perecieron en combate, como los generales Rafael Tapia y Camerino Z. Mendoza, cuyo nombre lleva una de las ciudades de nuestro estado.

La etapa constitucionalista

La noticia del asesinato de Madera provocó la indignación general. En Coahuila, el gobernador Venustiano Carranza proclamó el Plan de Guadalupe y organizó el ejercito constitucionalista. La mayor parte del país se adhirió al nuevo movimiento revolucionario. La tierra veracruzana aportó valiosos contingentes que engrosaron las filas del constitucionalismo: obreros, campesinos y empleados de ciudades se dieron de alta. Jóvenes, varios de ellos estudiantes, como los hermanos Anselmo, Raymundo y José Mancisidor, del puerto de Veracruz, y varios profesores egresados de la Escuela Normal de Xalapa, que prestaban sus servicios en las escuelas cantonales, se sumaron a la lucha.

El general Cándido Aguilar, perseguido durante el huertismo, regresó al país para apoyar la Revolución en la costa del Golfo de México. Formó la primera División de Oriente del ejército constitucionalista. Heriberto Jara, su antiguo compañero de armas, y Adalberto Tejeda participaron con él en la lucha revolucionaria. Las fuerzas de Aguilar tomaron Ozuluama y Tantoyuca, asaltaron Tamiahua y Tuxpan e integraron la zona petrolera de nuestro estado al movimiento constitucionalista.

Mientras tanto, en el sur lucharon por la causa popular antiguos magonistas dirigidos por Hilario C. Salas, quienes habían publicado, el 7 de junio de 1913, el Manifiesto del Volcán –el de San Martín, en los Tuxtlas- contra el régimen huertista. Entre los firmantes del manifiesto destacaron, además de Salas, Miguel Alemán, Teodoro Constantino Gilbert, José Jáuregui, Marcelino Absalón Pérez y otros más.

Los huertistas intentaron detener la Revolución con la ayuda de los “cuerpos de voluntarios”, que se formaban con soldados reclutados a la fuerza, a los cuales se impartía instrucción militar en las principales ciudades del estado, pero todo fue inútil. En julio de 1913, los constitucionalistas se apoderaron de Papantla y varios puntos de la Huasteca.

En Misantla se levantó en armas Bernardino Prieto. Los rebeldes de Pedro Fentanes actuaron por el rumbo de Otatitlán y se supo de zapatistas por las cercanías de Córdoba. La famosa División de Oriente, al mando del general Cándido Aguilar, obtuvo numerosos triunfos. A principios de 1914, el tlacotalpeño Juan Malpica Silva, duelo y directos de El Dictamen, del puerto de Veracruz, se atrevió a pedir la renuncia de Huerta. Este, inmediatamente, ordenó la clausura del periódico y al periodista se le confinó en la prisión de San Juan de Ulúa.

El movimiento rebelde se volvió incontenible en todo el país. La poderosa división del Norte, al mando de Francisco Villa, asestó golpes mortales a los huertistas y el Ejército del Noroeste actuó triunfante bajo el mando del general Álvaro Obregón. Vale decir que la División de Oriente, compuesta por los hombres de Cándido Aguilar, dependía del Cuerpo del Ejército del Noroeste. La Revolución triunfaba en todas partes.

Desde hacía tiempo Estados Unidos buscaba pretextos para intervenir militarmente en México, pues temían que el proceso revolucionario afectara sus intereses económicos. Por fin, ese pretexto fue hallado.

Aquí al escritor veracruzano Roberto Williams García platica cómo el puerto de Veracruz resistió la intervención:

Cuatro veces heroica

La guerra civil ensangrentaba los campos. Por la costa merodeaban barcos americanos. Buscaban un pretexto para intervenir. Lo encontraron en Tampico, cuando unos marinos desembarcaron de modo irregular. Las disculpas del gobierno usurparon de Huerta no satisfacieron al gobierno de los Estados Unidos, el cual demandaba honores para su bandera. No se rindieron.

Cuarenta y cuatro barcos de guerra llegaron al puerto el 21 de abril. Año de 1914. A las once de la mañana las tropas desembarcaron, apoyadas por el bombardeo, mientras las fuerzas huertistas evacuaban la plaza. El pueblo tomó la defensa.

Afuera de la Escuela Naval, José Azueta, en reto al coloso, manejó la ametralladora cara al mar. Moribundo lo condujeron por atrás de los muros de su escuela, rumbo al hospital de San Sebastián, pasaron cerca del Colegio preparatorio. Virgilio Uribe cayó herido mortalmente cuando defendía su puesto. A Eduardo de la Colina lo sepultó un muro derrumbado por una granada y volvió a su puesto de centinela. Ricardo Ochoa, pecho en tierra, disparaba en la mitad de la calle frente a su Escuela Naval. Jorge Alacio Pérez murió en la acción. Cadetes, policías y algunos presos murieron. El pueblo combatió. Como cien mexicanos murieron. Se combatió hasta entrada la noche. Noche de pavores, de incertidumbre y coraje.

En el monumento a Juárez un francotirador estuvo disparando parapetado tras una de las cuatro águilas que rodeaban la columna. El destroyer Chester se colocó a la altura del baluarte de Santiago abriendo fuego directo al águila que, al caer al piso, soltó la serpiente, pero el ave totémica se mantuvo en pie hasta que se fueron los americanos.

Ocho meses de ocupación. El desalojo de la plaza fue acordado para el 23 de noviembre, en coincidencia con aquel día de 1825 cuando la bandera mexicana ondeó, por vez primera, en la fortaleza de San Juan de Ulúa.

Muchos años después, el presidente de la Sociedad de Supervivientes de 1914, Gustavo Luna Cruz, relataría así su testimonio sobre la actitud de los porteños ante la invasión: “El pueblo veracruzano se portó heroico, pero fue mártir, y mientras más pobre la gente, más patriota. Nadie se puso a pensar en lo que les iba a suceder. Sabíamos que no íbamos a ganar (…), pero por lo menos íbamos a dejar el nombre de Veracruz bien puesto, sin mancha en el mapa de nuestra República”.

Veracruz recibió, una vez más, el título de heroica.

Derrotadas sus tropas el 15 de julio de 1914, Huerta se vio obligado a renunciar. Salió por Coatzacoalcos y se llevó consigo gran parte del tesoro de la nación.

Una vez derrotado el usurpador, las distintas fracciones revolucionarias trataron de ponerse de acuerdo. Para zanjar diferencias y solucionar problemas, en la ciudad de México se convocó a una convención de generales y gobernadores, que se inició el 1° de octubre de 1914. A mediados de ese mes continuó en Aguascalientes.

Los distintos grupos no llegaron a un acuerdo. Carranza fue desconocido como presidente y partió hacia Veracruz bajo el amparo del general Cándido Aguilar, gobernador provisional del estado.

Durante su estancia en Veracruz (a fines de 1914 y principios de 1915) Carranza publicó, el 25 de diciembre de 1914, la ley que otorgaba la autonomía y libertad municipales y creaba ayuntamientos integrados por elección popular directa. Asimismo, dictó la ley del 6 de enero de 1915, redactada por el licenciado Luis Cabrera, que ordenaba la dotación y restitución de los ejidos. Hubo otras legislaciones de carácter laboral, que tenían como propósito mejorar las condiciones del obrero, de modo que se logró la incorporación de los batallones rojos de la Casa del Obrero Mundial al bando carrancista. La zona fabril de Orizaba también aportó un contingente obrero para fortalecer a los carrancistas.

Por decreto de Carranza, el castillo de San Juan de Ulúa abandonó su carácter de prisión para convertirse en residencia presidencial. Carranza se trasladó con todos sus colaboradores a esa fortaleza. El carrancismo se consolidó cuando Villa fue derrotado en Celaya por Álvaro Obregón.

La tendencia reformista del constitucionalismo condujo a los trabajos del Congreso Constituyente de 1916-1917, reunido en Querétaro. De ahí salió formulada la Constitución que actualmente nos rige. En el Congreso sobresalió la diputación veracruzana, de manera particular, de manera particular el coronel Heriberto Jara, quien se afilió a la corriente que defendió los artículos más progresistas, como el 3°, relativo a la educación; el 27, a la propiedad de la nación sobre tierras y aguas; el 123, en relación con los derechos de los trabajadores y el 130, que reglamenta el culto religioso. El 5 de febrero fue promulgada la nueva Constitución federal.

También Veracruz reunió, en 1917, su Congreso Constituyente, encargado de expedir una nueva constitución local. Esta fue promulgada el 16 de septiembre de ese año por el gobernador provisional, doctor Mauro Loyo Sánchez.

En enero de 1916, Aguilar fue nombrado gobernador del estado de Veracruz. En materia agraria, las solicitudes de tierras fueron revisadas por la Comisión Local Agraria, organismo fundado el 12 de junio de 1917. Pero fueron más importantes los esfuerzos de este dirigente del constitucionalismo en Veracruz en lo que se refiere a la cuestión obrera: a mediados de enero de 1918, el general Aguilar promulgó la Ley del Trabajo de Veracruz, reafirmando el decreto de octubre de 1914 que sobre legislación laboral había dado él mismo, en su carácter de gobernador y comandante militar.

Empero la paz en el país fue breve. Soplaron nuevos aires de violencia cuando el presidente Carranza quiso dejar como sucesor, para el cuatrienio 1920-1924, al ingeniero Ignacio Bonilla.

En junio de 1919, Álvaro Obregón aceptó ser postulado candidato a la presidencia de la República. Se desató una abierta hostilidad en contra de sus partidarios y Carranza envió tropas al noroeste, lo que agudizó más el problema. Los poderes del estado de Sonora publicaron un documento con la relación de agravios. El 23 de abril de 1920 se firmó el Plan de Agua Prieta, que desconocía a Carranza y nombraba jefe interino del movimiento al gobernador Adolfo de la Huerta.

Presionado por los acontecimientos, Carranza buscó asilo en Veracruz, donde su yerno, el gobernador Cándido Aguilar, le ofreció protección. Sin embargo el presidente no alcanzó a llegar a las tierras veracruzanas, pues fue asesinado en Tlaxcalantongo, pequeña población del vecino estado de Puebla.

El asesinato de Carranza provocó la huida del gobernador Cándido Aguilar. Por esa razón se convocó a elecciones con el fin de restablecer el orden constitucional. El triunfo electoral correspondió al coronel Adalberto Tejeda, quien sería gobernador veracruzano en los períodos 1920-1924 y 1928-1932.

El primer periodo de gobierno del coronel Adalberto Tejeda se adoptaron medidas radicales, de corte eminentemente social, para afrontar los problemas más graves de la entidad. Se fundó la Liga de Comunidades Agrarias del Estado de Veracruz –antecedente de la Liga Nacional Campesina-, constituida en Xalapa en 1923, cuando Úrsulo Galván, José Cardel, Sostenes Blanco y otros dirigentes campesinos contaron con el auspicio del gobernador Tejeda.

La liga se movilizó con un dinamismo extraordinario y logró resquebrajar al latifundio y distribuir parcelas ejidales entre los campesinos solicitantes. Veracruz se colocó a la vanguardia de la lucha por la tierra y el coronel Tejeda ganó el título de agrarista. Este gobernante armó a los ejidatarios, para que pudieran repeler la agresión de los hacendados y sus guardias blancas.

El gobernador Tejeda, además de proporcionar un amplio apoyo a los campesinos veracruzanos, trató de resolver los problemas urbano-industriales. Así, en materia laboral se destacaron dos importantes decretos: la Ley Inquilinaria, expedida en abril de 1923, y la Ley sobre Enfermedades Profesionales y no Profesionales, expedida el 30 de junio de 1923.

El sucesor de Tejeda en Veracruz fue el general Heriberto Jara, originario de la ciudad de Orizaba. Durante su gobierno se expandieron y estructuraron las organizaciones obreras y campesinas. Es necesario destacar la implantación de una nueva política cultural: el gobernador Jara proporcionó toda su ayuda al movimiento llamado estridentismo, encabezado por su secretario de gobierno Manuel Maples Arce.

El gobierno mejoró los talleres de la Editora de Gobierno del Estado de Veracruz, que sigue funcionando actualmente en la calle de Clavijero.

El estridentismo es una actitud de la poesía y literatura, que posee un profundo contenido social, resultado de la lucha armada iniciada en 1910. El estridentismo tuvo su razón de ser en una época de contradicciones sociales bien definidas: la penetración imperialista, las luchas por la conquista del poder y la definición de la lucha de clases. Su obra de expresión más importante fue la revista Horizonte, además de la publicación, a nivel popular, de obras de los clásicos de la literatura.

Sus representantes más destacados fueron el propio Maples Arce, Arqueles Vela, Germán Lizt Arzubide y el pintor Ramón Alva de la Canal.

Tejeda regresó a la gubernatura veracruzana en diciembre de 1928. Reafirmó su política agrarista, con lo cual logró modificar la estructura de la propiedad. En este segundo periodo de Tejeda, Veracruz se destacó por su intensa actividad cultural y artística, sobre todo en Xalapa, donde se consagrarían escritores y artistas. Destacó, entre otros, el grupo Noviembre, compuesto por el historiador, novelista y maestro José Mancisidor, Lorenzo Turrent Rozas, Alvarado Córdoba y Miguel Bustos Cerecedo; todos ellos hombres de letras que publicaron sus escritos en la Editorial Integrales. El maestro Gabriel Lucio promovió la edición de libros gratuitos de lectura para la escuela primaria, bajo el rubro de Simiente.

Pronto llegaremos a la cordillera

Oh tierna geografía

de nuestro México,

sus paisajes aviónicos,

alturas inefables de la economía

política; el humo de las factorías

perdidas en la niebla

del tiempo,

y los rumores eléctricos

de los levantamientos.

Noche adentro

los soldados

se arrancaron

del pecho

las canciones populares.

La artillería enemiga no espía

en las márgenes de la naturaleza;

los ruidos subterráneos

pueblan nuestro sobre salto

y se derrumba el panorama

Manuel Maples Arce

6 El presente veracruzano

Cómo nos gobernamos

Veracruz, como todo nuestro país, ha transitado en la historia entre circunstancias no siempre favorables para el florecimiento de la libertad. Sucesos dramáticos, heroicos o sólo necesarios han obtenido lugar en nuestra tierra.

Fue parte de acceso a la conquista y eslabón económico y cultural entre Europa y América. Más tarde, importante sede de luchas independentistas de resistencia antiimperial y foco de insurgencia revolucionaria. Veracruz ha sido, así, ejemplo de los mejores anhelos mexicanos por la libertad y la unidad.

En la época contemporánea, desde los años tempranos de la construcción revolucionaria, Veracruz ha aportado el trabajo de su pueblo y sus hombres más brillantes para ampliar constantemente los espacios democráticos de la nación.

Una vez cencida la resistencia conservadora, nuestro estado destacó a nivel nacional por la labor de hombres brillantes. Tal fue el caso de Heriberto Jara quien, de 1916 a 1917, fue diputado por Veracruz al Congreso Constituyente de Querétaro; posteriormente, entre 1924 y 1928, ocupó el cargo de gobernador. Años después, en 1940, fue presidente del Partido de la Revolución Mexicana (PRM, ahora Partido Revolucionario Institucional) y secretario de Marina durante los gobiernos de los generales Cárdenas y Ávila Camacho, en los periodos respectivos de 1934-1940 y 1940-1946.

Importantes actores en la construcción revolucionaria fueron Adalberto Tejeda y el licendiado Vázquez Vela; éste último artífice del trascendental proyecto educativo del cardenismo durante el lapso de 1935 a 1940, cuando desempeñó el cargo de secretario de educación pública.

Durante su mandato se puso en marcha, en todo el territorio nacional, la lucha contra el analfabetismo y la aplicación escrita del Artículo Tercero Constitucional, el cual obligaba al ejercicio de una práctica educativa racional y científica, alejada de prejuicios o fanatismos de cualquier índole.

Otros veracruzanos dignos de mención en el campo político fueron los gobernadores que han sucedido al general Jara:

Miguel Alemán Váldes (1936-1940), Jorge Cerdán (1940-1944), Adolfo Ruíz Cortines (1944-1850), Marco Antonio Muñoz (1950-1956), Antonio M. Quirasco (1956-1962), Fernando López Arias (1962-1968), Rafael Murillo Vidal (1968-1974), Rafael Hernández Ochoa (1974-1980), Agustín Acosta Lagunes (1980-1986), Fernando Gutiérrez Barrios (1986-1988), Dante Delgado Rannauro (1988-1992), y el actual gobernador Patricio Chirinos Calero (1992…).

Si hemos leído con atención, nos hemos dado cuenta de que dos de ellos se convirtieron, más tarde, en presidentes de la República: Miguel Alemán Valdés y Adolfo Ruiz Cortines, en los sexenios 1946-1952 y 1952-1958, respectivamente.

La gubernatura, hemos de recordarlo, representa al Poder Ejecutivo de un estado. Se complementa con otros dos poderes: el Judicial y el Legislativo.

El Poder Judicial, encargado de impartir justicia, está integrado por los magistrados del Tribunal de Justicia del estado y los jueces civiles y penales.

El Poder Legislativo tiene, entre sus funciones sustanciales, la de elaborar leyes y aprobar presupuestos. En nuestro estado está constituido por 40 diputados, 24 de mayoría de distrito y 16 de representación proporcional o de partido. Los primeros son los que obtienen mayor número de votos en un lugar o distrito determinado; los segundos corresponden al porcentaje de votos que obtiene un partido en la votación total de un estado.

Para dirigir al estado, el gobernador nombra colaboradores encargados de diversas funciones. Entre ellos, el secretario de gobierno, el tesorero, los encargados de diversas direcciones: Educación Popular, Enseñanza Media, Agricultura, Ganadería, Comercio, Gobernación, Seguridad Pública, Justicia, etcétera.

Existen 207 municipios, con sus respectivos ayuntamientos. Estos, a su vez, se integran con síndicos y regidores, encargados de supervisar la buena marcha de la administración pública local. El número de ediles para cada ayuntamiento varía según el número de habitantes: serán tres personas las que ocupen ese cargo si el municipio tiene menos de 50 mil pobladores; cinco, si cuenta con una población mayor, y un regidor más –llamado de representación proporcional y elegido conforme a la Ley Electoral del Estado de Veracruz- cuando el lugar exceda la cifra de 300 mil vecinos.

Muestra de la madurez política de los veracruzanos es que, en la actualidad, la contienda político electoral es muy fuerte. Existen partidos con una tradición muy larga, como el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Autentico de la Revolución Mexicana (PARM) y el Partido Popular Socialista (PPS). Recientemente se han creado nuevos partidos, que han ganado adeptos, como el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN). Por último, podemos nombrar, como fuerzas políticas que alcanzaron su registro condicionado al resultado de las elecciones del 21 de agosto de 1994, al Partido del Trabajo (PT), el Partido Demócrata Mexicano (PDM) y el Partido Verde Ecologista Mexicano (PVEM).

Toda esta nueva vida política hace que la Legislatura veracruzana esté conformada por diputados de todas las ideologías y partidos registrados, lo cual favorece el desarrollo de la vida democrática de Veracruz y del país.

Las organizaciones de trabajadores juegan también, hoy como en el pasado, un papel significativo dentro de nuestra vida política. Existe, por ejemplo, la Confederación de Trabajadores de México (CTM), que es la que reúne a la mayor parte de los integrantes obreros, con grupos importantes como el petrolero y el electricista. Además, la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) y la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM).

Por su parte, la Federación Nacional de Organizaciones Populares (FNOP) incluye organismos y profesionales, comerciantes, pequeños propietarios, etc. La Confederación Nacional Campesina (CNC) y la Central Campesina Independiente (CCI) comprenden al sector campesino, siendo la CNC la organización mayoritaria en este sector. Existen, además, otras organizaciones independientes de las dos centrales anteriores.

Las instituciones y organizaciones que hoy nos rigen, las normas que delimitan nuestras responsabilidades y derechos como mexicanos y veracruzanos representan el fruto, no siempre fácil, del esfuerzo de la sociedad por constituirse como un todo bien organizado, capaz de resolver las necesidades y problemas del Veracruz actual.

