MI DIABLO… David Fernández
Febrero 8, 2010 07:50am
IGLESIA CATÓLICA APOSTÓLICA Y POLÍTICA
Me hicieron una pregunta muy curiosa: “¿cómo haces para que una persona no se cambie de religión?”. Me quedé pensando en ello. Me pareció interesante la cantidad de comentarios y disertaciones que hice sobre el asunto, y que compartiré en esta ocasión.
“¿Cómo haces para que una persona no se cambie de religión, sobre todo cuando le están haciendo ‘cocowash’ por otro lado?” fue la oración completa. Bueno, en principio cualquiera que pertenezca a una religión ya es victima de lavado de cerebro.
El caso en concreto es que en el seno de una familia católica, padres católicos, hermanos católicos, tíos, abuelos, todos católicos, hay un adolecente que les miente para meterse en reuniones cristianas (a su edad yo mentía para irme a meter a fiestas). Y su escandalizada familia lo obliga a seguir siendo católico.
Hay algo que la mayoría de la gente no sabe, y es que el Catolicismo y el Cristianismo, son diferentes corrientes de la misma religión. Es como el PRD: están tan fraccionados entre ellos que se pueden despedazar a la primera discrepancia, sin embargo siguen usando el color amarillo, como los católicos y cristianos usan la cruz.
Originalmente hubo un hombre que habló sobre una religión: Jesús. El año 381 después de la muerte de éste existían cinco sedes patriarcales, esto es: herederas directas de Jesús a través de sus apóstoles (y los apóstoles de sus apóstoles). Y aunque todas se consideraban hermanas, ninguna se metía en la jurisdicción de la otra, siendo Roma la poseedora del titulo “Primus inter pares (primero entre sus iguales)”. A pesar de ello en el año 451 se le concedió a Constantinopla el mismo primado que a Roma, lo cual provocó ciertas incomodidades durante más de medio siglo.
Para el 1054 tanto el Obispo de Roma, como el de Constantinopla, reclamaban autoridad sobre toda la cristiandad. Hay una serie de circunstancias históricas que influyeron en el cisma, pero la realidad es tan fría como que el que gobierna la plaza, se queda con las limosnas. Es como en los partidos políticos: en 1987 Cuauhtémoc Cárdenas quería ser presidente, como no se la dieron en el PRI hizo su propio partido. Es la misma cosa, quien tenga su partido político, recibe un varo del IFE ¿y de donde lo saca el IFE? Ustedes ya saben.
¿Pero qué pasa cuando se trata de hacer frente a los judíos, los bahi´s o los musulmanes? A pues entonces se abrazan como hermanos y se besan bajo su corona de espinas. Justo como los políticos con sus alianzas, no importa las irreconciliables diferencias en sus directrices políticas, cuando se trata de joder al de enfrente, se abrazan como hermanos y se besan bajo la bandera de México. Todo sea por un poco del diezmo del pueblo.
Y no es en la única cosa en que se parecen. Los políticos en campaña te prometen que si votas por su partido, te ira mejor; los evangelizadores te prometen que si le das tu alma a su religión, te iras a un mejor paraíso. Al final, lo único que te dan ambos es una lapida fría de impuestos y limosnas para seguir manteniendo a una clase que no hace nada, no produce nada, y no sirve para nada.
Las religiones siempre están en campaña, ¡gracias a Alla que los partidos lo hacen por intervalos! Como están las cosas creo que le daré mi alma al diablo (no me pide que vaya a misa ni que le de dinero), pero ¿a quien le daré mi voto? ¿Al PAN? Pederastas igual que los católicos, ¿al PRI? Corruptos igual que los cristianos, ¿al PRD? Ni quien los pele al igual que a los mormones.
Me pregunto sí no habrá un equivalente político del diablo (bueno, haciendo de lado al presidente, y todas las comparaciones a las que puede dar cabida el comentario). AMLO no es una opción, está loco al igual que los Testigos de Jehová y su fin del mundo.
Los invito a considerar la opción del ateísmo. Así como no basta con no ir a votar: hay que ir y anular el voto, no basta con no ir a misa: hay que dejar de creer en promesas que venimos oyendo toda la vida.
Y en cuanto a la pregunta: ¿cómo haces para que una persona no se cambie de religión?, la respuesta es fácil: es imposible. Así como cuando le imponen al pueblo un gobernante que no lo convence, sí a un joven lo obligan a crecer en una creencia que no es de su gusto, seguirá yendo a misa, seguirá rezando, fingirá que está de acuerdo, pero nadie puede mandar en el interior de otra persona, porque quien se somete por la fuerza, sólo se somete a medías.
Esa fue la respuesta que di, y a su vez me respondió: “no, sólo hay que hacerle un ‘cocowash’ más grande en contra”. Suena a algo que diría cualquier político mexicano.
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Pablo Jair Ortega
David Fernández Brindis


