Claroscuros… MORIR EN HUEYAPAN
Julio 3, 2010 02:29am
JOSÉ LUIS ORTEGA VIDAL
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Hueyapan de Ocampo es un municipio ubicado exactamente a la mitad del camino entre Acayucan y la región de Los Tuxtlas, cerca de la famosa y mágica población de Catemaco.
Al río que cruza la población, afluente del río San Juan que a su vez desemboca en el Papaloapan, se le conoce también con el mote de río San Juan Sugar. Este nombre curioso, que alude a una figura bíblica al mismo tiempo agregar el sustantivo sajón de Sugar, proviene de una característica que define al pueblo hueyapense: su vocación azucarera.
El idioma inglés no sólo se manifiesta en el nombre del río que pasa por debajo del puente en la comunidad de Juan Díaz Covarrubias, ubicada junto a la carretera costera del golfo. A un costado de este lugar se encuentra la Loma de los Ingleses; cuyo nombre se debe a que allí vivieron técnicos europeos que participaron en la construcción del ingenio Cuatotolapan, el último procesador de caña hacia el Sur de Veracruz.
Este ingenio alimenta las economías de Acayucan, Catemaco, San Andrés Tuxtla y Hueyapan de Ocampo, donde hay importantes siembras de caña y un comercio que cobra vida cuando miles de cañeros cobran sus cosechas.
En Juan Díaz Covarrubias, población donde descansa la economía, el comercio y los servicios y principales vías de comunicación del municipio de Hueyapan, se encuentra un barrio llamado Chicago. El nombre se debe a la población hueyapense que con los años ha formado una colonia en Chicago, Illinois, en Estados Unidos.
El ingenio le da vida a Hueyapan pero en algún momento se volvió insuficiente y la gente emigra.
La comunidad sede del ingenio alguna vez se llamó San Juan Sugar y fue en los años de la persecución religiosa -durante la Guerra Cristera- que se le retiró este nombre híbrido y se le colocó el del poeta xalapeño: Juan Díaz Covarrubias.
En el pueblo casi nadie conoce al poeta y aún usan la denominación San Juan Sugar; lo mismo que siembran su caña y luchan porque la cabecera municipal se traslade a Covarrubias y salga de Hueyapan.
En todos los sentidos, Hueyapan de Ocampo es un pueblo muy caluroso. El clima, casi todo el año supera los 30 grados centígrados y la actividad del Ingenio a menudo genera un calor extra.
Y la política local, ya ni se diga; suele ser intensa, llena de historias caciquiles, repleta de relaciones contradictorias entre una población mestiza en la cabecera y numerosas comunidades rurales e indígena en el territorio de la Sierra de San Martín Tuxtla que pertenece al municipio hueyapense.
En este escenario, la noche del jueves primero de julio del 2010 fueron balaceadas 12 personas. Autoridades han confirmado que dos de ellas ya murieron y una más habría muerto también, según versiones no oficiales.
Los detalles de la historia se desconocen a fondo, pero poco a poco van surgiendo; emanados de un presente álgido, allí como en todo el estado de Veracruz.
La historia que surge está ligada a una lucha electoral que de la guerra sucia y mediática ha pasado a la violencia física, a las amenazas, a los intentos de quema de vehículos y ahora a las primeras dos o tres muertes de la jornada.
Los detalles de la muerte en Hueyapan, por otra parte, se ligan a un pasado inevitable, oscuro, pendiente de solución; colocado absurdamente en el olvido por las autoridades, pero irremediablemente resucitado por la memoria terca de la ciudadanía y de los periodistas.
(2)
Gaspar Gómez Jiménez -actual candidato del PRI a la Presidencia de Hueyapan- fue Alcalde del lugar en el periodo 2001-2004, durante el sexenio que Miguel Alemán Velasco gobernó Veracruz.
El 10 de diciembre del 2001 desapareció de la faz de la tierra el maestro Leovigildo Ciau Medina; un educador originario de la Península de Yucatán que llevaba años de radicar en Juan Díaz Covarrubias.