Nuestra gente

A principios de siglo, diversos grupos étnicos de lejanos orígenes y procedencias dejaban su huella en la población veracruzana. Se apreciaba, a simple vista, un gran abanico de tipos físicos, con variedad de rostros, ademanes y costumbres, que hacían difícil descubrir las proporciones de los rasgos indígenas, españoles, africanos y asiáticos. Veracruz era un crisol de nuestra nacionalidad.

Con tal riqueza de diferencias, era difícil construir un mundo integrado. La multiplicidad de relaciones de trabajo, poder y procedencia mantenían a nuestros predecesores relativamente separados para lograr y conservar riqueza y prestigio.

En la actualidad los veracruzanos formamos un abundante capital humano, uno de los mayores del país, sólo superado por el Distrito Federal y el Estado de México. Sobre esta base, nuestro estado sustenta, en cierta forma, su desarrollo presente y futuro.

Actualmente el estado de Veracruz se caracteriza por su dinamismo y elevado crecimiento. Veamos algunas cifras: en 1990 había 6,228,239 habitantes, 16% más que los registrados en 1980. De ese total, 580,386 eran hablantes indígenas, en su mayoría nahuas, totonacos, huastecos, zapotecos, popolacas y otomíes.

En 1993 la población aumentó un 13% en relación con 1990; es decir, Veracruz contaba en 1993 con más de 7 millones de habitantes y seguía siendo la tercera entidad más poblada del país. Para formarnos una idea de las dimensiones de nuestra densidad demográfica, tendríamos que ubicar a 86 personas como promedio por cada km cuadrado de territorio veracruzano, mientras que el promedio del territorio mexicano es de 41 habitantes por kilómetro cuadrado.

¿Cómo se explica este fenómeno?

Destacan tres razones:

En nuestro estado el índice de natalidad es elevado (31.2 nacimientos por cada mil habitantes en 1990) y el de mortalidad. Comparativamente bajo (5.0 defunciones por cada mil habitantes en el mismo año). Por último, vinieron a radicar a Veracruz numerosas personas provenientes de otros estados de la República Mexicana y del extranjero: 587,684 entre 1980 y 1990. Esos inmigrantes provinieron sobre todo de Oaxaca, Puebla y el Distrito Federal; se asentaron de preferencia en los municipios de Coatzacoalcos, Minatitlán, Veracruz y Xalapa. No es fácil establecer las causas de este proceso migratorio; en general se estima que las condiciones de trabajo ofrecidas por el estado, en términos comparativos, favorecen el flujo de personas hacia la entidad.

En cuanto al desplazamiento de la población veracruzana hacia Estados Unidos de América, numeroso en otras entidades del país, aquí no reviste gran importancia, porque su desarrollo económico le permite proporcionar suficientes fuentes de trabajo para sus habitantes.

Un factor importante para el desarrollo armónico de una entidad es el equilibrio entre el campo y la ciudad. En estos dos ámbitos se presentan problemas y soluciones que interesan en conjunto al estado. En 1990, aproximadamente el 44% de la población veracruzana vivía en el medio rural y el 56% en el urbano. La población urbana se concentra principalmente en 11 ciudades: Veracruz, Xalapa, Coatzacoalcos, Poza Rica, Minatitlán, Papantla, Córdoba, Orizaba, San Andrés Tuxtla, Tuxpan y Boca del Río.

La población joven predomina en Veracruz, como en el resto de la República Mexicana. En 1990, los habitantes menores de 20 años representaron el 50% del total de la entidad. Existen, en especial, tres zonas (Veracruz, Orizaba, Córdoba y Xalapa) que muestran el rejuvenecimiento poblacional más alto de nuestro estado. Por esa razón resulta indispensable promover inversiones para el bienestar social y la dotación de servicios básicos.

En 1990 la población económicamente activa y con empleo en Veracruz ascendió a 1.7 millones de personas, lo cual representa el 41% de la población en edad de trabajar, proporción similar al promedio nacional. Es decir, no todas las personas con capacidad y condiciones de trabajar tuvieron acceso a un empleo remunerado, lo que plantea un problema social muy serio.

Para hacernos una idea más precisa al respecto, consideramos que, en 1990, había 403 millones de habitantes entre 12 y 65 años, de los cuales el 58% no tenía una ocupación remunerada.

Dentro de este porcentaje se encuentran las personas que se dedican a actividades no remuneradas, como los estudiantes y las amas de casa. Como en el resto del país, en Veracruz existe un claro predominio de los hombres en la fuerza laboral: sólo un 18% de la misma la constituyen mujeres.

En 1990, las ocupaciones principales de la población veracruzana económicamente activa fueron las actividades primarias: agricultura, ganadería, silvicultura y pesca. Sin embargo, las cifras muestran una tendencia que, en unos pocos años más, hará predominantes las actividades de los sectores secundario (industria manufacturera) y terciario (comercio y servicios).

Veracruz es un estado que avanza en su desarrollo. Pero aun cuando ese avance es considerable, no logra satisfacer plenamente todas las necesidades. Una situación ideal requiere, en gran medida, que la totalidad de los habitantes del estado tengan empleo y seguridad social para protegerlos. La población asegurada en el estado representa poco más del 40% del total de habitantes. No todos están asegurados debido a que muchos laboran en forma independiente, como los agricultores, pescadores y comerciantes.

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) es el organismo que tiene el mayor número de derechohabientes; le sigue el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE). Veracruz cuenta con una unidad médica por cada 5 500 habitantes, aproximadamente.

Actualmente existen en la entidad varios organismos que fomentan la construcción de viviendas populares. Entre ellos: el Fondo de la Vivienda del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE), el Instituto Veracruzano de la Vivienda (INVERVI), el Instituto del Fondo Nacional para la Vivienda de los Trabajadores (INFONAVIT) y el Instituto de Pensiones del Estado (IPE).

El crisol variado de la población veracruzana constituye el más valioso de los capitales: el humano. A partir de sus remotos orígenes, de sus milenarias culturas, comprendemos lo que somos y lo que necesitamos. Síntesis que sólo puede sustentarse en los derechos al trabajo, la salud y el bienestar y en los deberes de fortalecimiento de identidad y de nuestra singular cultura.

Educación de hoy, desarrollo de mañana

¿Cómo se transforma y mejora una sociedad? ¿De qué manera los jóvenes heredan la cultura de su región? En estos problemas vitales la educación juega un papel decisivo. Por eso tiene un lugar especial dentro de la política de desarrollo de un país o estado.

¿Cuántos estudiantes hay en nuestro estado? ¿Cuántos maestros y escuelas? El siguiente cuadro nos representa un panorama del sistema educativo en el año lectivo 1993-1994.

Como puede apreciarse, el servicio educativo más extendido es el de primaria, cuya función principal es formar integralmente al educando. El carácter formativo de este nivel permitirá que el alumno aprenda a aprender, utilice por sí mismo los conocimientos adquiridos, tenga una conciencia social y participe de los valores y metas de su comunidad.

Actualmente la mayoría de los niños en edad escolar que viven en Veracruz tienen oportunidad de ingresar a la primaria. Sin embargo, en el ciclo escolar 93-94, del total de niños de seis a 12 años de edad sólo fue atendido el 93%. Habría que preguntarse por qué el 7% restante no asiste a la escuela si, aparentemente, tiene la oportunidad de hacerlo.

Es importante continua con el programa de alfabetización. En nuestro estado todavía hay mucho que hacer al respecto, puesto que en 1990, el índice de analfabetos llegó al 18.2% de la población veracruzana mayor de 15 años.

Los niveles medio básico y medio superior están integrados por secundaria, telesecundaria, secundaria para trabajadores; secundarias tecnológicas, agropecuarias, industriales y pesqueras; bachilleratos en general, técnico agropecuario, técnico pesquero e industrial y telebachillerato.

De la educación superior (licenciatura, maestría y doctorado) surgen los profesionales que contribuirán al desarrollo de la entidad. En los últimos años se ha avanzado mucho en la planeación de carreras, de acuerdo con las necesidades y perspectivas de desarrollo en Veracruz.

En el ciclo escolar 1993-1994 fueron atendidos 75 571 estudiantes, a través de las instituciones que ofrecen educación superior. Actualmente la población en edad de realizar estudios de educación superior es mayor que la de 1989-1990. Sin embargo, la inscripción en este nivel, en el año de 1993-1994, fue menor a la de 1989-1990.

Para tener una idea acerca de algunas posibilidades que tienen los jóvenes veracruzanos de proseguir sus estudios en el nivel superior, se puede consultar la lista que aparece en el recuadro.

Existen también centros que ofrecen, al mismo tiempo, carreras profesionales medias y bachilleratos. Otros centros sólo capacitan para el trabajo o sólo imparten carreras medias. Veamos algunos de ellos:

Centros de capacitación para el trabajo industrial (CECATI), situados en Veracruz, Coatzacoalcos, Río Blanco, Córdoba, Mendoza, Cosoleacaque, Orizaba, Poza Rica, Tlacotalpan y Xalapa. En ellos se imparten especialidades como artesanías, electricidad, mecánica automotriz, dibujo industrial, taquimecanografía, conservación de productos alimenticios, industria del vestido y tejido mecánico de punto entre otras.

Centros de bachillerato tecnológico agropecuario (CEBETA), localizados en Pánuco, Cosamaloapan, Coscomatepec, Ignacio de la Llave, Chicontepec, Jesús Carranza, Rodríguez Clara, Perote, Temapache y Úrsulo Galván, con especialidades en electromecánica, laboratorista clínico y contabilidad, entre otras.

Centros de estudios tecnológicos, industriales y de servicios (CETIS), que se encuentran en Veracruz, Minatitlán, Coatzacoalcos, San Andrés Tuxtla, Tuxpan, Cuitláhuac e Isla, con carreras técnicas de química industrial, construcción, administración, programador, soldadura industrial, alimentos, etcétera.

Centros de estudios tecnológicos del mar (CETMar) en Alvarado, Coatzacoalcos, Tuxpan y Veracruz. En estas instituciones se cursan carreras técnicas de acuacultura, pesca industrial y construcción naval, entre otras.

Centros de estudios técnicos (CET) acuáticos y subacuáticos en Veracruz, con especialidad de buceo industrial.

Centros de bachillerato tecnológico, industrial y de servicios en Veracruz, Córdoba, Acayucan, Pánuco, Poza Rica, Las Choapas, Amatlán, Tuxpan, Banderilla, Boda del Río, Cerro Azul, Coatepec, Córdoba, Cosamaloapan, Fortín, Gutiérrez Zamora, Ixtaczoquitlán, Jáltipan, Lerdo de Tejada, Martínez de la Torre, Minatitlán, Misantla, Orizaba, Paso del Macho, Río Blanco, Tantoyuca, Tierra Blanca, Tlacotalpan y Xalapa, con carreras de trabajo social, administración portuaria y comunicaciones electrónicas, entre otras.

Colegios nacionales de educación profesional técnica (CONALEP) en Coatzacoalcos, Hueyapan de Ocampo, Potrero, Veracruz, Atoyac, Cosamaloapan, Orizaba, Papantla, Poza Rica, San Andrés Tuxtla, Tuxpan y Xalapa, donde se cursan las carreras de técnico agrícola, administración portuaria, construcción pesada, mantenimiento mecánico-eléctrico, máquinas-herramienta y productividad, entre otras.

Institutos tecnológicos (IT) de Minatitlán, Veracruz, Orizaba y Cerro Azul con especialidades en administración de empresas e informática, electricidad, y carreras de ingeniería industrial química, mecánica y electrónica, entre otras.

Instituto Tecnológico Agropecuario (ITA) en Úrsulo Galván, con las carreras de ingeniería agrónoma en fitotecnia y zootecnia.

Instituto Tecnológico del Mar (ITMar) en Veracruz, que ofrece las licenciaturas de ingeniería en pesca industrial y en alimentos marinos.

El sistema de educación forma, prepara, orienta y desarrollas las inmensas potencialidades humanas para reproducir una sociedad mejor. La educación en el estado de Veracruz es realizada en congruencia con lo que es nuestro país y nuestro estado, y lo que quiere ser en un futuro próximo. Mientras más niños y jóvenes veracruzanos entren en el proceso educativo, más preparados estaremos para resolver las necesidades del mañana.

Universidad Veracruzana

Universidad Pedagógica Veracruzana

Universidad Villa Rica

Universidad Femenina

Universidad Cristóbal Colón

Heroica Escuela Naval Militar

Centro Regional de Educación Normal de Tuxpan

Escuela Normal Veracruzana Enrique C. Rébsamen

Escuela Normal Carlos A. Carrillo

Escuela Náutica Mercante Fernando Siliceo

Escuela de Aviación Naval

SISTEMA EDUCATIVO (1993-1994)

Niveles
Alumnos
Escuelas
Personal docente

Preescolar

210 607
5 596
10 501

Primaria

1 064 787
8 844
40 354

Capacitación

para el trabajo
17 206
171
1 166

Secundaria

294 038
1 824
15 331

Profesional

Media
15 817
44
1 152

Bachillerato

124 231
565
8 769

Normal

4 649
16
610

Licenciatura

75 571
126
5 175

Postgrado

844
15
150

La salud, un compromiso social

Las maravillosas condiciones naturales y los impresionantes avances tecnológicos no serán aprovechados plenamente si no atendemos a la salud de las personas, en el marco del bienestar colectivo que requiere y garantiza el crecimiento económico de nuestro estado.

Con el propósito de atender adecuadamente la salud de la población, han sido creados organismos oficiales. Unos funcionan mediante contribuciones o aportaciones, como el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que se sostienen con el esfuerzo de la sociedad. En ambos casos el gobierno federal se encarga de administrar el servicio nacional de la salud mediante clínicas, hospitales, capacitación de profesionales médicos, etcétera.

De modo parecido al ISSSTE, funcionan en Veracruz los servicios médicos para los trabajadores de la Defensa Nacional (SDN), de Petróleos Mexicanos (PEMEX), de la Secretaría de Marina (SM) y los Servicios Coordinados de Salud que brinda la Secretaría de Salud (SS). Además, se debe considerar la medicina privada o particular.

Los pacientes del ISSSTE, IMSS, PEMEX, SDN y SM reciben el nombre de derechohabientes. El hecho de aportar una parte de su sueldo les permite recibir sin pago extra la consulta y las medicinas. En caso de ser hospitalizados, tienen derecho a todas las atenciones, por muy especializada que sea la intervención quirúrgica o el tratamiento requerido.

Veamos desde el ángulo de la estadística, la incidencia que tiene el sistema de salud en el conjunto de nuestro estado.

Como ya sabemos, en 1990 vivíamos en Veracruz 6 228 239 personas. El 44% de ellas era la población derechohabiente de alguna institución de seguridad social, como IMSS, el ISSSTE, PEMEX, SDN o SM. El 36% se atendía en el IMSS, el 5% en el ISSSTE y el 47% en las otras. Quienes no son derechohabientes pueden recibir atención en éstas o en otras instituciones de asistencia social, como el IMSS-Solidaridad, la SSA, el DIF, el INI, la Cruz Roja y los CEMEV. En 1990 la población usuaria de los servicios públicos de salud sumó 6.5 millones de personas, de las cuales el 73% se atendió en unidades médicas de asistencia social. El 43% acudió a la SSA, el 24% al IMSS-Solidaridad, el 5% al DIF y el 0.5 a los CEMEV.

Aunque aún hay veracruzanos que no tienen acceso a servicios médicos, estas cifras muestran que Veracruz ha avanzado en materia de salud. Para sostener esos avances, hay 6 251 médicos que traban en 1 196 unidades. De ellas, 468 clínicas y tres hospitales son del IMSS-Solidaridad y tres son centros de especialidades médicas (CEM) de Veracruz.

Las clínicas IMSS-Solidaridad atienden a 1.6 millones de personas. ¿Qué pasa si un solidario-habiente tiene una enfermedad que no puede ser tratada en la clínica? Si vive en el norte del estado se le envía a la Clínica-Hospital de Campo, en Chicontepec; si vive en el sur, a la Zongolica. Entre 1988 y 1993, a través de los programas de Solidaridad se construyeron 4 hospitales, se rehabilitaron 14 y se construyeron y equiparon 190 unidades médicas rurales.

¿Cuáles son las enfermedades más comunes que afectan a los veracruzanos? En general, la salud de los veracruzanos es buena: hay sólo 4.5 defunciones por cada mil habitantes. Las principales causas por las que nos enfermamos –y algunos mueren- son, en primer lugar, las enfermedades del corazón y diarreicas; en tercer lugar, los tumores malignos y la diabetes.

Una de las tareas de cualquier centro de salud es la medicina preventiva que, como su nombre lo indica, trata de evitar que se produzcan enfermedades. Para ello son aplicadas las vacunas contra la poliomielitis y la tuberculosis (BCG); contra la difteria, tos ferina y tétanos (DPT) y otras más, cuya aplicación es necesaria. En 1993, el esquema básico de vacunas fue cubierto y se logró inmunizar al 99.5% de los niños menores de 4 años.

Los esfuerzos en materia de salud han permitido atender los principales problemas en nuestro estado, pero todavía quedan muchas cosas por hacer desde las instituciones oficiales, las escuelas y las familias. Cada inversión de recursos y voluntades para elevar las condiciones de salud de los veracruzanos es una base más firme para el progreso del estado y el bienestar de sus habitantes.

Producción y trabajo de la tierra

Climas favorables, suelos fértiles e importantes recursos hidrológicos constituyen las bondades de la tierra veracruzana que, aunadas al trabajo del hombre, generan tanto una gran riqueza agrícola y forestal como un gran apoyo a la cría y beneficio de animales.

En nuestro estado, el trabajo de la tierra por el hombre constituye una actividad muy importante. Si pudiéramos ver desde el aire todo el campo veracruzano, observaríamos un abanico grande y diverso de cultivos, reflejo de las diferentes necesidades alimenticias y las demandas del mercado.

Ya desde la época de la colonización española se expandieron los cultivos comerciales. De Veracruz se exportaba bastante azúcar, cuando se inició la plantación de la caña de azúcar, además de aceite y aguardiente. El maíz de las cosechas veracruzanas alimentaba a la gente y engordaba al ganado, que iba a dar a las minas de la Nueva España o las grandes ciudades.

Todavía al iniciarse este siglo, el café veracruzano surtía el consumo de muchos mexicanos. Después de la Revolución de 1910, la agricultura de Veracruz ha proporcionado muchos productos nuevos que, sumados a los tradicionales, como el maíz, el frijol, el chile y otros, se producen en los campos mexicanos.

Veracruz ocupa el primer lugar en la producción de frutales en la República. En 1990 era el primer productor nacional de cítricos, caña de azúcar, piña y mango; el segundo en café y plátano; el tercero en maíz.

La piña se produce en la cuenca del Papaloapan. De las 169 mil toneladas que se obtuvieron en Veracruz en 1992, un poco más de la mitad sirvió para surtir, en forma natural, a los mercados nacionales. El resto fue procesado en alguna de las empacadoras que hay en la región o en las fábricas del Distrito Federal y el Estado de México.

La naranja, conocida en todo el país como “naranja Veracruz”, se cultiva en la Huasteca (municipios de Álamo y Tuxpan), el Totonacapan (Gutiérrez Zamora, Nautla, Martínez de la Torre) y las Grandes Montañas (Xalapa, Coatepec y Tlapacoyan). En 1992 se cosecharon 1 435 220 toneladas. Parte de esta producción fue a dar a las fábricas ubicadas en Coatepec, Nautla y Poza Rica, encargadas de producir jugos concentrados, aceites esenciales y pastura, obtenida a partir de la cáscara.

En 1990, Veracruz fue el principal productor, a nivel nacional, de piña (64.2%), naranjas (56.5%), caña de azúcar (60%), papaya (63.3%), arroz (29.2%), mango (28.4%) y café (30.29%); el tercero el plátano (15.08%) y el noveno en maíz (5.29%).

