EL CRIMEN DEL LIDER FILOGONIO ORELLAN; LAS TORCIDAS LINEAS DE INVESTIGACIÓN
Julio 31, 2010 12:03am
TRES DÉCADAS DE CRÍMENES CAÑEROS EN LA TOTAL IMPUNIDAD
Por Pedro Ibáñez Hernández
PARA CAÑA AMARGA
LaNigua.com
La biografía de Filogonio Orellán Enríquez era de altibajos, en marzo del 2003 –cuando lo asesinan- estaba en el mejor momento de su liderazgo cañero de la CNC del ingenio Central Motzorongo y ya tanteaba la posibilidad de buscar la candidatura a la presidencia municipal porque ya era suplente del candidato a diputado federal por el distrito de Zongolica.
“Don Filo” se había reivindicado ante la sociedad de su pasado como pistolero; desde mediados de los años ochenta se retiró a la vida privada, atendió una pequeña propiedad y a educar a sus hijos.
Una enfermedad que hizo peligrar su salud lo impactó de tal manera que se hizo devoto de la Virgen de Juquila, sin que por ello cambiara personalidad forjada desde su juventud en la milicia, luego en la policía de los llamados Servicios Especiales y como jefe de gatilleros de la familia Lozano.
Para llegar a la dirigencia cañera debió participar como candidato dos veces, la primera la perdió y en la segunda ganó con amplio margen: se pensó mal que iba a volver a rodearse de pistoleros, que retornaría la ley del revólver, etcétera.
Por el contrario, Filogonio Orellán se apegó pero a gente laboriosa de respeto, trabajaba hasta los fines de semana en épocas de zafras y los días de asueto se le veían acompañado de su esposa.
Como dirigente atendía personalmente a los agremiados y por primera vez en varias administraciones se construyó un salón para las asambleas y un comedor cañero que le permitiera a los fleteros y productores tener un espacio donde comer, descansar y esperar su turno para entregar la materia prima a la fábrica.
Construyó una pequeña capilla dedicada a la Virgen de Juquila frente a las oficinas de la organización cañera y era común que desfilaran por las oficinas comités parroquiales, de escuelas y de comunidades cañeras solicitando apoyos.
“EL DIA QUE TE VUELVAS BUENITO TE VAN A MATAR”
Aseguran viejos amigos de Filogonio que su suegro y jefe don Rufino Lozano Mayoral, le advertía: “cuando te vuelvas buenito te van a matar”.
Filogonio hasta el último día de su vida fue genio y figura, a pesar de muchos odios y rencores que debió generar sus actividades, no era un hombre que se moviera con desconfianza, que estuviera al acecho por miedo o precaución; ya no acostumbraba cargar arma, aunque su familia posteriormente confirmó que en el cajón de su escritorio guardaba su vieja y confiable 38 Súper.
Esa tarde-noche del 31 de marzo del 2003, Filogonio Orellán tenía 46 años, era un hombre libre, había pasado por el purgatorio del perdón de Dios, de la comunidad y del suyo propio. Ése mismo día había convivido con viejos rivales de armas y sin que fueran amigos, imperaba la cordialidad.
Filogonio estaba en el comedor cañero luego de una intensa jornada de trabajo, recibía un reporte verbal de Ignacio Huerta (a) Nacho, un activo productor de caña de azúcar, empleado de la Sagarpa y en ese momento su operador político que ya sondeaban entre las comunidades la posibilidad de contender por la candidatura a la presidencia municipal.
Filogonio nunca vio a sus agresores, se levantaba de la mesa para dirigirse a las oficinas de la organización a escasos cien metros de distancia, cuando sin que nadie lo previera, dos hombres desde la entrada del comedor accionaron sus armas, hiriendo de muerte por la espalda a Filogonio y a su acompañante.
Luego de hacer varios disparos los asesinos se alejaron del lugar y al parecer los hicieron a pie cruzando la sierra de Cruz Tetela y en una segunda versión abordaron una camioneta americana, misma en la que según se transportaron para cometer el crimen.
Filogonio Orellan herido gravemente fue trasladado en una camioneta con rumbo a la ciudad de Córdoba, pero en el trayecto dejó de existir. Por su parte Nacho Huerta logró sobrevivir al atentado, pero el temor lo obligó a emigrar de Tezonapa en donde tenía su vida organizada.
LAS TORCIDAS LINEAS DE INVESTIGACION
Luego de las exequias del líder, las investigaciones se dirigieron en contra de sus viejos enemigos de los años setentas y ochentas, la familia Huerta Barreto, en concreto Alejandro, quien era secretario general de la CNPR del ingenio Central Motzorongo.
Fueron detenidos, interrogados y finalmente dejados libres porque no existía prueba alguna que los inculpara.
También las sospechas de la policía se dirigían al entonces líder de la Unión Nacional Cañera CNC Francisco Castro González, ya que se rumoró que Filogonio Orellán tuvo un fuerte altercado con él, debido a que éste se negó a recibir la ambulancia que le correspondía a la CNC de Motzorongo porque se trataba de vehículos de desecho de hospitales norteamericanos.
Esta actitud valiente del dirigente cañero de Motzorongo impresionó a muchos lideres locales de otros ingenios, de los que por lo regular su docilidad es penosa.
Esta línea de investigación nunca se hizo, ni se volvió a mencionar.
La policía optó por centrar su hipótesis en una venganza por parte de familiares de algún deudo cuya muerte se le atribuyó a Filogonio Orellán en los años setentas u ochentas.
Y así se guardó el expediente con una supuesta línea de investigación dirigida a un deudo que vive en estados Unidos y que regreso a cobrar venganza.
La muerte de dirigente cañero Filogonio se suma a una lista de asesinatos cometidos en la región y que nunca se han esclarecidos por incapacidad de la policía o por complicidad. CONTINUARÁ…
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Pablo Jair Ortega
David Fernández Brindis