De militancia perredista, el maestro formaba parte del cabildo hueyapense integrado por el Alcalde, un Síndico y cuatro Regidores.
El 8 de agosto del 2001 los regidores enviaron un escrito al gobernador Alemán en el que advirtieron sobre actos de abuso de poder y amenazas de muerte de parte del Alcalde Gaspar Gómez Jiménez.
No fueron escuchados y Leovigildo jamás apareció desde el 10 de diciembre de aquel año.
Durante meses, años, la Procuraduría General de Justicia del Estado de Veracruz investigó los hechos y nunca dio con el cuerpo del maestro Ciau Medina.
Pericles Namorado Urrutia (+), Procurador de Justicia en el sexenio alemanista, insistió una y otra vez que el maestro Leovigildo había sido asesinado.
Más aún: declaró en diversas ocasiones que el responsable de aquellos hechos había sido el Alcalde y hoy candidato Gaspar Gómez Jiménez.
No obstante, el Procurador no tuvo elementos suficientes para probar su dicho y la historia quedó en eso: la desaparición de un regidor, el señalamiento a un ex Alcalde y la impunidad aún vigente.
Ahora, Gaspar Gómez Jiménez intenta ser Presidente Municipal por segunda vez y antes del relevo en el palacio municipal la muerte aparece de nuevo.
Versiones periodísticas plantean que en los hechos trágicos del pasado jueves estuvieron involucrados personajes de la política de Hueyapan.
Se menciona a César Pulido Castro y Jesús Pulido, sobrino e hijo del histórico cacique cañero: Isidro Pulido Reyes, tío asimismo de Ariel Pulido Castro, agente del Ministerio Público en Cosoleacaque.
Asimismo, se afirma que en la trifulca se habría encontrado Genaro Ríos Fararoni, eterno aspirante a la Alcaldía y hermano del actual Presidente Municipal: Eulalio Ríos Fararoni.
Los Gómez, los Pulido y los Ríos Fararoni, han sido familias que se han pasado el poder de un pariente a otro durante años.
El poder político en Hueyapan ha oscilado entre el Ayuntamiento, el gremio cañero local, estatal y nacional; además de estar ligado a cargos en el gobierno estatal durante varias administraciones.
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La tragedia del pasado jueves se inscribe en el contexto de un relevo del poder que en Veracruz ha subido de tono más de la cuenta.
Hay intereses muy marcados por desestabilizar los comicios de este domingo. Hay gente interesada en que haya abstencionismo en la jornada del 4 de julio y en la creación de condiciones para su anulación.
Pero la tragedia de Hueyapan también se inscribe en una historia de cacicazgos locales.
Hueyapan es un lugar de mucho calor, pero esta temperatura llega al terreno de los intereses de familias y personajes oscuros, con nexos que rebasan al palacio municipal, las tesorerías y las obras públicas.
Es claro que hay gente dispuesta a todo en aras de manejar el poder hueyapense, que es menor visto desde la perspectiva del poder político estatal; pero no lo es tanto si se le observa desde otro ángulo del que las autoridades estatales y federales desde hace mucho tiempo debieron estar atentas.
De hecho, esta última circunstancia describe circunstancias de inseguridad no sólo en Hueyapan, sino en numerosos municipios del Sur de Veracruz.
Dos muertes confirmadas y una tercera que se maneja en el ámbito mediático, son muchas.
Estamos hablando de ciudadanos limpios; de gente apasionada en el ámbito de la política municipal, regional y estatal, de personas que creen en que vale la pena participar de un proceso electoral.
El voto es lo último que nos queda y en Hueyapan se demuestra que hasta eso nos quieren quitar.
¿Quiénes? ¿Por qué? ¿Para qué? Estas, son preguntas que no tienen respuesta publicable cuando intentamos explicar lo que significa morir en Hueyapan.
Noticia guardada en: Regional










































Pablo Jair Ortega
David Fernández Brindis