El maíz sigue siendo uno de los cultivos más importantes de Veracruz, aún cuando ha cedido terreno a cultivos de más valor en el mercado.

La superficie agrícola de Veracruz comprende 2 millones 86 mil hectáreas, lo que representa casi la tercera parte (29.1%) de la extensión del estado, proporción mucho mayor a la media del país (11% en 1990).

Los productos que absorben la mayor parte del espacio cultivado son los pastizales, el maíz y la caña de azúcar.

Las organizaciones de agricultores son un factor favorable para el desarrollo agrícola. Podemos afirmar que tienen una participación decisiva tanto en la producción como en la comercialización de los productos del campo.

Las asociaciones y uniones agrícolas cultivan principalmente café, caña de azúcar, tabaco y cítricos.

Nuestra tierra, la buena tierra, siempre nos responde cuando hay entrega. El consumo de productos agrícolas y los recursos que utilizamos para la producción, tienen mucho que ver con las reservas alimenticias del futuro. Por eso debemos entender que el trabajo del hombre en el campo no sólo es obtener productos y agotar las despensas de la naturaleza, sino ayudar a que la tierra se renueve y siga en las mejores condiciones posibles para la producción.

PRODUCCIÓN AGRÍCOLA

Principales

cultivos
1987
1992
Incremento o decremento (%)

Granos Toneladas

Maíz
707 410
895 397
26.57

Frijol
21 602
27 695
28.21

Arroz
96 968
103 303
6.53

Otros cultivos

Piña
383 700
169 636
-55.79

Papa
73 804
50 254
-31.91

Pepino
3 792
6 368
68

Ajonjolí
148
156
5.4

Chile verde
-
33 414
-

Chayote
-
30 260
-

Frutales

Mango
301 794
306 044
1.41

Naranja
1 377 880
1 435 220
4.16

Toronja
32 050
77 728
142.52

Limón
140 992
82 880
-41.22

Plátano
450 504
315 986
-29.86

Aguacate
16 891
3 920
-76.79

Coco
29 364
4 820
-

Manzana
33 641
8 372
-75.11

Papaya
310 707
229 956
-25.99

Chicozapote
295
-
-

Mandarina
118 593
62 620
-47.20

Vainilla
106
370
249

Cultivos industriales

Café
323 064
579 446
79.36

Tabaco
7 789
1 317
-83.13

Caña de azúcar
15 080 065
13 486 552
-10.57

Fuente: Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, Delegación Veracruz

La fauna que nos beneficia

Veracruz es uno de los estados más ricos en ganado, no sólo en número de cabezas sino también respecto a la calidad de las razas. Por esta razón, buena parte de nuestros suelos se destinan a la ganadería. Según los datos de la secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH), en su Plan de Desarrollo Agropecuario y Forestal para el estado de Veracruz 1990-1992, la superficie dedicada a la ganadería en el presente es de 3.5 millones de has (alrededor del 46.7% de la extensión territorial)

La entidad está dividida en zonas ganaderas, divididas según las condiciones geográficas y climatológicas prevalecientes. En las zonas del norte, sur y centro predomina el ganado bovino de abasto, para el consumo de carne el cual se explota en forma extensiva. En la zona centro, en su parte alta, setá localizado el ganado lechero, que en gran parte es criado y mantenido en establos. En esa área existen dos cuencas lecheras naturales, es decir, lugares cuyos pastos no se cultivan: una en la zona de Xalapa y otra en la de Orizaba-Córdoba-Huatusco.

Nuestro estado es el mayor productos de ganado bovino. En 1992, de acuerdo con cifras preliminares de la SARH, contábamos con 4 766 000 cabezas, lo que representaba el 16% del total del país. En 1992, por cada 100 pesos obtenidos en la producción de ganado, 70.5 correspondían al ganado vacuno.

En Veracruz, el mayor problema de la industria de la carne consiste en la carencia de rastros con capacidad suficiente para absorber la producción. Eso exige enviar el ganado en pie, para ser procesado en otros lugares. En consecuencia, el estado no aprovecha íntegramente los beneficios de su ganadería.

Por otra parte, la comercialización del ganado de abasto está sujeta a un intermediarismo excesivo, lo que encarece notablemente el producto al llegar a su destino final y priva a un gran número de habitantes del consumo de carne.

Como la explotación ganadera extensiva es la que prevalece en el estado, la producción lechera está sujeta a los cambios del clima. La explotación extensiva utiliza grandes áreas de pastos y pocos instrumentos pecuarios. En algunas ocasiones, los pastos naturales son abundantes; en otras, muy escasos. Eso causa desequilibrio en la producción y engorda de los animales y, por tanto, repercute en la oferta de carne. En 1993 la producción de carne de bovino fue de 197 mil toneladas y la de leche, de 664 millones de litros.

En Veracruz, la segunda especie pecuaria de importancia es la porcina, que representó el 13.3% del valor de la población ganadera total del estado, según datos preliminares de la SARH.

Aunque la producción de ganado porcino se realiza sólo a nivel doméstico, ésta podría ser mayor, pero la falta de tecnificación en su explotación la hace difícil. Por otra parte, existen muchos rastros clandestinos, a través de los cuales se comercializa gran parte de este ganado. Posiblemente las estadísticas no reflejen el número real de ganado porcino.

Los principales centros de producción y consumo son Pánuco, Poza Rica, Xalapa, Córdoba, Orizaba, Veracruz, Minatitlán y Coatzacoalcos. La totalidad de la producción se consume en el interior del estado.

Juntos, el ganado ovino y caprino no llegan al 1% del valor de la población ganadera de Veracruz. Eso se debe a que su explotación se realiza a nivel familiar, sin mayor cuidado y como una actividad complementaria. Son tres las zonas productoras de ovejas y cabras en la entidad: Perote, Huayacocotla y Chicontepec.

En materia avícola, Veracruz se encuentra en un relativo atraso de tecnificación respecto de otros estados de la República; la mayor parte de la producción es familiar. En 1992 apenas alcanzó el 15.2% del valor de la población ganadera del estado.

En las proximidades de las grandes ciudades veracruzanas, centros de consumo de carne y huevo, en 1990 se produjeron 46 540 toneladas de carne y 10 641 toneladas de huevo. La explotación de la carne se hace en forma intensiva, utiliza espacios reducidos, alimentos balanceados y utensilios agrícolas.

En cambio, la apicultura en Veracruz ocupa un lugar importante. Esta actividad coloca al estado en el tercer lugar como productor de miel en el país, con el 11%. Cabe mencionar que una gran cantidad de sus colmenas son rústicas y que podría incrementarse la productividad de miel y cera con una adecuada tecnología. Se exporta el 90% de la producción estatal.

En suma, la ganadería constituye una de las actividades económicas más importantes de nuestro estado. En esa medida pone dinamismo en la utilización de la tierra (pastizales), en la cantidad de empleos, los procesos de trabajo relacionados directa o indirectamente (cría, beneficio, procesamiento de carnes) y contribuye a nuestra alimentación.

Los recursos invertidos y el alcance de los programas de mejoramiento indican que este sector de la economía continuará siendo un pilar del desarrollo económico de Veracruz.

El agua y los bosques como fuentes de vida

En la época prehispánica, las comunidades indígenas que vivieron en las orillas bondadosas del mar, los lagos y los ríos desarrollaron la pesca como una fuente de subsistencia. No es sorprendente, por tanto, que la dieta alimenticia estuviera basada en el pescado y demás recursos del agua.

En la actualidad, la pesca está plenamente incorporada a la economía del país y del estado. Si consideramos la riqueza de los mares de México, la pesca debe adquirir una gran importancia y explotarse en mayor escala, ya que ofrece amplio abastecimiento de alimentos para la población del país. El elevado contenido de vitaminas y proteínas de los productos marinos, hace necesario que se incluyan en mayor proporción en la dieta alimenticia mexicana.

En Veracruz ha tenido un comportamiento irregular, con altos y bajos resultados. No obstante, nuestra entidad es considerada como uno de los estados con un desarrollo pesquero más importante, tanto por la magnitud de su producción como por su condición de abastecer sustancial de los centros de consumo del país.

Veracruz cuenta con un amplio potencial para la explotación pesquera. Por un lado, tenemos una espléndida costa de 704 km; por otro, 116 mil hectáreas de lagunas litorales.

El gobierno del estado ha incrementado sus inversiones en relación con el sector pesquero. En Tuxpan, por ejemplo, existe un parque industrial pesquero que favorece dicha actividad.

El control de la actividad pesquera en Veracruz está a cargo de la Delegación Federal de Pesca, con oficinas en Villa Cuauhtémoc, Tuxpan, La Laja, Tamiahua, Tecolutla, Nautla, Alvarado, Tlacotalpan, Catemaco y Coatzacoalcos; del Centro de Acuacultura en Aguas Protegidas, en Tuxpan; de los centros acuícolas de Los Amates y La Tortuga y del Centro de Recepción de Especies de Aguas Continentales, en Sontecomapan, Catemaco.

La especie más importante por el valor de la producción es el camarón; le siguen guachinango, robalo, tiburón, mero, sierra, ostión, langostino, jaiba y almeja.

En el año de 1993, nuestras embarcaciones y pescadores participaron con el 24% del total de la producción nacional.

Para la industrialización y comercialización, Veracruz cuenta con empacadoras, congeladoras, fábricas de hielo y harina de pescado.

Debido a la importancia de Veracruz en la producción pesquera nacional (quinto lugar después de Sonora, Baja California, Sinaloa y Baja California Sur), fueron creadas varias instituciones educativas orientadas a formar técnicos y profesionales en esta actividad. Entre ellas podemos mencionar a las escuelas secundarias técnicas pesqueras (ESTP) en San Gregorio, Tuxpan, Alvarado, Ozuluama y Nautla; a los centros de estudios tecnológicos del mar (CETMar), ubicados en Coatzacoalcos, Tuxpan, Alvarado y Veracruz; y al Instituto Tecnológico del Mar (ITMar), con un plantel en Poza Rica.

Desde hace algunos años, la Secretaría de Pesca mejoró y adaptó la Laguna de Mandinga. Asimismo, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes hizo obras de mejoramiento, entre las que destacan: el dragado en Boca de Tampachiche, en el norte de la Laguna de Tamiahua; en el Canal Galindo, cerca de Tuxpan, y las escolleras de la desembocadura del río Papaloapan, en el área del puerto pesquero de Alvarado.

La actividad forestal, por su parte, ha evolucionado lentamente, pese al enorme potencial con que cuenta la entidad: el 22% de la superficie estatal está cubierta de bosques. Sin embargo, la silvicultura tiene una participación relativamente pequeña en la economía del estado.

En 1991, Veracruz ocupó en noveno lugar en el volumen de la producción forestal no maderable: resinas, gomas, ceras. De la producción maderable, es decir, maderas que se utilizan en los procesos industriales, Veracruz contribuyó con el 1% del volumen total nacional.

¿Tenemos conciencia de los beneficios que nos aportan los bosques y la vegetación en general? Las diversas campañas a través de prensa, radio y televisión tienden a sensibilizarnos respecto a la protección de nuestros ecosistemas. Algunas instituciones realizan diversas acciones para la protección y mejoramiento del sector forestal, como el establecimiento de viveros, los programas de reforestación, la fijación de dunas, la creación y conservación de parques nacionales. ¿Colaboramos en las citadas campañas?

El aire puro que ondea por nuestras montañas y hermana la Huasteca con Sotavento; el agua cristalina que hace surcos juguetones en nuestros campos y los generosos bosques que nos ofrendan importantes pinos y cipreses, constituyen nuestro irrenunciable ambiente vital. ¿Por qué perderlo?

PRODUCCIÓN DE LAS PRINCIPALES

ESPECIES PESQUERAS

VOLUMEN DE LA CAPTURA EN PESO DESEMBARCADO

(toneladas)

Especies
1990

Volumen de captura
1992

Volumen de captura
Incremento o decremento (%)

Ostión
19,919
7,005
-64.83

Mojarra*
15,218
16,307p/
7.15p/

Jaiba
1,728
2,928
64.44

Tiburón
718
2,043
184.54

Sierra
2,681
2,580
-3.77

Camarón
1,728
1,354
-21.64

Otras especies
7,487
22,898
205.84

Fuentes: INEGI. Anuario Estadístico del Estado de Veracruz, 1991; INEGI. Anuario Estadístico del Estado de Veracruz, 1993.

*Peso vivo. Datos tomados de INEGI, CONAL. El Sector Alimentario en México, 1993. p/Datos preliminares.

La industria al servicio del hombre

Nuestra manera de vivir tiene mucho que ver con el tipo de industrias existentes en nuestro alrededor. Las necesidades por satisfacer (zapatos, ropa, alimentos, herramientas, diversiones y muchas cosas más) son, de hecho, el motivo para instalar determinadas industrias en una región. Así se aprovechan las riquezas naturales, los gustos de la gente y sus ingresos económicos.

Una manera sencilla de clasificar las industrias es considerar sus productos y materias primas. Podemos hablar, por ejemplo, de industria agrícola o agroindustrial, metalúrgica, petrolera, química, textil, minera, marítima, pesquera, del espacio y turística. A la turística se le suele llamar “industria sin chimeneas”.

Dentro de esta variedad ocupa un lugar especial la industria de los hidrocarburos, compuestos de origen orgánico provenientes de la descomposición de residuos vegetales y animales sepultados en épocas remotas, en sitios donde la temperatura máxima llegaba a 38 °C. Las mezclas de hidrocarburos dan origen al petróleo crudo.

Mediante la destilación o fraccionamiento del crudo se obtiene gas, gasolina cruda o nafta, gas licuado, kerosina, gasóleos, aceites, parafina, asfalto y combustóleos, entre otros.

En la actualidad el petróleo constituye un recurso estratégico para el desarrollo de cualquier país, puesto que es la fuente de energía más utilizada en las actividades productivas.

Veracruz es el tercer estado petrolero del país, pionero de la extracción y refinación. En 1880, el pequeño laboratorio construido por Fairborn y Dickson se convirtió en la refinería El Águila; le sucedieron las de Minatitlán y Tampico, cuyos nombres eran los de sus propietarios ingleses o norteamericanos.

El desarrollo que ha experimentado la industria petrolera en nuestra entidad está íntimamente ligado a la política del Estado mexicano. De hecho, Veracruz ha vivido con mucha intensidad las dos grandes etapas del petróleo en México: la anterior a la expropiación, decretada en 1938 por el presidente Lázaro Cárdenas, y la que se inició ese 18 de marzo y continúa hasta la fecha. Aunque actualmente la producción petrolera del estado no es significativa si la comparamos con la de Tabasco y Campeche.

En la actualidad las principales zonas petroleras de la entidad son Coatzacoalcos, Minatitlán, Tuxpan y Poza Rica, todas ellas dotadas con modernos equipos de extracción y refinación del crudo.

Si en un mapa de nuestro estado localizamos las zonas productoras de hidrocarburo, veremos que se encuentran exclusivamente en las zonas norte y sur.

Pero en nuestro estado no sólo hay petróleo. Aunque no tiene una gran variedad de minerales, que permitan su explotación en grandes cantidades, posee uno no metálico, el azufre, cuya producción es la más importante del país. Los principales centros productores son Minatitlán y Poza Rica.

En 1960 el gobierno decreto que los domos azufreros del Istmo entraran a formar parte de las reservas nacionales, sujetos a un régimen especial de concesiones. Los requisitos básicos para obtener dichas concesiones son: sólo pueden ser explotados por compañías en las cuales no haya más de un 34% de capital extranjero, que deberán desarrollar proyectos de industrialización nacional del azufre y realizar la explotación en proporción con las reservas existentes y las que se agreguen como resultado de nuevas exploraciones. Todo esto con el fin de garantizar las reservas necesarias para el futuro desarrollo del país.

En 1993 dejó de funcionar la empresa que extraía azufre en Jáltipan, Texistepec y San Cristóbal.

La historia se ha encargado de mostrarnos los cambios en las forma de trabajo y la cantidad de empleos. De los talleres artesanales, donde intervenía directamente el hombre en la manufactura y hasta en la confección de la herramienta, hemos pasado a las gigantescas instalaciones y marcadas especialidades industriales, que pueden influir decisivamente en todas las actividades de una comunidad.

¿Cuáles son los efectos de la industria de Veracruz? Entre todas las complejidades encerradas en esta pregunta, se puede decir que el desarrollo no ha sido uniforme en todo el estado. Ciertas regiones se acrecentaron más que otras, de acuerdo con la diferente dotación de recursos naturales. Es el caso de Tuxpan, Poza Rica y Coatzacoalcos-Minatitlán, zonas ricas en petróleo; y el de Córdoba y Orizaba, cuyo clima templado y ubicación intermedia entre Veracruz y Puebla favorecieron e desarrollo industrial y el tendido de vías de comunicación.

Una de las primeras industrias que se establecieron en el estado fue la fabricación de azúcar. Se dice que el primer ingenio azucarero fue establecido en San Andrés Tuxtla, en 1524. Este desapareció al desplazarse las zonas productoras de caña de la costa al centro del país. El primer ingenio puso de manifiesto que el estado tiene un clima propio para el cultivo de la caña; de hecho, Veracruz fue en 1990 el principal productor de azúcar en el país. Tiene varios ingenios, entre ellos el de San Cristóbal, en Cosamaloapan, considerado el más grande del mundo. Además, los que se encuentran en Córdoba, Lerdo de Tejada, Coatepec, Paso del Macho y Cardel.

Actualmente en Veracruz existen, además de las industrias productoras de bienes de consumo final (azúcar, frutas y verduras en conserva, vestidos, zapatos, sillas y mesas de madera, entre otros), ramas industriales muy complejas que requirieron elevadas inversiones para obtener la maquinaria suficiente. Entre ellas están, por ejemplo, las industrias de fibras sintéticas, pasta de celulosa y papel, así como la de productos químicos y las metálicas básicas.

En Poza Rica, Tuxpan y Coatzacoalcos-Minatitlán, importantes regiones productoras de petróleo, ha cobrado auge la industria petroquímica (transformación del petróleo en derivados y otros productos). El estado cuenta actualmente con seis centros petroquímicos; los más importantes son: Poza Rica (polietileno) y Cosoleacaque (amoniaco)

Otros centros industriales importantes del estado son Orizaba y Veracruz, en los que se hallan las industrias textil, cervecera, química y siderúrgica. Recientemente la industria de la construcción se ha desarrollado con amplitud, sobre todo en las principales ciudades del estado y los centros poblacionales cercanos a las industrias del petróleo y petroquímica.

¿Cuánta energía eléctrica tenemos para sustentar nuestro desarrollo? En Veracruz existen 11 centrales generadoras de energía eléctrica. Hasta este momento la más importante es la Termoeléctrica Dos Bocas, situada en la orilla del río Cotaxtla, en el municipio de Medellín. La energía eléctrica producida en esa central es enviada, a través de líneas, a la Subestación Veracruz II, de donde se distribuyen a los consumidores industriales y urbanos de la zona. Por medio de esa misma subestación, el servicio eléctrico del estado se enlaza al sistema eléctrico nacional.

Según la Comisión Federal de Electricidad (CFE), cuando funcione en su totalidad la núcleo eléctrica de Laguna Verde producirá 5.6 millones de kilowatts, cifra equivalente al 3.7% de la capacidad instalada en el país en 1992. En ese año, la núcleo eléctrica ya aportaba el 3.5% del total nacional de la generación bruta de energía.

Otras dos centrales eléctricas en la entidad son las de Ixtaczoquitlán, puesta en operación en 1899, y la de Tuxpango, en 1914, que todavía se encuentra operando.

Ha quedado claro que México dispone de abundantes reservas de petróleo y gas para satisfacer, al ritmo del consumo actual, la demanda de energía por varias décadas. Pero, ¿qué pasará cuando se estén agotando las reservas naturales? Ahora se hacen esfuerzos por descubrir fuentes alternativas, que no impliquen peligro de agotamiento de los recursos naturales. Esas nuevas fuentes son la energía solar, la fuerza hidráulica y la geotermia.

Gracias a la maravilla de la ciencia y la tecnología modernas, la industria se perfecciona para servir al hombre. La satisfacción de las necesidades actuales genera nuevos problemas y retos a nuestra capacidad de desarrollarnos; la mejor producción en minerales e hidrocarburos origina la necesidad del comercio y nuevas instalaciones. Y así seguirá el ciclo, como una espiral infinita que irradia beneficios a todo el estado.

El comercio refleja los gustos, las costumbres y necesidades de un pueblo. Lo que se compra y vende mueve a la gente. Se conocen los rumbos de las mercancías, se hacen amistades y, algunas veces, rivalidades también. Por eso significa mucho que vengan tantos fuereños a Veracruz: con ellos tejemos nuevas relaciones y activamos uno de los sectores de la economía.

Si resistimos a la automatización y el autoservicio, tan propios de comercios modernos, todavía encontramos en pueblos y ciudades del estado dueños de tiendas quienes, tras el mostrador, despachan y venden todo lo habido y por haber. Eran y son negocios familiares; los almacenes más grandes están localizados en las ciudades de Veracruz, Xalapa, Córdoba, Orizaba, Poza Rica, Coatzacoalcos y Minatitlán.

De un tiempo a la fecha comenzaron a establecerse cadenas de tiendas que, aunque venden al menudeo, ya son grandes compañías comerciales. Eso no impide que, en cuanto al número, sean mayoristas los negocios medianos y pequeños; los cuales, para resistir la competencia de los grandes consorcios, tienden poco a poco a especializar su venta. No obstante, ni unos ni otros han llegado a desplazar a las tiendas de los pueblos ni a las tienditas de las esquinas, dependientes en gran medida de los mayoristas concesionarios y distribuidores; ni, menos aún, a los miles de vendedores ambulantes que en calles, parques, oficinas, casas y hasta en los camiones, nos alcanzan con sus mercancías.

Sin embargo, en Veracruz la institución comercial más antigua y eficiente sigue siendo el tianguis, mercado semanal a cielo abierto, pero nunca dos lugares cercanos lo celebran el mismo día, para facilitar la afluencia de vendedores y compradores.

La situación de compra-venta es como un sistema solar: las tiendas y los comercios, como deslumbradores, cual fugaces satélites, rodean y compran, van y vienen. Pero también las mercancías viajan; aquí intervienen algunos personajes que no siempre despiertan simpatías: los intermediarios, transportistas y bodegueros, quienes forman una cadena necesaria, pero distorsionada si especulan un detrimento del bienestar de la comunidad. Por esta razón, el gobierno participa con el objeto de proporcionar abasto de bienes a precios accesibles, sobre todo a los grupos marginados de la entidad. Esta participación es realizada a través de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO), que en 1990 contaba Veracruz con 1 640 tiendas de Conasuper en el medio rural.

La población económicamente activa dedicada al comercio en 1990, según el IX Censo General de Población y Vivienda, fue de 229 509 personas.

La falta de almacenes y la insuficiencia de transportes ha ocasionado el aislamiento de un buen número de productos del campo veracruzano. El estado cuenta con centros de bodegas, sobre todo en la parte central de la entidad, la más favorecida, ya que tiene casi el 90% de la capacidad de almacenamiento total.

El papel que juegan los bancos en el desarrollo económico de un país es importante. Su función consiste en realizar operaciones de cambio, ahorro, descuentos monetarios, otorgar créditos y financiamiento. En Veracruz el número de bancos ha ido en aumento. Eso se debe a que nuestro estado, día con día, requiere de una mayor ayuda financiera para su progreso económico.

En el mundo de las compras y ventas de Veracruz va y viene un estilo de vida, en medio de un agitado intercambio multicolor de los productos que nos brinda. Nuestro estado es el marco presente del comercio urbano y moderno, de la platicadora tienda abarrotera de barrio o pueblecito y del abundante tianguis semanal que transita de la sierra al mar, de la quebrada al valle. ¿Por qué abandonar este mundo tan nuestro?

Por aire, mar y tierra

Cual sistema circulatorio, los alimentos y recursos necesarios para la vida de una entidad se distribuyen a través de una red de comunicaciones, que se va haciendo a partir de senderos y caminos transitados por el tiempo. Así, en México hemos aprovechado los senderos y calzadas de nuestros antecesores prehispánicos; aún ahora es posible encontrar algunos de estos caminos en áreas rurales.

En esta entidad las carreteras tienen mucho que ver con los deseos de comunicar a la Huasteca con las llanuras de Sotavento o las Grandes Montañas con los Tuxtlas. Parecería el intento de entretejer una unidad; por eso no pocos recursos se han dispuesto para hacer de Veracruz el segundo estado mexicano por su longitud de carreteras: 10 579 km en 1992, de los cuales el 46.8% correspondía a carreteras pavimentadas, el 48.9 a carreteras revestidas y el 4.3% a caminos de terracería y brechas mejoradas.

Para superar el aislamiento de los poblados del litoral veracruzano, se construyó la carretera costera. Esta arteria comienza en el municipio de Pueblo Viejo, en la orilla del río Pánuco, y continúa por Ozuluama, Naranjos, Cerro Azul, Tuxpan, Tihuatlán, Poza Rica, Papantla, Gutiérrez Zamora, Tecolutla, Nautla, Vega de Alatorre, Cardel, Puente Nacional, Paso de Ovejas, Veracruz, Boca del Río, Alvarado, Lerdo de Tejada, Angel R. Cabada, Santiago Tuxtla, San Andrés Tuxtla, Catemaco, Acayucan, Jáltipan, Cosoleacaque, Minatitlán y Coatzacoalcos. Es decir, vincula las principales cabeceras municipales del norte y sur de la entidad, pasando por el centro del estado.

Pero no sólo la costa se utiliza para la comunicación de los poblados veracruzanos. ¿Cómo llegamos a la sierra y la Altiplanicie? En las excursiones por el estado nos servimos de carreteras como la de Alazán-Tampico (vía Pánuco), San Sebastián-Chicontepec, Alazán-Tampico (vía Ozuluama), Alazán-Alamo-Tihuatlán, Teziutlán-Nautla, México-Veracruz (vía Xalapa), Banderilla-Misantla, Xalapa-Coatepec-Teolceo, México-Veracruz (vía Orizaba), Conejos-Fortín y Coatzacoalcos-Salina Cruz.

¿Por qué no pensamos en una travesía por el estado en el ferrocarril? Costo y seguridad son las ventajas que adornan a ese gigante sobre rieles. Sabemos también que fue el primer transporte que llegó a nuestro estado.

Hasta 1993 la entidad contaba con 1 786 km de vías férreas, extensión que la coloca entre los primeros estados del país por el kilometraje de vías férreas.

Las principales rutas ferroviarias apoyan las actividades productivas y comerciales del estado. Tenemos, por un lado, dos que comunican al puerto de Veracruz con la ciudad de México, una a través de Córdoba y Orizaba y otra por Xalapa y Perote; por otro, la ruta que parte de Coatzacoalcos, llega a Salina Cruz, Oaxaca, y comunica al Golfo de México con el Océano Pacífico.

El transporte de una a otra ribera del continente americano ha descubierto una nueva utilización a la antigua línea de ferrocarril tehuano. Se están instalando grúas y otros equipos para poder manejar el nuevo sistema multimodal en los puertos de Coatzacoalcos, Veracruz y Salina Cruz, Oaxaca. Dicho sistema consiste en la inclusión de contenedores para el transporte de mercancías en cajas cerradas, para desembarcarlas en los puertos de un lado a otro del continente, con destino al extranjero.

Con ese sistema no se requiere pasar por revisión aduanal en puntos intermedios, debido a que es mercancía en tránsito y únicamente se registra al llegar a su destino final.

La línea de Ferrocarriles Nacionales (FERRONALES) que parte de Tampico, Tamaulipas, a Magosal, Veracruz, se inicio en 1925 y fue concluida en 1930; tiene una longitud de 86 km. No estuvo en funcionamiento hasta 1933, fecha en que se terminó la construcción del puente Tamos, sobre el río Pánuco.

El aéreo, con todas sus maravillas tecnológicas, es el medio de comunicación y transporte más rápido en lo que se refiere al traslado de pasajeros y carga. La perspectiva que nos da un avión es una verdadera lección sobre geografía física y la capacidad humana para transformar la naturaleza. Sería interesante que quienes han tenido esta experiencia nos contaran cómo se ve Veracruz desde el aire.

En nuestra entidad tenemos un aeropuerto internacional, localizado en la ciudad de Veracruz. Hay además otros cuatro, ubicados en Poza Rica, Minatitlán, Tajín y Canticas, destinados al tráfico nacional y 64 de tráfico local.

El transporte marítimo en nuestro estado aprovecha los extensos litorales de la región y de México. Actualmente se está ampliando la infraestructura portuaria mediante la construcción de puentes, barcos, almacenes, carreteras, faros e instalación de grúas, entre las obras más importantes. Su objeto es desarrollar las actividades marinas en general: transporte, pesca e instalación de industrias relacionadas con la conservación y preparación de pescado, principalmente. Eso permitirá, por una parte, aumentar la oferta de productos alimenticios que, al ser abundantes, se venderán a precios razonables; por otra, disminuir la dependencia de barcos extranjeros, ya que por ahora son éstos los que transportan los productos mexicanos a los mercados de diferentes países.

El movimiento realizado en los puertos veracruzanos, tanto de carga o pasajeros como de pesca, ha convertido a éstos en polos de desarrollo, o sea, zonas de amplia actividad económica e importante incremento demográfico. Es el caso de Veracruz, Coatzacoalcos y Tuxpan, de donde salen nuestros productos hacía otros países; así como Alvarado, Nautla y Tecolutla, puntos importantes para el comercio nacional.

En 1765 se instaló en Veracruz la primera oficina postal de correo marítimo del país. De entonces a la fecha ha dado grandes saltos: en 1993 Veracruz contaba ya con 141 oficinas de correos, seis sucursales y 393 agencias.

El correo se utiliza para correspondencia no urgente. Cuando se necesita comunicar una noticia rápidamente se recurre al teléfono.

En 1849 se otorgó la primera concesión para establecer el servicio público de telégrafos de México que cubriría la distancia entre las ciudades de México y Veracruz. Tres años más tarde se conectaron también por telégrafo las ciudades de Orizaba y Córdoba. En 1881 ya nos comunicábamos con otros países a través del Servicio Telegráfico Internacional, por medio de un cable submarino entre Veracruz, Tampico y Galveston, Texas, Estados Unidos de América.

A dicho servicio se sumó, en 1903, la radiotelegrafía y, últimamente, el télex, a través de los cuales se recibe información automática e impresa.

El sistema telefónico fue introducido en la entidad en 1904, cuando se tendieron los circuitos telefónicos de larga distancia para comunicar a la ciudad de México con Puebla, Toluca, Pachuca y Veracruz. Para 1993 Veracruz ya contaba con 331 503 teléfonos, instalados por la empresa Teléfonos de México en 1 138 localidades.

Por otra parte, Veracruz es el estado más importante en cuanto al número de emisoras radiofónicas en todo el país. La radiodifusión constituye, desde 1993, año de su aparición, el modo más favorecido en la entidad, tanto por el número de estaciones –en 1993 había 84- como por el índice de radioescuchas. 2 de estas estaciones son de tipo rural, 63 de AM, 16 de FM y 3 de onda corta.

Por último, no podemos dejar de mencionar la televisión. Este medio se inició oficialmente en México en 1950; hoy se captan las señales de varios canales de televisión, tanto privados como oficiales, que transmiten desde la capital de la República. En 1979 se inauguró en Veracruz un canal estatal, que emite programas culturales desde Xalapa a los hogares veracruzanos, especialmente a la parte central de la entidad. Hasta 1992 había 16 estaciones de televisión.

¡Qué importantes son los medios de comunicación y transporte! Siempre lo han sido, porque a través de ellos tenemos aumentos, trabajo, informaciones, viajes, contactos personales; en fin, todos los movimientos necesarios para que una comunidad funciones. Mientras más movimiento y comunicación tengamos en Veracruz, más dinamismo habrá en nuestro estado.

A través del hermoso Veracruz

Existen muchas maneras de conocer nuestro estado. Una de ellas ya la practicamos con la lectura de los capítulos que contiene esta monografía, así como con la observación detallada de sus ilustraciones y mapas. También podremos acercarnos al conocimiento de Veracruz mediante los libros que nos aguardan en las bibliotecas o librerías.

Sin embargo, nada mejor para sentirnos veracruzanos y comprender plenamente nuestra geografía, nuestra historia y nuestra cultura, que vivirlo en forma personal a través de viajes, excursiones o paseos, que se sugieren al final de estas páginas y que podemos hacer en recorridos cortos o largos, acompañados de profesores, parientes o amigos. Podemos emplear cualquier vehículo para transportarnos, desde nuestro propio cuerpo, que nos llevará caminando a todas partes, hasta el autobús de pasajeros que circula por las numerosas carreteras de la entidad, y pasar por los interesantes paisajes que se admiran desde la ventanilla del ferrocarril.

Si decidimos iniciar el viaje en Pueblo Viejo, después de saludar a nuestros vecinos de Tampico, nos sobra tiempo para visitar la Playa Vistahermosa o navegar en lancha por las lagunas del Cairel, Tamos y Pueblo Viejo. De paso queda Tampico Alto, con su museo regional que guarda valiosas esculturas Huastecas.

Si nuestro paseo es durante junio, entonces Pánuco nos invita al llamado maratón motonáutico, a lo largo del río del mismo nombre. Tras de contemplar las inmensas llanuras Huastecas, podemos detener la marcha un día de tianguis en Tantoyuca, Chicontepec y otros pueblos indígenas, con todo el colorido de un mercado popular.

Sigamos a la Sierra de Huayacocotla. Nos ofrece las maravillas de sus barrancas y sus ríos Vinazco y Chiflón, donde hay la posibilidad de tirar el anzuelo en busca de peces bobos o mojarras. De regreso a la costa, nada mejor que visitar Tamiahua, especialmente el fin de año, cuando realiza su feria regional pesquera; o en cualquier temporada, para recorrer en lancha su gran laguna y las islas que la pueblan. Si el clima lo permite y disponemos de una embarcación apropiada, iríamos por mas a conocer la isla de Lobos y los diversos arrecifes que hay entre el Cabo Rojo y la barra de Tuxpan.

Ya que hablamos de Tuxpan, recordemos la amplitud de su playa cubierta de fina arena, la cercana laguna de Tampamachoco y el dilatado paisaje –siempre verde- de sus huertas frutales o sus praderas con pastizal para el ganado. Además, en abril, la ciudad nos ofrece una carrera náutica sobre el río; en junio, el campeonato nacional de remo y canotaje, así como el torneo de pesca del sábalo, róbalo y otras especies. Cada dos años, la famosa regata Tajín, en la que participan veleros que cubren por mar la distancia entre Tuxpan y Veracruz.

Hagamos ahora un salto imaginario al pasado, con escalas en Castillo de Teayo y El Tajín. Como ya sabemos fueron dos sitios muy importantes de la época prehispánica. Por supuesto, en nuestro camino cruzaríamos el moderno complejo petroquímico de Poza Rica, a unos pasos de la legendaria tierra de los papanes, con la magia de su sonrisa totonaca y el oloroso panorama a vainilla.

Acerquémonos a Gutiérrez Zamora: en agosto se celebra su torneo internacional de pesca del sábalo. Adelante hallamos el popular balneario costero de Tecolutla. Aquí, aparte de visitar su pequeño museo de fósiles marinos y otras curiosidades, conviene alquilar una lancha para recorrer los esteros de los ríos Tecolutla y Chichicatzapa, interesantes no sólo por su abundante vegetación, sino por la fauna terrestre y acuática que en ellos habita.

Al llegar a Nautla, dispongámonos a admirar sus hermosas viviendas con techos de teja a cuatro aguas. Luego nadaremos en la Playa Maracaibo o gustaremos de la comida regional en los merenderos de Casitas. Si queremos seguir cerca del mar, tenemos la opción de tomas la carretera costera rumbo al puerto de Veracruz. En el trayecto nos desviaríamos para conocer playas como Barra de Chachalacas o Paso de Doña Juana, zonas arqueológicas como Quiahuiztlan o Zempoala, o sitios de interés histórico como La Antigua o la bahía de la Villa Rica, donde desembarcó el ejército de Cortés para iniciar la marcha que lo llevó a la conquista de México.

¿Qué tal si dejamos por un momento la llanura y subimos al “techo” de nuestro estado, a la Región de las Grandes Montañas? A partir de Nautla podemos ascender por la carretera a Martínez de la Torre, Tlapacoyan, Altotonga y Perote. Es decir, del nivel del mar subimos a los 2 400 m de altitud; de la flora selvática a la semidesértica. Una vez aquí tendríamos a la mano las 11 544 has de bosques de pino y paisajes montañosos que forman el parque nacional Cofre de Perote.

Sigamos adelante. Nos refrescaremos con su humedad característica, sus arbolados parques y sus agradables paseos con lagos artificiales, todo en un constante subibaja de calles empinadas y torcidos callejones. Hacia el sur, nos aproximamos a Coatepec, una de las zonas productoras del mejor café veracruzano, junto con el área que rodea a Córdoba. Para llegar a esta otra ciudad cafetalera, hay que proseguir por la ruta de Huatusco y Coscomatepec. Siempre tendremos a la vista el imponente Pico de Orizaba, con sus 19 750 has de bosques, arena y nieve, que en conjunto integran un parque nacional.

Fortín de las Flores hace honor a su apellido y nos regala la belleza perfumada de sus gardenias. Las ciudades hermanas de Orizaba, Río Blanco, Nógales y Mendoza con orgullo nos muestran su actividad industrial, junto a las huellas de una historia rica en luchas obreras.

Antes de decirles adiós a las Grandes Montañas, Acultzingo, Maltrata y Zongolica nos obsequian el enredijo de sus cumbres y serranías envueltas en neblina.

El siguiente punto obligado de nuestro paseo es el puerto jarocho. Sol, mar, palmeras, música, fiesta y comida regional se dan la mano con el espíritu alegre y abierto, la laboriosidad y la satisfacción de los porteños por vivir en la cuatro veces heroica Veracruz. Los museos de San Juan de Ulúa y el Baluarte de Santiago son mudos testigos de la época colonial, cuando la población se llamaba Ciudad de Tablas. También vale la pena conocer otros testimonios del pasado, como el faro Benito Juárez o el edificio que ocupa la presidencia municipal.

Después de cruzar Alvarado y de tomarlo como punto de partida para excursionar en lancha por sus lagunas, es tiempo de remontar el majestuoso río Papaloapan. Desde luego, la forma más fácil de hacerlo sería tomar la carretera que corre casi paralela a él. Recorreríamos desde la comunidad de Buenavista hasta ciudad Alemán; o por la orilla contraria del río, siguiendo el camino de Chacaltianguis. Pero ninguno de estos trayectos ofrece la riqueza panorámica que brinca un paseo en embarcación, así sea esta con motor fuera de borda, como las que ahora surcan al Papaloapan.

Por un instante, imaginemos cómo viajaban nuestros abuelos por este río: a bordo de un buque de vapor. Algunos pasajeros descenderían en Amatitlán, otros en Cosamaloapan y la mayoría en el muelle de Tlacotalpan. Nosotros también bajaremos aquí, a disfrutar de esta hermosa población que ha conservado su arquitectura y costumbres de antaño, como lo podemos constatar con las fotografías y reliquias del antiguo Tlacotalpan que se guardan en su museo.

Dejemos atrás las Llanuras de Sotavento para ingresar a los Tuxtlas, ese mundo mágico de color y naturaleza a los pies del volcán de San Martín. Además de la tranquilidad que se respira en cada uno de sus poblados, la región se engalana con varios atractivos naturales: la playa de Montepío, el estero y la barra de Sontecomapan, el salto de Eyipantla y el extenso lago de Catemaco.

¡Y ahora hacia el sur, al final de nuestro viaje, donde Veracruz comparte con Tabasco y Oaxaca algunas de sus mejores selvas! Si estamos en Coatzacoalcos y el mes es marzo, con toda seguridad habrá un maratón motonáutico sobre el río del mismo nombre; o bien, un campeonato de pesca del sábalo si nuestra llegada es en julio. De cualquier forma, el Istmo siempre nos espera con los brazos de sus ríos abiertos y nos invita a explorar su pasado lleno de vestigios olmecas. Asimismo, y en contraste con lo anterior, el despliegue de instalaciones industriales que hay en Cosoleacaque y Minatitlán, nos advierte del futuro prometedor que aguarda a la entidad y del cuidado que debemos poner para salvar nuestros bosques, selvas y mantos acuáticos de la destrucción total.

Es tiempo de que vivamos personalmente la experiencia del Veracruz de hoy. Aprender su historia, recorrer sus caminos, admirar sus paisajes, respetar y acrecentar su cultura, participar de su actualidad.

De todos amigo soy

y deben darme la mano;

en el lugar donde estoy

me consiento muy ufano,

yo les demuestro que soy

jarocho veracruzano.

7 Paisaje cultural

Nuestra cultura: arte, ciencia y costumbres

La cultura es una vivencia y un que hacer cotidianos. La encontramos a cada paso: en la arquitectura de nuestras casas y edificios, en los conocimientos que recibimos en la escuela, en la música, la pintura, la escultura, los libros, nuestra forma de hablar, de vestirnos y hasta de alimentarnos. La cultura es arte, conocimiento y costumbre.

Cada pueblo crea sus propias expresiones culturales. Aprovecha la experiencia y el modo de ser de sus antepasados, pero también incorpora nuevas ideas transmitidas por otros pueblos a lo largo de su historia.

Esto quiere decir que la cultura no es una actividad reservada a unas cuantas personas. Todos vivimos dentro de ella. Aunque no lo sepamos, al realizar nuestras actividades diarias la enriquecemos.

La diversidad del ambiente natural y las costumbres del país hacen que cada estado y cada región tenga características peculiares en sus expresiones culturales. La cultura que creamos diariamente es representativa, primero, de nuestro estado y, por extensión, del hecho de pertenecer a una nación, de sabernos e identificarnos como mexicanos.

La cultura veracruzana, en su conjunto, está formada por el arte, los conocimientos y las costumbres de diversos grupos humanos. Precisamente por eso, nuestra identificación como veracruzanos consiste también en un constante descubrimiento de lo que han hecho y de lo que hacemos todos nosotros. Sólo así el orgullo de pertenecer a esta parte del país, y al país mismo, se verá plenamente justificado.

Veracruz nos es propio por el cariño que le tenemos a su tierra, su gente y sus obras y costumbres. A este sentimiento, y a la conciencia de que él es una parte importante de nosotros, le llamamos identidad cultural. Esta identidad es unión de sentimiento intenso y de conocimiento cuidadoso de las personas, las cosas y los paisajes que integran nuestra comunidad. ¿Cómo lograr identificarnos cada vez más como veracruzanos? Para hacerlo, debemos conocer nuestro estado y vivir las valiosas situaciones que nos prodiga su cultura.

El recorrido realizado hasta ahora ya nos ha dado numerosos ejemplos de las posibilidades que tenemos a la mano para conseguir la identificación. Sin embargo, hemos de reconocer la necesidad de no limitar a la lectura nuestro interés. La cultura siempre nos exige un acercamiento directo a sus manifestaciones: en los museos, los centros arqueológicos, las salas de música, los mercados, las fiestas populares, las artesanías y la observación de nuestras costumbres.

Conocer la cultura no es una tarea para llevar a cabo en algún tiempo determinado. Es un esfuerzo diario para asimilar la experiencia de las personas que nos rodean y aún de aquellas a las cuales podemos aproximarnos a través de su obra. Es, en el mejor de los sentidos, una tarea eterna que retribuye placer a cada momento y nos comunica con muchas personas desconocidas que quizá terminen siendo nuestras amigas.

Para ayudarnos a conocer a nuevos amigos, podemos asomarnos al jardín de la cultura. En él seguramente encontraremos flores y árboles gratos, que quieran contarnos sus propias historias y las de los jardines que los han sembrado y alimentado. En este jardín florecen la literatura, la pintura, la escultura, la música, la ciencia, las artesanías, las fiestas y las costumbres de Veracruz.

Recorramos, pues, algunos de sus espacios. Esperamos hacerlo hoy y también más tarde de una manera más directa y completa.

El oficio de la literatura

Veracruz ha destacado por el gran número y la calidad de sus literatos. A su vez, las costumbres y paisajes veracruzanos han ejercido una poderosa influencia sobre ellos, ya sea de manera directa o bien en el ánimo y el mensaje de sus obras. Veamos algunos ejemplos.

Manuel Eduardo de Gorostiza. Su actividad política alternó con la creación artística. Nació en el puerto Jarocho, en 1789, y falleció en la ciudad de México en 1851. Fue activo combatiente liberal, titular de las secretarías de Hacienda y Relaciones Exteriores y defensor de México en 1847, con su batallón de Bravos de Churubusco, ante el ataque de los ejércitos norteamericanos.

De su obra literaria destacan varias comedias costumbristas de claro contenido moral como Indulgencia para todos, escenificada en Berlín y Viena después de la muerte del autor. También son dignas de mencionarse sus comedias Las costumbres de antaño y Contigo pan y cebolla.

El orizabeño José Bernardo Couto (1803-1862) fue miembro de la comisión mexicana que negoció el Tratado de Guadalupe Hidalgo y, más tarde, directos de la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Fue traductor del poeta latino Horacio, colaborador del Diccionario Universal de Historia y Geografía y autor de un diálogo sobre la pintura en México. Entre sus cuentos es muy conocido el que dedicó a “La mulata de Córdoba”.

Otros dos importantes literatos, ambos nacidos en 1853, fueron Rafael Delgado y Salvador Díaz Mirón.

Rafael Delgado, originario de Córdoba, publicó novelas como La calandria (1890), Angelina (1901) y Los parientes ricos (1904); los dramas El caso de conciencia y Antes de la boda, innumerables cuentos y artículos periodísticos. En honor suyo, el gobierno estatal cambió, en 1932, el nombre de la antigua cabecera municipal de San Juan del Río (localizada al sur de Córdoba) por el de Rafael Delgado.

Salvador Díaz Mirón también combinó el arte con la política. Fue dos veces diputado al Congreso de la Unión y secretario de cabildo de su natal puerto de Veracruz. Durante el difícil año de 1913 dirigió el diario El Imparcial; al año siguiente salió de México, para regresar en 1920 y ocuparse de la dirección del Colegio Preparatorio de Veracruz, donde transcurrieron sus últimos años de vida. Su obra transitó del movimiento romántico, propio del siglo XIX, hacia la entonces novedosa corriente literaria del modernismo, de la cual, junto con el nicaragüense Rubén Darío, fue uno de los principales exponentes. Lascas, escrito en 1901, es quizá el mejor ejemplo de su producción poética.

La lista de escritores es larga. Si seguimos con ella, encontraremos a Josefa Murillo, llamada “la alondra del Papaloapan”, cuya obra poética fue elogiada por Amado Nervo y Luis G. Urbina, ambos poetas nacionales de gran renombre. Un lugar destacado ocupó el novelista porteño Justino Sarmiento (1855-1937), narrados insuperable de costumbres de su región y autor de la novela Las perras. El papantleco Manuel Maples Arce, iniciador del movimiento estridentista, escribió Andamios interiores (1822), Urbe (1924), Ensayos japoneses (1959) y A la orilla de este río (1964), entre sus obras principales.

Nativo de San Andrés Tuxtla, Eduardo Turrent Rozas describió poéticamente su región en libros como Estampas de mi tierra (1954) y Catemaco, retablos y recuerdos (1967)

El maestro Erasmo Castellanos Quinto nació en Santiago Tuxtla, en 1879, y murió en la ciudad de México en 1955. Nos legó en el fondo del abra (1922), Poesía inédita (edición póstuma, 1962) y los ensayos Las siete Murallas, El castillo de la fama y El triunfo de los encantadores. El cordobés Jorge Cuesta perteneció al grupo literario “Los Contemporáneos” y fue colaborador en varias revistas. Murió en 1942, a los 39 años de edad. Su obra no es muy extensa, pero sí de gran calidad poética. En 1964 la UNAM la reunió y editó.

Jorge Ramón Juárez, del puerto de Veracruz, es un escritor que ha dedicado parte de su vida a la labor alfabetizadora y la conservación de las tradiciones festivas del estado. Sus sonetos para la geografía romántica de Veracruz (1948) fueron un material de lectura en nuestras escuelas primarias hasta hace pocos años.

En nuestro silgo, dentro de la literatura de contenido social, no puede faltar el nombre del maestro veracruzano José Mancisidor, creador de relatos, cuentos, ensayos, biografías y obras históricas. En ellas retrata los acontecimientos vividos por los mexicanos en momentos de especial significado, como la expropiación petrolera. Son famosas sus novelas La asonada (1931), La ciudad roja (1932), Frontera junto al mar (1953) y El alba en las simas (1953); así como su Historia de la Revolución Mexicana, hasta la fecha un libro de consulta indispensable para atender al México moderno.

La ciudad de Córdoba fue la cuna de literatos como el poeta Rubén Bonifaz Nuño, quien recibió el Premio Nacional de Literatura por su variada obra contenida en La muerte del ángel (1945), Imágenes (1953), Los demonios y los días (1956), Fuego de pobres (1961) y Siete espadas, principalmente.

El dramaturgo Emilio Carballido es autor de las piezas teatrales El norte (1958) y Las Visitaciones del diablo (1965), entre las más conocidas. Sergio Pitol escribió una serie de cuentos: Cementerio de tordos; mereció en 1982 el premio de narrativa latinoamericana Comala, otorgado por el gobierno del estado de Colima.

Rafael Solana, originario del puerto de Veracruz, hizo periodismo, crítica literaria, crónica taurina, teatro y poesía. Algunos de sus libros son Ladera (1934), Pido la palabra (1964), Leyendo a Queiroz (1961), Las islas de oro (1952) y Lázaro ha vuelto (1955). El también porteño Hugo Argüelles es autor de la conocida obra teatral Los cuervos están de luto. Rubén Salazar Mallén, nacido en Coatzacoalcos en 1905, escribió su novela Soledad (1937), además de cultivas el ensayo y el artículo periodístico. El xalapeño Sergio Galindo colaboró en el Departamento Editorial de la UV y en la revista La palabra y el hombre. Publicó Polvos de arroz (1958), La justicia de enero (1957), El bordo (1960) y La comparsa (1964)

Entre otros escritores veracruzanos hay que mencionar a Gregorio López y Fuentes, de Chicontepec, autor de la primera novela de tema indigenista que se escribió en México: El indio. También chicontepecano es Miguel Bustos Cerecedo, cuyos libros Historia de la literatura mexicana y La creación literaria en Veracruz son fuentes de consulta obligada sobre el tema. Juan Vicente Melo, porteño, realizó crítica musical para algunos periódicos y dio a prensa La noche alucinada (1956) y A fin de semana (1964). En Nautla nació Gabriel Lucio, quien más tarde fue director de la revista estudiantil Alma latina y autor de Simiente y Cuentos infantiles.

La veracruzana Beatriz Espejo dirigió la revista literaria El rey Lope; además de publicar La otra hermana (1958), La prosa española de los siglos XVI y XVII y una biografía de Leonardo da Vinci. Originario de Xalapa, Librado Basilio ha tenido a su cargo, durante más de 20 años, la dirección de la revista El caracol marino, dedicado a la poesía. Jorge López Páez, de Huatusco, se dio a conocer a través de obras como Los invitados de piedra (1961) y Hacia el amargo mar (1965). Humberto Celis Ochoa, xalapeño, publicó Papaloapan, cuentos del llano y del río. Herminio Cabañas, de Atzalan, sus Cuadros rústicos.

Los habitantes de Tlacotalpan recuerdan aquellas veladas literarias donde se dan citas poetas como Ignacio M. Altamirano, Enrique González Llorca y Gonzalo Beltrán Luchichi. De este último hay una edición póstuma titulada Poemas y cuentos (1975), con lo mejor de su obra inédita.

Más nombres de este amplio grupo, inscritos en diferentes géneros literarios, son Hernán Laborde, de Veracruz; Ulises Carrión, de San Andrés Tuxtla; Sara María Iglesias, de Ozuluama; Carlos Juan Islas, de Papantla.

Hay una expresión literaria que convienen conocer, especialmente porque va dirigida a los niños o está creada por ellos. En 1977, la Dirección General de Educación Popular publicó una compilación de 146 cuentos y poesías, escritos por otros tantos alumnos de primaria que viven en distintas poblaciones del estado, así como un diario infantil y revistas de carácter pedagógico. El trabajo editorial y la selección literaria estuvieron al cuidado de Orlando Guillén, poeta de Acayucan. Dos años más tarde, Guillén logró redondear otra obra semejante titulada La cabaña de las alondras; es el resumen de un curso estatal de literatura infantil, en l cual los vencedores fueron 53 pequeños autores. Bajo el mismo título se presentó después como obra de teatro.

El Agora de Xalapa, aparte de ser un faro cultural, editó la revista ¡Qué coco!, con las narraciones y dibujos del Taller Infantil de Creación Literaria que atendía Octavio Reyes. También dentro de la literatura infantil, el novelista de Minatitlán, Luis Arturo Ramos, ha publicado Zili, El unicornio (1980) y La noche en que desapareció la luna (1982)

En los últimos años, los autores que han publicado obras para niños son: Esther Hernández Palacios, Luis Arturo Ramos y Emilio Carballido.

Canto de amor al Papaloapan

Miro en el verde plato del paisaje
desde ave de metal de acentos roncos,

cómo corre tu sangre por los troncos

que afluyen del selvático ramaje

de los afluentes rápidos y broncos.

Para llegar aquí ¡Oh, Padre Río!

-al pie de mi nativo caserío-

con ese ritmo tardo y cadencioso,

repleta y perezoso,

con que discurres plácido y silente

en las cuatro estaciones de tu hastío,

abrieron mil montañas su vertiente.

Cantó el epitalamio la floresta;

el viento celebró los esponsales;

la torva sima se vistió de fiesta

y el bosque, las barrancas, los brañales

fueron a un tiempo tálamo y orquesta

-Hijo del huracán y la tormenta-

el trueno, el temporal, los aquilones,

mecen tu cuna azul con sus canciones

y la enhiesta montaña te alimenta

con su leche de guijas y aluviones.

Potro en la sierra, creces, te desatas

en carrera veloz, rompiendo brumas;

sin freno y sin bridón, tascando espumas

brincas en desbocadas cataratas

con rugido de tigres y de pumas.

Bajas, incontenido, a la llanura;

juegas a las canicas con la roca;

y no hay jinete con destreza loca

que te ponga una barca de montura

o el freno de un timón dentro de la boca

Gonzalo Beltrán Luchichi

Las disciplinas humanísticas

Sin lugar a dudas, no podemos ver la cultura como un espacio que se cultiva aparte de otras actividades. Forma un concierto con varias disciplinas e integra, con ellas, el mundo de las humanidades. Representa un conjunto dentro del cual están armonizados el derecho, la historia, la filosofía, la arqueología, la antropología, la pedagogía, la política y la arquitectura. Desde luego, también se hallan todas las expresiones artísticas como la música, la pintura, la escultura, la danza, el teatro y las actividades e investigaciones que les son conexas.

La cultura va muy dentro de otra realidad que es la científica, la técnica y la económica. En suma, todas confluyen y hacen que, quienes vivimos en Veracruz, acrecentamos –a veces sin sentirlo- nuestra cultura.

Junto al escritor se encuentran el artesano y el obrero, quienes, con su trabajo, enriquecen el medio donde se desarrolla la entidad. La tradición oral, las artesanías, las ferias, la música, la danza e inclusive los alimentos, son múltiples expresiones de la cultura veracruzana.

De estudiar éstas y otras manifestaciones humanas se encargan los historiadores, antropólogos, arqueólogos y muchos expertos más. Particularmente la historia ha merecido, desde hace varios siglos, el interés y la dedicación de los veracruzanos. Durante la época colonial, por ejemplo, se hicieron algunas crónicas y descripciones de pueblos por parte de sus alcaldes mayores y gobernadores; todas ellas contenían siempre una rica información histórica. Tal es el caso de las llamadas relaciones geográficas del siglo XVI, que se escribieron en torno a Pánuco, Misantla, Villa del Espíritu Santo (Coatzacoalcos), La Antigua, Tlacotalpan y Xalapa. También en el período colonial destacó la figura de Clavijero como estudioso de las antigüedades mexicanas. Años más tarde, la Guerra de Independencia fue motivo para que escribieran diversas relaciones de acontecimientos y participantes, que no eran precisamente reportes militares sino auténticas recopilaciones con fines históricos. Así fue como José Domingo Isassi publicó, en 1827, sus Memorias de lo acontecido en Córdoba en tiempo de la revolución, para la historia de la independencia mexicana.

Aparte de ésta se conocen, por lo menos, otras dos obras más sobre el mismo tema, ambas anónimas: La guerra de Independencia en la Provincia de Veracruz, según el manuscrito inédito de un testigo ocular (impresa en 1943) y La insurgencia en La Antigua Veracruz, 1812 (edición de 1960).

Durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera década del XX, la tarea historiográfica cobró mayor afición en Veracruz. Así, el xalapeño Manuel Rivera Cambas dedicó cinco volúmenes a narrar su Historia antigua y moderna de Xalapa y de las revoluciones del estado de Veracruz (1869-1871); tres tomos sobre el México pintoresco, artístico y monumental (1880-1883); dos gruesos volúmenes con biografías de Los gobernantes de México (1873); un Álbum veracruzano, que incluye 48 ilustraciones y mapas, y varios libros más. No hay que olvidar, por otro lado, que Rivera Cambas fundó y dirigió el periódico El combate, el cual hacía honor a su nombre por atacar al porfiriato.

En ese tiempo se editaron también varias historias regionales y monografías acerca de un municipio o cantón. Ejemplos de ello son las obras de Eduardo Fages sobre Tuxpan (1854); de Miguel Lerdo de Tejada y de Ildefonso Estrada y Zenea, ambas dedicadas a la heroica ciudad de Veracruz (1850-1858 y 1874, respectivamente); de Ramón Rodríguez sobre el cantón de Xalapa (1895) y las que elaboraron Joaquín Arróniz, en 1868, y José María Naredo, en 1898, acerca de Orizaba.

Los años que siguieron a la Revolución fueron igualmente fructíferos en producción bibliográfica. Así lo atestiguan los breves apuntes para la historia de Huatusco y su jurisdicción, por Ismael Sehara, en 1921; el folleto que sobre Papantla publicó Roberto Núñez y Domínguez en 1925. No olvidemos las Gestas del solar nativo, que redactó su hermano José de Jesús, en 1929; la Reseña de la ciudad de Xalapa, impresa en 1934 por Francisco Azcoitia; los estudios históricos del coatepecano Joaquín Ramírez Cabañas, en 1935; la monografía histórica sobre Coscomatepec de Bravo, que presentó Miguel Domínguez al Sexto Congreso de Historia, celebrado en Xalapa; y muchos libros más.

Especial referencia merece la Historia de Veracruz en siete tomos, editada por el gobierno del estado entre 1947 y 1950 y escrita, en su mayor parte, por Manuel B. Trens, un tabasqueño que siempre mostró afecto por nuestra tierra. De él es también una Historia de la H. Ciudad de Veracruz y de su ayuntamiento, que vio la luz pública en 1955.

En épocas más recientes, el catálogo de historiadores veracruzanos ha ido en aumento. Así tenemos al tlacotalpeño Gonzalo Aguirre Beltrán, quien, además de haber escrito numerosas obras sobre antropología, es autor de temas históricos como El señorío de Cuauhtochco, luchas agrarias en México durante el virreinato (1940) y la población negra de México 1519-1810 (1946) Jesús Reyes Heroles, originario de Tuxpan, publicó entre 1957 y 1961 los tres tomos de un libro que ya se considera clásico en la materia: El liberalismo mexicano. Por su parte, Enrique Florescano, nacido en Coscomatepec, dirigió la colección Fuentes para la historia económica y social de Veracruz, que editó la UV; otros trabajos suyos son las Descripciones económicas regionales de la Nueva España (tres tomos, 1973-1976) y Origen y desarrollo de los problemas agrarios de México 1500-1821 (segunda edición, 1976)

Porteño de nacimiento, Arturo Sotomayor se ha dedicado, desde hace varios años, a historiar la ciudad de México. El misanteco David Ramírez Lavoignet, quien fue cronista de la ciudad de Xalapa, es investigador y maestro de nuevas generaciones de historiadores. Entre sus 17 libros editados y otros tantos inéditos, cabe destacar las monografías que ha preparado sobre Misantla, Tecolutla, Tamiahua, Cardel, Tempoal, Tantoyuca, Villa Aldama, etc. El actual cronista de la ciudad es el señor Rubén Pabello Acosta. La producción bibliográfica de José Luis Melgarejo Vivanco comprende unas 30 obras publicadas con estudios acerca de códices (entre ellos los Lienzos de Tuxpan), pueblos y culturas regionales, así como su Breve Historia de Veracruz y los tres tomos de una Historia antigua de México.

Aparte de las ya citadas, en las bibliotecas o librerías encontraremos también monografías de Pánuco, Santiago y San Andrés Tuxtla, Las Choapas, Coatzacoalcos, Martínez de la Torre, Alvarado, Cosamaloapan, Platón Sánchez, Zongolica, Tuxpan y muchos lugares más.

Como podemos darnos cuenta, las monografías municipales con una fuentes de consulta muy importante para los interesados en conocer un poco más nuestro terruño. Si no se ha escrito o publicado uno de los municipios en que vivimos, nosotros mismos podríamos iniciarla de inmediato. Es necesario leer algunos libros de historia general, consultar archivos, recopilar mapas o planos y preguntar acontecimientos pasados a las personas de mayor edad. Inclusive en los casos de poblaciones que ya cuentan con una o más obras, nuestra contribución podría darse si investigamos acerca de alguno de sus barrios, el origen de cierta fiesta, determinado suceso histórico, la biografía de uno de sus hombres ilustres, etc. ¿Qué tal si ponemos manos a la obra?

Mientras tanto, terminemos nuestro recorrido por las disciplinas humanísticas de Veracruz con lo que sucede en otros campos. Por ejemplo, la antropología. En ella destacan investigadores como Alfonso Medellín Zenil, originario de Chicontepec, quien, además, ha enriquecido al Museo de Antropología de la UV con numerosas piezas arqueológicas descubiertas en sus exploraciones. El cordobés Julio de la Fuente, también conocido como ilustrador de temas indigenistas; Roberto Williams García, etnógrafo y escritor de tradiciones locales; Salomón Nahmad, de Orizaba, investigador de las culturas mixe de Oaxaca y huichol de Nayarit; el xalapeño Alfonso Gorbea Soto, especializado en antropología urbana; y José Gómez Robleda, quien realizó un estudio biotipológico de los otomíes.

En materia económica, el orizabeño Gilberto Loyo sobresalió por su análisis acerca de la población mexicana. Ejemplo de ello son sus libros La emigración de México a Estados Unidos (1935) Eventualmente escribió sobre otros aspectos culturales, como su Esencia de la veracruzanidad.

El ensayo, como género literario, tiene buenos representantes originarios de nuestra entidad. Tal es el caso, entre otros muchos, de Jorge Carrión, de San Andrés Tuxtla, cuyo volumen Magia y mito del mexicano lleva ya varias ediciones. De igual modo, la filosofía ha contado con muchos seguidores en el estado; algunos de ellos son Fernando Salmerón Roiz, Octavio Castro y Benigno Zilli, nativos de Córdoba, Huatusco y Tepatlaxco, respectivamente.

Con toda seguridad, en los próximos años habrá que agregar a esa lista los nombres de una gran cantidad de veracruzanos jóvenes, que hoy se preparan para que nuestra tierra nunca pierda el orgullo de su cultura.

Pintura y escultura

En las artes plásticas, y de manera particular en la pintura y escultura, Veracruz tiene también imagen propia. Desde su historia más próxima, alcanzamos a ver la fundación del Taller de Artes Plásticas de la UV, en Xalapa, hacia 1962; que se convertiría, 11 años más tarde, en Escuela y finalmente en Facultad de Artes Plásticas, en 1975. Durante ese periodo ha estado a cargo, sucesivamente, de Mario Orozco Rivera, Alberto Beltrán, Carlos Jurado, Adrián Mendieta y Rafael Villar.

Desde sus orígenes, el Taller procuró adiestrar a los alumnos en pintura moralista, escultura y diseño gráfico. Igualmente fue orientado a forjar maestros para la enseñanza del dibujo a niños y jóvenes de primaria y secundaria. Después se incorporó a la enseñanza, la fotografía y el cine, así como varios cursos intensivos sobre el cartel que, como ya sabemos, es una expresión plástica cuyo mensaje ha renacido con fuerza en los últimos años.

Actualmente la Universidad Veracruzana cuenta con cuatro facultades en el área de artes. En ellas se ofrecen cuatro carreras y 22 opciones en el nivel licenciatura, además de una carrera de nivel técnico.

La Unidad de Artes, ubicada en la ciudad de Xalapa, está integrada por las facultades de Artes Plásticas, Danza y Teatro. La Facultad de Música próximamente se trasladará a este espacio. La Universidad imparte también talleres libres de arte, distribuidos en seis ciudades: Xalapa, Veracruz, Poza Rica, Tuxpan, Coatzacoalcos y Minatitlán las cuales proporcionan formación teórica y práctica en distintos géneros artísticos: artes plásticas, danza contemporánea y folklórica, bailes populares, guitarra, música y teatro. Los alumnos de la Unidad de Artes publican la revista Formarte.

Pero la Universidad no está sola en su tarea de preparar especialistas en la materia. También el IMSS ha creado talleres de arte en Xalapa y Córdoba, donde los aficionados a la plástica encuentran una oportunidad para desarrollarse. Lo mismo ocurre en algunas casas de la cultura.

Dentro de la pintura, no cabe duda que uno de los muestrarios más ricos del muralismo mexicano está en Veracruz. Son numerosos los edificios públicos y privados, a lo largo y ancho del estado, cuyas paredes se ornamentan con el trabajo pictórico de nuestros artistas. Vale la pena destacar su arte, que ha ido más allá de las fronteras estatales, como ocurrió entre 1973 y 1975 con el llamado Programa Nacional de Pintura Mural, que culminó con varios muros pintados por manos veracruzanas en Coahuila, Yucatán, Colima y otras entidades.

Producto de este esfuerzo colectivo fue la organización de un congreso nacional de muralismo en Xalapa, el primero que se celebró en la historia de México. Además, quedaron integrados algunos equipos de trabajo, que más tarde lograron plasmar su obra muralística en Úrsulo Galván, Teocelo, Coatepec, Orizaba, Catemaco, San Andrés Tuxtla, Banderilla y Cardel.

Al frente de ese programa estuvo el papantleco Teodoro Cano, quien había realizado murales en su ciudad natal, Poza Rica, Xalapa, Xico, Córdoba, Omealca, Tuxpan y Salmoral. Esta última del municipio de La Antigua donde, en 1923, se hizo uno de los primeros repartos ejidales en el estado de Veracruz.

La mayoría de los murales que decoran a nuestra entidad se hallan en Xalapa. Ahí podemos admirar pinturas de Norberto Martínez, en el mercado Jáuregui y otros edificios; de Leticia Tarragó, en el antiguo Instituto de Protección a la Infancia; de Francisco Salmerón, en el puente Xallitic; de Ramiro Romo, en el local de la Sociedad de Exportadores de Café; de Pablo Platas, en la escuela Enrique C. Rébsamen; y de Mario Orozco Rivera, en el Tribunal Superior de Justicia y la UV.

Merece especial atención, como un ejemplo de lo que los estudiantes podemos hacer para ejercitar el sentido del arte, el mural infantil pintado colectivamente por los alumnos de la escuela primaria Graciano Valenzuela, en Xalapa. Un caso similar se encuentra en la escuela primaria General Lázaro Cárdenas, en Papantla.

En otras ciudades, como Córdoba, están obras murales de José Gómez Rosas; en Orizaba se conocen las de Eduardo Castellanos, Carlos Castillo Alvarez y José Maya. La presidencia municipal de Xico incluye un trabajo pictórico de Reynaldo Olivares; la de Huatusco, otro de Orozco Rivera, y un par de escuelas en Misantla y Martínez de la Torre tienen obras de Jesús Alvarez Amaya.

Además de los artistas veracruzanos, no hay que olvidar la labor realizada por otros pintores famosos, que vinieron desde su lugar de origen a nuestro estado. Tal es el caso del jalisciense José Clemente Orozco, con sus murales en la Escuela Técnica y Comercial de Orizaba; del guanajuatense José Chávez Morado, en donde ahora está la Facultad de Economía de Xalapa; del tapatío Jorge González Camarena, quien pintó el Banco de México en el puerto jarocho; y del distritense Ramón Alva de la Canal, autor de un mural que dejó inconcluso en la Facultad de Leyes de la capital estatal.

A pesar de que la escultura no ha tenido el mismo impulso y desarrollo que l pintura, Veracruz cuenta con varias y valiosas piezas. De principios del siglo XX, en Xalapa se conservan las figuras que Enrique Guerra dedicó a la justicia, la fortaleza y la prudencia, en el monumento contiguo al parque Juárez. En esta misma ciudad, Juan Olaguíbel realizó las estatuas a Benito Juárez, Adalberto Tejeda y Manlio Fabio Altamirano, así como las efigies a Venustiano Carranza y Salvador Díaz Mirón en Veracruz. Por su parte, Federico Canessi creó la escultura “El hombre de México” y el busto de Carmen Serdán, ambos en Orizaba.

Xalapa también tiene obras escultóricas de Carlos Bracho, el japonés Kiyoshi Takahashi, Guillermo Rodríguez, Marconi Landa. José L. Ruiz, Marcelo Morandían, Ignacio Pérez Solano, Juan Martínez, Erasmo Vázquez y muchos más. En fin, sería prolijo seguir enumerando todas las esculturas y sus autores que hay en la entidad. Por eso lo mejor es consultar el libro Pintura y escultura en Veracruz (1910-1980), una obra que puede servirnos de guía para recorrer el arte veracruzano. Lo escribió el creador de varios murales en la capital estatal y el puerto jarocho: Alberto Beltrán.

Por último, es imposible hablar de artes plásticas sin mencionar un género que va indistintamente de lo jocoso a lo serio, de lo imaginativo a lo realista, pasando por la más sutil ironía: nos referimos a la caricatura. Aquí cabe citar a tres artistas reconocidos en todo México: Rafael Freyre, de Veracruz; Ernesto García Cabral, de Huatusco; y Helio Flores, de Xalapa.

La difusión de las ideas

La pintura y la escultura, los talleres literarios, el aprendizaje de la música, la presentación de grupos artísticos, las audiciones musicales y corales, la danza clásica contemporánea o tradicional, se imparten con cierta periodicidad y se difunden en distintos puntos del estado. Para ello, los veracruzanos contamos con diversos canales de comunicación e instituciones dedicadas expresamente a la transmisión de la cultura.

Debemos reconocer que nuestra Universidad Veracruzana (UV) a lo largo de su historia ha sembrado la inquietud cultural y respaldado la creación e investigación en todos los órdenes. Sin embargo, antes de su nacimiento como institución académica, fueron los gobiernos estatales quienes, de manera directa, establecieron condiciones favorables para el cultivo de la inteligencia y la artes.

Aunque de manera rápida, merece recordarse en esta tarea a Juan de la Luz Enríquez y más tarde a Teodoro Dehesa. Ya en la época revolucionaria, Heriberto Jara, Adalberto Tejeda, Jorge Cerdán, Marco A. Muñoz y Antonio M. Quirasco fueron los gobernadores que cimentaron las bases de apoyo a la cultura. Estas fueron posteriormente ampliadas por los sucesivos ocupantes de la gubernatura. Jara, por ejemplo, mandó erigir el Estadio Xalapeño, obra de bella arquitectura y funcionalidad. Cerdán impulsó la creación de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, reconocida hasta ahora como una de las mejores del país; además, durante su gobierno se fundó, en 1944, la Universidad. Con Quirasco se abrió a México y al mundo la labor editorial universitaria y fue creado el Museo de Antropología, considerado el segundo en importancia –después del de la ciudad de México- por lo valioso de sus materiales arqueológicos.

También ha sido foco de promoción cultural la Escuela Normal Veracruzana. De allí han salido estudiosos en historia, pedagogía y periodismo.

Gracias al apoyo de las instituciones académicas, admiramos ahora el desarrollo artístico que se da en las principales poblaciones del estado. Al mismo tiempo, advertimos que ese ánimo se ha trasladado a otras comunidades, las cuales, muchas veces, han creado medios propios para divulgar su vida cultural.

Así, las denominadas casas de la cultura existen no sólo en ciudades grandes, sino en lugares con menor número de habitantes como Naolinco, Coatepec, Papantla, Huatusco, Alvarado y Tlacotalpan. En dichos centros de difusión podemos asistir a escuchar una conferencia, gozar de una obra de teatro, admirar cierta colección de pinturas o deleitarnos con una audición musical, entre otras actividades.

Contamos también con el Instituto Veracruzano de la Cultura, así como con casas de la cultura que reciben subsidio del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y que están ubicadas en Alvarado, Tlacotalpan, Cosamaloapan y Córdoba. En Veracruz funciona la Escuela Municipal de Artes Plásticas y en Orizaba el Instituto Regional de Bellas Artes.

Xalapa destaca en nuestra entidad por el número y calidad de sus librerías y servicios bibliográficos. Esta tendencia de divulgación cultural se ve reforzada con la Feria del Libro: a partir de 1981 han empezado a concentrarse allí las editoriales de México, lo cual da oportunidad a los lectores de conocer y adquirir lo mejor del fondo librero del país.

Un organismo muy antiguo –data de fines del siglo pasado- es la Editora del Estado de Veracruz, anteriormente conocida como Talleres Gráficos del Estado. Desde allí se ha ejercido una valiosa difusión de las ideas a través de libros; entre éstos, varias obras de historia que anteriormente reseñamos. A la vez contamos con la editorial Punto y Aparte, que además de libros publica un suplemento dominical, y con la Dirección Editorial de la UV que tiene 270 títulos en 14 colecciones, 10 títulos fuera de colección y 31 títulos de reciente edición. La UV también publica las revistas La Palabra y el Hombre, La Ciencia y el Hombre y Tramoya.

Aquí cabe recordar que el escritor colombiano Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura 1982, publicó en nuestra Universidad una de sus más importantes novelas: Los funerales de la mamá grande (1962).

En cuanto a la vocación por la cultura, ejercida a lo largo de toda su vida, los veracruzanos reconocemos en el xalapeño Leonardo Pasquel el mérito como escritor de obras de historia y literatura. Editó la Revista jarocha y más de 200 títulos dentro de la colección Suma Veracruzana, publicada por la editorial Citlaltépetl, creada y sostenida por él desde la capital del país.

A propósito de la difusión escrita, hay que abordar el tema del periodismo, también una forma básica de difusión cultural. Veracruz cuenta, en este sentido, con un periodismo dinámico y variado. Entre los diarios de mayor circulación destacan: El Dictamen (35 mil ejemplares); El Istmo (45 mil ejemplares ordinarios y 43 mil dominicales); La Opinión de Poza Rica (40 mil ejemplares); La Opinión de Minatitlán (30 mil ejemplares) y el Diario de Xalapa (25 mil ejemplares). El primero está considerado el decano –es decir-, el periódico con mayor antigüedad- de la prensa nacional, pues fue creado el 16 de septiembre de 1898.

Recientemente en la ciudad de Veracruz surgió el periódico El Sur de Veracruz, junto con otras muchas publicaciones que permiten a nuestra comunidad disponer cotidianamente de información y comentarios útiles.

Paralelamente a las expresiones artísticas que ya mencionamos, en Veracruz han florecido otras manifestaciones culturales: tal es el caso de la danza. Sobre este aspecto, anotemos cuando Dagoberto Guillaumí, apoyado por un grupo de entusiastas artistas, fundó la Escuela de Teatro; de ahí se derivo la creación de la Escuela de Danza Moderna. La Universidad cuenta, asimismo, con un grupo de danza tradicional, que se ha presentado en distintos escenarios de México y del extranjero.

El ambiente por su puesto, también ha sido propicio siempre para la formación de grupos estudiantiles y profesionales de teatro, como los que actualmente hay dentro de la UV y otras instituciones académicas. Y ya que hablamos del tema, recordemos que hace pocos años se construyó en Xalapa el moderno Teatro del Estado, el cual lleva el nombre del combatiente liberal Ignacio de la Llave. A éste se suman otros edificios más antiguos, como el Teatro Francisco Javier Clavijero, en Veracruz, erigido en 1909 con el título de Teatro Dehesa. En Orizaba, el Teatro de la Llave, construido a principios de este siglo, con capacidad para 1 650 personas y el Teatro Pedro Díaz, en Córdoba, que en su fachada ostenta la fecha 1889. Con el paso del tiempo ha sufrido graves deterioros, por lo que es necesaria su pronta restauración.

Musical veracruzano

La música popular veracruzana se distingue por ser alegre, muy expresiva y contagiosa. Ya hemos visto que surgen en la época colonial e integra de un modo propio el sentir de las culturas indígenas, negra y europea. De cada uno de estos grupos heredó piezas musicales ya hechas; o bien, una fuerte influencia en la composición. No todos los géneros arraigaron en nuestra música regional. Por eso el poeta Francisco Rivera –mejor conocido como Paco Píldora- dice que “el corrido pasó galopando por las llanuras veracruzanas, pero el danzón jamás ha querido dejar la querencia”.

En efecto, el danzón, que llegó hace más de un siglo por vía marítima desde Cuba, se convirtió pronto en uno de los pilares de la tradición musical urbana del puerto jarocho. Desde entonces existe una curiosa costumbre en bailes y reuniones: antes de iniciar el danzón, lo dedican a una dama, autoridad, amigo o visitante. Es habitual y agradable que el músico principal de la danzonera, ya sea en la plaza de armas o en el malecón de Veracruz, diga en voz alta: ¡Atención, caballería, danzón dedicado a… y amigos que lo acompañan!

¿Cómo fue que se quedó el danzón entre nosotros? El mismo Rivera tiene una respuesta en su poema:

El arremanga

No entró de contrabando por

La antigua,

no vino en trasatlántico de lujo,

no dejó su labor en la manigua

ni fue su introductor un negro brujo

/…/

Se inicio con la flauta de hojalata

y el pequeño timbal de cuero e’gato,

llevando hasta el jolgorio la rumbata

con la linda jarocha y el mulato;

saltó las trancas de la guardarraya

su compás salitrero y pegajoso,

y fue dejando atrás la limpia playa

en busca de un lugar más ostentoso;

trepo al solar cercano, a la muralla

con su grito de guerra: ¡el arremanga!

y se fue ya, con típica charanga,

sonando con pistón, violín y guaya /…/

Se apoderó después de los salones ya

instrumentado para toda orquesta,

se clavó en el carnet de las reuniones

y fue pieza obligada en toda la fiesta;

la clase media se metió de lleno

en las muchas cumbanchas patieriles,

y se bailó danzón sabroso y bueno

a la pálida luz de los candiles /…/

Fue gresca ya el danzón,

ya fue arrebato

y en las cantinas con timbal y piano,

lo que inició en las playas del mulato

tomaba ya un perfil veracruzano /…/

Regresó a su lugar más primitivo,

buscó su vieja playa y el palmar,

y huyendo del timbal de cuero e’chivo

buscó refugio allá en Villa del Mar;

ahí su vieja orquesta de Los Chinos,

por ahí sus ya cansados bailadores,

sus interpretes limpios y genuinos

y la añoranza de los días mejores /…/

Ahí el viejo danzón de cara a cara

luchó contra el ritmo dominante

y vino con candela el flaco Lara

a echarlo bullanguero pa’adelante./…/

Al mismo tiempo que el danzón se popularizaba, otras expresiones musicales también dejaban escuchar sus notas por distintos rumbos de la entidad, aunque éstas no alcanzaron un estilo propiamente veracruzano. Valses, mazurcas, chotises, polkas, marchas y pasadobles eran los remas favoritos que acompañaban a toda convivencia dentro de las sociedades urbanas, lo mismo en Xalapa que en Coatepec, Córdoba u Orizaba. En Xico, como en tantos otros lugares, había las llamadas “típicas”, integradas por conjuntos de mandolina, guitarra, violín y, ocasionalmente, salterio o bandolón. Huatusco recibió alguna vez el sobrenombre de “la ciudad de los pianos”, debido a la gran cantidad de instrumentos que había.

Dos músicos característicos de aquella época fueron Narciso Serradell (1843-1910), nativo de Tlacotalpan y vecino durante muchos años de Tlalixcoyan, y Angel J. Garrido (1880-1924), de Xalapa. No sólo Veracruz, sino México entero, recuerdan a Serradel por la música que compuso para Las golondrinas, melancólica tonada de despedida que empieza con los siguientes versos del poeta español Niceto de Zamacois:

¿A dónde irá, veloz y fatigada,

la golondrina que de aquí se va?

¡Oh, si en el viento se hallara extraviada

buscando abrigo y no lo encontrara!

Por su parte, Garrido estrenó en 1913 la mejor y más conocida de sus composiciones: Cuando escuches este vals, que desde entonces formó parte del repertorio de todas las orquestas típicas del país:

Cuando escuches este vals

haz un recuerdo de mí,

piensa en los besos de amor

que me diste y que te dí.

Los años que siguieron a la Revolución fueron decisivos para la difusión de las creaciones musicales de muchos veracruzanos, gracias a la aparición de la radio. Se dieron a conocer: el xalapeño Mario Talavera (1855-1960), que además de ser creador de hermosas canciones como Arrullo, Chinita, Gratia plena y Flor de mayo, fue uno de los primeros en tratar de organizar sindicalmente a los compositores. Lorenzo Barcelata (1900-1943), originario de Tlalixcoyan, autor del célebre vals María Elena y Agustín Lara (1900-1970) quien, según su propia declaración, nació en Tlacotalpan. Entre las 500 canciones que escribió Lara, dos de las más gustadas serán siempre Noche criolla:

Noche tibia y callada de Veracruz,

canto de pescadores que arrulla al mar,

vibración de cocuyos que con su luz

bordan de lentejuelas la oscuridad.

y a la inolvidable Veracruz, con la voz de su mejor intérprete, la jarocha María Antonio Peregrino, “Toña la Negra”:

Yo nací con la luna de plata

y nací con alma de pirata.

Yo he nacido rumbero y jarocho,

trovador de veras

y me fui lejos de Veracruz.

Veracruz, rinconcito donde hacen su nido

las olas del mar;

Veracruz, pedacito de patria que sabe

sufrir y llorar;

Veracruz, son tus noches diluvio de

estrellas, palmera y mujer.

Veracruz, vibra en mi ser,

algún día hasta tus playas lejanas

tendré que volver.

También intérpretes de Lara han sido famosos cantantes veracruzanos como Néstor Mesa Chaires, Ramón Armengod, “El Negro” Peregrino, Ana María González y Hugo Avendaño.

Dentro de la llamada “época de oro de la canción mexicana”, entre 1930 y 1950, destacaron otros artistas originarios de nuestro estado. Miguel y José, “Los Cuates” Castilla, del puerto jarocho, siguieron un estilo muy influido por el huapango; muestra de ello son sus composiciones El pastor y Flor Silvestre. Los hermanos Pablo y Carlos Martínez Gil, de Misantla, escribieron más de un centenar de boleros y canciones románticas, desde que en 1930 grabaron su primer disco: Jarochita. Parientes cercanos de éstos fueron Chucho Martínez Gil, quien dedicó a Misantla su nostálgico huapango Pocito de Nacaquinia, y Alfredo Gil, integrante del requinto y compositor del trío “Los Panchos”. Eduardo Alarcón Leal, tantoyuquense, cantó con el trío “Guayacán” sus composiciones una noche serena y oscura y el huapango Las dos Huastecas (dedicado a Veracruz y Tamaulipas)

Originario de Zongolica, Ray Pérez y Soto ha dado a conocer varias piezas suyas, entre las cuales resaltan La cigarra e Indita mía. En honor a Pluviosilla, el doctor Salvador Ojeda compuso dos canciones interpretadas por su hijo “El Negro” Ojeda: Orizaba y Llueve.

Aunque no nacieron en Veracruz, conviene tener presentes los nombres de tres compositores que alguna vez estuvieron muy relacionados con la entidad. Uno de ellos fue el poblano Samuel M. Lozano, creador de numerosos corridos sobre episodios de la Revolución, que él conoció de cerca; así como canciones en elogio a Tampico, Puebla y, desde luego, su Veracruz de mis amores, puerto al que siempre consideró su ciudad adoptiva. El segundo caso es el de Juan S. Garrido, investigador y difusor de la música popular mexicana, a pesar de ser extranjero; compuso Noche de luna en Xalapa. Y Pepe Guisar, jalisciense de nacimiento, quien pasó los últimos años de su vida en el puerto jarocho, al que dedicó Portales de Veracruz y Mocambo.

Mención aparte merece un compositor de Orizaba, que se hizo célebre por dedicarse a cantar a la niñez mexicana. Seguramente todos recordamos aquella tonada que ha servido siempre para presentarlo musicalmente:

¿Quién es ese que anda aquí?

Es Cri-Crí, es Cri-Crí.

¿Y quién es ese señor?

El Grillo Cantor.

En efecto, estamos hablando de Francisco Gabilondo Soler, “El Grillito Cantor”, cuya inspiración lo llevó a componer tantas canciones famosas como La marcha de las letras, El chorrito, La patita, Di por qué, La negrita Cucurumbé, Papá elefante, La marcha de las canicas, Juan Pestañas, El negrito sandía, El ratón vaquero, Los cochinitos dormilones, Conejo Blas, La muñeca fea, El perrito y muchas más. En su ciudad natal hay una estatua y un mural dedicados a Cri-Crí, a la vez varias escuelas de la República llevan su nombre.

Cocuyito playero

Quién va por la oscuridad, ea, ea, eh.

La noche cayó

por todas partes sólo hallo oscuridad;

la noche cayó

ya no vemos pa’ dónde caminar.

Negrito, ven junto a mí,

pues hace rato que te perdí.

Y si es de noche has de saber

que a los negritos no puedo ver.

Cocuyito playero,

ilumina el sendero.

Con tu linterna de plata dame luz.

Cocuyito playero,

tú sabes que te quiero,

llévame a mi casita en Veracruz.

La noche cayó

y todo está mucho más negro que el carbón.

Hay que comprender

que ni siquiera mis narices puedo ver.

Negrito, ven para acá;

agarra fuerte mi cinturón

pero camina. No hay que jalar

porque me expone a un tropezón.

La patita

La patita,

de canasta y con rebozo de bolita,

va al mercado

a comprar todas las cosas del mandado;

se va meneando al caminar

como los barcos en altamar.

La patita

va corriendo y buscando en su bolsita

centavitos

para darles de comer a sus patitos;

porque ya sabe que al retornar

toditos ellos preguntarán:

¿Qué me trajiste mamá cua-cuá,

qué me trajiste cuara-cua-cuá?

La patita, de canasta y con rebozo de

bolita,

se ha enojado

por lo caro que está todo en el mercado;

como no tiene para comprar

se pasa el día en regatear.

Sus patitos van creciendo y no tienen

zapatitos.

Y su esposo

es pato sinvergüenza y perezoso

que no da nada para comer

y la patita pues qué va a hacer.

Cuando le pidan contestará:

coman mosquitos cuara-cua-cuá.

Hagamos ahora un paseo por la geografía musical de Veracruz. El son jarocho es, sin duda, el que por tradición identifica más al estado, aunque de hecho sólo se ejecuta en el centro y sur. Desde el Totonacapan hasta el Istmo, y en especial Nautla, Veracruz, Medellín, Boca del Río, Alvarado, Tlalixcoyan, Tlacotalpan, Cosamaloapan, Tierra Blanca, Minatitlán, Santiago y San Andrés Tuxtla.

En las fiestas de los pueblos, una pareja sube a bailar sobre el tablado que ocupa un rincón de la plaza principal. Los vecinos se congregan para disfrutar el rítmico zapateado de los bailarines y, al mismo tiempo, aplaudir la maestría con que los músicos improvisan coplas y tocan la jarana, el arpa, el requinto y, en ocasiones, el pandero hecho de madera y piel encerada. Pronto la alegría se contagia al escuchar antiguos sones como: El fandanguito, El jarabe loco, La bruja, El Colás, María Chuchena, El carpintero, El balajú, El cascabel, El siquisiri (o siquisirí), Los pollos, La sarna, El buscapiés, El torito jarocho y, desde luego, la popular Bamba.

El fandanguito

-Señora: ¿Qué son es ese?

-Señor: es El fandanguito.

La primera vez que lo oigo,

válgame Dios, qué bonito.

El jarabe loco

Este el primer jarabe

que compuso Lucifer,

el que se lleva las almas

al infierno a padecer.

Los pollos

A los pollos les aviso

que caminen con cuidado

porque van a hacer un guiso

de pollos de estofado

El torito jarocho

El torito que traigo

lo traigo desde Tepango,

y lo vengo manteniendo

con cascaritas de mango

Las Llanuras de Sotavento han sido cuna de magníficos intérpretes del son jarocho. Se recuerda, por ejemplo, a Lino Carrillo y los hermanos Víctor y Andrés Huesca, también compositores. En Tlacotalpan goza fama el conjunto formado por José Aguirre vera, Andrés Aguirre Chacha, Gabriel Hernández Sosa y Cirilo Promotor Decena. Hay que agregar el nombre de Evaristo Silva Reyes, como el de mejor panderista de que se tenga memoria.

Este grupo se ha presentado, bajo el auspicio de la Casa de la Cultura, en diversas ciudades del extranjero. En 1983 asistió, como representante de la música popular mexicana, al Festival Internacional de Música de Edimburgo, en Gran Bretaña. Otro jaranero sotaventino de renombre era Arcadio Hidalgo, quien cantaba coplas como esta:

Yo soy como mi jarana:

con el corazón de cedro,

por eso nunca me quiebro

y es mi pecho una campana.

Yo me llamo Arcadio Hidalgo,

soy de nación campesino,

por eso mi canto fino,

potro sobre el que cabalgo.

El son huasteco se identifica principalmente con el norte del estado, aunque ocasionalmente también se toca, canta y baila en la parte central de Veracruz y Sotavento. Se le conoce igualmente como huapango, aunque en realidad existen ligeras diferencias de estilo y tono entre uno y otro. El acompañamiento es con jarana de cinco cuerdas, violín y guitarra doble de ocho cuerdas llamada huapanguera. El canto es singular por los sonidos agudos y los constantes falsetes de sus intérpretes.

La lista de sones huastecos es larga. Incluye tanto aquellos que hablan de costumbres populares como los que tratan de la naturaleza, los animales y las flores. Uno de los más antiguos es Cielito lindo, del cual se tiene noticia por lo menos desde el siglo XVIII. La versión más conocida es la armonizada y arreglada por Quirino Mendoza, un músico popular de Tulyehualco, Distrito Federal. Lo interesante de esta pieza es que su melodía permite acomodarle un gran número de coplas, muchas de ellas improvisadas por el cantante:

Todas las ilusiones

que el amor fragua

son como las burbujas,

cielito lindo, que forma el agua.

Ay, ay, ay, ay,

suben y crecen

y como el mismo viento,

cielito lindo, desaparecen.

Son incontables los conjuntos –ya sean duetos, tríos o cuartetos- de huapangueros que hay en la Huasteca. Algunos carecen de nombre, porque se trata de músicos que de ves en cuando se reúnen a tocar en las fiestas por el sólo gusto de hacerlo. Sin duda alguna, Pánuco ha sido en semillero de grandes intérpretes como el Renacimiento Huasteco, Los Comalotes, el Trío Huasteco, Los Cantores del Pánuco, Los Rancheros de Pánuco y otros. De Ozuluama cabe mencionar a Los Tres García; de Chicontepec, al trío que lleva el nombre de esa población.

Tantoyuca fue la cuna de un conjunto huasteco ya desaparecido: el de Humberto Betancourt y sus Caimanes, quienes hacia 1930 dieron a conocer el huapango en la ciudad de México y lo difundieron, por primera vez en la historia musical de México, a través de la radio. En la Sierra de Huayacocotla, todos los que gustan de la música Huasteca recuerdan al ya fallecido Elpidio Ramírez (conocido como El Viejo Elpidio) y aplauden todavía a Carmen Tadeo, ambos magníficos violinistas originarios de Xoxocapa, municipio de Ilamatlán. Cuando era niño, Tadeo elaboraba sus propios violines con madera de jonote; las cuerdas las hacía con pelo de mula e intestinos de tejón.

En su calidad de troveros, hay que resaltar a Aureliano Orta, de Pánuco; Wilebaldo Amador, de Chicontepec; y, sobre todo, a dos excelentes cantantes femeninas, ambas de Pánuco: Natalia Valdés Flores y Ema Maza. Todos ellos han hecho estupendas interpretaciones de la malagueña, El caimán, La leva, la Llorona, El caballito, La guasanga, El Sonsolito, El perdiguero, La chachalaca, El yoloxóchitl (flor de corazón), La xochipitzáhua (flor menudita) y muchas más.

Nuestro paseo por la geografía musical veracruzana sería incompleto si omitiéramos la importante aportación que han hecho a ella los diversos grupos indígenas. En general, la música tradicional de estas culturas está relacionada con ciclos vitales: el nacimiento, el inicio de la pubertad o la muerte; aunque también suele estar presente en las ceremonias de matrimonio, las distintas etapas del ciclo agrícola y principalmente en las danzas, que casi siempre son rituales.

Algunas danzas tradicionales, que todavía podemos ver en nuestro estado, son las del Tigrillo, Los gavilanes y Los espejos, practicadas por los indígenas de la Huasteca en el municipio de Tantoyuca. Del Totonacapan son propias las de los Negritos, los Guaguas y la más conocida de todas: la de Voladores, una de las escasas danzas de origen prehispánico que se conservan en el país. Por su parte, la Región de las Grandes Montañas se deja escuchar con las notas de los tocotines, moros, santiagos y huehues, entre otras danzas realizadas por grupos nahuas o totonacas.

Los Tuxtlas heredaron la danza de los líseres, plena de simbolismo. Un personaje, que representa a Quetzalcóatl, combate con su espada de fuego a los tigres u ocelotes (los líseres), que simbolizan a Tezcatlipoca. En el Istmo encontramos Los panaderos, por el rumbo de Minatitlán, y la danza de La Malinche, también muy rica en significado histórico porque en ella aparecen “el Cortés, La Malinche y el señor Motecuzoma (Moctezuma)”. Esta última se ejecuta en las cercanías de Acayucan y Sayula.

Las artesanías

La tradición del mestizaje heredó a Veracruz una amplia gama de posibilidades en el trabajo artesanal. Hombres, mujeres y niños han participado, día con día, en varias tareas para dar forma a objetos tan diversos como la imaginación del hombre. Son los artesanos quienes han dado distinción a sus comunidades con el trabajo que desempeñan: canastos, sombreros, bordados, cerámica, textiles y juguetes entre otros.

Veracruz cuenta con una gran variedad de artesanías. Para conocerlas haremos un breve recorrido por lugares que se colman de ellas.

En Chicontepec se confeccionan chamarras de gamuza, con decoraciones sobrepuestas; también quexquemes, faldas, blusas y ceñidores hechos en telar de cintura; blusas bordadas con dibujos en punto de cruz. Ollas y vasijas de barro, sombreros y altares llenos de colorido; máscaras de madera e instrumentos musicales como violines, jaranas y guitarras.

Tantoyuca se distingue por sus finos sombreros de palma con adornos de piel, bolsas de zapupe con dibujos de colores, fundas de machete con pirograbados y reatas de crin de caballo.

Papantla se ha hecho famosa por sus figurillas de vainilla, blusas y faldas bordadas; ceñidores, sombreros de palma, pañuelos bordados con flores, flautas de carrizo adornadas con papel metálico de colores; tamborcillos de madera y cuero, penachos circulares con espejos –que utilizan en la danza de los guaguas–a los que se agregan plumas y elaborados dibujos geométricos realizados en papel metálico entre tejido.

Pánuco fabrica instrumentos musicales de madera: jaranas, guitarras, huapangueras y ciolines. Ozuluama contribuye con sonajas decoradas con papel metálico y plumas de colores.

En Orizaba se hacen figuras de animales con el tronco de la pesma o maquique, que sirven de recipiente para flores. Tambipen se confeccionan faldas, ceñidores y blusas bordadas. En Zolgolica –de gran tradición indígenas- se fabrican copaleros y animales de barro, así como cotones tejidos en lana de color gris, café, negra o blanca. Huatusco tiene figurillas de barro, campanas, caballitos y ángeles para colocar velas. Misantla es conocida por sus muebles de madera decorados y objetos de barro.

En Naolinco hacen vistosas mascaras para las danzas regionales. Cerca de este pueblo se encuentra Miguel Aguasuelos, donde es elaborada una cerámica decorada para utensilios domésticos, así como figurillas de barro, de excelente calidad. Xalapa tiene diversos trabajos artesanales: objetos de barro, vidrio soplado, trabajos pirograbados en piel, cerámica decorada, gobelinos, bordados y tejidos.

Perote contribuye con figurillas de hueso de durazno, cotones de lana, jorongos y gobelinos de lana con motivos prehispánicos. Los artesanos coatepecanos elaboran miniaturas con el tronco del cafeto.

En Xico son apreciadas las máscaras de madera con motivos de animales, diablos o rostros humanos; allí hacen también macetas de maquique y monumentales arcos de flores, muebles decorados y pajareras.

En Veracruz, un puerto pesquero, se elaboran adornos de conchas, caracoles, animales marinos y coral; pulseras, collares, prendedores, bolsas, peinetas de carey, hamacas e instrumentos musicales: arpas, jaranas y requintos.

En Alvarado se hacen los chichorros y toda clase de redes de pesca. Para sus bailes tradicionales se bordan blusas, faldas y mantillas, magníficas obras en deshilados y tejidos a gancho. En Tlacotalpan se confeccionan también ligeros vestidos de jarocha, blusas, mantillas tejidas, enaguas y pañuelos deshilados para engalanar sus fiestas. En otro tipo de trabajo son elaborados sillones mecedores, con tejido de ojo de perdiz, y butacas de cuero de madera.

El Tlalixcoyan y Tierra Blanca se fabrican instrumentos musicales; la forma de sus jaranas, requintos y arpas traspasa las fronteras regionales. Santiago Tuxtla y San Andrés Tuxtla tienen igualmente magníficos artesanos, que fabrican jaranas con una sola pieza de madera.

Por último, en Mecayapan y Cosoleacaque, al sur del estado, los pobladores enriquecen sus mercados con la venta de faldas y ceñidores para el tejido de cintura. Para calmar la sed, nada mejor que tomar el agua fresca que guardan los cántaros de Oteapan, hechos de una sola cocción (o quema, como le dicen los alfareros), en barro cocido de color claro y finamente decorado.

Fiestas y ferias

No es posible describir las costumbres ni pintar lo más llamativo de nuestras regiones o pueblos, que son un verdadero mosaico. Es necesario acercarse a ella. Debemos asistir a la feria de Hábeas, en Papantla, para emocionarnos con sus danzas; o ir a las fiestas de La Candelaria, en Tlacotalpan o Alvarado, para palpar lo espléndido de sus vestidos, su cocina y música. Es cosa de ir a San Andrés Tuxtla, para sentir el enigma de su hechizo. Yendo a los pueblos de la Huasteca, veríamos el amoroso ritual de la muerte, el día de los Fieles Difuntos. Las fiestas titulares permiten a los pueblos exhibirse, mostrar sus valores.

A continuación presentamos la lista de algunos festejos en nuestro estado, que puede ser una guía muy útil para conocerlo:

FIESTAS Y FERIAS DE FECHA FIJA

Enero 6: Los Santos Reyes
Coxquihui, Ixhucacán de los Reyes, Soteapan, Atzalan.

Febrero 2: La Candelaria
Aquila, Atzalan, Benito Juárez, Catemaco, Cosautlán, Chalma, Chiconamel, Emiliano Zapata, Ixhuatlancillo, Minatitlán, San Andrés Tenejapa, Soledad de Doblado, Soteapan, Tlacolulan, Tlacotalpan, Totutla.

Marzo 18: Expropiación petrolera
Amatlán, Tuxpan, Minatitlán, Poza Rica.

Marzo 19: San José
Acajete, Camarón de Tejeda, Castillo de Teayo, Coahuitlán, Las Choapas, Espinal, Hueyapan de Ocampo, Ilamatlán, Juchique de Ferrer, Lerdo de Tejada, Mariano Escobedo, Omealca, Ozuluama, Pajapan, Perote, Playa Vicente, San Juan Evangelista, Soteapan, Tantoyuca, Tepatlaxco, Tezonapa, Tlalixcoyan, Tuxtilla, Úrsulo Galván, Zentla.

Abril (diversas fechas): fiestas titulares o patronales
Ángel R. Cabada, Coxquihui, Chicontepec, Chocamán, Xalapa, Xico.

Mayo 3: La Santa Cruz
Amatlán de los Reyes, Benito Juárez, Cosoleacaque, Coxquihui, Ixhuatlán del Sureste, Naranjos, Oteapan, Perote, Tixistepec, Villa Aldama, Cardel, Zacualpan.

Mayo 15: San isidro Labrador
Apazapan, Axocuapan, Comapa, Cosautlán, Cuichapa, Espinal, Juchique de Ferrer, Landero y Coss, Perote, Saltabarranca, Sayula, Xoxocotla, Zaragoza.

Mayo (diversas fechas): fiestas titulares o patronales
Amatitlán, Cerro Azul, Cotaxtla, Ixhuatlán de Madero, Ixmatlahuacan, Jalcomulco, Martínez de la Torre, Moloacán, Nautla, Otatitlán, Tampico Alto.

Junio 24: San Juan
Atzalan, Ayahualulco, Cuitláhuac, Jilotepec, Landero y Coss, Medellín, Minatitlán, Tehuipango, Tepetzintla, Texcatepec, Texhuacán.

Junio 29: San Pedro y San Pablo
Amatitlán, Chiconquiaco, Maltrata, San Andrés Tuxtla, Soteapan, Tatatila, Tequila, Tonayán.

Junio (diversas fechas): fiestas titulares o patronales
Acula, Chinampa de Gorostiza, Martínez de la Torre, Tierra Blanca.

Julio 25: Señor Santiago

Julio (diversas fechas): fiestas titulares o patronales
Alpatláhuac, Altotonga, Chiconquiaco, Ixhuatlán del Sureste, Magdalena, Misantla, Naranjal, Tenochtitlan, Vega de Alatorre, Xico.

Agosto 15: Virgen de la Asunción
Astacinga, Chiconamel, Texcatepec, Jilotepec, Miahuatlán, Misantla, Nogales, Ozuluama, Sayula, Teocelo, Yecuatla.

Agosto (diversas fechas): fiestas titulares o patronales
Acajete, Calcahualco, Córdoba, Jáltipan, Tenochtitlan, Tezonapa, Tlachichilco, Yanga.

Septiembre 15-16: fiestas patrias
Todo el estado

Septiembre 29: San Miguel
Atzalan, Hidalgotitlán, Mecatlán, Medellín, Nautla, Orizaba, Perote, Rafael Lucio, Las Vigas de Ramírez, Texistepec, Tezonapa.

Septiembre (diversas fechas): fiestas titulares o patronales
Acatlán, Coatepec, Chumatlán, Naolinco, Tlacolulan, Zozocolco de Hidalgo.

Octubre 4: San Francisco de Asís
Actopan, Camerino Z. Mendoza, Colima, Chocamán, Tantima, Tenampa, Tihuatlán, Zongolica, Zontecomatlán.

Octubre (diversas fechas): fiestas titulares o patronales
Alvarado, Coscomatepec, Martínez de la Torre, Villa Cuauhtémoc.

Noviembre 1-2: Todos Santos y Fieles Difuntos
Alto Lucero, Amatlán de los Reyes, Castillo de Teayo, Chicontepec, Ixhuatlancillo, Orizaba, Platón Sánchez, Soteapan, Tancoco, Tantoyuca, Tempoal, Tuxpan.

Noviembre (diversas fechas): fiestas titulares o patronales
Acayucan, La Antigua, Atzalan, Coyutla, San Andrés Tuxtla, Tepatlaxco, Tlacotepec de Mejía, Tlalnehuayocan, Úrsulo Galván.

Diciembre 8: La Concepción
Córdoba, Emiliano Zapata, Huiloapan, Jamapa, Jilotepec, Tepatlaxco, Tepetzintla, Tlacolulan.

Diciembre 12: La Virgen de Guadalupe
Actopan, Camarón de Tejeda, Ángel R. Cabada, Atzalan, Ayahualulco, Cerro Azul, Coatzintla, Comapa, Coxquihui, Chalma, Chicontepec, Chinameca, Espinal, Fortín de las Flores, Hueyapan de Ocampo, Ixtaczoquitlán, Jáltipan, Juchique de Ferrer, Manlio Fabio Altamirano, Martínez de la Torre, Las Minas, Orizaba, Paso del Macho, Paso de Ovejas, La Perla, Platón Sánchez, Río Blanco, San Andrés Tuxtla, Sochiapa, Tomalín, Tantoyuca, Texcatepec, Tezonapa, Tierra Blanca, Tlacolula, Tlaltetela, Tomatlán, Xalapa, Zozocolco de Hidalgo.

Diciembre 24-31: fiestas de Navidad y fin de año
Benito Juárez, Citlaltepec, Las Vigas de Ramírez, San Juan Evangelista, Tamiahua, Tlacotalpan, Tequila.

FIESTAS Y FERIAS DE FECHA MOVIBLE

Febrero: Carnaval
Acayucan, Amatitlán, Benito Juárez, Boca del Río, Cerro Azul, Coacoatzintla, Cosamaloapan, Chalma, Chiconamel, Chiconquiaco, Chicontepec, Huayacocotla, Hueyapan de Ocampo, Ignacio de la Llave, Ixcatepec, Ixhutlán de Madero, Ixmatlahuacan, Jalacingo, Jesús Carranza, Minatitlán, Pánuco, Paso de Ovejas, Platón Sánchez, Pueblo Viejo, Tantima, Tempoal, Texcatepec, Tierra Blanca, Tlacojalpan, Tlacotalpan, Tlalixcoyan, Tuxtilla, Vega de Alatorre, Veracruz, Villa Azueta, Cardel, Yecuatla, Zontecomatlán.

Marzo o abril: Semana Santa
Acajete, Alto Lucero, Alvarado, Amatlán de los Reyes, Atlahuilco, Benito Juárez, Catemaco, Cazones, Coatzintla, Cosoleacaque, Cotaxtla, Cuitláhuac, Chicontepec, Chocamán, Ixhuacán de los Reyes, Ixhuatlancillo, Papantla, Soledad Atzompa, Soteapan, Tamalín, Tamiahua, Tancoco, Tantoyuca, Tecolutla, Teocelo, Tequila, Tlacolulan, Tlalixcoyan, Tlaquilpa, Tomatlán, Tuxpan, Veracruz, Villa Azueta, Zontecomatlán.

Marzo: Feria del café
Ixhuatlán del Café.

Abril: Feria de la caña de azúcar
Atoyac, Tezonapa, Zentla.

Abril-mayo: Feria del café
Coatepec

Mayo: Feria de la piña
Isla

Mayo: Feria del mango
Actopan, Chacaltianguis, Medellín, Tuxtilla.

Mayo: Feria de la primavera
Boca del Río, Chicontepec, Fortín de las Flores, Moloacán, Naolinco, Xalapa.

Junio: Corpus Christi
Papantla

Voces y palabras

Expresarse es un fenómeno vital. El español que hablamos en la República Mexicana, y particularmente en Veracruz, se ha visto enriquecido con voces indígenas, mexicanismos, expresiones o giros regionales, palabras con significado distinto del que se consigna en el diccionario y algunos vocablos extranjeros que ya hemos incorporado al lenguaje diario.

Así el idioma se amplía, florece y responde a las transformaciones de la sociedad y la forma de vida de la gente. Por eso para nosotros, las voces y las palabras –como algunas que ya vimos a lo largo de la monografía y que aquí retomamos adquieren un significado especial.

Albufera. Laguna formada en tierras bajas cercanas al mar.

Alfardas. Muros o paramentos que están a los costados de una escalinata, con su misma pendiente.

Alquitrán. Sustancia pegajosa de color oscuro, olor fuerte y sabor amargo, compuesta de resinas vegetales o también de origen mineral, como el del carbón de hulla.

Allende. Más alta del sitio donde uno se encuentra.

Ámbar. Resina fósil de color amarillo semitransparente, muy ligera, dura y quebradiza. Puede ser utilizada para crear objetos de ornato personal o ceremonial o como incienso, por su agradable olor al quemarse.

Armonio. Instrumento de teclado, de la familia de los órganos, con lengüetas libres y registro, accionado mediante un fuelle impulsado con el pie.

Archiduque. Título de nobleza mayor que el del duque; rango de los principales de la casa gobernante de Austria.

Arrecifes. Formaciones rocosas que se encuentran en el mar, a poca profundidad, y que pueden sobresalir o no de la superficie del agua.

Bajorrelieve. Escultura que forma cuerpo con un fondo, sobre el cual se destaca con su nitidez la figura, proyectándose el volumen hacia el frente sin sobrepasar el nivel del recuadro que lo enmarca.

Cabotaje. Navegación o tráfico entre puertos de la misma nación.

Canónigo. Sacerdote al cual, según el derecho jurídico de la iglesia, se le otorga un privilegio.

Cantón. Región o territorio bajo la jurisdicción de una autoridad civil.

Cañada. Espacio de tierra entre dos alturas poco distantes entre sí.

Capitular. Para los militares significa rendirse y entregarse al enemigo.

Casta. Grupo humano integrante de una sociedad. Se caracteriza por su origen, ascendencia y descendencia familiar, así como por el lugar que ocupa en la sociedad donde existe.

Cataclismo. Gran trastorno en el orden natural o en las sociedades humanas.

Centro tabacalero. Lugar donde se produce y procesa el tabaco.

Cinabrio. Mineral compuesto de azufre y mercurio, muy pesado y de color rojo oscuro.

Coa. Bastón de madera, que en la punta tiene una paleta triangular. Dicho instrumento fue usado por los pueblos indígenas para plantar semillas.

Códices. Libros prehispánicos, hechos con papel de la corteza del amate y en forma de largas tiras dobladas como un biombo. En ellos se representaron con jeroglifos todas las actividades importantes de los pueblos indígenas.

Coloquios. Conferencia o plática entre dos o más personas. Género de composición literaria en forma de diálogo.

Compañía Lancasteriana. Escuela fundada por Joseph Lancaster a principios del siglo XIX en Inglaterra. En 1822 se creó en México y desapareció en 1890.

Consejo de Indias. Organismo administrativo del gobierno español, que se encargaba de los asuntos comerciales y jurídicos de las colonias españolas en América.

Conventos. Monasterios.

Cortes. Junta general que en los antiguos reinos de Castilla, Aragón, Valencia, Navarra y Cataluña celebraban las personas autorizadas para intervenir en los negocios graves del Estado Español. En 1812 se incluyó a las colonias americanas, para formar una Cámara Legislativa que produjera una constitución para la monarquía española.

Cuarzo. Mineral formado por sílice. Cuando es puro no tiene color, pero éste varia en la medida en que se mezcla con otras substancias.

Décimas. Versos hechos en diez líneas.

Defensas orgánicas. Llamados también anticuerpos.

Docencia. Actividad de enseñanza.

Durmientes. Trozos cúbicos de madera, que se colocan atravesados en un terraplén y que soportan los rieles o vías del ferrocarril.

Emisarios. Aquellos que, por encargo de su jefe o líder, cumplen su orden.

Enigmas. Cosas o sucesos que no se alcanzan a explicar o comprender y es difícil interpretar.

Escarpada. Parte inclinada que tiene gran pendiente. Altura que no tiene subida ni bajada transitables.

Escribano. Individuo que escribe las cartas u oficios de una persona o institución.

Estatuto. Conjunto de reglas o normas que tienen fuerza de ley para el gobierno de un organismo, institución o país.

Festividades pagano-religiosas. Fiestas populares donde se unen los ritos religiosos a otros no religiosos, o de otra u otras religiones.

Fósiles. Organismos y substancias orgánicas que se han endurecido hasta petrificarse, por haber sido enterradas durante periodos de tiempo muy largos.

Fragata. Buque velero de tres mástiles y varias velas. En el siglo XV los españoles y franceses la utilizaron como barco mercante, pero a partir de la innovación inglesa se convirtió en barco de guerra. Se destacó por su ligera y bien artillada con cañones.

Funesto. Que tiene malos o negativos resultados.

Gestas. Hazañas o hechos señalados. Relato de hechos memorables.

Huéhuetl. Instrumento de percusión o tamborcillo hecho con un tronco hueco de madera, que se coloca horizontalmente. En la parte superior presenta dos lengüetas recortadas (una larga y otra corta) en la misma madera del instrumento, el cual se toca con unos palos cortos y gruesos (llamados actualmente bolillos), que pueden o no tener en la punta un recubrimiento de hule.

Impunemente. Que actúa sin restricción o castigo.

Inculcarlas. Acto de imponer, por medio del convencimiento, alguna norma, criterio o forma de actuar.

Intérprete. Persona que sabe dos o más idiomas y ayuda a otros individuos para que se comuniquen, traduciendo a cada uno el idioma de su interlocutor.

Jade. Piedra muy dura, de aspecto jabonoso, blanquecida o verdosa, con manchas rojizas o moradas.

Jeroglífico. Representación gráfica de una palabra o idea.

Ladera. Es la parte inclinada de un cerro.

Liquidámbar. Árbol caducifolio cuya hoja parece una estrella de 5 pies. Crece en las partes altas de la Sierra Madre Oriental.

Mangle. Comunidad vegetal muy densa, característica de las lagunas costeras, que tiene parte de sus raíces fuera del agua. Hay dos variedades: el mangle blanco y el rojo.

Manifiesto. Escrito mediante el cual se dan a conocer al público las disposiciones de una persona, autoridad o institución, para que se apliquen y cumplan.

Mano de obra. Trabajo especializado que ejecuta un asalariado.

Materia prima. Material proporcionado por la naturaleza, para que el hombre lo transforme en algo útil para él.

Menguaron. Que ayudaron a disminuir en cantidades lo existente.

Monasterio. Convento. Edificación que incluye templo principal, capilla o capillas internas o externas al templo, cementerio o camposanto y claustro, donde convive un grupo de religiosos. En ocasiones incluye hospital, orfanato o escuela.

Mortero. Vaso o recipiente de piedra, madera, barro o metal, que sirve para machacar semillas.

Palmas. Las de tipo totonaco son representaciones en piedra de los protectores de abdomen utilizados por los jugadores de pelota.

Panela. Piloncillo en forma rectangular o de pan, de donde viene este nombre.

Parroquiales. Pertenecientes o relativos a una parroquia. Templos donde se administran los sacramentos o de su demarcación administrativa local, dentro de un municipio.

Pectoral. Objeto de ornato personal, que se coloca sobre el pecho de quien lo porta. Puede ser de diversos materiales (oro, cobre, hueso o madera) y los motivos decorativos representan a deidades, animales, vegetales o seres humanos.

Pena capital. Orden de ejecución de un reo procesado legalmente.

Peripecias. Dificultades, sucesos importantes o vivencias que transcurren en un lapso de tiempo y un lugar determinado.

Planta. Área que ocupa una construcción. Planta baja, la construida sobre el terreno; planta alta, la construida sobre la anterior.

Presbítero. Clérigo o sacerdote.

Proliferar. Abundar.

Prominente. Que destaca sobre los demás de su género o especie.

Propagar. Hecho de transmitir a otra persona cierta información o una enfermedad.

Real Cédula. Documento emitido por el rey español, para otorgar o implantar a individuos particulares o comunidades ciertos privilegios o leyes.

Real Hacienda. Institución del gobierno español que se dedicaba a normar la producción, y sobre todo el comercio interno y externo de las colonias españolas en América.

Remolacha. Planta comestible de la cual se extrae azúcar o se utiliza como alimento para el ganado.

Romances. Versos que se componen de ocho sílabas y consisten en repetir, al fin de todos los versos pares, una misma asonancia y no dar a los impares rima de ninguna especie.

Sahumerios. Incensarios. Recipientes de barro, con o sin decoración, que sirvieron para quemar incienso durante los ritos religiosos prehispánicos.

Secularización. Hacer secular lo que es eclesiástico. Autorización a un religioso o religiosa para vivir fuera del claustro.

Señorío. División territorial geopolítica utilizada por los pueblos mesoamericanos contemporáneos a la conquista española. Tierras y poblados de una determinada área geográfica, que rendían tributo a un tlatoani o gobernante.

Serpentina. Roca parecida al mármol, de color verdoso, con muchas manchas oscuras.

Suelos negros. Suelos derivados de cenizas volcánicas llamadas andosoles, ricos en materia orgánica, muy fértiles. Son característicos de las zonas tropicales y muy susceptibles a la erosión.

Tablero. Parte de un edificio que consiste en un plano rectangular, liso o con molduras, para ornato horizontal que atraviesa toda la fachada de la construcción.

Teológicas. Referentes a la teología o disciplina que estudia todo lo relacionado con uno o todos los dioses que la humanidad ha tenido.

Teponaztli. Tambor hecho con un tronco hueco de madera, que se coloca verticalmente. En su parte superior se tensa un cuero curtido, que cubre el hueco del cilindro y al cual se golpea con unos palos delgados y largos, que por lo regular tienen en un extremo una capa gruesa de hule en forma de bola o bolillo.

Terraplén. Macizo de tierra con que se rellena un hueco para nivelar el terreno por donde pasará un camino o vía de comunicación.

Tierras baldías. Aquéllas que no tienen dueño y no han sido trabajadas.

Tlatoani. “Verdadero señor” o gobernador nahua.

Tracción. Fuerza que impulsa a un objeto o máquina.

Transformación. Aplicada a la industria, es aquélla en la cual se procesan los materiales naturales, convirtiéndolos en objetos útiles para otras industrias o para el consumo humano.

Trapiches. Molino para extraer el jugo de algunos frutos, o bien triturar algún mineral.

Trueque. Acción y efecto de cambiar un objeto útil por otro.

Tutela. Poder de dirigir los actos o pensamientos de un menor de edad o una institución o país, por un adulto o alguien capacitado para hacerlo, por la razón o la fuerza.

Turquesa. Mineral formado de hierro y cobre, de color azul verdoso.

Ventas. Extensiones de tierra dedicadas a la producción agrícola o ganadera.

Vihuela. Instrumento de cuerdas con la figura de un violín, aunque de tamaño mayor y cuerdas más fuertes; se toca con la mano, rasgueando o punteando las cuerdas.

Yugos. Los de tipo totonaco, son representaciones, en piedra, de las fajas ceremoniales que utilizan los jugadores de pelota.